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1 febrero 2011 2 01 /02 /febrero /2011 22:53

NIÑOS NO BAUTIZADOS

Leo en el Boletín Mensual de la Iglesia Nivariense de Tenerife: “Alrededor de setenta niños y niñas están integrados en los grupos parroquiales de la llamada 1ª Comunión sin bautizados. Es un número que va creciendo.”.

 

Esta situación anómala, desde el punto de vista de la fe, puede ser debido al proceso de desespiritualizacion que se está viviendo. Proceso que el entonces Cardenal Ratzinger denunciaba, en una alocución semanas antes de ser elevado al pontificado. Y este proceso afecta a muchos nuevos padres, que ya no practicaban anteriormente al matrimonio. Lógico es que dos padres, no practicantes, se despreocupen de la orientación religiosa de sus hijos; sin embargo se dan muchos casos contrarios a esa lógica. Pero sea cual sea la situación espiritual de los padres, no existe motivo alguno para que los niños y niñas no se bauticen. Prohibirles la recepción de este sacramento, sería un acto horrible. Id y predicad al mundo entero, bautizarlos… nunca dijo no bauticéis.

 

Durante los 21 años de catequesis, ya se dieron algunos casos de niños y niñas que acudían a las catequesis de Primera Comunión sin estar bautizados. Causas variadas. Pero los padres los llevaban. Nunca se cerró la puerta a nadie. Muchas veces esta situación se debía a falta de cultura y de preparación de los padres, quienes tampoco, durante su vida, habían recibido preparación religiosa por parte de los padres. Sin embargo querían ese bien para sus hijos. A aquellos niños se les atendía mas especialmente por parte del párroco y de los catequistas y unas semanas antes de la Celebración del Sacramento de la Eucaristía, recibían el Sacramento del Bautismo. A nadie se le privó.

 

Alguna vez, habremos leído o escuchado en la televisión a padres que ponían el grito en el Cielo, porque el párroco “no quiso bautizar a su hijo”. Pero las verdades a medias no sirven. Es posible que en alguna Parroquia se pusiera impedimento, pero también es cierto que se ofrecieran soluciones. Y aquí entra la figura del Padrino. Y erróneamente siempre hemos entendido al padrino: como el otorgador de regalos. Desde el punto de vista de la Iglesia, el Padrino es una figura realmente importante, pues es quien en sustitución de los padres, será la guarda o encargado del cuidado espiritual del ahijado o ahijada. Por esta causa, cuando en la celebración de los sacramentos que exigen esta figura, se exige padrinos practicantes. Y esta es la solución que en algunas Parroquias se propone para bautizar a los niños y niñas, que en el caso de no ser aceptadas, surja la reticencia del Párroco. Creo que es del todo lógica la posición del Párroco.

 

Este dato es el que los medios de comunicación deberían difundir, cuando dan la noticia de alguna familia transmite: ¡el párroco no ha querido bautizar a mi hijo! Pero siempre queda mejor, situar a la Iglesia como el ogro a perseguir. Pocas veces veremos, desde los medios, el reconocimiento de la labor de la Iglesia en el mundo. Evidentemente no interesa y máxime, cuando gran parte de los medios están mediatizados ideológicamente por la izquierda.

 

Dada la importancia del Sacramento del Bautismo, no debe tomarse a la ligera. No es un acontecimiento social, como una presentación en sociedad; como tampoco lo es el Sacramento de la Eucaristía.

 

No sé el motivo, por el cual la Iglesia establece, hasta un mes después del nacimiento la celebración del Bautismo. No seré yo quien critique este cambio. Pero realmente como estaba antes era lo mejor. Doctores tiene la Iglesia. Pienso que es para establecer un periodo suficiente de preparación para el Sacramento de padres y padrinos, donde se establece la importancia de éste.

 

Los padres están obligados a educar en la fe a sus hijos, me refiero a los padres católicos. Es en el hogar, donde deben escuchar por primera vez que Dios es Padre. Deben igualmente deben enseñarles a rezar o rezar junto a sus hijos. Luego vendrá el turno de la Parroquia, a la que la que ceden sus hijos para continuar la educación en la fe.

 

Lo cierto es que en hogares se ha perdido este contacto en la fe, entre padres e hijos, por eso solemos encontrar niños y niñas que por primera vez oyen hablar de Dios de labios del Catequista. No obstante, es de felicitar a los padres por el paso dado.

 

Nadie tiene cerradas las puertas al bautismo. El mandato del Señor es ID Y BATIZAD por el mundo entero.

 

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19 enero 2011 3 19 /01 /enero /2011 09:01

nicolelis

El famoso neurocirujano brasileño, Miguel Nicoletis, ha sido nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias de Brasil. Muchos dirán que muy bien,  que cosa tiene de particular; quien lo conozca aplaudirá, quien lo conozca profundamente, a lo mejor se quede sorprendido. Y a esto último voy. ¡Sorprendente!.  Y es que el señor Nicoletis no solo es famoso, por ser uno de los mejores neurocirujanos del mundo, sino por ser muy polémico en  sus posturas proabortistas y favorable a los matrimonios homosexuales.

Hemos llegado a un extremo, que no es fácil entender algunas cosas, porque lo que ayer se entendía o se aplicaba de otra, ahora es todo lo contrario y así vamos de sobresalto en sobresalto. Recuerdo que antes se hilaba muy fino, escrupulosamente muy fino. Me  refiero a que cuando me presente a las oposiciones para el cuerpo de policía, investigaron casi hasta mis abuelos. La entonces BRIS, miraba todo tipo de antecedentes, antes de dar el visto bueno; de forma que cualquier elemento sospechoso: político o delictivo, hubiera echado por tierra mis pretensiones, que luego las echó el último examen. Hoy creo que ya no se hace nada de eso.

Y sorprende lo del neurocirujano, porque se trata de una institución subvencionada por la Iglesia. Y sus posiciones son claramente opuestas a las de la Iglesia. Es casi como meter una célula cancerígena en el cuerpo de una persona, comparación, un tanto extrema, pero la labor de zapa que puede llevar a cabo es tremenda.

No sé de qué me sorprendo, si aquí pasa lo mismo. Nombran ministro de sanidad, a una persona favorable a la cultura de la muerte; o sea al aborto y eutanasia. Y lo que es peor, salen adelante las leyes del aborto, las de los matrimonios homosexuales gracias al voto de los católicos, que son un porcentaje, elevado, voto socialista. Que no lo  entiendo, pero es así.

Ya el ser católico no es lo que era. Ahora el católico se entremezcla con todo. Da lo mismo ocho que ochenta. Le da lo mismo estar en un partido de izquierdas, como votar si al aborto, que volver a votar las tesis radical-socialistas del señor zapatero, o como ocurre en vascongadas, apoyar las tesis radical-terroristas.

Hoy ya no es como ayer, que las mamas preguntaban a la niña: “¿el niño con el que sales va a Misa?”. Hoy en muchos hogares da igual; vamos, da igual que vaya o no, lo que no deja de preocupar es el aspecto, en esto los padres con mirada inquisidora y gélida voz  preguntan a la niña: “¡quién es ese!”.

Lo del señor Nicoletis me parece bien que le premien, por ser un eminente neurocirujano, porque sus horas de sacrificio, estudio y privaciones le han costado y porque hará mucho bien a los pacientes que pasen por sus manos, etc., pero de aquí a que lo sienten en un sillón subvencionado por la Iglesia me parece una broma de muy mal gusto, y me temo que los que lo han elegido, sino piensan como él, les falta poco, lo que es más preocupante todavía.

Pero hasta la fecha, en el mundo, ha ocurrido tantas cosas increíbles, que uno debería estar curdo de espanto. Pero no, no podemos ni por respetos humanos pasar olímpicamente de cosas chocantes. Resulta que a los defensores de la cultura  de la muerte se les premia, y además desde centros subvencionados por la misma Iglesia. Es lo mismo que si a un genocida se le condecora por los servicios prestados a España. Esto último va con retintín.

Que todo está trastocado. Como si hubieran puesto el mundo del revés. Lo que antes estaba mal o era pecado hoy ya no lo es.  Pero en fin, salvo algún que otro sobresalto, sigamos trabajando, como siempre, sin hacer ruido, en el silencio de cada día, que así crece la hierba, en el silencio de la noche, tranquila, fresca, serena. Trabajando con paz, pronto lograremos silenciar el ruido. Nosotros tenemos que trabajar desde la Paz, no la que nos venden los políticos, sino esa otra más grandiosa, la Paz de los hijos de Dios. Lo que no quiere decir que debamos estar tan calladitos que dejemos pasar ciertas cosas. Que los cristianos tenemos derecho a protestar, porque por eso pagamos a Hacienda.

 

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18 enero 2011 2 18 /01 /enero /2011 17:25

Recuerdo el disgusto, un tanto egoísta, cuando mi amiga y compañera de catequesis, Maloly, durante una de las fiestas de Kafakumba, que se celebraban en el Colegio de la Pureza de Santa Cruz de Tenerife, para recabar fondos para la leprosería, que tenían en esa población del antiguo Zaire, se me acercó y me dijo: “Antonio, he de decirte algo importante”. Me estremecí un poco. El primer pensamiento es que por los estudios iba a tener que dejar la Catequesis. Pero no me esperaba la bomba. “Veras, no voy a continuar el próximo curso de catequesis; voy a ingresar en el Noviciado de la Pureza, en Barcelona”, dijo sonriente. Mi primera reacción fue felicitarla de corazón. Fue una gran noticia. Me pidió no desvelar el secreto, solo lo sabian sus dos mejores amigas como así hice.

Pero según fueron pasando las horas, me invadió un sentimiento de tristeza; no por su vocación; sino porque “perdía” un gran apoyo en la Catequesis. Me encantaba su entusiasmo, sus ideas, sus deseos de dar a los jóvenes lo que necesitaban, su deseo de rejuvenecer una parroquia que distaba mucho en acercarse totalmente a los jóvenes. ¡ Señor, ahora que he encontrado una catequista entusiasta, te la llevas”. Esta reacción un tanto egoísta, se fue desvaneciendo. Aunque la tristeza, humana, continuaba. Iba a echarla de menos.

¡Qué grupo más encantador, el de aquellas jóvenes, nacidas en el seno de la Pureza de María, con el auténtico espíritu de su fundadora, Madre Alberta. No quiero decir que los demás catequistas no fueran buenos, al contrario, eran magníficos. Pero  hilaba más con la forma de trabajar de las jóvenes de la Pureza: Maloly, Carola… era una forma distinta de hacer catequesis, más juvenil y alegre. Todo se movia, en consonancia al espíritu de Madre Alberta. Y ello me atraía enormemente, me encontraba en mi salsa.

No cabe duda, que se acercaría más juventud a las Parroquias, si se les ofreciera un espíritu más abierto. No quiero decir, romper con las normas. No hace falta eso, sino más bien adecuar a la juventud este espacio que se les abre en las Parroquias. Los jóvenes desean colaborar; desean ser instruidos, desean formar parte activa, pero en consonancia a su edad juvenil. Pero muchas veces encuentran párrocos con normativas ancestrales, con poco o ningún carisma atractivo al espíritu de nuestra juventud. Y se desalientan.

Recuerdo el disgusto mayúsculo, en una semana  santa, cuando después de preparar durante semanas, con el coro, los cantos para los oficios, después de preparar las hojas de cantos, de hacer fotocopias, se las presentamos al Párroco, quien no nos dio opción alguna, imponiendo las suyas. Reconozco que el párroco manda en su parroquia, pero no dio opción, ni siquiera las leyó todas. Y tuvimos que ensayar las de toda la vida. Las que presentábamos eran las que las jóvenes de Foc, entonaban en las celebraciones de semana santa con las jóvenes de su movimiento. Ni eran heréticas ni rompían con las normas establecidas. Eran más juveniles, dentro del rigor de la semana santa. Así que sin chistar, obedeciendo, preparamos a conciencia las del párroco.

Solo hubo un fallo. A la hora de la comunión, cuando entonábamos :” Señor, he tomado tu barca”, hubo cierto desconcierto y mientras el coro tomaba la barca por un lado, yo iba con los remos por otro. ¡Tierra trágame!, con el genio que tiene. Pero no pasó nada. Quedo como anécdota.

Muy buena amiga, hoy religiosa de la Pureza, de la que me siento orgulloso de su amistad y de lo mucho que aprendí, en el trato a los jóvenes. Recuerdo que en la primera navidad, me envió una felicitación, llena de fe y de auténtico espíritu navideño. Al final del chirsma se podía leer lo siguiente: NACI PARA EL CIELO, DESDE LA ETERNIDAD.

Que poco pensamos en esa realidad. Ni siquiera nos hemos dado cuenta que no hemos sido llamados por Dios, exclusivamente desde el bautismo; que hemos sido llamados desde la eternidad. Dios ya nos tenía en su pensamiento, ya nos conocía por nuestro nombre. Ya contaba con nosotros para colaborar con El en la expansión de la Buena Nueva. Todos hemos nacido para el Cielo desde la eternidad. Por eso, querido amigo eres importante. Por eso es una barbaridad cuando decimos ¡no somos nadie!. Claro que sí,  somos algo y mucho. Somos hijos de Dios, somos sus colaboradores, con aquellos carismas de los que hemos sido dotados, para que de acuerdo con ellos trabajemos.

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17 enero 2011 1 17 /01 /enero /2011 17:21

Un día fui a visitar a Rosa, catequista de una de las Parroquias de Santa Cruz, en una de las convalecencias que tuvo que pasar, aquejada de ese terrible mal, contra el que la ciencia lleva peleando sin éxito, en alguna de sus manifestaciones, el cáncer. No la conocía personalmente. Pero quise acercarme. Basta que en una de las multitudinarias concentraciones de catequistas que anualmente se celebran en la Isla, nos pidieran que rezáramos por ella, para ya no querer que pasara inadvertida. Era una trabajadora en la misma viña que yo, bajo el mismo Señor. Acudí el mismo día en que la intervenían quirúrgicamente. Pero conocí a la madre, catequista y muy entusiasta del Señor; la entretuve lo justo y le entregue un rosario para Rosa.

Meses después pude conocerla. Impresionante joven. Cargando con la cruz del dolor, como si nada. La sonrisa en sus labios y el entusiasmo por la catequesis, era todo uno. Irradiaba fe por los cuatro costados. Tenía su rosarito, que agradeció. Casi un año después, Rosa, en la flor de su juventud dejaba este mundo de tristezas, como había vivido, sonriendo y abrazada, en alas de la fe, a la Cruz donde estaba el Señor clavado.

Me recordaba a Margarita; y en mi pensamiento a tantos y tantos otros enfermos, que con la misma sonrisa, atraviesan el valle del dolor, sin dar importancia a semejante carga que sobre sus hombros llevan.

Conocí al capellán del Hospital. Le dije que si precisaba ayuda, me gustaría colaborar. No me importaba subir al Hospital, aunque fuera todos los días. ¿Y qué se puede hacer?, ¡pues por ejemplo dar catequesis! Me miró pensativo. ¿Catequesis? Si son ellos los que nos dan catequesis diaria. Respondió. Quede un poco frustrado. Pero efectivamente, que catequesis se les puede dar a los enfermos, si ellos nos están dando ejemplo y enseñando a diario:” ¡mira, así se carga con la cruz de Cristo! Una cruz, que muchas veces, menos pesada, no nos atrevemos a cargar nosotros. Y al primer pequeño revés, ya nos estamos quejando.

Para cargar la cruz del dolor, hay que tener una fe muy grande. Siempre he admirado la sonrisa de un enfermo. Siempre he admirado cuando hacen pasar inadvertida su dolencia. La callan, la llevan en silencio, no para no hacernos partícipes de su dolor, sino para np resultar una carga, que no lo son.

A su lado me siento nada. Veo, como gasto un tiempo precioso, irrecuperable. Siento sana envidia; si la envidia puede considerarse sana alguna vez. Me veo con las manos vacías y el equipaje más vacío aun. Y miro mis manos y pienso. Si el Señor me llama ahora, con que atrevimiento me puedo presentar ante El, con las manos vacías.

Que puedo presentar en mi defensa, si lo único que poseo es una mochila con tiempos perdidos, traiciones, olvidos, enfados, soberbias… el enfermo es como ese pequeño libro de oración diaria que tenemos, que nos ayuda a rezar por la mañana y por la noche; es también, la guía del examen de conciencia que me pone en mi realidad, que me apea del caballo de los sueños; es, el enfermo, la fuerza para seguir luchando y trabajando con constancia… es tantas cosas positivas.

Por eso, ante ellos no me atrevo a decir que soy catequista. Ante ellos soy un catequizando puro, que desea aprender a amar al Señor como solo saben ellos amar, que desea aprender a no acobardarse ante el primer revés que pueda sobrevenir. Es quizás la más difícil catequesis que he recibido. Es fácil enseñar a rezar el padrenuestro, pero no es tan fácil cargar con la cruz, ni aun haciendo de Cirineo, y sin embargo ellos la cargan.

 

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16 enero 2011 7 16 /01 /enero /2011 17:16

 

Como creyentes, hemos de pensar que Cristo ya no está “tras aquella piedra redonda del sepulcro”, que decía el sacerdote carismático, padre Emiliano Tardif. Aunque algunos seguimos viviendo como  si aún estuviera.

Las huellas de Cristo, no han quedado tapadas por el polvo de los caminos que recorrió de Palestina, haciendo el bien, curando, devolviendo la fe, enseñando con cariño. Tampoco aquellos hechos, se quedaron encerrados entre páginas de los evangelios, para que, cuando se nos ocurriera, echáramos de vez en cuando un vistazo.

                A lo largo de mi vida, he topado con auténticos adalides de la fe. Comenzando por mis padres, que nos han procurado, entre otros bienes, el de la Fe. Ya que desde muy niños, nos hicieron andar por el camino de la fe y de la oración. Dos huellas, ya nos marcan el camino del Cielo, las de mi hermana Margarita primero, quien recibió en sus últimos años el bautismo del dolor con valerosa abnegación, sin perder el Norte de la Patria a la que iba acercándose; después, mi padre y amigo que nos describía el Cielo: “como ese lugar maravilloso, donde ya no se sufre”,  y que junto a nuestra madre, nos fueron marcando los hitos, desde la niñez, que deberíamos seguir en el caminar de nuestras vidas.

                Hoy queda nuestra madre, quien rosario en mano, sigue pidiendo por cada uno de sus hijos. Y esas oraciones, se notan cuando se desajusta algún elemento. Y hacen que el faro que ilumina el camino no se apague.

                Me siento bendecido especialmente; pues los amigos y amigas con los que me he cruzado, son todos, como se dice ahora, buenas gentes. Gentes de las que puedes extraer buenos ejemplos y apuntar en el libro de bitácora, datos que te pueden servir para la larga andadura de la vida.

                Hace unos días, tuve la grata visita de un amigo que no veía desde hará la friolera de veinte años. Me impresiono su calidad de fe y su claridad de pensamientos. Pero además, mantenía las constantes del amor a esta España que nos duele en su plenitud. Digo esto, porque las Huellas de Cristo, no solo se enmarcan el  terreno de la fe, sino también en el amor a la Patria. Pues difícilmente puede haber comunión en un cristiano que dice amar a Dios y pasa del amor a la Patria, o sencillamente la rechaza.

                Estoy seguro, quien más quien menos, en su caminar por la vida, ha encontrado esas huellas de Cristo que le han servido para encauzar, en algún momento, su vida, o al menos para tomar ejemplo.

                Y es que el Señor, no se ha conformado con quedarse El junto a nosotros hasta el fin de los tiempos, en el Sagrario; ni tampoco, con dejarnos a su Madre, la Virgen María, o a esos ejemplos de santidad, canonizados. Por si acaso, nos deja huellas que podamos ver. Y son esas personas, buenas gentes, que han hecho de su vida diaria, una entrega a Dios, dentro de su familia, su trabajo, su núcleo de amigos. Y todo ello, con sencillez, sin necesidad de hacer cosas estruendosas. Pues para hablar de Dios, desde la vida diaria, no hace falta ruido; es sencillamente, pasar haciendo el bien.

                Y es que tenemos una idea equivocada. Santos no son solo aquellos que la Iglesia ha subido a los altares. Santo es todo aquel que habiendo cumplido la voluntad de Dios ya está gozando de su Gloria

               

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15 enero 2011 6 15 /01 /enero /2011 17:14

"Y ocurrió que, estando a la mesa en casa de éste, se sentaron con Jesús y sus discípulos muchos publicanos y pecadores, pues eran muchos los que le seguían. Los escribas y los fariseos, viendo que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los publicanos y pecadores? (MC 2, 15-16).

 

            Si realmente seguimos el Evangelio, tiene que quedar clara una cosa, que el Señor no rechaza a nadie. Vino para todos, en especial vino a salvar a los pecadores porque "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (MC 2, 17). