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12 abril 2010 1 12 /04 /abril /2010 01:07

El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando”

No hay ningún pecadEo que sea o se llame equivocarse. La equivocación es parte del ser humano, como humano que es. Si no nos equivocáramos seriamos perfectos. Perfecto solo es Dios y  nosotros alcanzaremos la perfección en cuanto pasemos a ser ciudadanos del cielo. Entonces seremos perfectos en el amor, en la caridad… Perdón por la palabra ciudadano, parece un término s progresista, y es que se han apoderado, las izquierdas, de palabras clave del diccionario: ciudadano, solidaridad, compañero, paz… y algunas veces, al menos a mí, me da un poco “repelús” pronunciarlas. Me da la sensación de haber pasado al otro lado. Pero he de corregir este defecto, es una equivocación mía pensar así. Lo digo sin desprecio a las gentes de izquierda; respeto a la persona pero no así a la ideología que tanto daño ha hecho y sigue haciendo

Podemos equivocarnos cuando no prestamos toda la atención debida a aquello que estamos haciendo, pero que no está en nuestra intención hacer las cosas mal, pues son fruto de elementos exteriores. Podemos equivocarnos cuando realizamos un trabajo en el que nos falta experiencia  por no estar preparados para desarrollarlo o porque no lo hemos preparado bien. Otra cosa es equivocarse a conciencia plena conciencia a sabiendas que es lo que estamos haciendo; eso ya no es equivocación, es maldad, mala fe, mala conciencia. El pecado no  está en la equivocación; el pecado está en la intencionalidad, ya que  es errar el camino del bien,  y sabedores de que lo que hacemos está mal, es un desorden del bien.

No somos perfectos y estamos sujetos tanto a la equivocación de manera inconsciente, sin malicia como estamos sujetos al pecado, por debilidad, por no luchar o por mala conciencia. Pero de la misma forma que no somos perfectos, estamos dotados de libertad y por tanto de corregir el mal camino o de mantenernos. Recogiendo las enseñanzas del Señor en el Monte de las Bienaventuranzas: “Sed Perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, que al menos tengamos la intención y el deseo de corregir el mal camino, levantándonos de nuestras caídas, a veces cuantiosas, pero levantándonos, aquí está virtud y la grandeza del alma humana

Hay otras equivocaciones que me traen a mal traer, por contumacia. Y es que como puede ser que un católico de el sí al aborto, al divorcio, a los matrimonios gay, a la enseñanza de la sexualidad en la escuela, a la arriada de los crucifijos de escuelas y centros, al desamparado de la familia tradicional, a los retos contra la jerarquía de la Iglesia, a la oposición al Santo Padre cuando toca algún tema que daña las tesis de partidos de izquierda… pero es que no son equivocaciones; eso son tomas de postura conscientes. Por eso sigo manteniendo, pese a  quien pese, que es tan imposible que un cristiano sea socialista como que la luna nos asfixie de calor. Y la cosa es clara y limpia. Lo blanco siempre será blanco, sin mezcla.

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11 abril 2010 7 11 /04 /abril /2010 07:15

            21 Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, estaba en oración, sucedió que se abrió el Cielo, 22 y bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres Mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido. (Lc 3, 21-22)

 

 

            San Mateo al final del Capítulo Tercero nos narra el acontecimiento del Bautismo de  Jesús. En él,  recoge en  un pequeño diálogo entre Juan el Bautista, que se resistía a bautizar a Jesús al reconocerlo como Hijo de Dios y entirse indigno de tal acción, “ Soy yo quien necesita ser bautizado por  Ti” ( Mt 3, 14), y Jesús que le explica: “ debemos cumplir con toda justicia” ( Mt 3, 15); es decir, con la Voluntad de Dios.  En efecto, Jesús es Dios y por tanto no precisaba  recibir el bautismo de regeneración que predicaba Juan el Bautista; pero Jesús viene a enseñarnos a cumplir con la Ley de Dios y para ello Él es el primero en enseñarnos a cumplirla con palabras, con hechos y con su ejemplo. San Marcos recoge el acontecimiento del Bautismo de Jesús en el capítulo  Primero, “Y fue bautizado por Juan en el Jordán” ( Mc 1, 9), también nos comenta el momento del descendimiento del Espíritu Santo sobre Jesús y la apertura del Cielo para dejarse oír la Voz de Dios. San Juan menciona el Bautismo de Jesús a través del testimonio que da el Bautista sobre ello, lo que no quiere decir que con ello reste importancia, sino que nos presenta un testimonio fiel.

 

            Cuando se bautizaba todo el pueblo, Jesús no se bautiza aparte,  Jesús acude en pleno bautismo en el Jordán, entre las gentes que acudían  tras las predicaciones del Bautista. Jesús  se pone en la fila,  se mezcla entre los pecadores. Jesús se solidariza, no con el pecado, sino con el ánimo de aquellas gentes que acuden para dar comienzo a una nueva vida de ofrecimiento a Dios. Este hecho lo veremos en otras ocasiones cuando  come junto a publicanos y pecadores, no porque acepte los pecados de aquellos, sino para enseñar que ha venido a devolver la salud a las almas de aquellos que se han apartado del camino marcado por Dios. Esto debe animarnos, pues aquellas gentes que acudían a bautizarse, aquellos publicanos y pecadores con los que  come el Señor representan a toda la humanidad, a nosotros mismos. El Señor nos ama tan intensamente  que no nos abandona, sale a nuestro camino, se pone a nuestro lado, espera pacientemente nuestra respuesta, no nos mira como apestados, no rehuye nuestra presencia al ver nuestra alma desgarrada por la lepra del pecado; al contrario nos recibe e impone su mano paternal sobre nuestra cabeza para derramar su perdón, cuando nos acercamos arrepentidos y deseosos por dar un giro a nuestra vida que suponga el abandono del pecado.

 

            En nuestras confesiones sacramentales, Jesús está a nuestro lado, escuchándonos, animándonos, alentándonos a vaciar de nuestro corazón todas las impurezas del pecado. “Acércate a Mi Corazón, que tiene el bálsamo eficaz para curar las heridas del tuyo”, nos dice con ternura; sea le pecado que sea, por vergonzoso, por terrible... El lo quiere curar, El lo quiere perdonar.

 

            Con su bautismo en el río Jordán. Jesús va a dar  fuerza vivificante al agua del Bautismo. Poco después, Jesús ordenará a sus discípulos que vayan y bauticen a todas las gentes. Será un bautismo nuevo, diferente al del Bautista. Este Sacramento se instituyó con el Bautismo de Jesús y quedó confirmado como tal, cuando antes de su Ascensión a los Cielos les dijo a los Apóstoles: “Id, pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

            Habiendo sido bautizado, estaba en oración,  señala el evangelista. Esta información no la deja caer por casualidad San Lucas, como tampoco lo hacen los demás evangelistas. Nos quieren transmitir la importancia que  el Señor da al acto de la oración. A lo largo de nuestro caminar por los Evangelios asistimos a algunos momentos  de oración del Señor, siempre se pone en manos del Padre. Escogemos  algunos de esos momentos que los evangelistas nos transmiten:

 

 

 

Jesús alaba                                                    Mt 11,25

Jesús da gracias                                                          Jn 11, 41-42

Jesús se identifica con el querer del padre                 Mt 26,39

Jesús pide y enseña                                        Jn 17, 15-17

 

 

            Jesús quiere que recemos como medio de unión Padre Dios y como medio de reforzamiento espiritual contra el pecado y las tentaciones que desembocan en el mismo. La oración, como nos enseña Jesús sirve también para pedir, para alabar, para escuchar, para dar gracias, para ofrecer... Cuando Jesús va a obrar un milagro eleva los ojos al Padre y se pone en sus manos; vemos como reza en el Huerto de los Olivos próximo a su ofrecimiento por la humanidad, Vemos como ora en el momento de la Institución de la Eucaristía...

