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8 abril 2010 4 08 /04 /abril /2010 00:36

 

            El año decimoquinto del imperio de Tiberio cesar, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes Tetrarca de Galielea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, 2 bajo el Sumo Sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, 4 tal como está escrito en el libro de los oráculos del Profeta Isaías:

 

 

                        Voz que clama en el desierto:

                        Preparad el camino del Señor,

                        Haced rectas sus sendas.

                        5 Todo valle será rellenado,

                        Y todo monte y colina allanados;

                        Los caminos torcidos se harán rectos,

                        Y los caminos ásperos serán suavizados.

                        6 Y todo hombre verá la salvación de

                        Dios.

 

            7 Y decía a las muchedumbres que acudían para que los bautizara: Raza de víboras, ¿quién os enseño a huir de la ira venidera?. 8 Haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no empecéis a decir entre vosotros: Tenemos por Padre a Abrahán. 9 Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no de buen fruto es cortado y echado al fuego.10 Las muchedumbres le preguntaban: Entonces, ¿qué debemos hacer? 11 Él les contestaba: el que tiene dos túnicas, de al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga otro tanto. 12 Llegaron también unos publicanos para  bautizarse y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? 13 y él  les contesto: No exijáis mas de los que se os ha señalado. 14 Asimismo le preguntaban los soldados: Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer?. Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.15 Como el pueblo estimase, y todos se preguntaran en su interior, si acaso Juan no sería el Cristo, 16 Juan salió al paso diciendo a todos: Yo os bautizo con agua; pero  viene  quien es más fuerte que yo, al que no soy digno de desatar la correa de sus sandalias: Él os bautizará en Espíritu santo y en fuego.

 

            17 Tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja con fuego inextinguible. 18 Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva. (Lc. 3,1-18)                   

 

 

            San Lucas, en el comienzo de este capítulo nos sitúa en la época y en el momento n el que Juan el Bautista da comienzo a su predicación, una predicación que desembocará en el Ministerio Público de nuestro Señor Jesucristo. Para ello nos facilita los nombres de los personajes históricos que tendrán una especial participación durante la predicación del Señor y posteriormente en su Pasión y Muerte: Anás, Caifás, Poncio Pilato, Herodes... que nos dan testimonio fiel de la época  en que da comienzo el anuncio del mensaje de la Buena Nueva del Señor a toda la humanidad.

 

            Pero toda acción de apostolado debe comenzar por un  tiempo de preparación, lo vemos aquí con Juan el Bautista y de ello nos dará especial ejemplo el Señor en su  retiro al desierto durante cuarenta días y cuarenta noches. Juan el Bautista se retira al desierto y como apunta  San Marcos en su Evangelio “vestido de piel de camello y con u ceñidor de cuero, y comía langostas y miel silvestre” (Mc. 1-6). Se desprende de todo y de todas las connotaciones del mundo, para que su acercamiento a Dios sea mas libre y mas puro. Así nos enseña Jesús a orar: “ Tu, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y,  cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre que ve en lo oculto, te recompensará” ( Mc. 6, 6). Desprendidos de todo el ajetreo del día para que nuestro diálogo con el Señor sea más libre y sin que nuestro pensamiento vuele hacia aquellos momentos que en el día nos han impactado más. Para ello pongámonos en manos de la Madre, Reina de la oración y de nuestro Ángel de la Guarda que guiarán y ayudarán nuestra oración.

 

            Muchas veces pensamos que la labor de apostolado, como puede ser el de la Catequesis, es ir a la Parroquia a hablar de Dios, y hablar de aquello que sabemos o hemos oído de boca de otros, y por ello contamos con nuestro propio saber, sin contar para nada con el Señor, que es a fin y al cabo quien debe dirigir toda nuestra acción. Si realmente nos diéramos cuenta de la importancia de esta labor y de la trascendencia que tiene para las almas que se nos encomiendan, comenzaríamos nuestra labor de apostolado poniéndonos en las manos del Señor, bajo si dirección, y nos encomendaríamos a nuestra Madre, la Santísima Virgen María, que es la Reina de los Apóstoles, tal como la cantamos en las letanías del santo Rosario. Actuando de esta manera podríamos ver resultados  sorprendentes. Puestos en las manos del Señor, dejándonos llevar por Él, contando con Él, no con nuestro propio saber tan limitado, preparándonos y acudiendo con  frecuencia a los Sacramentos: Eucaristía y Penitencia, daríamos lo que tenemos.

 

            El retiro de Juan el Bautista tenía ese fin: ponerse en las Manos de Dios que le había llamado desde la eternidad para predicar y abrir el camino del Señor. Juan el bautista no cuenta con su saber ni con sus fuerzas, cuenta con la ayuda de Dios para poder llevar a buen puerto la obra encomendada por el Señor. Nosotros también hemos sido llamados por el Señor desde la eternidad para ser sus manos, sus pies, sus labios... en el momento que nos ha tocado vivir, “Vosotros  sois la luz del Mundo” (Mc 5, 14).

 

            La Iglesia nos enseña que  el cristiano, desde el inicio, debe recibir el mensaje del  Señor en toda su integridad y dado que no es posible que este mensaje se pueda recibir en su totalidad en edad catequética, deberá recibirse de forma gradual o lo que es lo mismo no todo el mensaje al mismo tiempo. Y este mensaje que recibimos no es monopolio del cristiano, sino que a su vez debe ser transmitido hacia aquellos que no lo conocen por cualquier circunstancia; por eso el Señor, desde el Monte de las Bienaventuranzas nos dice , “Vosotros  sois la luz del Mundo” (Mc 5, 14). Y de la misma forma que hemos sido llamados al apostolado por el mismo Jesucristo, hoy la Iglesia, a través de la voz del Papa Juan Pablo II nos dice: “en la Iglesia de Jesucristo nadie debería sentirse  dispensado de recibir catequesis”; es decir, la catequesis no debe ceñirse exclusivamente al periodo de preparación de la Primera Comunión o de la Confirmación, la formación del cristiano debe continuar  de forma permanente.

 

            También la Iglesia nos dice como ha de ser la persona que lleva a cabo una acción de apostolado. Por un lado debe ser  Fiel a Dios, y esta fidelidad, tal como nos enseña la Iglesia, es la que le lleva a transmitir fielmente el mensaje de nuestro Señor Jesucristo. Esta palabra : fielmente, hace referencia a que el catequista, a que la persona que transmite el mensaje del Señor solo y exclusivamente transmite el mensaje revelado; es decir que nunca intercalará  dentro del mensaje que transmite sus propias opiniones o puntualizaciones. El catequista no transmite su propia fe, sino la fe de la Iglesia. Por su puesto, el catequista, el apóstol, debe tener experiencia de fe, es decir, vivir la fe, o lo que es lo mismo la práctica frecuente de la Oración y de los Sacramentos. Penitencia y Eucaristía.

 

 

            Cuando estuvo preparado, y no antes, nos dice San Lucas: , vino la palabra de Dios sobre Juan el hijo de Zacarías, en el desierto. Y solo en ese momento se lanza  Juan el Bautista a cumplir con la misión encomendada por Dios desde la eternidad. Juan el Bautista será   el enlace entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Nosotros desde el día de nuestra Confirmación debemos estar prestos a cumplir con la llamada que el Señor nos hace al Apostolado. Nuestro Bautismo no es un hecho ni casual ni accidental; es una gracia, un don de Dios desde el que nos dice que cuenta con nosotros para ser sus manos, sus labios, sus pies, su corazón y sus ojos en el mundo, para que otros reciban con la ayuda del Señor y por medio de nuestra acción de apostolado el mensaje revelado. Nosotros al igual que Juan el Bautista debemos estar preparados: bañados en la fe, en la oración y en los sacramentos para compartir con aquellos que no ha conocido aún a Dios, con aquellos que lo han perdido o lo ha abandonado el MENSAJE DE SALVACIÓN, de forma gratuita, como nosotros lo hemos recibido de Dios a través de nuestra Madre la Santa Iglesia. Juan  el Bautista se preparó para abrir el camino al Señor y cuando vino la palabra de Dios sobre Juan él, salió y recorrió toda la región del Jordán.

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7 abril 2010 3 07 /04 /abril /2010 00:25

Todos hablan de justicia social, todos hablan del bien común, todos hablan de luchar por la consecución de una España mejor; pero lo cierto es que cada uno lo tiñe de su color: derechas, izquierdas, socialismo, liberalismo y mientras  el que padece  es el pueblo liso y llano sujeto a los continuos cambios según quien dirija el sistema.

Dice el Concilio Vaticano II “las excesivas desigualdades económicas y sociales entre los miembros y los pueblos de una única familia humana resultan escandalosas y se oponen a la justicia social, a la equidad, a la dignidad de la personal” debidas por la incapacidad de ambos sistemas para encontrar una solución a este hecho sangrante.  Tanto unos como los otros enfrentados en su particular guerra y esclavizados por sus propias ideologías, hacen imposible atisbar el logro de este objetivo tan anhelado: el logro de la justicia social que de al hombre la esperanza de un futuro mejor, ya que no trabajan para la sociedad sino para su propio beneficio, el de sus ideas.

El liberalismo, hoy sumergido en las filas de la derecha,  extrae los votos de quienes en el pasado formaban parte de la llamada España espiritualizada, de la España que cultivaba la fe de sus mayores, de la España que trabajaba en paz por el engrandecimiento de la nación; de la España que no entendía de una nación dividida y rota por girones de derechas, centros o de izquierdas; sino de esa otra España que reunía en si a todos sus hombres y tierras en su seno. Pero ese mismo liberalismo que se olvida de las gentes menos acomodadas que seguirán padeciendo los mismos males y los mismos desprecios de siglos atrás, ya que su fin, el del liberalismo de siempre, es mirar a las gentes potentadas que son las que lo mantendrán en el poder que a fin de cuentas es lo que prima.

 Por eso extrae su voto enarbolando las banderas del pasado en su propio beneficio: Fe, Patria, Justicia, pero luego hace una política ajena al sentido social de la sociedad, pasando de puntillas por los valores espirituales, no sea que los acusen, las izquierdas, de retrógrados. Y    aceptan el estado aconfesional. ¿Y esto es aceptable para sustentar una sociedad sobre una base espiritual?. Un estado aconfesional, será siempre un estado estéril, donde es mas fácil perder los valores de la persona que mantenerlos. Y lo estamos viviendo: la cultura del botellón, de la cocaína, la del dejar hacer.  Sin Dios no hay nada, sin fe el hombre esta destinado a perder su norte y sin ese norte la sociedad se degrada.

Y así hemos visto, como en gobiernos pasados, cuando gobernó la derecha liberal, se abstuvieron de liquidar el tema grave del aborto; se aprobó el divorcio, no se fortaleció el sentido de la familia ni se apoyó a las familias, ni se derogaron leyes que afectaban gravemente  a la educación escolar traídos por el socialismo en sus décadas de gobierno. No se luchó contra el insolidario nacionalismo. Eso sí, se creció económicamente, pero seguía el mismo nivel de pobreza. Y  España se convirtió en un estado aconfesional por Constitución, donde no se pueden reclamar como derecho la religión y por tanto la voz de la Iglesia es relegada, ya que no tiene decisión. Se quitan algunos símbolos religiosos “para no molestar”

Si, está muy bien un gobierno de derechas, porque son etapas de cierta paz social, de cierta tranquilidad y sosiego, crece la economía y al empresario le va bien. Es el ¡España va bien!; pero España y quienes la conforman son algo mas que una cierta tranquilidad y sosiego. España son los valores de las personas, valores con los que nace y que son sagrados y que son la base para caminar hacia un bien común. España es la fe en la que hemos sido bautizados y que fortalece su  caminar hacia esa justicia social tan deseada por la sociedad. España es la clase media y la clase baja, que se dice y que deben gozar de los mismos derechos.

Por otra parte el socialismo bañado, por los siglos ,en las teorías lunáticas de Marx y Engels, que también nos habla de justicia social, pero que la  tiñe en el rojo de la violencia, de la lucha de clases y la desespiritualización  de las personas, porque ellos piensan que la religión es el mayor enemigo del hombre, por ser además, en cierto modo, un resquicio de la derecha a erradicar; que el sentido de la familia es una abominación burguesa; que lo que entendemos como el derecho a la vida es una cadena que esclaviza a la mujer autentica dueña de su cuerpo y ellos ofrecen la libertad y que el estado es quien debe redirigir la educación y no las familias, autenticas depositarias, entre otras cosas y que tampoco piensa en el trabajador, al que convierte en un robot al servicio del estado

Y todo esto lo vemos, lo hemos vivido antes y lo vivimos ahora con el socialismo radical y profundamente ateo del señor Zapatero. Quien con sus leyes trata de dinamitar el sentido de la familia, el derecho a la vida y trata de buscar el enfrentamiento exclusivo con la Iglesia, con el apoyo del voto útil de los cristianos que juegan como dice el dicho poniendo una vela a Dios y otra al diablo, quienes mas que sirviendo a la causa de Dios, son una bofetada para la misma, ya que con su voto se muestran serviles a la ideología mas enemiga del pensamiento humano, por ser generadora de violencia en todos sus aspectos, ya que destruye en lugar de construir. Con este sistema ha aumentado el paro, la pobreza alcanza cotas insospechadas, porque el pobre es más pobre aún, y se ha relegado económicamente a la Nación fuera del concierto de las naciones privilegiadas. Es el fracaso del sistema socialista que solo logra mantenerse en el poder a través de sus particulares dictaduras. No es posible una justicia social.

No se puede pensar en una justicia social, sobre una base que omite, la derecha;  y ni sobre una base que destruye y aliena, el socialismo, la izquierda. Solo a la luz del evangelio se puede construir una doctrina social que devuelva al hombre su libertad, paz  y solidaridad autenticas. Y así lo ha hecho la Iglesia desde la revolución industrial; ha trabajado para buscar soluciones para los problemas en los que se veía el trabajador ante el acoso del capitalismo y la violencia que terminó generando el socialismo marxista, y ello ha quedado plasmado en los diferentes documentos convertidos en autentica doctrina social, sentando bases y proponiendo soluciones que mejoren los principales problemas sociales y económicos a los que se enfrenta el hombre.

Hoy la Iglesia promueve centros de ayuda, comedores sociales, centros de enseñanza de capacitación laboral, centros de enseñanza cultural, no solo en la propia nación española, sino en los países mas pobres y necesitados… ahorrando al estado millones de euros; es la aplicación de la doctrina social a las personas de forma generosa y no reconocida por ningún sistema de los que han pasado por España: Centro, socialismo y derecha. Una labor silenciosa, sin ruido pero efectiva. Todo a la luz de las exigencias del Evangelio: servicio a las personas, bajo las palabras del Señor: No he venido para ser servido, sino para servir.

Ni el socialismo ni el liberalismo proponen soluciones de convivencia y mucho menos si tratan de sentar una base laica, ajena a toda idea de Dios. Desde el momento que se abandona toda idea de Dios es imposible pensar una sociedad solida, justa y con visos de futuro. Nada es posible sin Dios.

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6 abril 2010 2 06 /04 /abril /2010 01:23

           Después de esto se apareció, bajo distinta figura, a dos de ellos que iban de camino a una aldea; también ellos  regresaron y lo comunicaron, pero tampoco les creyeron” (Mc 16, 12-13).

 

            Es impresionante el pasaje de los discípulos camino de Emaús. Habían estado con Jesús, le habían oído, habían visto sus obras y milagros, pero tras su muerte todo se desvaneció para ellos. Caminaban hacia Emaús, seguramente hablando de todo lo que había ocurrido. Consternados, rotos, desmoralizados de lo que había pasado con Jesús. No esperaban, a pesar de los anuncios que les había hecho el Señor de lo que habiad e ocurrir, no lo entendieron y por eso para ellos ¡todo un desastre! Todo lo que esperaban, en su entender, se había desvanecido. ¿Qué pasaría ahora? ¿Sin el Señor, quesería de ellos? A saber cuántas cosas pasaban por las mentes de aquellos hombres.

 

            Lo mismo nos pasa a nosotros cuando perdemos el norte, cuando nos invade el pecado, la oscuridad, cuando atravesamos la noche oscura de la que habla San Francisco de Asís. Todo se coinvierte en angustia, olvidamos las palabras de Jesús y atravesamos nuestro particular camino de Emaús: desconcertados, desorientados,  paralizados sin fuerzas para levantarnos, ¡queremos, pero no podemos! Entonces nos identificamos con aquellos discípulos, nos ponemos en su piel y recordamos que aquel Jesús que salió a su camino y les acompaño hablando, sale también a nuestro encuentro y nos habla, nos susurra con ternura, como solo sabe hacerlo El.

 

            Y se les abrieron los ojos, cuando la fracción del Pan; solo así se nos abrirán a nosotros, si acertamos a ver a Jesús en la fracción del pan y lo recibimos como Alimento. Nosotros, cada uno de nosotros somos aquellos discípulos, junto a los que caminaba Jesús; pues también camina junto a nosotros, paciente, esperando a que nos demos cuenta que es Él quien está a nuestro lado para recordarnos que ya No ESTA TRAS AQUELLA LOSA , sino que HA RESUCITADO para quedarse junto a nosotros para toda la ETERNIDAD.

 

            ¿Qué hicieron? Fueron raudos a participar del acontecimiento con sus compañeros. ¿A que esperamos pues nosotros?

 

            San Marcos refiere muy brevemente, al contrario que San Lucas, que hace que este pasaje penetre por los sentidos de quien lo lee, a la vez de darnos una visión de la situación anímica de los dos discípulos que se dirigían a Emaús. Nos dice el padre Martín Descalzo: “Hemos comprobado ya como la resurrección no es una simple vuelta a la vida... Y la primera comprobación es que el Cristo resucitado es el mismo y es distinto. Si de algún modo no fuera el mismo, no podríamos hablar de resurrección, porque no se trataría de Jesús, y no sería reconocido por los suyos, salvo como fruto de un engaño. Si de algún modo no fuese distinto, estaríamos ante Jesús de Nazaret, pero no ante el Señor de la vida y de la muerte”.

 

            El cuerpo de Cristo tras la resurrección estaba en estado glorioso. Si echamos una mirada atrás, nos encontramos con el pasaje de la Transfiguración, donde el Señor  manifiesta la gloria del Hijo de Dios a los discípulos que le acompañan. “Para redimirnos con su pasión y Muerte renunció voluntariamente a la gloria divina y se encarnó en carne pasible, no gloriosa, haciéndose semejante a nosotros menos en el pecado. En este momento de la Transfiguración, Jesucristo quiere que su gloria que le correspondía por ser Dios, aparezca milagrosamente en su cuerpo”... “La Transfiguración  fue un cierto signo o anticipo  no sólo de la glorificación de Cristo, sino también de la nuestra”.

 

           

            Tras la aparición de Cristo a aquellos discípulos, uno de los cuales San Lucas nos lo identifica con el nombre de Cleofás, se dirigen a transmitir la gran noticia: ¡Cristo vive! ¡Cristo ha resucitado!

 

El espíritu cristiano debe identificarse, entre otras cosas, por el hecho de compartir todo aquello que  Dios, en su infinita bondad, pone a nuestro alcance: fe, alegría, amor, carismas... En muchos aspectos deberíamos rescatar aquel espíritu cristiano de las primeras comunidades que como podemos leer en los Hechos de los Apóstoles: “Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus cosas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón” (He 2, 46). En este espíritu, aquellos dos discípulos que caminaban tristes y desalentados, recuperan nuevamente la alegría y parten para compartir con los demás lo que acababan de vivir, para llenar sus corazones de alegría, para devolverles la esperanza que con la muerte del Señor habían perdido.

 

El cristiano es transmisor de ESPERANZA, porque es transmisor de VIDA. Aquellos discípulos corren y tampoco piensan en la reacción que puedan tener sus compañeros; ellos saben que lo que han visto es la verdad; ellos saben que han compartido unas horas con Cristo; ellos le han descubierto en el momento de la fracción del pan y eso es lo que van a compartir. Aquellos discípulos cabizbajos, desalentados, tristes, con el alma rota en mil pedazos “de pronto se sienten apóstoles, fraternos. No guardaron para sí su alegría. Tenían que comunicarla y repartirla”, escribe el padre Martín Descalzo, “pero tampoco les creyeron” (Mc 16, 13).

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5 abril 2010 1 05 /04 /abril /2010 00:08

A solas con el Padre, en íntima confidencia de amor. Es  cuando el corazón parece elevarse, cuando los miedos desaparecen y la noche del alma comienza a aclararse; es la respuesta de Dios en un diálogo intimo de amor, que se establece desde la eternidad.

                       

           El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán y después de muerto resucitará a los tres días. Pero ellos no entendían sus palabras y temían preguntarle” (MC 9, 31-32)

 

            El Señor hace un nuevo anuncio de su Pasión y muerte, pero además de su Resurrección, que los discípulos no entienden. El Señor a solas con los discípulos, por los caminos, les va instruyendo. Aprovecha esos momentos de soledad para hablarles de la Buena Nueva, y de cómo luego habrán de instruir. El Señor quiere estar a solas con ellos, pues sabe que al acercarse a las poblaciones iba a ser imposible; busca esos momentos en los que los discípulos pueden prestarle toda atención a sus palabras. Jesús les instruye, y a la vez a nosotros, ya que ellos nos representan en esos momentos; momentos que nosotros vivimos cada vez que leemos algún pasaje del Evangelio, como uno más que les acompaña por los caminos de Galilea. A través de las páginas del Evangelio, Jesús nos habla diariamente, en presente, a cada uno de nosotros, con la misma paciencia con que instruyó a aquellos rudos hombres que eligió.

 

            Jesús es catequista de catequistas, sabiendo que catequista no es sólo el que esta en las parroquias enseñando doctrina, sino todo aquel que bautizado sigue la practica de la doctrina cristiana y la enseña también con el ejemplo diario allí donde se encuentre: trabajo, escuela, universidad, ya que el cristiano practicante no debe guardarse para si las enseñanzas del Señor.            

 

            Palabras, parábolas, comparaciones, ejemplos gráficos. Jesús Maestro de maestros, con una pedagogía basada en el amor, poco a poco va inculcando a aquellos hombres la forma de ser del hombre nuevo, de los que habrán de seguirle hasta la eternidad.

 

           Y tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mi me recibe; y quien me recibe, no me recibe a mí, sino al que me envío” (MC 9, 36-37)

 

            Y así aprendemos esta enseñanza: “ Acoger en nombre y por amor a Cristo a los que, como ese niño, no tienen relieve a los ojos del mundo, es acoger al mismo Señor y al Padre que lo ha enviado. En ese niño que Jesús abraza están representados todos los niños del mundo, y también todos los necesitados(hombres y mujeres), desvalidos, pobres, enfermos, también en los que nada brillante y destacado hay para admirar” En aquel pequeño recoge el Señor a todos, no hace diferencias. Para Dios todos somos iguales pequeños y mayores, blancos, cobrizos, amarillos, enfermos y sanos, pobres y ricos, guapos y feos, creyentes o no,... y para todos ha venido el Señor.

 

            ¿Porqué acoge a un niño?. Los niños conforman el auténtico ser del alma: en toda su pureza, en todo su candor, sin la malicia que suele invadir el alma de los adultos. Jesús en varios momentos elige a los niños para enseñarnos como hemos de ser. Hacernos como ellos, como los niños no significa volver a la infancia  biológica, sino a una infancia espiritual, podemos decir, que es cuando no impera la malicia, ni la impureza, ni los malos deseos, ni las venganzas…

 

            Además Jesús nos da la norma de conducta del cristiano: ser servidor de los demás. Los cristianos no hemos sido llamados para ser servidos, para tener todo resuelto; todo lo contrario, a ejemplo de Jesús, para estar al servicio de los demás. La virtud de la humildad debe caracterizar la esencia del cristiano. El ambiente actual no ayuda a la practica de esta virtud, por tanto el esfuerzo habrá de ser casi sobrehumano. Lo conseguiremos mirándonos en el espejo que es Jesús, en el espejo que también debe serlo para nosotros la Virgen María, y como no, sin olvidar a San José, una figura esencial por excelencia en el mensaje de la Salvación y que sin embargo pasa a un puesto casi desapercibido. Nos dice el Señor “Si alguno quiere ser el primero, hágase el último de todos y servidor de todos” (MC 9,37).

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3 abril 2010 6 03 /04 /abril /2010 00:31

 

            En tres momentos, en el Huerto de Getsemaní, El Señor encuentra dormidos a sus discípulos. En la primera ocasión les dice, y  en ellos a nosotros: “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil”.

 

 

            La oración es el trato con Dios del hombre. Es además el medio de conocer a Dios íntimamente. Como vemos a lo largo del Evangelio, Jesús acude a la oración para dar gracias por el bien recibido o por el bien que se va a recibir, para pedir al Padre, para suplicar, para interceder ... Jesús nos enseña el valor de la oración, además de cómo hacerla. Pero además nos da una señal : Velad y orad para no caer en la tentación. Con lo que nos indica que con nuestras fuerzas solas, jamás lograremos vencer cualquier tentación, si estas fuerzas no están apoyadas en la oración.

 

            La oración puede ser bien personal, o bien comunitaria. Por medio de la oración personal, como hemos dicho conocemos mejor al Padre, nos acercamos a Él, vamos comprendiendo mejor nuestra filiación divina,  alcanzaremos a cumplir mejor todas nuestras obligaciones : laborales, familiares, de amistad , para con los demás. La oración está considerada como artículo de primera necesidad para el alma, como lo es el alimento o el agua para tomar fuerzas o apagar la sed. A través de la oración se apaga la sed de nuestras necesidades espirituales. La Iglesia nos pone a  la Virgen María como ejemplo de oración  cuando se nos dice que : “Nadie en este mundo ha sabido tratar a Jesús como su Madre”.

 

            El  Beato Escrivá de Balaguer decía : “La oración era entonces, como hoy, el medio más poderoso para vencer en las batallas de la lucha interior ... no os canséis nunca de implorar”. Y el Papa Pío XII : Orad, orad, orad; la oración es la llave de los tesoros de Dios; es el arma del combate y de la victoria en toda lucha por el bien y contra el mal. ¿Qué no puede la oración, adorando, propiciando, suplicando, dando gracias

 

            El Padre Martín Descalzo nos describe con todo realismo como era la oración de Jesús:

 

           Los Apóstoles debieron asombrarse  ante la oración de Jesús en esta noche. Le habían visto orar cientos de veces en su vida. Pero en ningún caso con la angustia de esta ocasión. Empezando, incluso, por la postura del Maestro a quien veían a la luz de la luna llena. No rezaba ( como era tradicional en los judíos )  de pie con los brazos extendidos, sino que ( según dice San Marcos ) se postró en tierra ( 14,15); según Lucas ( 22,41) se puso de rodillas, y según San Mateo, cayó sobre su rostro (26, 39)”

 

 

            La postura de los Apóstoles en el Huerto de Getsemaní, es muchas veces la postura nuestra: de abandono de la oración. Cansancio, flojera espiritual, apatía,  priorización de otras cosas del mundo. Este pasaje es otra lección que el Señor nos da y cuyos ejemplos vivos fueron los Apóstoles, quien a pesar de sus debilidades los eligió para levantar su Iglesia y extender el Reino que nos había venido a traer. Dios,  sobre la humildad edifica su Iglesia, que perdura a través de los siglos y lo hará hasta el fin de los tiempos

 

           

            Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. En muchos pasajes a lo largo del  Evangelio hemos visto a un Jesús que tiene sueño, que siente hambre, que se enfada; ahora vamos a ver a un Jesús que “ experimenta la necesidad de una compañía. Tal vez hablar con sus discípulos alivie su angustia. Y se levanta. Y camina esos treinta  pasos para buscar la palabra humana que desgarre esa soledad en la que el Padre y las cosas le acorralan”.  Pero ellos duermen y Jesús se siente solo de sus discípulos, más el solo se limita a despertarles para que hagan oración, enseñándoles la necesidad de ésta. Cuantas veces creemos sentirnos solos, sin darnos cuenta que no lo estamos, ya que el Señor nos enseña que al orar estamos en contacto con el Padre que nos ama intensamente.

 

           Es de notar que  los evangelistas movidos por el Espíritu Santo, recogen tanto la oración de Jesús  como el mandato de orar. No se trata de una anécdota ocasional, sino de un episodio que es modelo de lo que han de hacer los cristianos: rezar como medio imprescindible para  mantenerse fieles a Dios. Quien no rece, que no se haga ilusiones de superar las tentaciones del demonio

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31 marzo 2010 3 31 /03 /marzo /2010 23:46

            Y al instante, cuando todavía estaba hablando, llega Judas, uno de los doce, acompañado de una muchedumbre con espadas y palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. El que lo entregaba les había dado una señal: Aquel a quien yo bese, ése es; prendedlo  y conducidlo con cautela. Y al llegar a él en seguida , le dice: Rabbí; y le besó. Entonces le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los que lo rodeaban, sacando la espada hirió al criado del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja. En respuesta Jesús les dijo: ¿Cómo contra un ladrón habéis venido con espadas y palos a prenderme? Todos los días estaba en el Templo enseñando, y no me prendisteis; pero que se cumplan las Escrituras. Entonces, abandonándole huyeron todos. Y un joven, envuelto su cuerpo desnudo solo con una sábana, le seguía y lo agarraron. Pero él, soltando la sábana, se escapó desnudo” (Mc 14, 43-52)

 

 

            El evangelista nos narra el momento del prendimiento de Jesús. Habían tenido ocasiones,  a la luz del día, pero tuvieron miedo a la respuesta popular; y acuden en el silencio de la noche armados de palos y de espadas.

 

            En los evangelios de San Lucas y Mateo se recoge la respuesta de Jesús, tras el beso de Judas. ¿Judas, con un beso traicionas al Hijo del Hombre?” (Lc 22, 48). En el pasaje descrito por San Mateo un brevísimo diálogo entre Jesús y Judas: “Buenas noches, Maestro. Y le dio un beso. Jesús le dijo: Amigo, haz lo que vienes a hacer” (Mt 26, 49-50). El relato de San Juan  nos presenta un diálogo entre el Señor y el gentío que acude a prenderle.

 

            San Marcos nos  habla de una muchedumbre la que acompaña a Judas. San Juan recoge que a ese gentío le acompaña una  cohorte de legionarios romanos, que estaba compuesta de 600 soldados, al mando de un tribuno. Unos y otros desembocan en la cantidad de personas que acudieron a detener al Señor.

 

            El beso, señal de  saludo y de amistad que permanece inalterable a lo largo de los tiempos. Judas emplea esta señal para darle  a conocer. Jesús le recibe con cariño: Amigo, haz lo que vienes a hacer, como leemos en San Mateo. No le reprende. Al igual que durante la Ultima Cena, que silencia su nombre, parece  con ello darle una oportunidad de rectificar la grave acción que estaba cometiendo. Pero Judas sigue adelante. La soberbia había nublado el corazón de Judas. El Señor da una oportunidad a quien le hace el mal, y de seguro que se la seguirá dando hasta el final; todos gozamos de esas mismas oportunidades, cada día. El Señor nos da una nueva lección, ya no con palabras, sino con hechos: Jesús ama también a sus enemigos, a quienes da un trato de caridad.

 

            Prendedlo  y conducidlo con cautela, dice Judas, como temiendo que pudiera escaparse. No comprendía que era el mismo Jesús el que se entregaba. No ofrece resistencia, no intenta escapar, al contrario evita una reacción de los Apóstoles. Pedro hiere a uno de los siervos del Sumo Sacerdote, a Malco, pero Jesús le sana la herida. Nadie de aquella muchedumbre se detiene en aquel detalle; ni el mismo Malco quien acababa de ser curado. “¿Acaso no voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?” (Jn 18, 4)

 

            Una muchedumbre con espadas y palos (Mc 14, 43). Habían seguido muy de cerca la trayectoria de Jesús durante su vida pública : iba haciendo el bien. Esto lo sabían ellos. Era pacífico; tan solo el cercano enfado del Señor en el Templo. Muchas ocasiones habían tenido para capturarlo. Eligen la noche, y un grupo fuertemente armado, acompañados de soldados romanos. Como si se tratara de un ladrón, de un delincuente peligroso, o un activista de los que agitaban a la población contra el Imperio.

 

            Pero que se cumplan las Escrituras (Mc 14, 49). El Señor se deja prender, para ello había venido a estar entre nosotros. La primera parte de su misión sagrada se había cumplido; ahora quedaba la ultima, la mas dura, la del sufrimiento en toda  la extensión de la palabra, que culminaría con su muerte en la Cruz.

 

Pero antes quedaba el abandono, tal como lo había dicho. Entonces, abandonándole huyeron  todos (Mc 14, 50). Jesús queda solo ante aquellos que se consideraban sus enemigos. Es para nosotros otro toque de atención. Juzgamos la actuación de aquellos discípulos, sin acertar a ver nuestras claudicaciones, abandonos, negativas. Jesús se queda sólo aquella noche, el Sagrario viviente abandonado de todos. Un momento que se vendrá repitiendo con cierta asiduidad hasta nuestros días.

 

            ¿Quién era aquel joven que seguía a Jesús de lejos? “El detalle del joven de la sábana es exclusivo de San Marcos. La mayoría de los intérpretes ven en él una discreta alusión al propio San Marcos. Es probable que el Huerto de los Olivos perteneciera a la familia de San Marcos, lo que explicaría la presencia nocturna del muchacho, que se habría despertado repentinamente ante el bullicio de la gente

 

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30 marzo 2010 2 30 /03 /marzo /2010 21:52

Llegan a una finca llamada Getsemaní. Y dice a sus discípulos: Sentaos aquí, mientras hago oración. Y llevándose a  con él a Pedro, a  Santiago y a Juan, comenzó a sentir pavor y a angustiarse. Y les dice: Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, se alejase de  él aquella hora. Decía : ¡Abba, Padre!, todo te es posible, aparta de mí este cáliz; pero que no se a lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” ( Mc 14, 32-36 )

           

           

            Terminada la Cena y los salmos de acción de gracias, sale el Señor, hacia el Huerto de Getsemaní acompañado de sus discípulos, para orar. A lo largo del Evangelio el Señor nos enseña a orar: oraciones de gracia, de petición, de súplica; oraciones en los momentos de alegría, pero también oraciones para los momentos de cruda tristeza, como esos momentos en los que se prepara para afrontar su Pasión y Muerte y en los que siente la necesidad de estar al lado del Padre,  a quien se dirige con toda ternura y familiaridad, a la vez que nos enseña como hemos de dirigirnos nosotros, y sobre todo en los momentos en que la tristeza y la amargura se ciernen como el manto negro de la noche sobre nuestra alma, ¡Abba, Padre!,, con cariño, papaíto;  y nos enseña como pedir, no con arreglo a nuestra voluntad y deseos, sino con arreglo a su voluntad infinita: que no sea  lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.

 

           Llevó consigo solamente a los tres discípulos que habían contemplado su gloria en el monte Tabor, para que quienes vieron su poder vean también su tristeza y descubran en esa misma tristeza que era verdadero hombre. Y, porque había tomado toda la humanidad, tomó las propiedades del hombre: el temor, la angustia, la natural tristeza; pues es lógico que los hombres vayan a la muerte contra su voluntad”.

 

            Oración de perseverancia. Nos enseña a no desfallecer en la oración, aunque las contrariedades parezcan desnivelar la balanza en nuestra contra. El Señor siente tristeza y amargura también por los pecados de toda la humanidad, los pecados que surgirán aún después de su muerte, los pecados del corazón ingrato del hombre. Jesús se siente solo, incapaces de velar, duermen  todos, hasta aquel que será el Jefe de la Iglesia: ¿duermes? ¿No has sido capaz de velar una hora? (Mc 14, 37). Y en Pedro y en los demás discípulos se dirige a nosotros, a la humanidad entera. Unas veces fallamos a la oración, otras nos vence el cansancio. “Velad y orad para no caer en la tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil” (Mc 14, 38). Vuelve el Señor a darnos la clave para vencer las insidias del maligno; anteriormente se lo había indicado a los discípulos, que solo el poder de la oración era capaz de vencer a ciertos demonios. La oración que mantendrá nuestra alma fresca será no sólo capaz de hacernos fuertes contra las tentaciones, sino que dispondrá nuestra alma para acercarse a Jesús sacramentado

 

 

Las grandes crisis de fe,  la habitualidad en uno u otro pecado; las guerras; los crímenes; los delitos y por que no, la misma situación que hoy padecemos en nuestra nación ¿ no se debe a que el hombre por si o colectivamente ha abandonado a Dios ?. Pero sigamos: crisis familiares en formas de rupturas definitivas, ( separaciones o divorcios ), vacío interior que pretendemos llenar con una vida de placer, drogas, alcohol..., en fin: "Sin mi no podéis hacer nada"( Jn 15,5 ) nos lo dice Jesús, que no es una invención del catequista, del cura , del Papa; es el mismo Jesucristo que durante su vida pública nos ha dejado ejemplos de oración, de como hemos de orar y de que hay que hacer oración. ¿ Puede el recién nacido dar sus primeros pasos sin la ayuda de sus padres ?¿ Podremos  llegar a ser santos sin una vida de oración?¿ Podremos , si quiera, hacer apostolado sin contar con el Señor en la oración, en la comunión, sin un arrepentimiento de nuestros pecados ? No, de la misma forma que no puede sembrarse sin semilla. Para que  la tierra de fruto, necesita que el sembrador eche la semilla, que dará fruto. Para que nosotros produzcamos, precisamos esa semilla que es Jesús.

                       

            Santo Tomás Moro nos describe esta escena:

 

           Una mole abrumadora empezó a ocupar el cuerpo bendito y joven del Salvador. Sentía que la prueba era ahora ya algo inevitable y que estaba a punto de volcarse sobre él: el infiel y alevoso traidor, los enemigos enconados, las cuerdas y las cadenas, las calumnias, las blasfemias, las falsas acusaciones, las espinas y los golpes, los clavos y la cruz, las torturas horribles prolongadas durante horas. Sobre todo le abrumaba y dolía el espanto de los discípulos, la perdición de los judíos, e incluso el fin desgraciado del hombre que pérfidamente le traicionaba. Añadía además  el inefable dolor de su madre queridísima.”

 

 

            El Señor sufre también al ver como a pesar de su sacrificio la humanidad iba a seguir ofendiendo a Dios.

 

            Referente a la angustia que nos describen los Evangelios, Santo Tomás Moro acierta a decir: Cristo quería que los hombres fuesen fuertes y prudentes, no tontos e insensatos. El hombre fuerte aguanta y resiste los golpes, el insensato ni los siente siquiera. Solo un loco no teme las heridas, mientras que el prudente no permite que el miedo al sufrimiento le separa jamás de una conducta noble y santa.... El miedo a la muerte o a los tormentos nada tiene de culpa, sino más bien de pena. Es una aflicción de las que Cristo vino a  padecer y no ha de escapar. Ni se ha de llamar cobardía al miedo y horror ante los suplicios. Por lo demás, no importa cuan perturbado y estremecido por el miedo esté el ánimo de un soldado; si, a pesar de todo avanza cuando lo manda el capitán, y marcha y lucha y vence al enemigo

 

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29 marzo 2010 1 29 /03 /marzo /2010 21:18

Cuando Pedro estaba abajo en el atrio, llega una de las criadas del Sumo Sacerdote y, al ver a Pedro que se estaba calentando fijándose en él, le dice: También estabas tu con Jesús, ese Nazareno. Pero él lo negó diciendo: Ni lo conozco, ni se de que hablas. Y salió fuera, al vestíbulo de la casa, y cantó un gallo. Al verlo la criada empezó a decir otra vez a los que estaban alrededor: Este es de los suyos. Pero él lo volvió a negar. Y poco después los que estaban allí decían a Pedro: Desde luego eres de ellos, porque también tú eres galileo. Pero el comenzó a decir imprecaciones  y a jurar: No conozco a ese hombre del que habláis. Y al instante cantó un gallo por segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús: Antes de  que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. Y rompió a llorar” (Mc 14, 66-72)       

 

 

           Grave ha sido el pecado de Simón Pedro, pero profundo ha sido su arrepentimiento. Su fe, ya probada, llegará a ser fundamento sobre el que Cristo edificaría su Iglesia...En el plano de nuestra vida personal, pensemos que por honda que haya sido nuestra caída, mayor es la misericordia divina dispuesta siempre a perdonarnos, porque el Señor no desprecia un corazón contrito y humillado. Si nos arrepentimos sinceramente Dios hará, de nosotros pecadores, fieles instrumentos suyos”.

 

            El pecado es negación de Cristo en mayor o menor cuantía, de ahí  que continuamente la Iglesia nos llame al arrepentimiento, y de una manera especial en la Cuaresma, y al acercamiento al sacramento de la Penitencia desde el cual el mismo Cristo nos absuelve por medio del sacerdote.

 

            Pedro niega conocer al Señor ante las miradas inquisidoras de aquellos que le preguntaban y le decían haberlo visto con Jesús. Momentos antes había dicho que jamás se separaría de Él. Cuando nuestra alma se siente cerca del Señor, animada por el calor de la gracia también sentimos y pensamos como Pedro y hasta nuestros pensamientos y nuestro ánimo va muchos más lejos, pues soñamos con grandes campos de apostolado; pero nuestra fragilidad es grande, que puede llevarnos al momento siguiente a negar a Dios a través del pecado.

 

            El siguiente paso de Pedro fue reconocer lo que había hecho: reconoció su pecado, “la contrición da al alma una especial fortaleza, devuelve la  esperanza, hace que el cristiano se olvide de sí mismo y se acerque de nuevo a Dios”. Pedro llora. Son lágrimas de arrepentimiento. También en nuestro interior brotan las lágrimas de Pedro cuando nos reconocemos pecadores, cuando acertamos a ver la ofensa hecha a Dios a través del pecado; son lágrimas que se traducen en ese dolor previo al sacramento de la Confesión y en ese deseo de servirle y no volver a ofenderle.

           

            Al igual que Pedro, nuestra actuación, además del arrepentimiento, es la evitación del pecado y de aquello que nos lleve a caer en él, : Pedro sale de aquel lugar donde imprudentemente se había metido, para evitar posibles recaídas. Comprendió que aquel no era su sitio”. San Marcos no lo narra pero san Lucas recoge este momento : “Y saliendo fuera, lloró amargamente” ( Lc 22, 62). Pedro se arrepiente y llora con dolor haber abandonado al Señor, pero además abandona  aquel lugar y así evitar volverle a negar. Esta es otra lección que hemos de aprender . En pocos momentos podemos aprender de dos acciones similares: Judas y Pedro. El primero cayó en la desesperación por el grave pecado; el segundo las lágrimas de arrepentimiento le llevaron a obtener el perdón. El pecado nuestro es también la acción imprudente de exponernos a el, por eso dentro del arrepentimiento está la evitación del medio que nos ha llevado a pecar. Pedro se metió de forma imprudente donde no debía, nosotros cuando pecamos hacemos lo mismo. En la actualidad, son muchos los medios u ocasiones que el mundo nos ofrece y que pueden llevarnos a pecar.

 

 

 

            El pecado puede llevarnos a la desconexión total con la vida espiritual, a la ruptura con Dios y por ello a sumergirnos mas y mas en la oscuridad. Por ello hemos de reaccionar y evitar ceder terreno o de perder un tiempo que jamás podremos recuperar. El pecado no debe llevarnos al abandono de toda una vida e incluso a toda una eternidad; sino que ha de llevarnos a una mirada sincera hacia el Señor que se traducirá en un sincero arrepentimiento del mal hecho que nos acercará nuevamente a Él. “A ti que te desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede, Dios no le niega la gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy  yo, ayúdame... Si acude a la Madre del de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante”. Dios perdona al que se acerca con corazón arrepentido por grave que sea el pecado.

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28 marzo 2010 7 28 /03 /marzo /2010 21:08

No soy de derechas  ni tampoco de izquierdas, me gusta ver a España unida, entre los hombres y tierras que la conforman. Hay posicionamientos de la derecha que no me gustan y de la izquierda ninguno. Pero esto no es el tema. Sino un hombre bueno, de los que aun quedan en esta España desvalorizada, donde lo bueno es lo malo y los valores y amor a la Patria son cosas del pasado. Pero repito, esto no es el tema.

Tuve ocasión de ver el programa “LA NORIA” el día que se asomó a ese programa D Juan José Cortés, padre de la niña Mari Luz, secuestrada y asesinada por un hombre que debería haber estado en prisión, pero las cosas de la Justicia hicieron que no fuera así, y se cruzara en el camino  de la pequeña Mari Luz y acabara trágicamente con la pequeña. Un programa que mas prefiero olvidar, por la vergüenza que pasé al ver como los dos amigos de Zapatero, se enfrentaron a un hombre bueno acusándole de hacer teatro con el caso de su hija, cuando la realidad es que lucha para que a otros padres no les ocurra lo mismo y solicitando algo necesario en España: LA CADENA PERPETUA para los criminales. Y lo hizo con nobleza, con paz, sin perder los papeles ante los ataques de los dos personajes de siempre, quienes una vez más hicieron el ridículo más espantoso, siendo el hazmerreír de la opinión pública general.

Tuve ocasión de ver a un hombre inmensamente  grande bañado en la Fe de un Dios que no viviría sin poder amar a esta humanidad, tantas veces ingrata; un hombre rico en educación; un hombre que a pesar de la tragedia mantiene una paz que muchos quisiéramos tener; un hombre sereno, firme en sus convicciones religiosas; un hombre que no conoce la palabra odio pero pide lo que es de justicia. Tuve ocasión de ver a un hombre auténticamente creyente y ampliamente humilde, la humildad de los hombres santos.

Me quito el sombrero con respeto, con cariño, con admiración ante D Juan  José Cortes. Porque su trabajo, su misión es la de evitar que otros padres atraviesen ese trance por el que él ha  pasado, y lo está haciendo pese a las zancadillas, engaños y ataques verbales que padece, siendo acusado de teatrero y de intentar sacar partido a su situación. Nada más lejos. Si alguien trato de sacar partido, fue el presidente del gobierno quien lo recibió en Moncloa por el que dirán; por salir en la foto que es lo único que hace bien, por añadir una promesa mas a las ya hechas en toda su vida política y por añadir un incumplimiento mas a los cometidos.

Lo que pide el padre de Mari Luz es justo y es el clamor de un amplísimo porcentaje de la población española. La cadena perpetua es justa; el cumplimiento total de la pena no atenta jamás contra los derechos humanos y a la vez resguarda a la sociedad de este tipo de personajes evitando que vuelvan a delinquir. A pesar de que digan lo que digan, la cadena perpetua la tienen países mucho más demócratas que el nuestro. Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos… disponen de esta pena. Algunos como sustitutivo de la pena de muerte.  España la rechaza por “inhumana” pero establece la ley del aborto como derecho libre, siendo este la ejecución monstruosa de un ser dentro del seno materno. ¿no es esto inhumano? O nos hemos vuelto tan cínicos e insensibles que seguiremos jurando y perjurando que el aborto no es un ASESINATO monstruoso y cobarde.

Me sumo a la petición de Cadena Perpetua, como medio de evitar que se vuelva a delinquir. Creo que ya está bien de que en España se perdone de forma tan bondadosa los delitos de gravedad como el asesinato y la violación, cuyos actores salen a la calle sin cumplir ni la mitad de la pena. Terroristas, violadores y asesinos ven reducidas sus condenas y liberados de su cautiverio, mientras que las victimas ven como otra vez la Justicia les ha dado la espalda.

Gracias  D. Juan José, su trabajo no será estéril,  ni cae en oídos sordos, somos muchos los que estamos con usted y con tantos padres y victimas de otros delitos que se han visto desamparados por la Justicia y por el Gobierno, pero los errores y las mentiras se pagan en política de forma muy cara y el actual sistema está dando los últimos estertores. Esperemos que el próximo gobierno abra las ventanas de España para airear la nación y esperemos de nuevos aires que recuperen los valores y el sentido de justicia que es dar a cada uno lo que es de derecho

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27 marzo 2010 6 27 /03 /marzo /2010 22:23

            Los hijos del Zebedeo, nos describe el Evangelista, se acercan a Jesús y le dicen: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu gloria. Y Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis  beber el cáliz  que yo bebo, o recibir el Bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le respondieron: Podemos. Jesús les dijo: Beberéis el cáliz que yo bebo, y recibiréis el bautismo con que yo soy bautizado; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía concederlo, sino que es para quienes está dispuesto” (Mc 10, 36-40).

 

            Ni Santiago ni Juan entienden a que se refiere el Señor cuando les hace referencia al cáliz y al bautismo, que sin duda se refiere a  su Pasión y muerte, y al martirio que padecerán sus discípulos. Los discípulos responden a las preguntas del Señor de una forma afirmativa, tajantemente. Ellos estaban enamorados de su doctrina, amaban al Señor y confiaban ciegamente en Él, y sin duda querían emularle. Nuestro enamoramiento del doctrina del Señor, cuando nos sentimos altamente llenos de Él, su gracia hace que pensemos en grandes campos de apostolado y de seguimiento de Él y de su doctrina hasta el fin, como les pasaba  a aquellos discípulos y si nos preguntaran responderíamos igual que los hijos del Zebedeo sin duda alguna, como antes que nosotros respondieron otros y realmente entregaron su sangre y su vida. La gracia de Dios actúa en las almas que le son dóciles, y de ello tenemos claros ejemplos a lo largo de toda la historia de la de la Iglesia, donde gozan ya de un lugar preeminente  para ejemplo y estímulo nuestro; pero también otros tantísimos que han sido huella nuestra y que se han cruzado por el camino de nuestra vida, haciendo gala de alguna virtud que ha iluminado nuestro caminar hacia Dios.

 

            El lugar , en la Gloria, al lado de Cristo ya ha sido dispuesto por el Padre, y nuestro pensamiento se dirige a nuestra Madre Común, la Santísima Virgen María parte imprescindible en la historia de la salvación del género humano y Corredentora desde que respondiera con aquel ¡Hágase! A la pregunta del enviado del Señor. Ella es el autentico ejemplo después de Jesús y el camino seguro que nos lleva a su Hijo. Ella podrá acompañarnos por este caminar hacia la autentica Patria, después de la terrenal, que es el Cielo

 

            El Señor va a indicarnos una norma de conducta primordial para el cristiano, la postura con que debe situarse ante el mundo, y que no es otra que una actitud de servicio: “Quien entre vosotros quiera ser el primero, sea esclavo de todos: porque el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en redención por muchos” (Mc 10, 44-45). Por tanto la actitud del cristiano ha de ser no solo de servicio a Dios, sino de servicio a los demás a ejemplo de Cristo, que siendo Dios, no solo se hizo uno como nosotros, excepto en el pecado, sino que siendo Rey sirvió a todo y  debe dar prioridad a las necesidades de los que le rodean y especialmente a las necesidades de aquellos que se encuentran necesitados, sea cual sea el motivo de su sufrimiento. El cristiano participa en toda regla de los planes de Dios en la salvación del género humano y el establecimiento  de su Reino en la tierra y en el corazón de los hombres. Y participa de su caridad que reparte y esparce por todos los necesitados.

 

            Muchos hombres y mujeres de nuestra nación a lo largo de los siglos ha sabido defender a costa de su vida la fe en la que fueron bautizados, la fe en Cristo. No se arredraron y lo mas importante que murieron perdonando a sus ejecutores. ¡Podemos, Señor!. Nosotros también debemos poder cumplir su voluntad, dia a dia. Muchas veces es difícil, por lo que nos rodea: tensiones, situaciones difíciles. Problemas familiares, problemas en el lugar de trabajo que a veces no nos permite responder con el sentido cristiano de la vida. Ahí está el esfuerzo heroico que al final del dia, cuando nos pongamos  en las manos del Señor, podamos presentarle nuestra respuesta. ¡Podemos! ¡lo intentamos! Es la pelea de cada día ¡vamos a intentarlo! ¿Qué fracasamos? ¿Quién habla de fracaso? Fracasar es no luchar,  no intentarlo. Vencer es ponerse en el camino. El derrotado es también el que no hace nada, el que se deja caer.

 

            Entremos en Jerusalén este Domingo de Ramos y acompañemos al Señor, igual que el día del Corpus que le acompañamos con el cariño y la fe puesta en la Custodia; ayer montado en un borriquillo hoy dentro de una custodia va Jesús realmente presente bendiciéndonos y queriéndonos con una amor sin medida.

 

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