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20 abril 2010 2 20 /04 /abril /2010 01:01

“¿No os habíamos  prohibido enseñar en nombre de ése? En cambio habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsable de la sangre de ese hombre. Pedro responde: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”.

El Sumo Sacerdote habla con desprecio de Jesús a los Apóstoles, que habían sido detenidos y apresados. Ya los apóstoles estaban cumpliendo su misión, para la que les había preparado Jesús durante los tres años de su vida pública. Andaban los tiempos revueltos, aún estaba en la mente de toda la ejecución de Jesús en la Cruz. Tenían miedo que las gentes se revolvieran contra ellos dada la injusticia que habían cometido con El. Pero la soberbia en la que seguían les impedía reconocer su delito púbicamente o el miedo por el descrédito a perder tan suculento puesto.

Tras azotarlos les mandaron salir y prohibieron hablar de Jesús, pero aun así los apóstoles salen contentos, leemos en  la epístola, no porque los dejaran libres; sino porque los detuvieron y juzgaron y les azotaron  ¡por hablar del Señor! ¡Por transmitir la Buena Nueva! Ya no son los seguidores de Jesús que le acompañaron en su vida pública, ni tampoco aquellos  que desde su crucifixión se encerraron temerosos. Ahora son otros muy diferentes; ahora son capaces de dar todo por Dios y así comienzan a demostrarlo y lo demostrarán hasta el fin de sus días con creces.

Es muy bonito este pasaje. La fidelidad a Cristo, que no es una fidelidad cualquiera, no es la fidelidad a un ideal político, a un movimiento romántico. Es la fidelidad a la Fe en la que hemos sido bautizados por nuestros padres y transmitida por Dios. Fe que a su vez hemos recibido como preciado tesoro, no para que lo guardemos en un cofre, sino para que lo distribuyamos generosamente con todos aquellos que por alguna razón no han conocido la Buena Noticia...

Estos son tiempos bonitos, me refiero con bonitos, a TIEMPOS en los que hay que trabajar con más  ahínco, sin miedo, como los apóstoles, para recuperar: a los que se han  perdido, a los que trabajan en las mismas líneas de los que siempre se han opuesto a Dios, para llevar el mensaje a quienes aun no le conocen que aun son muchos y a los que han abandonado por cualquier motivo la nave. Y es el mensaje que ha venido a transmitir el Señor para todos: el establecimiento del Reino de Dios en el corazón de los hombres. No es cuestión de arriar crucifijos porque ellos lo digan. Es cuestión de mantenerlos y bien altos. Como lo han hecho a lo largo de la Historia de la Iglesia tantos y tantos cristianos.

Pero una cosa está clara, por encima de todo está la Ley de Dios. Esto no quiere decir que el cristiano no obedezca la ley establecida. Deberá hacerlo siempre y cuando la ley no le suponga una contradicción con la Ley de Dios, expresada en los mandamientos. ¿Recordamos: al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios?

Aquí no caben medias tintas. No cabe la famosa expresión “soy objetor de conciencia”. No lo soy, pero no puedo aceptar una ley que vaya o excluya cualquier punto, por así decirlo, de mi Fe. Si ir más lejos, vote no a la constitución, entre otros motivos porque excluía a Dios; España pasaba a ser laica; porque no aclaraba con rotundidad el derecho a la vida (lo ha demostrado la ley del aborto, no defendía a la familia como base de la sociedad,  ni el derecho de los padres a la educación que estos querían para sus hijos. Todo se ha ido cumpliendo, tal y como lo decíamos.

Como el mensaje de los Apóstoles que dejaron ante el Sumo sacerdote y que nos dejan a nosotros, que nos asomamos a la ventana del Evangelio: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” Por eso es preciso hablar con la verdad, la que se transmite desde el evangelio y tener muy clara esa promesa: “Bienaventurados cuando os injurien, os persigan…porque vuestra recompensa será grande en los cielos”.

Quienes han trabajado en el terreno de la Catequesis, podrán afirmar los gratos recuerdos que de ello se tiene. Pero lo más maravilloso es el resultado, que no es nuestro, sino del Señor, que él es, a fin de cuentas, el que realmente trabaja en las almas. Nosotros abrimos la zanja, el surco que previamente, en muchos casos, ya lo habían preparado los padres. El resto Dios

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19 abril 2010 1 19 /04 /abril /2010 00:41

No es el ambiente en si el causante del pecado del hombre. Si, tiene su intervención; pero el verdadero culpable del pecado es el hombre mismo. El mundo se limita a ofrecer, cierto que con todo lujo de detalles, como vendedor de puerta a puerta. Pero es el hombre el que no debiendo “comprar”, compra y disfruta. Cuando estudiábamos de pequeños el catecismo, recuerdo aquello:”¿Cuáles son los enemigos del hombre?: el mundo, el demonio y la carne”. El mundo con sus seducciones, el diablo, es el gran tentador y el sexo mal aplicado y desordenado. Algunos lo recuerdan y se ríen de esa respuesta. Mucho ha cambiado todo desde entonces, desde que estudié en los Jesuitas. Antes se hablaba mucho del pecado, ahora de faltas, fallos. ¿Había razón antes?. Lo cierto es que ahora se han perdido mucho los valores y muchos no tienen ya freno religioso ( es decir, que da lo mismo pecar que no).

Solemos echar toda la culpa al diablo de todas nuestras caídas, de nuestros malos haceres, de nuestros pecados graves o leves, como queriendo disculparnos de nuestras actitudes. El cumple su oficio, el sabe donde andamos mas flojos, más débiles, sin muchos refuerzos de oración, flojos por el pecado, por la falta de participación de participación en los sacramentos. Y por ahí presenta sus sugestivas ofertas, moviéndonos al desorden. Pero nosotros al aceptarlas somos los que pecamos, a sabiendas que lo que hacemos es contrario a la Ley de Dios. El peca por rebeldía a Dios y por tentación al hombre; pero el hombre peca por desobediencia a Dios. Pero la diferencia, es que la soberbia del hombre no está tan enquistada, de forma que es mas difícil que el diablo se arrepienta de uno solo de sus pecados, que al hombre le falte la virtud de la humildad para arrepentirse. Y de ello podemos dar gracias a Dios, que nos alcanza la capacidad de arrepentimiento, a través de la virtud de la humildad y por ello, la capacidad de pedir perdón a Dios por haber roto, con el pecado, el nexo que nos une a El Por otra parte, existe el grave error de no creer en su existencia, de considerarlo por algunos como la personificación del mal; cuando en realidad es la causa del mal y de la mentira, lo que no nos quita culpabilidad a nosotros en el pecado o en el mal hecho

“El hombre no necesita mas que sus propios pies para venirse al suelo, porque cada uno lleva en si su miserable piedra de tropezar” .Y es cierto. Tropezamos muchas veces sin motivo para tropezar; es decir, porque queremos caernos; porque muchas veces somos como masoquistas que buscamos hacernos daño en el alma, porque en apariencia el dolor no se nota porque no es dolor físico, pero se produce y a la larga hace mas daño que aquel al que hemos padecido de vez en cuando.

Si observamos, en la vida política pasa lo mismo. Hoy que acudimos con la boca abierta, al triste espectáculo de la corrupción. Una corrupción pintada de todos los colores: derecha, izquierda, centro. Uno es el tentador y otros los tentados, los avariciosos, los codiciosos, que son capaces de enriquecerse con dinero ilícito aún a costa de vender su propia honra. El tentador que busca su enriquecimiento personal, soborna con cantidades sugestivas y no rechazables a cambio de “favores” que a el le supondrá mayor beneficio que lo que le suponían las cantidades entregadas. Es demencial, ver como personas en las que el pueblo español ha puesto su confianza, creyéndolas honradas, salen a la luz implicados en una red de corrupción, de fraude, de estafas… uno no sabe ya de donde se saca el dinero, con los millones que se han defraudado y ninguno los ha devuelto. Y tropiezan una vez, después otra y ya es imposible salir de la espiral, hasta que un juez pone freno a tanto desmán.

Todos tropezamos, nadie está libre de ello. El Señor nos enseña, en su subida al calvario, a levantarnos una, otra y otra vez y tantas veces como fuera necesario, aunque el peso de nuestros pecados nos parezca tan poderoso que dificulta poder levantarnos. Pero aún asi, debemos intentarlo. La tentación es vencible, es rechazable. También el Señor nos enseña a vencerla. Y además nos da las claves para ello: la oración y ponernos en manos del Señor. Sin el, con nuestras solas “fuerzas” nada, nada conseguiremos.

Decía un sacerdote, en su ultima homilía y en su ultima Misa en domingo, ya que días después entregaría su alma a Dios, que la vida del cristiano es violencia, por estar inmerso hasta su ultimo día en una batalla contra el pecado y en una lucha por la santidad a la que estamos llamados.

Podríamos quitar  de nuestra mochila esa piedra de tropezar tan molesta. Es cuestión de decisión y de amor a Dios. Quitar esa piedra de nuestra mochila es dejar un gran espacio que muy bien podrá ocupar Padre Dios. Animo, si podemos, possumus, está de nuestra mano.

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18 abril 2010 7 18 /04 /abril /2010 00:15

                “Y recitado el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos. Y les dice Jesús: Todos os escandalizaréis, porque está escrito: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas. Pero después que haya resucitado iré delante de vosotros a Galilea. Entonces Pedro  le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no. Jesús le responde: En verdad te digo que tú hoy, en esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres. Pero él afirmaba con insistencia: Aunque tenga que morir contigo. Lo mismo le decían todos.” (Mc 14, 26-31).

 

            Muchas veces censuramos la actuación de Pedro al abandonar al Señor. Es  Pedro otro toque de atención para nosotros, pues también abandonamos a las primeras acometidas de la tentación, del miedo, de los respetos humanos. Algunas veces nosotros presumimos como Pedro, de fuertes ante cualquier ocasión que pueda presentarse. Pero a aquel abandono, a aquella negación de Pedro, surge un auténtico arrepentimiento, lavado por las lágrimas purificadoras, de las que nosotros también hemos de sacar la consecuencia. El Señor sabe de nuestra debilidad, de nuestra fragilidad, pero a pesar de todo cuenta con nosotros, como contó con Pedro y con los demás Apóstoles, incluso con Judas,  a quien  brinda  a cada momento la posibilidad del arrepentimiento, manteniéndolo a su lado.

 

            Pedro ha de ser el ejemplo para nosotros; abandona al Señor, pero se levanta hacia Él arrepentido. Nunca  el agobio del pecado, o de las continuas caídas deben llevarnos a la desesperación. Este pecado nubla la esperanza en el perdón de Dios y por tanto en la salvación de nuestra  alma. El Señor está presto al perdón de aquel que se acerca arrepentido, sea cual sea el peso de los pecados. Todos los pecados son perdonados, excepto los pecados contra el Espíritu Santo, son palabras de Jesús, que deben reforzar en nuestra alma la virtud de la esperanza.

 

            Y esa misma debilidad hace gala en el resto de los apóstoles, quienes también abandonarán al Señor. Una debilidad que les acompañará hasta la llegada del Espíritu Santo. “Dios suele buscar instrumentos flacos, para que aparezca con clara evidencia que la obra es suya". Todos somos quebradizos como el barro seco, pero el Señor, irá trastocando esta debilidad en fortaleza, a través de la oración y práctica de los sacramentos: Eucaristía y Penitencia, haciéndonos resistentes a los elementos exteriores, a las tentaciones y a las atracciones que desviarán nuestro camino de la senda verdadera.

 

                En Pedro, en los Apóstoles nos hemos de ver dibujados cada uno de nosotros, también en cada una de las personas que aparecen en las páginas de los Evangelios: los leprosos, Bertimeo, la mujer cananea, los fariseos, el niño lunático, Jairo, Marta y María… cada uno nos da una enseñanza de la que podemos sacar su consecuencia. No aparecen por que sí, por gusto del evangelista. Los Evangelios están escritos por mano humana, pero inspirados por Dios.

 

            Nosotros también prometemos, nos comprometemos a planificar grandes obras en terreno espiritual; hacemos el compromiso de no traicionar al Señor, de no abandonarle, de ser fuertes ante las acometidas del enemigo, Pero algunas veces la triste realidad es otra diferente, que tropezamos, que caemos, que lo negamos por evitar el que dirán u otra situación. Pero también es verdad que otras tantas veces nos sobreponemos a las duras caídas y recuperamos el camino, nuestro camino de Emús, donde Cristo nos espera pacientemente.

 

            Una vez más, ¡animo! ¿Qué te has caído? Mira con los ojos del alma y veras la mano del Señor tendida hacia ti, sin el nada podemos, ni siquiera levantarnos. ¡Toma su mano! ¡Toma la de su Madre! Que también sale a tu encuentro. ¡Hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido….! ¿Te acuerdas? Eso va por mí, por ti, por aquel de allá lejos. Deja que te levanten, luego notaras la suavidad de su cariño, el de su Madre.

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17 abril 2010 6 17 /04 /abril /2010 00:52

 

           El Señor Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16, 19)

 

           

            También, de forma muy breve San Marcos recoge este momento en el que el Señor asciende al Cielo. Es doctrina de fe, y por tanto verdad que hemos de creer, que el Señor ascendió al Cielo en cuanto hombre: “al día cuadragésimo de su resurrección subió  al cielo con la carne en que resucitó y con el alma, y está sentado a la derecha del Padre”. Cristo ascendió al Cielo en cuanto hombre; es decir, “no en cuanto Dios, ya que la ascensión no puede darse en la naturaleza divina: nada hay más alto que ella. El Señor en cuanto Dios, es igual en gloria y majestad al Padre y al Espíritu”. La Ascensión  al Cielo es causa de nuestra salvación y de “ella se derivan múltiples beneficios para el hombre

 

            Cuando en el Cielo afirmamos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, estamos indicando la grandeza  de la gloria de Cristo. De esta forma San Pío V en su catecismo nos aclara que: “estar sentado no significa en este lugar situación  y figura del cuerpo, sino que expresa la posesión firme y estable de la regia y suprema potestad y gloria que recibió del Padre”. Es también verdad de fe; es pues, verdad que hemos de creer que la ascensión de Cristo al Cielo fue por su propia virtud y no a través de poderes extraños. También, a este respecto, San Pío V nos clara que: “ascendió a los cielos no solo como Dios, por la muy poderosa virtud de la divinidad, sino también como Hombre. Porque, si bien esto no pudo suceder por fuerza natural, con todo, aquella virtud de que estaba dotada el alma gloriosa de Cristo, pudo mover el cuerpo  como quiso, pues el cuerpo, que ya estaba dotado de gloria, obedecía fácilmente las órdenes del alma que le movía

 

            Desde este momento quedan abiertas las puertas del Cielo. Jesús nos las abre a precio de su Pasión. Nos las abre a toda la humanidad. El no discrimina. Jesús viene para todos, para todos es el anuncio del Reino de Dios, para todos alcanza su sangre derramada y para todos están abiertas. La Pasión y muerte del Señor no es en vano, Dios no hace las cosas en vano, ni tampoco nos deja cosas inútiles. Nosotros, en todo caso, somos los que hacemos o convertimos las cosas en vano. Tenemos el alcance del Cielo, tenemos los medios para alcanzarlo ¿Por qué no lo aprovechamos? ¿Por qué seguimos rechazando? Tenemos los sacramentos, medios de salvación, tenemos la Penitencia que nos pone a tiro de piedra de la salvación ¡tenemos todo! ¿Qué más podemos pedir? Si más no se nos puede dar. Si hasta por darnos se nos dio la muerte del Señor por Salvarnos. Jesús con su ascensión inaugura para la humanidad la entrada al Paraíso, de donde fuimos expulsados por el pecado de nuestros primeros padres.

 

            Por Eva y Adán perdimos el Paraíso y nacimos a la oscuridad. Por Jesús y por María nacimos a la Luz y ganamos el Paraíso.

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16 abril 2010 5 16 /04 /abril /2010 06:12

  

            “Un hombre plantó una viña, la rodeó de una cerca, excavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó allí. A su tiempo envió a un siervo a los labradores, para percibir de éstos los frutos de la viña. Pero ellos, agarrándole, lo golpearon y despacharon con las manos vacías. De nuevo les envió otro siervo, y a éste le hirieron y lo ultrajaron. Y envió otro y lo mataron; y a otros muchos, de los cuales a unos los herían y a otros los mataban. Todavía le quedaba uno, su hijo amado; y lo envió por último a ellos, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. Pero aquellos labradores se dijeron: Este es el heredero; vamos, matémosle y será nuestra la heredad. Y agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña. ¿Qué hará, pues,  el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los labradores y entregará la viña a otros.” (Mc 12, 1-9).

 

            Esta parábola está relacionada de cierta manera con el “cántico de la viña” de Isaías, donde canta el amor de Dios por el pueblo elegido, y lo que esperaba de él, pero que no recibió el fruto esperado.

 

 La viña, en este cántico, es el pueblo elegido, lo mismo que en la parábola. En el cántico se describe aquello que espera el Señor de su pueblo, en la parábola nos describe que los viñadores no sólo no producen el trabajo esperado, sino que matan a los siervos que envía; estos siervos, representan a los profetas: no escuchados y perseguidos. El hijo amado representa al Señor, que es muerto en la Cruz.

 

            “ ¿Qué otra cosa pude hacer a mi viña que no se  lo hice? ” (Is, 5,4) Estas palabras recuerdan, por su similitud, a esas otras que en un cántico de la Semana Santa ponemos en labios del Señor, clavado en la Cruz:  Pueblo mío ¿En qué te he ofendido, respóndeme?.

 

  Conocemos la Historia del pueblo de Israel, sus avatares: desde la época de esclavitud en Egipto, liberados por el Señor, conducidos por el desierto hasta la Tierra Prometida, sin faltarles la ayuda del Señor, en los momentos cruciales, a pesar de las traiciones y abandonos; la época de florecimiento con David, Salomón, la dominación asiria, el destierro a babilonia, el posterior regreso a la Patria hasta el aplastamiento de las revueltas judías. Jamás les faltó la ayuda del Señor directamente o a través de sus enviados, hasta  la llegada del Mesías, el Hijo de Dios, que tampoco fue escuchado y además crucificado.

 

            ¿Qué hará pues el Señor de la viña? (Mc 12, 9). En el cántico de Isaías  se describe: “derribaré el muro y será pisoteada” (Is, 5, 6). “Al final amenaza con destruir al que lo desprecia. Isaías lo sabe por haber  encontrado a Dios: su amor es suave y terrible. El pueblo de Israel, verá y vivirá muchas reveses: el reino de David fracasará, Judea será destruida, el pueblo de Israel será sometido por otras naciones...”

 

            A través de esta parábola, el Señor expone el martirio de su muerte redentora. Está claro que cuando menciona en la parábola: y lo envió, hace referencia a sí mismo, el hijo amado, es Jesús, enviado por Dios. Los siervos, se refieren a los profetas, enviados de Dios, y que hablaban por boca de Dios. A lo largo de la Historia de Israel, el Señor envía sus profetas : Samuel, Isaias, Elías, Elíseo, Amos, Oseas... que no lo tuvieron fácil, chocaron con la infidelidad del pueblo, de monarcas, de situaciones de injusticia social, a las que tuvieron que hacer frente. Al final, el Padre, envía a su Hijo Jesús, que morirá en la Cruz. Esta parábola va dirigida a los  dirigentes del pueblo de Israel, tal como nos lo confirma el evangelista, pero la soberbia de éstos les impide reconocerlo.

 

            El Pueblo de Israel era el pueblo elegido por Dios, motivo suficiente para que llevara a cabo los mandatos del Señor y para que fueran ejemplo para el resto de las naciones. Pero al igual que la parábola, aquel pueblo no produce. El pueblo de Israel sabedor que era el elegido vivió despreocupado, manifestando un rencor hacia aquellos que no participaban de su fe. Era un pueblo aprisionado por la letra de la ley y las tradiciones antiguas, a las que los sometían los sacerdotes. El Señor viene, entre otras cosas, a cambiar este estado de cosas, por lo que será perseguido por los sacerdotes, fariseos y escribas.  Esta cerrazón en la que viven hace que no comprendan o no quieran comprender aquella parábola.

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15 abril 2010 4 15 /04 /abril /2010 06:07

En varios momentos del evangelio de San Marcos hemos visto la importancia que da el Señor a la Oración. La forma, filial, con la que se dirige al Padre; las formas de oración: de petición y de acción de gracia, de suplica y de sometimiento a la Voluntad del Padre. El Señor nos transmite con su ejemplo la vital importancia de la oración.

 

 Pero la oración no es solo un acto de amor, sino también una actitud de fe del orante y así nos dice Jesús: “ Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá” (Mc 11,24) El Señor sabe que frágil es la fe y lo pronto que somos a desesperarnos cuando no recibimos una u otra gracia al momento de pedirla. En la oración el  amor y la fe van íntimamente unidas. Al acercarnos al Padre para hablarle, estamos mostrándole un reconocimiento de amor filial, y en nuestras palabras ponemos la fe, sabedores que El está escuchándonos.

 

            ¿Quiénes deben de orar?. La respuesta es todos, lógicamente, pero con más fuerza debemos abrazarnos a ella los que somos más frágiles; es decir quien sabe que su fe es quebradiza como un cuenco de arcilla; quienes caemos en los embates de las tentaciones. El santo, utilizará la oración, para mantenerse en esa santidad y poder hacer frente a las  insidias del maligno; los pecadores, para solicitar a Dios la fuerza necesaria para volver a su amistad. El Señor nos dice que todos debemos utilizar este acto de piedad filial; no pone barreras, dice tajantemente : “cualquiera” (Mc 11,23).

 

            A la oración debemos acercarnos con fe, como si lo que pedimos ya nos hubiera sido dado por el Padre. Sin recelos. Sabe el Señor como de frágil es nuestra fe; pero nos pide un pequeño esfuerzo.

 

            Santa Teresa de Jesús se dirigía así al Señor, arrojando sobre nosotros una luz, que disipe cualquier duda: “¡Oh Señor mío!, ¿por ventura será mejor callar con mis necesidades esperando que vos las remediéis? No, por cierto; que Vos, Señor mío y deleite mío, sabiendo las muchas que había de ser y el alivio que nos es contarlas a Vos, decís que os pidamos y que no dejareis de dar”.

 

El Señor sabe cuales son nuestras necesidades, y bien podría solucionarlas sin que nosotros se lo pidamos; pero el ejercicio de la oración es un bien para el alma, pues el contacto con el Padre es un bien efectivo para el alma, tanto del que vive en gracia como para el que vive en pecado; a uno le hace seguir por la senda de la santidad y al otro, le acerca al camino de la conversión. Por otra parte el Señor quiere que nosotros nos acerquemos a pedirle, pues siendo la oración un dialogo de dos, al recibir las palabras del Padre, veremos mas claramente nuestros  fallos y los remedios para corregirlos. La oración hará de nosotros higueras fructíferas, pues nuestras obras serán regadas por la gracia de Dios.

 

            Hágase tu Voluntad, le dice María al Señor. Abrahan, también responde al Padre con un gesto de fe. Deben ser, en primicia, María, y la fe de Abrahan, los espejos de la fe en las respuestas de nuestra vida a Dios.

 

            Muchas veces el pecado anula la capacidad y la disposición de la persona a orar. El engaño del maligno ha hacernos creer que al vernos manchados por el pecado el Señor no nos va a escuchar, y surte efecto en sus planes de separación del alma humana de Dios. El pecado hace que no nos atrevamos a levantar los ojos hacia lo alto. En la parábola del hijo pródigo, el Señor nos da respuesta para que desechemos este engaño. El  ha venido a sanar a los enfermos, y enfermo es el pecador. Es la oración el mejor bálsamo para el restablecimiento de la amistad con Dios, pero eso nuestro primer paso ha de ser acercarnos a Él por medio de la oración de reconocimiento y de petición de perdón.

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14 abril 2010 3 14 /04 /abril /2010 05:54

ESPAÑA SIGUE SIENDO CATOLLICA, PESE A QUIEN PESE

España, según nos dicen, ya no es católica: España es laica. Eso es mentira. No existe lo laico. Frente al problema dramático y profundo de todos los hombres ante los misterios eternos no se nos puede contestar con evasivas. Contesta esas preguntas la voz de Dios, o contesta la voz satánica del antidiós, aunque sea disfrazada con la sonrisa hipócrita de don Fernando de los Ríos. (JOSE ANTONIO)

Parece que se repite la Historia. Parece, en cierto sentido, como si hubiéramos despertado otra vez en la  España de la republica, del terror y de la sangre. Y en efecto, en cierto sentido, estamos repitiendo la Historia, que es lo que les ocurre a los pueblos que olvidan su pasado y no es otra cosa que el estar condenados a repetirla.

 Los españoles parece que se han olvidado de las atrocidades del pasado. Y me refiero a las que el señor Zapatero ha omitido en su desmemoria histórica, como los  gravísimos hechos  llevados a cabo por la izquierda (socialistas, comunistas, cenetistas…).  Si, por enésima vez, me refiero  a los paseíllos, ejecuciones en las cunetas, en las paredes de los cementerios, en los bosques donde paraban las camionetas cargadas de españoles que sacaban de las cárceles para darles el ultimo paseíllo, las quemas de conventos e iglesias, las checas… y tantas y tantas barbaridades que es preciso sacar a la luz. Y de esto se han olvidado. Y nada de esto aparecerá en los libros de la Nueva Historia de España, escrita por los militantes de aquel ejercito que intento convertir a España en un satélite al servicio de Moscú.

Hoy España, dicen que es una nación laica, donde la religión ya no tiene voz y al paso que van las leyes del señor Zapatero tampoco tendrá cabida. Mas parece estar metido en una cruzada particular contra el sentir religioso de un pueblo que en el papel de presidente cuyo cometido era el de llevar a España a buen puerto; es decir, a formar parte del concierto de las naciones más representativas. Pero a este paso nos quedamos sin Patria, por estar dividida por los nacionalismos,  y sin Valores. Y es que ha abandonado su principal tarea: la de regir los destinos de la nación, para entablar su guerra particular contra la Iglesia católica y todo lo que esta defiende: La familia, la vida, la educación, los valores de las personas, la búsqueda de una sociedad más solidaria...

Pero no puede ser laica, aunque sea  por decisión de unos políticos, que escriben cualquier cosa sobre papel, que nunca podrá con el fuero interno de las personas que conforman esta nación. Porque no pueden prohibir la religión, ni tampoco la práctica de la misma. Podrá prohibir los crucifijos, pero otra cosa es que el pueblo español quiera arriarlos de sus lugares preeminentes. Y esto es un signo de que España no perderá su identidad religiosa.  Como ocurriera durante la republica, pudieron matar los cuerpos, pero no pudieron matar el alma de sus víctimas. Otro fracaso mas del señor Zapatero y de aquellos que como el pululan por el mundo.

Parece que vence el mal, parece que todo se oscurece, parece que son legión, porque hacen ruido, solo eso. La bondad se hace en la paz, crece en el silencio de la noche. La bondad no necesita del ruido, sino de la paz y de oración; la autentica paz, la de los hijos de Dios. Y España seguirá siendo católica pese a las torpezas de un señor que ha equivocado su camino y ha sido el mayor error que ha dado la política española

 

 

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Published by antonio tapia garcia - en PENSAMIENTOS
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13 abril 2010 2 13 /04 /abril /2010 01:04

 

Nunca comprenderé, por mucho que se trate de explicármelo, que haya católicos que estén de acuerdo en uno o en todos los supuestos de la ley del aborto y mucho menos con la ley que Zapatero, que al parecer no tiene otra cosa que hacer, se ha sacado de la manga como un nuevo ejercicio de “Panem et circens” con que tranquilizar a cierta masa de su nefasta política social y económica que ha traído como consecuencia más paro, mas hambre y  más pobreza.

Si, el voto de los que han hecho posible la llegada de Zapatero ha hecho mucho daño en todos los sentidos a esta Nación. Pero si culpo al voto católico de este desastre, tal vez más grave que la perdida de Cuba o de Filipinas, no es  por sacar los trapos sucios a relucir de una comunidad, de la que soy miembro; sino porque debería dar ejemplo de consecuencia con los mandamientos con los que se ha comprometido desde su bautismo. Claro que hay más culpables el otro 20 o 30 % de no católicos que le han votado, radicales socialistas a los que les da lo mismo 8 que 80.

Si me preguntan para qué y porque Zapatero llegó a la presidencia de España, me atrevería a decir que para tratar de arrinconar a la Iglesia y a la derecha representada por el PP, creando leyes que han sido continuas provocaciones al pueblo católico que es mayoría en este pueblo, contando con aquellos que se autodenominan también socialistas. Porque ¿Qué otra cosa ha hecho este señor? Además de hundir económicamente a España, además de tratar de arrancar los valores  de los jóvenes de nuestra España, además de tratar de dinamitar a la familia, base fundamental de la sociedad;  además de traer pobreza y hambre; además de tratar de enfrenar a los hijos con los padres, además de situar a España al mismo nivel economico que Grecia; además de, además de sacar a España del grupo de países industrializados y saneados económicamente, como en la época Aznar, además de…

Nunca entenderé a los que han hecho posible la  llegada del señor Zapatero por segunda vez, sabiendo lo que había hecho en la etapa anterior. Pero no entenderé a los católicos, los otros me importan un bledo, porque al menos son consecuentes con sus ideas. Pero los otros, los que juegan con su fe poniendo una vela a Dios y otra al diablo me importan, porque me preocupa lo que han sido capaces de hacer y lo que puedan ser capaces de hacer.

Mientras haya elementos que echar al pueblo, me da que seguirá sorprendiéndonos con sus leyes, contrarias a los valores: aborto, matrimonios homosexuales ¿Y después? No me extrañaría que quien ha tolerado el aborto libre, sea capaz de legalizar la eutanasia y el mal llamada muerte digna, o suicidio dicho en cristiano.

Hasta el momento se han cumplido las expectativas  esperadas de este hombre, al que algún día la Historia juzgara como el presidente pero  que ha tenido Esta España y eso que ha tenido algunos otros malos presidentes.

Mira lo que has hecho con tu voto. Eres libre de hacer lo que quieras, es tu responsabilidad,  ¿pero crees que con un voto, tu voto, se puede jugar con la vida de seres indefensos? ¿Se puede jugar con el pan de una familia (quizás tu voto te ha llevado al paro)… estas a tiempo de recapacitar. ¿Qué no eres de derechas? ¡Yo tampoco! Pues no les votes, pero al menos se consecuente con  tu cristianismo y devuelve los valores naturales que han sido usurpados por leyes que han sido creadas por un revanchismo sin sentido y de las cuales tú has sido colaborador. El silencio otorga, dicen, pero el voto otorga más

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Published by antonio tapia garcia - en MEDITACIONES AL EVANGELIO
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12 abril 2010 1 12 /04 /abril /2010 01:07

El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando”

No hay ningún pecadEo que sea o se llame equivocarse. La equivocación es parte del ser humano, como humano que es. Si no nos equivocáramos seriamos perfectos. Perfecto solo es Dios y  nosotros alcanzaremos la perfección en cuanto pasemos a ser ciudadanos del cielo. Entonces seremos perfectos en el amor, en la caridad… Perdón por la palabra ciudadano, parece un término s progresista, y es que se han apoderado, las izquierdas, de palabras clave del diccionario: ciudadano, solidaridad, compañero, paz… y algunas veces, al menos a mí, me da un poco “repelús” pronunciarlas. Me da la sensación de haber pasado al otro lado. Pero he de corregir este defecto, es una equivocación mía pensar así. Lo digo sin desprecio a las gentes de izquierda; respeto a la persona pero no así a la ideología que tanto daño ha hecho y sigue haciendo

Podemos equivocarnos cuando no prestamos toda la atención debida a aquello que estamos haciendo, pero que no está en nuestra intención hacer las cosas mal, pues son fruto de elementos exteriores. Podemos equivocarnos cuando realizamos un trabajo en el que nos falta experiencia  por no estar preparados para desarrollarlo o porque no lo hemos preparado bien. Otra cosa es equivocarse a conciencia plena conciencia a sabiendas que es lo que estamos haciendo; eso ya no es equivocación, es maldad, mala fe, mala conciencia. El pecado no  está en la equivocación; el pecado está en la intencionalidad, ya que  es errar el camino del bien,  y sabedores de que lo que hacemos está mal, es un desorden del bien.

No somos perfectos y estamos sujetos tanto a la equivocación de manera inconsciente, sin malicia como estamos sujetos al pecado, por debilidad, por no luchar o por mala conciencia. Pero de la misma forma que no somos perfectos, estamos dotados de libertad y por tanto de corregir el mal camino o de mantenernos. Recogiendo las enseñanzas del Señor en el Monte de las Bienaventuranzas: “Sed Perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, que al menos tengamos la intención y el deseo de corregir el mal camino, levantándonos de nuestras caídas, a veces cuantiosas, pero levantándonos, aquí está virtud y la grandeza del alma humana

Hay otras equivocaciones que me traen a mal traer, por contumacia. Y es que como puede ser que un católico de el sí al aborto, al divorcio, a los matrimonios gay, a la enseñanza de la sexualidad en la escuela, a la arriada de los crucifijos de escuelas y centros, al desamparado de la familia tradicional, a los retos contra la jerarquía de la Iglesia, a la oposición al Santo Padre cuando toca algún tema que daña las tesis de partidos de izquierda… pero es que no son equivocaciones; eso son tomas de postura conscientes. Por eso sigo manteniendo, pese a  quien pese, que es tan imposible que un cristiano sea socialista como que la luna nos asfixie de calor. Y la cosa es clara y limpia. Lo blanco siempre será blanco, sin mezcla.

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Published by antonio tapia garcia - en PENSAMIENTOS
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11 abril 2010 7 11 /04 /abril /2010 07:15

            21 Cuando se bautizaba todo el pueblo, y Jesús, habiendo sido bautizado, estaba en oración, sucedió que se abrió el Cielo, 22 y bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma corporal, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo: Tú eres Mi Hijo, el Amado, en ti me he complacido. (Lc 3, 21-22)

 

 

            San Mateo al final del Capítulo Tercero nos narra el acontecimiento del Bautismo de  Jesús. En él,  recoge en  un pequeño diálogo entre Juan el Bautista, que se resistía a bautizar a Jesús al reconocerlo como Hijo de Dios y entirse indigno de tal acción, “ Soy yo quien necesita ser bautizado por  Ti” ( Mt 3, 14), y Jesús que le explica: “ debemos cumplir con toda justicia” ( Mt 3, 15); es decir, con la Voluntad de Dios.  En efecto, Jesús es Dios y por tanto no precisaba  recibir el bautismo de regeneración que predicaba Juan el Bautista; pero Jesús viene a enseñarnos a cumplir con la Ley de Dios y para ello Él es el primero en enseñarnos a cumplirla con palabras, con hechos y con su ejemplo. San Marcos recoge el acontecimiento del Bautismo de Jesús en el capítulo  Primero, “Y fue bautizado por Juan en el Jordán” ( Mc 1, 9), también nos comenta el momento del descendimiento del Espíritu Santo sobre Jesús y la apertura del Cielo para dejarse oír la Voz de Dios. San Juan menciona el Bautismo de Jesús a través del testimonio que da el Bautista sobre ello, lo que no quiere decir que con ello reste importancia, sino que nos presenta un testimonio fiel.

 

            Cuando se bautizaba todo el pueblo, Jesús no se bautiza aparte,  Jesús acude en pleno bautismo en el Jordán, entre las gentes que acudían  tras las predicaciones del Bautista. Jesús  se pone en la fila,  se mezcla entre los pecadores. Jesús se solidariza, no con el pecado, sino con el ánimo de aquellas gentes que acuden para dar comienzo a una nueva vida de ofrecimiento a Dios. Este hecho lo veremos en otras ocasiones cuando  come junto a publicanos y pecadores, no porque acepte los pecados de aquellos, sino para enseñar que ha venido a devolver la salud a las almas de aquellos que se han apartado del camino marcado por Dios. Esto debe animarnos, pues aquellas gentes que acudían a bautizarse, aquellos publicanos y pecadores con los que  come el Señor representan a toda la humanidad, a nosotros mismos. El Señor nos ama tan intensamente  que no nos abandona, sale a nuestro camino, se pone a nuestro lado, espera pacientemente nuestra respuesta, no nos mira como apestados, no rehuye nuestra presencia al ver nuestra alma desgarrada por la lepra del pecado; al contrario nos recibe e impone su mano paternal sobre nuestra cabeza para derramar su perdón, cuando nos acercamos arrepentidos y deseosos por dar un giro a nuestra vida que suponga el abandono del pecado.

 

            En nuestras confesiones sacramentales, Jesús está a nuestro lado, escuchándonos, animándonos, alentándonos a vaciar de nuestro corazón todas las impurezas del pecado. “Acércate a Mi Corazón, que tiene el bálsamo eficaz para curar las heridas del tuyo”, nos dice con ternura; sea le pecado que sea, por vergonzoso, por terrible... El lo quiere curar, El lo quiere perdonar.

 

            Con su bautismo en el río Jordán. Jesús va a dar  fuerza vivificante al agua del Bautismo. Poco después, Jesús ordenará a sus discípulos que vayan y bauticen a todas las gentes. Será un bautismo nuevo, diferente al del Bautista. Este Sacramento se instituyó con el Bautismo de Jesús y quedó confirmado como tal, cuando antes de su Ascensión a los Cielos les dijo a los Apóstoles: “Id, pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

            Habiendo sido bautizado, estaba en oración,  señala el evangelista. Esta información no la deja caer por casualidad San Lucas, como tampoco lo hacen los demás evangelistas. Nos quieren transmitir la importancia que  el Señor da al acto de la oración. A lo largo de nuestro caminar por los Evangelios asistimos a algunos momentos  de oración del Señor, siempre se pone en manos del Padre. Escogemos  algunos de esos momentos que los evangelistas nos transmiten:

 

 

 

Jesús alaba                                                    Mt 11,25

Jesús da gracias                                                          Jn 11, 41-42

Jesús se identifica con el querer del padre                 Mt 26,39

Jesús pide y enseña                                        Jn 17, 15-17

 

 

            Jesús quiere que recemos como medio de unión Padre Dios y como medio de reforzamiento espiritual contra el pecado y las tentaciones que desembocan en el mismo. La oración, como nos enseña Jesús sirve también para pedir, para alabar, para escuchar, para dar gracias, para ofrecer... Cuando Jesús va a obrar un milagro eleva los ojos al Padre y se pone en sus manos; vemos como reza en el Huerto de los Olivos próximo a su ofrecimiento por la humanidad, Vemos como ora en el momento de la Institución de la Eucaristía...

 

            El Señor es el espejo en que hemos de mirarnos mientras caminamos por nuestra vida para tomar ejemplo y hacer lo mismo. Por eso en las Catequesis de niños, de jóvenes  incluso de padres se enseña la importancia de la oración y entre otros los momentos clave del día para orar: por la mañana al levantarnos oramos para ponernos en manos de Dios y para solicitar su ayuda y la de la Virgen María, San José y el  Angel de la Guarda y para que tomen bajo su tutela a aquellas personas que están en nuestras intenciones; a la hora de comer, para dar gracias a Dios por ese alimento que nos ha procurado y solicitar que aquellos menos favorecidos puedan disponer de los alimentos indispensables para  vivir; por la noche, para dar gracias a Dios por  todo lo que gratuitamente hemos obtenido: trabajo, estudio, amistades, familia... A media mañana se suele  rezar el Ángeles, dedicado a la Santísima Virgen María, por medio de la cual se cumple aquellas palabras proféticas: “Por eso desde ahora me llamarán Bienaventurada todas las generaciones" Lc 1,48.

 

            El catecismo nos enseña que uno de los efectos importantísimos del Bautismo es que nos hace hijos de Dios, además de hacernos herederos del Cielo, borrar de nuestra alma la lacra del pecado original.

 

            El Bautismo es un sacramento que no debe descuidarse por parte de los padres, y ni tampoco alejarlo en el tiempo desde el momento del Bautismo. El Bautismo se le debe dar la importancia que tiene, y es la importancia que le da el Señor cuando sin tener que hacerlo acude al bautismo de Juan en el río Jordán.

 

            Aunque el bautismo  de Juan difería en mucho al bautismo, como sacramento, que instituyó Jesucristo, aquel, como ya hemos visto,  era un compromiso de las gentes para cambiar y reformar sus vidas de cara a Dios; éste, el Sacramento, renueva totalmente a la persona hasta el punto de que nos hace merecedores del Cielo, además de los otros efectos que tiene; Jesús con su presencia nos  enseña la importancia regeneradora que tiene el Bautismo.

 

            Jesús nada hace y nada nos deja que sea inútil, incluido el Sacramento de la Confirmación al que tanta poca importancia se le da, tal vez por desconocimiento o por desinformación, ya que es tan importante como el resto de los Sacramentos. Disponer o no del Sacramento del Bautismo significa poder entrar o no al resto de los Sacramentos, pero más aún poder gozar plenamente de la eterna bienaventuranza; es decir, del Cielo junto a Dios la Virgen y los santos.

 

            Por otra parte, el Sacramento del Bautismo no da un título sino un estilo de vida, por eso el bautizado no debe dejarse dormir, mientras pasa la vida; el bautizado debe poner en marcha lo que recibe en el bautismo y es el ser cristiano, que significa una llamada del Señor al apostolado, a ser luz y sal para los demás, como nos lo dice el mismo Jesús en el Sermón de la Montaña. Y este poner en marcha significa trabajar como cristiano allá donde el Señor nos  ponga: en la familia con los hijos; en el trabajo con los compañeros; en el circulo de amigos...

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