 

            El Señor es el espejo en que hemos de mirarnos mientras caminamos por nuestra vida para tomar ejemplo y hacer lo mismo. Por eso en las Catequesis de niños, de jóvenes  incluso de padres se enseña la importancia de la oración y entre otros los momentos clave del día para orar: por la mañana al levantarnos oramos para ponernos en manos de Dios y para solicitar su ayuda y la de la Virgen María, San José y el  Angel de la Guarda y para que tomen bajo su tutela a aquellas personas que están en nuestras intenciones; a la hora de comer, para dar gracias a Dios por ese alimento que nos ha procurado y solicitar que aquellos menos favorecidos puedan disponer de los alimentos indispensables para  vivir; por la noche, para dar gracias a Dios por  todo lo que gratuitamente hemos obtenido: trabajo, estudio, amistades, familia... A media mañana se suele  rezar el Ángeles, dedicado a la Santísima Virgen María, por medio de la cual se cumple aquellas palabras proféticas: “Por eso desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones" Lc 1,48.

 

            El catecismo nos enseña que uno de los efectos importantísimos del Bautismo es que nos hace hijos de Dios, además de hacernos herederos del Cielo, borrar de nuestra alma la lacra del pecado original.

 

            El Bautismo es un sacramento que no debe descuidarse por parte de los padres, y ni tampoco alejarlo en el tiempo desde el momento del Bautismo. El Bautismo se le debe dar la importancia que tiene, y es la importancia que le da el Señor cuando sin tener que hacerlo acude al bautismo de Juan en el río Jordán.

 

            Aunque el bautismo  de Juan difería en mucho al bautismo, como sacramento, que instituyó Jesucristo, aquel, como ya hemos visto,  era un compromiso de las gentes para cambiar y reformar sus vidas de cara a Dios; éste, el Sacramento, renueva totalmente a la persona hasta el punto de que nos hace merecedores del Cielo, además de los otros efectos que tiene; Jesús con su presencia nos  enseña la importancia regeneradora que tiene el Bautismo.

 

            Jesús nada hace y nada nos deja que sea inútil, incluido el Sacramento de la Confirmación al que tanta poca importancia se le da, tal vez por desconocimiento o por desinformación, ya que es tan importante como el resto de los Sacramentos. Disponer o no del Sacramento del Bautismo significa poder entrar o no al resto de los Sacramentos, pero más aún poder gozar plenamente de la eterna bienaventuranza; es decir, del Cielo junto a Dios la Virgen y los santos.

 

            Por otra parte, el Sacramento del Bautismo no da un título sino un estilo de vida, por eso el bautizado no debe dejarse dormir, mientras pasa la vida; el bautizado debe poner en marcha lo que recibe en el bautismo y es el ser cristiano, que significa una llamada del Señor al apostolado, a ser luz y sal para los demás, como nos lo dice el mismo Jesús en el Sermón de la Montaña. Y este poner en marcha significa trabajar como cristiano allá donde el Señor nos  ponga: en la familia con los hijos; en el trabajo con los compañeros; en el circulo de amigos...

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10 abril 2010 6 10 /04 /abril /2010 00:57

El Talmud dice: “Aunque tus hijos fuesen cuerpos sin venas y sin huesos tus méritos responderán por ellos”;  es decir que aun siendo pecadores y faltos de moral el hecho de ser hijos de Abrahán les obtenía el beneficio de del perdón de los pecados. El judío se sentía, pues, inmune. Juan el Bautista  primeramente y el Señor después en su predicación les van a decir que la única forma de obtener el perdón de los pecados es la conversión y la penitencia, enseñándoles como han de hacerlo.

 

            Haced, pues, frutos dignos de penitencia. Les decía  el Bautista, a la vez que nos lo dice a nosotros también que somos representados por aquellas gentes. Frutos de penitencia que solo podemos realizar  mientras dura nuestra existencia, ya que el tiempo de merecer acaba con la muerte de la persona, y que nos guiarán si duda , con la gracia de Dios, a alcanzar la promesa de la Bienaventuranza final: el Cielo. Estos frutos de penitencia dan comienzo con un acto de humildad por parte de la persona: el reconocimiento de que soy pecador que  conlleva el dolor de haber ofendido a Dios que me Ama intensamente.

 

            ¿Cuáles son esos frutos de penitencia a los que se refiere Juan el Bautista? El despego a las cosas terrenas que me invaden y que me impiden servir a Dios libremente; privarnos de todo aquello que puede mover al alma al pecado; la mortificación ( o purificación de aquello que hacemos a diario). Juan el Bautista se lo dice claramente a las gentes cuando le peguntaban: , ¿qué debemos hacer? 11 Él les contestaba: el que tiene dos túnicas, de al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto. 12 Llegaron también unos publicanos para  bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? 13 y él  les contesto: No exijáis mas de los que se os ha señalado. 14 Asimismo le preguntaban los soldados: Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?. Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas. Las palabras del Bautista son una síntesis del cúmulo de acciones que desembocarán en un cambio en nuestra vida  en relación con Dios y a la vez , en muchos casos, en relación con los demás, con aquellos que hemos de convivir  cada día: en casa, en el trabajo, en el colegio, en la universidad, en nuestro círculo de amistades.

 

            Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no de buen fruto es cortado y echado al fuego. El Pueblo judío era el pueblo elegido por Dios y como tal debía dar ejemplo a los demás, pero su forma de ser le llevó a romper muchas veces con este compromiso, hasta el punto que sabiéndose hijos de Abrahán se pensaban salvos. El pueblo cristiano es el nuevo Pueblo de Dios que ha sido elegido para que a través del ejemplo y de la palabra transmitamos a los demás el mensaje de Buena Nueva que el Señor ha traído para todo el mundo. Por eso, como nuevo Pueblo de Dios el Señor nos recuerda:  Sois Sal de la Tierra...sois luz del mundo; una sal que evita que las almas se corrompan por el pecado y una luz porque nuestro ejemplo, nuestra experiencia de fe y con la palabra, ayudados por la gracia de Dios, iluminaremos  el camino de tantísimas otras almas que hay a nuestro alrededor. El Señor nos pide que seamos fieles porque “ si la sal se vuelve sosa ¿con que se salará?” (Mt. 5, 13).  Si el cristiano pierde su alma de apóstol ¿qué podrá iluminar? ¿con que podrá calentar las otras almas ateridas por el frío de la oscuridad?. Si el árbol se enferma y no produce ya frutos es cortado y echado al fuego.

 

            Aquellas gentes escuchaban atentas las palabras y el mensaje de Juan el Bautista. Era un mensaje nuevo, sorprendente. De la boca de los doctores de la Ley, ni de los escribas y fariseos salían tales palabras. Las palabras del Bautista llenaban, saciaban, ofrecían un horizonte que hasta ahora no habían visto, y le preguntaba ¿qué debemos hacer?. Nosotros, en la oración de la noche, ante al Santísimo... debemos hacer esta pregunta, que nos guiará a vencer este o aquel pecado, a salir de aquella encrucijada, a sacar esa piedrecilla que nos molesta en nuestro caminar. La respuesta no se hará esperar. Cambiar el chip de mi vida, dejar de mirarme a mi y ver que además de yo hay muchos mas en este mundo y con problemas muchos más graves que el mío; dejar de buscar las fáciles soluciones que en muchas ocasiones terminan por hacernos caer y ponernos a luchar para evitar en la medida de mis fuerzas lo que hago mal, sabiendo que allí donde no pueda llegar yo esta el Señor esperándome para tirar suavemente de mi y ayudarme a avanzar,¡¡¡ porque me quiere a su lado para toda la eternidad!!!. Pero la llave está en mi mano: aceptar lo que el Señor me pide para mi conversión.

 

            Nos dice el Señor: “quien o naciere del agua del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de los Cielos” ( Jn 3, 5). Sin el Bautismo no podemos entrar en el Cielo. Al ser un lugar santo, por ser donde habita Dios hemos de entrar limpios de todo pecado, por leve que éste sea. Como por herencia de Adán y Eva contraemos el pecado original, es preciso borrar esta mancha de nuestra alma y la única forma es por medio del Sacramento del Bautismo, instituido para ello además de alcanzarnos otros beneficios como: hacernos hijos de Dios, miembros de la Iglesia, recibir el Espíritu Santo, nos infunde la gracia santificante y confiere carácter. “Por el Bautismo de la Nueva Ley, los hombres son bautizados interiormente por el Espíritu Santo, cosa que sólo hace Dios. En cambio por el Bautismo de Juan solo era lavado con agua el cuerpo”, pero la persona adquiría el compromiso de renovar su vida; compromiso que adquirimos los cristianos por medio del Sacramento de la Penitencia al hacernos libres de la atadura  a que el pecado nos tiene sometido.

 

            El mensaje que  Juan el Bautista ofrece a aquellas gentes, y en ellas a nosotros, se un mensaje de cambio, de dejar el hombre viejo atrás y revestirse de hombre nuevo como medio para la remisión de los pecados y así poder ser merecedores del Reino que seguidamente anuncia el Señor. Es un mensaje  lleno de esperanza: ¡ podemos rehacer nuestra vida! Pensarían aquellas gentes. ¡ Podemos rehacer nuestra vida! Pensamos nosotros cuando nos acercarnos al Sacramento de la Penitencia. Hasta la llegada del Señor, Juan el Bautista les ofrece aquel bautismo de conversión que va acompañado de dinos frutos de penitencia; el  Señor nos va a ofrecer mucho más con la institución del Sacramento del Bautismo.

 

            El camino para llegar a Dios es uno. Muchas veces nosotros, al igual que hacían los judíos, nos fabricamos una fe a nuestra medida, recortando lo que no nos gusta, lo que nos causa molestia en nuestro ideal de vida, ensanchando nuestra conciencia para que no nos apriete, quitando valor y rango al pecado,  convirtiéndonos  en los “nuevos hijos de Abrahán” y en nuestro error corremos el riesgo de arrastrar a otros muchos con nosotros. El único camino para llegar a Dios es el que nos marca el mismo Jesús y que cada día nos los repite a través de las páginas del Evangelio; Creer en el Evangelio, Oración, práctica de los sacramentos y obras englobado en el cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios, que Él mismo nos ha enseñado a cumplir.

 

            Con el cumplimiento de lo enseñado por el Señor: Todo valle será rellenado, las ansias de Dios que tiene el alma humana será saciada;  y todo monte y colina allanados, el camino hacia Dios se hará suave y llevadero, sin obstáculos que apenen nuestro camino hacia la Gloria Eterna; los caminos torcidos se harán rectos, a través de la conversión, por medio de la Penitencia y Eucaristía, el alma volverá por el camino que le lleva directo a Dios; y los caminos ásperos serán suavizados, el camino con el peso de los pecados se hace triste, duro, difícil, imposible, la vuelta a la amistad con Dios lo hará suave y llevadero. Y todo hombre verá la salvación de Dios, solo así, cumpliendo los establecido por Dios, lo enseñado por Jesús, que pasó haciendo el bien, nos alcanzará la salvación de Dios, el premio prometido.

 

            Hemos visto como la predicación de Juan el Bautista  no va dirigida a una clase social, a las gentes sencillas, sino que va dirigida a todos los estamentos de la sociedad: escribas, fariseos, doctores de la ley, rabinos, sumos sacerdotes, soldados,  incluido el mismo rey porque por su cargo no queda excluido del cumplimiento de la Ley de Dios, ni tampoco de la opción que tiene, como persona y como hijo de Dios, de rectificar su vida, sino que además por ser  personaje público debe ser ejemplo para sus súbditos. A todos les presenta tal cual es el modo que deben seguir para agradar a Dios.

 

             Hoy día no podemos esperar a que venga un nuevo Bautista para volver al camino que hemos perdido o que hemos abandonado, la Iglesia en el nombre de Dios, como Madre nuestra nos enseña cada día el camino y Jesús, cada día, a través del Sacramento de la Eucaristía y del Evangelio nos repite que hemos de hacer; y como no, nuestra Madre, la Virgen María, se nos ofrece como Luz segura que ilumine nuestra andadura

 

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9 abril 2010 5 09 /04 /abril /2010 07:05

 

 

            Juan Bautista es ungido por Dios: vino la palabra de Dios sobre Juan. Desde ese instante comienza el cumplimiento de su misión que no culminará hasta el mismo instante de su muerte. Nosotros también somos ungidos con los dones del Espíritu Santo en el día de nuestra confirmación, y es en ese instante en el que comprometidos guiamos nuestros pasos hacia el apostolado, escuchando de esta forma la llamada del Señor.

 

            Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados. El Río Jordán que  nace  en el mar de Galilea y desemboca en el Mar Muerto, cruzando Samaría y Judea por el Este y Perea al Oeste. El bautismo que predica Juan lógicamente no es el bautismo cristiano, ya que éste será instituido por Jesucristo. Es, como nos dice el evangelista un bautismo de penitencia, a través del cual quien se sometía a este bautismo lo hacía porque deseaba dar un giro a su vida y convertir su vida de pecado en  una vida orientada hacia Dios, por este motivo este bautismo que predicaba Juan era agradable a Dios. Aunque no tenía los efectos del bautismo cristiano, esta claro, que quien regeneraba su vida por medio del bautismo de Juan y la orientaba hacia Dios hasta el momento de su muerte, que su alma sería recibida por Dios en el momento en que Jesús entrara en la Gloria, ya que hasta entonces las almas de las gentes santas no podían entrar.

 

            San Marcos en su Evangelio nos dice que Juan el Bautista  predicaba “un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados” (Mc 1, 4). El Bautismo que ofrece Juan a las gentes es mucho mas efectivo que el sacrificio de penitencia de la tradición judía, ya que al ser un rito por tradición posiblemente había perdido toda su efectividad, por ser un rito a base de sacrificios de expiación; el de Juan era un acto voluntario de cambiar, un deseo de cambiar radicalmente de vida que implicaba al penitente más que aquel que ofrecía en expiación un animal en penitencia. Por otra parte vemos como los ritos judíos se han desproporcionado; el judío es llevado al cumplimiento de la ley estrictamente, alejándose del espíritu de la misma, como se observa a lo largo de los evangelios. Juan les hace una propuesta nueva que parece calar hondo en los corazones de aquellas gentes necesitadas de un guía que les muestre la luz y el camino hacia Dios. Son muchos y de todas las clase sociales: mujeres, hombres, soldados, publicanos...quienes se acercan a escuchar la propuesta de Juan el Bautista y muchos los que acuden a recibir ese bautismo.

 

            San Lucas nos habla de  que eran “muchedumbres las que acudían” buscando  palabras de alivio, palabras que les sacaran de aquella ansiedad espiritual en la que se encontraban sumidos, de palabras que saciaran sus almas sedientas. Aquellas gentes acogerán la Palabra de Jesús porque además de que hablaba con autoridad, lo hacia con cariño, con ternura y con proximidad; Palabra que saciaba el alma de aquellas gentes.

 

            Hoy igual que ayer  nos sentimos necesitados muy necesitados del Señor y de nuestra Madre, la Santísima Virgen María. En la oración, en la Eucaristía, en el Sagrario, en las páginas del Nuevo Testamento nos espera el Señor para colmar nuestra sed, ayudarnos en nuestras necesidades, aliviar el dolor y la tristeza que nos invade, para tomarnos de la mano y acompañarnos en nuestro caminar. Y La Virgen María nos espera en un recodo del camino, como al indiecito Juan Diego; Ella que es nuestra madre amantísima, desea también ayudarnos en nuestras necesidades y sobre todo en nuestra necesidad de Amar a su Hijo que clavado en la Cruz ve la ingratitud de una humanidad que no ha sabido corresponder a su Amor infinito. Somos el reflejo de aquella Samaritana que acepta el agua que Jesús le ofrece al decirle: “ Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed nunca más” (Jn 4, 16); esa Samaritana que  le falta tiempo para compartir con los demás la experiencia de Jesús que acaba de tener.

 

            Un Bautismo de Penitencia. El Mensaje de Juan el Bautista hasta el fin de su vida es claro y contundente; no trata de hacer una fe a medida de cada oyente, con una moral distinta para cada uno, incluidos nosotros espectadores y oyentes como las gentes de aquella época, con quienes juntamente nos encontramos en alas de la fe. Juan el Bautista  nos dice que el único medio de salvarse es la conversión y la penitencia. Hoy la Iglesia, y con especial énfasis en el tiempo de Cuaresma nos llama también a la conversión y a la penitencia y añade además: ¡¡¡Creed en el Evangelio!!!. Y como las gentes que acudían a escuchar al Bautista, debemos primeramente reconocernos pecadores, que somos frágiles, fácilmente seducibles por las tentaciones y débiles ante la lucha. El hecho de ser cristianos, de estar bautizados no nos libera de la condición de pecadores ni de ser salvos, como pensaba el pueblo judío cuando al reconocerse hijos de Abrahán se pensaban inmunes al pecado por saberse el pueblo elegido; la condición de cristianos si nos da la capacidad de ser humildes y por tanto de reconocernos pecadores que es ya un paso importante para luchar contra el pecado y cambiar nuestra vida, que es el camino por el que comienza toda auténtica conversión.

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8 abril 2010 4 08 /04 /abril /2010 00:36

 

            El año decimoquinto del imperio de Tiberio cesar, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes Tetrarca de Galielea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, 2 bajo el Sumo Sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, 4 tal como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:

 

 

                        Voz que clama en el desierto:

                        Preparad el camino del Señor,

                        Haced rectas sus sendas.

                        5 Todo valle será rellenado,

                        Y todo monte y colina allanados;

                        Los caminos torcidos se harán rectos,

                        Y los caminos ásperos serán suavizados.

                        6 Y todo hombre verá la salvación de

                        Dios.

 

            7 Y decía a las muchedumbres que acudían para que los bautizara: Raza de víboras, ¿quién os enseño a huir de la ira venidera?. 8 Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no empecéis a decir entre vosotros: Tenemos por Padre a Abrahán. 9 Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no de buen fruto es cortado y echado al fuego.10 Las muchedumbres le preguntaban: Entonces, ¿qué debemos hacer? 11 Él les contestaba: el que tiene dos túnicas, de al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto. 12 Llegaron también unos publicanos para  bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? 13 y él  les contesto: No exijáis mas de los que se os ha señalado. 14 Asimismo le preguntaban los soldados: Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?. Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.15 Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, 16 Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero  viene  quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: Él os bautizará en Espíritu santo y en fuego.

 

            17 Tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja con fuego inextinguible. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva. (Lc. 3,1-18)                   

 

 

            San Lucas, en el comienzo de este capítulo nos sitúa en la época y en el momento n el que Juan el Bautista da comienzo a su predicación, una predicación que desembocará en el Ministerio Público de nuestro Señor Jesucristo. Para ello nos facilita los nombres de los personajes históricos que tendrán una especial participación durante la predicación del Señor y posteriormente en su Pasión y Muerte: Anás, Caifás, Poncio Pilato, Herodes... que nos dan testimonio fiel de la época  en que da comienzo el anuncio del mensaje de la Buena Nueva del Señor a toda la humanidad.

 

            Pero toda acción de apostolado debe comenzar por un  tiempo de preparación, lo vemos aquí con Juan el Bautista y de ello nos dará especial ejemplo el Señor en su  retiro al desierto durante cuarenta días y cuarenta noches. Juan el Bautista se retira al desierto y como apunta  San Marcos en su Evangelio “vestido de piel de camello y con u ceñidor de cuero, y comía langostas y miel silvestre” (Mc. 1-6). Se desprende de todo y de todas las connotaciones del mundo, para que su acercamiento a Dios sea mas libre y mas puro. Así nos enseña Jesús a orar: “ Tu, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y,  cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre que ve en lo oculto, te recompensará” ( Mc. 6, 6). Desprendidos de todo el ajetreo del día para que nuestro diálogo con el Señor sea más libre y sin que nuestro pensamiento vuele hacia aquellos momentos que en el día nos han impactado más. Para ello pongámonos en manos de la Madre, Reina de la oración y de nuestro Ángel de la Guarda que guiarán y ayudarán nuestra oración.

 

            Muchas veces pensamos que la labor de apostolado, como puede ser el de la Catequesis, es ir a la Parroquia a hablar de Dios, y hablar de aquello que sabemos o hemos oído de boca de otros, y por ello contamos con nuestro propio saber, sin contar para nada con el Señor, que es a fin y al cabo quien debe dirigir toda nuestra acción. Si realmente nos diéramos cuenta de la importancia de esta labor y de la trascendencia que tiene para las almas que se nos encomiendan, comenzaríamos nuestra labor de apostolado poniéndonos en las manos del Señor, bajo si dirección, y nos encomendaríamos a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, que es la Reina de los Apóstoles, tal como la cantamos en las letanías del santo Rosario. Actuando de esta manera podríamos ver resultados  sorprendentes. Puestos en las manos del Señor, dejándonos llevar por Él, contando con Él, no con nuestro propio saber tan limitado, preparándonos y acudiendo con  frecuencia a los Sacramentos: Eucaristía y Penitencia, daríamos lo que tenemos.

 

            El retiro de Juan el Bautista tenía ese fin: ponerse en las Manos de Dios que le había llamado desde la eternidad para predicar y abrir el camino del Señor. Juan el bautista no cuenta con su saber ni con sus fuerzas, cuenta con la ayuda de Dios para poder llevar a buen puerto la obra encomendada por el Señor. Nosotros también hemos sido llamados por el Señor desde la eternidad para ser sus manos, sus pies, sus labios... en el momento que nos ha tocado vivir, “Vosotros  sois la luz del Mundo” (Mc 5, 14).

 

            La Iglesia nos enseña que  el cristiano, desde el inicio, debe recibir el mensaje del  Señor en toda su integridad y dado que no es posible que este mensaje se pueda recibir en su totalidad en edad catequética, deberá recibirse de forma gradual o lo que es lo mismo no todo el mensaje al mismo tiempo. Y este mensaje que recibimos no es monopolio del cristiano, sino que a su vez debe ser transmitido hacia aquellos que no lo conocen por cualquier circunstancia; por eso el Señor, desde el Monte de las Bienaventuranzas nos dice , “Vosotros  sois la luz del Mundo” (Mc 5, 14). Y de la misma forma que hemos sido llamados al apostolado por el mismo Jesucristo, hoy la Iglesia, a través de la voz del Papa Juan Pablo II nos dice: “en la Iglesia de Jesucristo nadie debería sentirse  dispensado de recibir catequesis”; es decir, la catequesis no debe ceñirse exclusivamente al periodo de preparación de la Primera Comunión o de la Confirmación, la formación del cristiano debe continuar  de forma permanente.

 

            También la Iglesia nos dice como ha de ser la persona que lleva a cabo una acción de apostolado. Por un lado debe ser  Fiel a Dios, y esta fidelidad, tal como nos enseña la Iglesia, es la que le lleva a transmitir fielmente el mensaje de nuestro Señor Jesucristo. Esta palabra : fielmente, hace referencia a que el catequista, a que la persona que transmite el mensaje del Señor solo y exclusivamente transmite el mensaje revelado; es decir que nunca intercalará  dentro del mensaje que transmite sus propias opiniones o puntualizaciones. El catequista no transmite su propia fe, sino la fe de la Iglesia. Por su puesto, el catequista, el apóstol, debe tener experiencia de fe, es decir, vivir la fe, o lo que es lo mismo la práctica frecuente de la Oración y de los Sacramentos. Penitencia y Eucaristía.

 

 

            Cuando estuvo preparado, y no antes, nos dice San Lucas: , vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. Y solo en ese momento se lanza  Juan el Bautista a cumplir con la misión encomendada por Dios desde la eternidad. Juan el Bautista será   el enlace entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Nosotros desde el día de nuestra Confirmación debemos estar prestos a cumplir con la llamada que el Señor nos hace al Apostolado. Nuestro Bautismo no es un hecho ni casual ni accidental; es una gracia, un don de Dios desde el que nos dice que cuenta con nosotros para ser sus manos, sus labios, sus pies, su corazón y sus ojos en el mundo, para que otros reciban con la ayuda del Señor y por medio de nuestra acción de apostolado el mensaje revelado. Nosotros al igual que Juan el Bautista debemos estar preparados: bañados en la fe, en la oración y en los sacramentos para compartir con aquellos que no ha conocido aún a Dios, con aquellos que lo han perdido o lo ha abandonado el MENSAJE DE SALVACIÓN, de forma gratuita, como nosotros lo hemos recibido de Dios a través de nuestra Madre la Santa Iglesia. Juan  el Bautista se preparó para abrir el camino al Señor y cuando vino la palabra de Dios sobre Juan él, salió y recorrió toda la región del Jordán.

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7 abril 2010 3 07 /04 /abril /2010 00:25

Todos hablan de justicia social, todos hablan del bien común, todos hablan de luchar por la consecución de una España mejor; pero lo cierto es que cada uno lo tiñe de su color: derechas, izquierdas, socialismo, liberalismo y mientras  el que padece  es el pueblo liso y llano sujeto a los continuos cambios según quien dirija el sistema.

Dice el Concilio Vaticano II “las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros y los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la personal” debidas por la incapacidad de ambos sistemas para encontrar una solución a este hecho sangrante.  Tanto unos como los otros enfrentados en su particular guerra y esclavizados por sus propias ideologías, hacen imposible atisbar el logro de este objetivo tan anhelado: el logro de la justicia social que de al hombre la esperanza de un futuro mejor, ya que no trabajan para la sociedad sino para su propio beneficio, el de sus ideas.

El liberalismo, hoy sumergido en las filas de la derecha,  extrae los votos de quienes en el pasado formaban parte de la llamada España espiritualizada, de la España que cultivaba la fe de sus mayores, de la España que trabajaba en paz por el engrandecimiento de la nación; de la España que no entendía de una nación dividida y rota por girones de derechas, centros o de izquierdas; sino de esa otra España que reunía en si a todos sus hombres y tierras en su seno. Pero ese mismo liberalismo que se olvida de las gentes menos acomodadas que seguirán padeciendo los mismos males y los mismos desprecios de siglos atrás, ya que su fin, el del liberalismo de siempre, es mirar a las gentes potentadas que son las que lo mantendrán en el poder que a fin de cuentas es lo que prima.

 Por eso extrae su voto enarbolando las banderas del pasado en su propio beneficio: Fe, Patria, Justicia, pero luego hace una política ajena al sentido social de la sociedad, pasando de puntillas por los valores espirituales, no sea que los acusen, las izquierdas, de retrógrados. Y    aceptan el estado aconfesional. ¿Y esto es aceptable para sustentar una sociedad sobre una base espiritual?. Un estado aconfesional, será siempre un estado estéril, donde es mas fácil perder los valores de la persona que mantenerlos. Y lo estamos viviendo: la cultura del botellón, de la cocaína, la del dejar hacer.  Sin Dios no hay nada, sin fe el hombre esta destinado a perder su norte y sin ese norte la sociedad se degrada.

Y así hemos visto, como en gobiernos pasados, cuando gobernó la derecha liberal, se abstuvieron de liquidar el tema grave del aborto; se aprobó el divorcio, no se fortaleció el sentido de la familia ni se apoyó a las familias, ni se derogaron leyes que afectaban gravemente  a la educación escolar traídos por el socialismo en sus décadas de gobierno. No se luchó contra el insolidario nacionalismo. Eso sí, se creció económicamente, pero seguía el mismo nivel de pobreza. Y  España se convirtió en un estado aconfesional por Constitución, donde no se pueden reclamar como derecho la religión y por tanto la voz de la Iglesia es relegada, ya que no tiene decisión. Se quitan algunos símbolos religiosos “para no molestar”

Si, está muy bien un gobierno de derechas, porque son etapas de cierta paz social, de cierta tranquilidad y sosiego, crece la economía y al empresario le va bien. Es el ¡España va bien!; pero España y quienes la conforman son algo mas que una cierta tranquilidad y sosiego. España son los valores de las personas, valores con los que nace y que son sagrados y que son la base para caminar hacia un bien común. España es la fe en la que hemos sido bautizados y que fortalece su  caminar hacia esa justicia social tan deseada por la sociedad. España es la clase media y la clase baja, que se dice y que deben gozar de los mismos derechos.

Por otra parte el socialismo bañado, por los siglos ,en las teorías lunáticas de Marx y Engels, que también nos habla de justicia social, pero que la  tiñe en el rojo de la violencia, de la lucha de clases y la desespiritualización  de las personas, porque ellos piensan que la religión es el mayor enemigo del hombre, por ser además, en cierto modo, un resquicio de la derecha a erradicar; que el sentido de la familia es una abominación burguesa; que lo que entendemos como el derecho a la vida es una cadena que esclaviza a la mujer autentica dueña de su cuerpo y ellos ofrecen la libertad y que el estado es quien debe redirigir la educación y no las familias, autenticas depositarias, entre otras cosas y que tampoco piensa en el trabajador, al que convierte en un robot al servicio del estado

Y todo esto lo vemos, lo hemos vivido antes y lo vivimos ahora con el socialismo radical y profundamente ateo del señor Zapatero. Quien con sus leyes trata de dinamitar el sentido de la familia, el derecho a la vida y trata de buscar el enfrentamiento exclusivo con la Iglesia, con el apoyo del voto útil de los cristianos que juegan como dice el dicho poniendo una vela a Dios y otra al diablo, quienes mas que sirviendo a la causa de Dios, son una bofetada para la misma, ya que con su voto se muestran serviles a la ideología mas enemiga del pensamiento humano, por ser generadora de violencia en todos sus aspectos, ya que destruye en lugar de construir. Con este sistema ha aumentado el paro, la pobreza alcanza cotas insospechadas, porque el pobre es más pobre aún, y se ha relegado económicamente a la Nación fuera del concierto de las naciones privilegiadas. Es el fracaso del sistema socialista que solo logra mantenerse en el poder a través de sus particulares dictaduras. No es posible una justicia social.

No se puede pensar en una justicia social, sobre una base que omite, la derecha;  y ni sobre una base que destruye y aliena, el socialismo, la izquierda. Solo a la luz del evangelio se puede construir una doctrina social que devuelva al hombre su libertad, paz  y solidaridad autenticas. Y así lo ha hecho la Iglesia desde la revolución industrial; ha trabajado para buscar soluciones para los problemas en los que se veía el trabajador ante el acoso del capitalismo y la violencia que terminó generando el socialismo marxista, y ello ha quedado plasmado en los diferentes documentos convertidos en autentica doctrina social, sentando bases y proponiendo soluciones que mejoren los principales problemas sociales y económicos a los que se enfrenta el hombre.

Hoy la Iglesia promueve centros de ayuda, comedores sociales, centros de enseñanza de capacitación laboral, centros de enseñanza cultural, no solo en la propia nación española, sino en los países mas pobres y necesitados… ahorrando al estado millones de euros; es la aplicación de la doctrina social a las personas de forma generosa y no reconocida por ningún sistema de los que han pasado por España: Centro, socialismo y derecha. Una labor silenciosa, sin ruido pero efectiva. Todo a la luz de las exigencias del Evangelio: servicio a las personas, bajo las palabras del Señor: No he venido para ser servido, sino para servir.

Ni el socialismo ni el liberalismo proponen soluciones de convivencia y mucho menos si tratan de sentar una base laica, ajena a toda idea de Dios. Desde el momento que se abandona toda idea de Dios es imposible pensar una sociedad solida, justa y con visos de futuro. Nada es posible sin Dios.

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6 abril 2010 2 06 /04 /abril /2010 01:23

           Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; también ellos  regresaron y lo comunicaron, pero tampoco les creyeron” (Mc 16, 12-13).

 

            Es impresionante el pasaje de los discípulos camino de Emaús. Habían estado con Jesús, le habían oído, habían visto sus obras y milagros, pero tras su muerte todo se desvaneció para ellos. Caminaban hacia Emaús, seguramente hablando de todo lo que había ocurrido. Consternados, rotos, desmoralizados de lo que había pasado con Jesús. No esperaban, a pesar de los anuncios que les había hecho el Señor de lo que habiad e ocurrir, no lo entendieron y por eso para ellos ¡todo un desastre! Todo lo que esperaban, en su entender, se había desvanecido. ¿Qué pasaría ahora? ¿Sin el Señor, quesería de ellos? A saber cuántas cosas pasaban por las mentes de aquellos hombres.

 

            Lo mismo nos pasa a nosotros cuando perdemos el norte, cuando nos invade el pecado, la oscuridad, cuando atravesamos la noche oscura de la que habla San Francisco de Asís. Todo se coinvierte en angustia, olvidamos las palabras de Jesús y atravesamos nuestro particular camino de Emaús: desconcertados, desorientados,  paralizados sin fuerzas para levantarnos, ¡queremos, pero no podemos! Entonces nos identificamos con aquellos discípulos, nos ponemos en su piel y recordamos que aquel Jesús que salió a su camino y les acompaño hablando, sale también a nuestro encuentro y nos habla, nos susurra con ternura, como solo sabe hacerlo El.

 

            Y se les abrieron los ojos, cuando la fracción del Pan; solo así se nos abrirán a nosotros, si acertamos a ver a Jesús en la fracción del pan y lo recibimos como Alimento. Nosotros, cada uno de nosotros somos aquellos discípulos, junto a los que caminaba Jesús; pues también camina junto a nosotros, paciente, esperando a que nos demos cuenta que es Él quien está a nuestro lado para recordarnos que ya No ESTA TRAS AQUELLA LOSA , sino que HA RESUCITADO para quedarse junto a nosotros para toda la ETERNIDAD.

 

            ¿Qué hicieron? Fueron raudos a participar del acontecimiento con sus compañeros. ¿A que esperamos pues nosotros?

 

            San Marcos refiere muy brevemente, al contrario que San Lucas, que hace que este pasaje penetre por los sentidos de quien lo lee, a la vez de darnos una visión de la situación anímica de los dos discípulos que se dirigían a Emaús. Nos dice el padre Martín Descalzo: “Hemos comprobado ya como la resurrección no es una simple vuelta a la vida... Y la primera comprobación es que el Cristo resucitado es el mismo y es distinto. Si de algún modo no fuera el mismo, no podríamos hablar de resurrección, porque no se trataría de Jesús, y no sería reconocido por los suyos, salvo como fruto de un engaño. Si de algún modo no fuese distinto, estaríamos ante Jesús de Nazaret, pero no ante el Señor de la vida y de la muerte”.

 

            El cuerpo de Cristo tras la resurrección estaba en estado glorioso. Si echamos una mirada atrás, nos encontramos con el pasaje de la Transfiguración, donde el Señor  manifiesta la gloria del Hijo de Dios a los discípulos que le acompañan. “Para redimirnos con su pasión y Muerte renunció voluntariamente a la gloria divina y se encarnó en carne pasible, no gloriosa, haciéndose semejante a nosotros menos en el pecado. En este momento de la Transfiguración, Jesucristo quiere que su gloria que le correspondía por ser Dios, aparezca milagrosamente en su cuerpo”... “La Transfiguración  fue un cierto signo o anticipo  no sólo de la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra”.

 

           

            Tras la aparición de Cristo a aquellos discípulos, uno de los cuales San Lucas nos lo identifica con el nombre de Cleofás, se dirigen a transmitir la gran noticia: ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado!

 

El espíritu cristiano debe identificarse, entre otras cosas, por el hecho de compartir todo aquello que  Dios, en su infinita bondad, pone a nuestro alcance: fe, alegría, amor, carismas... En muchos aspectos deberíamos rescatar aquel espíritu cristiano de las primeras comunidades que como podemos leer en los Hechos de los Apóstoles: “Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus cosas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón” (He 2, 46). En este espíritu, aquellos dos discípulos que caminaban tristes y desalentados, recuperan nuevamente la alegría y parten para compartir con los demás lo que acababan de vivir, para llenar sus corazones de alegría, para devolverles la esperanza que con la muerte del Señor habían perdido.

 

El cristiano es transmisor de ESPERANZA, porque es transmisor de VIDA. Aquellos discípulos corren y tampoco piensan en la reacción que puedan tener sus compañeros; ellos saben que lo que han visto es la verdad; ellos saben que han compartido unas horas con Cristo; ellos le han descubierto en el momento de la fracción del pan y eso es lo que van a compartir. Aquellos discípulos cabizbajos, desalentados, tristes, con el alma rota en mil pedazos “de pronto se sienten apóstoles, fraternos. No guardaron para sí su alegría. Tenían que comunicarla y repartirla”, escribe el padre Martín Descalzo, “pero tampoco les creyeron” (Mc 16, 13).

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5 abril 2010 1 05 /04 /abril /2010 00:08

A solas con el Padre, en íntima confidencia de amor. Es  cuando el corazón parece elevarse, cuando los miedos desaparecen y la noche del alma comienza a aclararse; es la respuesta de Dios en un diálogo intimo de amor, que se establece desde la eternidad.

                       

           El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán y después de muerto resucitará a los tres días. Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle” (MC 9, 31-32)

 

            El Señor hace un nuevo anuncio de su Pasión y muerte, pero además de su Resurrección, que los discípulos no entienden. El Señor a solas con los discípulos, por los caminos, les va instruyendo. Aprovecha esos momentos de soledad para hablarles de la Buena Nueva, y de cómo luego habrán de instruir. El Señor quiere estar a solas con ellos, pues sabe que al acercarse a las poblaciones iba a ser imposible; busca esos momentos en los que los discípulos pueden prestarle toda atención a sus palabras. Jesús les instruye, y a la vez a nosotros, ya que ellos nos representan en esos momentos; momentos que nosotros vivimos cada vez que leemos algún pasaje del Evangelio, como uno más que les acompaña por los caminos de Galilea. A través de las páginas del Evangelio, Jesús nos habla diariamente, en presente, a cada uno de nosotros, con la misma paciencia con que instruyó a aquellos rudos hombres que eligió.

 

            Jesús es catequista de catequistas, sabiendo que catequista no es sólo el que esta en las parroquias enseñando doctrina, sino todo aquel que bautizado sigue la practica de la doctrina cristiana y la enseña también con el ejemplo diario allí donde se encuentre: trabajo, escuela, universidad, ya que el cristiano practicante no debe guardarse para si las enseñanzas del Señor.            

 

            Palabras, parábolas, comparaciones, ejemplos gráficos. Jesús Maestro de maestros, con una pedagogía basada en el amor, poco a poco va inculcando a aquellos hombres la forma de ser del hombre nuevo, de los que habrán de seguirle hasta la eternidad.

 

           Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mi me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envío” (MC 9, 36-37)

 

            Y así aprendemos esta enseñanza: “ Acoger en nombre y por amor a Cristo a los que, como ese niño, no tienen relieve a los ojos del mundo, es acoger al mismo Señor y al Padre que lo ha enviado. En ese niño que Jesús abraza están representados todos los niños del mundo, y también todos los necesitados(hombres y mujeres), desvalidos, pobres, enfermos, también en los que nada brillante y destacado hay para admirar” En aquel pequeño recoge el Señor a todos, no hace diferencias. Para Dios todos somos iguales pequeños y mayores, blancos, cobrizos, amarillos, enfermos y sanos, pobres y ricos, guapos y feos, creyentes o no,... y para todos ha venido el Señor.

 

            ¿Porqué acoge a un niño?. Los niños conforman el auténtico ser del alma: en toda su pureza, en todo su candor, sin la malicia que suele invadir el alma de los adultos. Jesús en varios momentos elige a los niños para enseñarnos como hemos de ser. Hacernos como ellos, como los niños no significa volver a la infancia  biológica, sino a una infancia espiritual, podemos decir, que es cuando no impera la malicia, ni la impureza, ni los malos deseos, ni las venganzas…

 

            Además Jesús nos da la norma de conducta del cristiano: ser servidor de los demás. Los cristianos no hemos sido llamados para ser servidos, para tener todo resuelto; todo lo contrario, a ejemplo de Jesús, para estar al servicio de los demás. La virtud de la humildad debe caracterizar la esencia del cristiano. El ambiente actual no ayuda a la practica de esta virtud, por tanto el esfuerzo habrá de ser casi sobrehumano. Lo conseguiremos mirándonos en el espejo que es Jesús, en el espejo que también debe serlo para nosotros la Virgen María, y como no, sin olvidar a San José, una figura esencial por excelencia en el mensaje de la Salvación y que sin embargo pasa a un puesto casi desapercibido. Nos dice el Señor “Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos” (MC 9,37).

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3 abril 2010 6 03 /04 /abril /2010 00:31

 

            En tres momentos, en el Huerto de Getsemaní, El Señor encuentra dormidos a sus discípulos. En la primera ocasión les dice, y  en ellos a nosotros: “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.

 

 

            La oración es el trato con Dios del hombre. Es además el medio de conocer a Dios íntimamente. Como vemos a lo largo del Evangelio, Jesús acude a la oración para dar gracias por el bien recibido o por el bien que se va a recibir, para pedir al Padre, para suplicar, para interceder ... Jesús nos enseña el valor de la oración, además de cómo hacerla. Pero además nos da una señal : Velad y orad para no caer en la tentación. Con lo que nos indica que con nuestras fuerzas solas, jamás lograremos vencer cualquier tentación, si estas fuerzas no están apoyadas en la oración.

 

            La oración puede ser bien personal, o bien comunitaria. Por medio de la oración personal, como hemos dicho conocemos mejor al Padre, nos acercamos a Él, vamos comprendiendo mejor nuestra filiación divina,  alcanzaremos a cumplir mejor todas nuestras obligaciones : laborales, familiares, de amistad , para con los demás. La oración está considerada como artículo de primera necesidad para el alma, como lo es el alimento o el agua para tomar fuerzas o apagar la sed. A través de la oración se apaga la sed de nuestras necesidades espirituales. La Iglesia nos pone a  la Virgen María como ejemplo de oración  cuando se nos dice que : “Nadie en este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre”.

 

            El  Beato Escrivá de Balaguer decía : “La oración era entonces, como hoy, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interior ... no os canséis nunca de implorar”. Y el Papa Pío XII : Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adorando, propiciando, suplicando, dando gracias

 

            El Padre Martín Descalzo nos describe con todo realismo como era la oración de Jesús:

 

           Los Apóstoles debieron asombrarse  ante la oración de Jesús en esta noche. Le habían visto orar cientos de veces en su vida. Pero en ningún caso con la angustia de esta ocasión. Empezando, incluso, por la postura del Maestro a quien veían a la luz de la luna llena. No rezaba ( como era tradicional en los judíos )  de pie con los brazos extendidos, sino que ( según dice San Marcos ) se postró en tierra ( 14,15); según Lucas ( 22,41) se puso de rodillas, y según San Mateo, cayó sobre su rostro (26, 39)”

 

 

            La postura de los Apóstoles en el Huerto de Getsemaní, es muchas veces la postura nuestra: de abandono de la oración. Cansancio, flojera espiritual, apatía,  priorización de otras cosas del mundo. Este pasaje es otra lección que el Señor nos da y cuyos ejemplos vivos fueron los Apóstoles, quien a pesar de sus debilidades los eligió para levantar su Iglesia y extender el Reino que nos había venido a traer. Dios,  sobre la humildad edifica su Iglesia, que perdura a través de los siglos y lo hará hasta el fin de los tiempos

 

           

            Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. En muchos pasajes a lo largo del  Evangelio hemos visto a un Jesús que tiene sueño, que siente hambre, que se enfada; ahora vamos a ver a un Jesús que “ experimenta la necesidad de una compañía. Tal vez hablar con sus discípulos alivie su angustia. Y se levanta. Y camina esos treinta  pasos para buscar la palabra humana que desgarre esa soledad en la que el Padre y las cosas le acorralan”.  Pero ellos duermen y Jesús se siente solo de sus discípulos, más el solo se limita a despertarles para que hagan oración, enseñándoles la necesidad de ésta. Cuantas veces creemos sentirnos solos, sin darnos cuenta que no lo estamos, ya que el Señor nos enseña que al orar estamos en contacto con el Padre que nos ama intensamente.

 

           Es de notar que  los evangelistas movidos por el Espíritu Santo, recogen tanto la oración de Jesús  como el mandato de orar. No se trata de una anécdota ocasional, sino de un episodio que es modelo de lo que han de hacer los cristianos: rezar como medio imprescindible para  mantenerse fieles a Dios. Quien no rece, que no se haga ilusiones de superar las tentaciones del demonio

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31 marzo 2010 3 31 /03 /marzo /2010 23:46

            Y al instante, cuando todavía estaba hablando, llega Judas, uno de los doce, acompañado de una muchedumbre con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que lo entregaba les había dado una señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedlo  y conducidlo con cautela. Y al llegar a él en seguida , le dice: Rabbí; y le besó. Entonces le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los que lo rodeaban, sacando la espada hirió al criado del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja. En respuesta Jesús les dijo: ¿Cómo contra un ladrón habéis venido con espadas y palos a prenderme? Todos los días estaba en el Templo enseñando, y no me prendisteis; pero que se cumplan las Escrituras. Entonces, abandonándole huyeron todos. Y un joven, envuelto su cuerpo desnudo solo con una sábana, le seguía y lo agarraron. Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo” (Mc 14, 43-52)

 

 

            El evangelista nos narra el momento del prendimiento de Jesús. Habían tenido ocasiones,  a la luz del día, pero tuvieron miedo a la respuesta popular; y acuden en el silencio de la noche armados de palos y de espadas.

 

            En los evangelios de San Lucas y Mateo se recoge la respuesta de Jesús, tras el beso de Judas. ¿Judas, con un beso traicionas al Hijo del Hombre?” (Lc 22, 48). En el pasaje descrito por San Mateo un brevísimo diálogo entre Jesús y Judas: “Buenas noches, Maestro. Y le dio un beso. Jesús le dijo: Amigo, haz lo que vienes a hacer” (Mt 26, 49-50). El relato de San Juan  nos presenta un diálogo entre el Señor y el gentío que acude a prenderle.

 

            San Marcos nos  habla de una muchedumbre la que acompaña a Judas. San Juan recoge que a ese gentío le acompaña una  cohorte de legionarios romanos, que estaba compuesta de 600 soldados, al mando de un tribuno. Unos y otros desembocan en la cantidad de personas que acudieron a detener al Señor.

 

            El beso, señal de  saludo y de amistad que permanece inalterable a lo largo de los tiempos. Judas emplea esta señal para darle  a conocer. Jesús le recibe con cariño: Amigo, haz lo que vienes a hacer, como leemos en San Mateo. No le reprende. Al igual que durante la Ultima Cena, que silencia su nombre, parece  con ello darle una oportunidad de rectificar la grave acción que estaba cometiendo. Pero Judas sigue adelante. La soberbia había nublado el corazón de Judas. El Señor da una oportunidad a quien le hace el mal, y de seguro que se la seguirá dando hasta el final; todos gozamos de esas mismas oportunidades, cada día. El Señor nos da una nueva lección, ya no con palabras, sino con hechos: Jesús ama también a sus enemigos, a quienes da un trato de caridad.

 

            Prendedlo  y conducidlo con cautela, dice Judas, como temiendo que pudiera escaparse. No comprendía que era el mismo Jesús el que se entregaba. No ofrece resistencia, no intenta escapar, al contrario evita una reacción de los Apóstoles. Pedro hiere a uno de los siervos del Sumo Sacerdote, a Malco, pero Jesús le sana la herida. Nadie de aquella muchedumbre se detiene en aquel detalle; ni el mismo Malco quien acababa de ser curado. “¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?” (Jn 18, 4)

 

            Una muchedumbre con espadas y palos (Mc 14, 43). Habían seguido muy de cerca la trayectoria de Jesús durante su vida pública : iba haciendo el bien. Esto lo sabían ellos. Era pacífico; tan solo el cercano enfado del Señor en el Templo. Muchas ocasiones habían tenido para capturarlo. Eligen la noche, y un grupo fuertemente armado, acompañados de soldados romanos. Como si se tratara de un ladrón, de un delincuente peligroso, o un activista de los que agitaban a la población contra el Imperio.

 

            Pero que se cumplan las Escrituras (Mc 14, 49). El Señor se deja prender, para ello había venido a estar entre nosotros. La primera parte de su misión sagrada se había cumplido; ahora quedaba la ultima, la mas dura, la del sufrimiento en toda  la extensión de la palabra, que culminaría con su muerte en la Cruz.

 

Pero antes quedaba el abandono, tal como lo había dicho. Entonces, abandonándole huyeron  todos (Mc 14, 50). Jesús queda solo ante aquellos que se consideraban sus enemigos. Es para nosotros otro toque de atención. Juzgamos la actuación de aquellos discípulos, sin acertar a ver nuestras claudicaciones, abandonos, negativas. Jesús se queda sólo aquella noche, el Sagrario viviente abandonado de todos. Un momento que se vendrá repitiendo con cierta asiduidad hasta nuestros días.

 

            ¿Quién era aquel joven que seguía a Jesús de lejos? “El detalle del joven de la sábana es exclusivo de San Marcos. La mayoría de los intérpretes ven en él una discreta alusión al propio San Marcos. Es probable que el Huerto de los Olivos perteneciera a la familia de San Marcos, lo que explicaría la presencia nocturna del muchacho, que se habría despertado repentinamente ante el bullicio de la gente

 

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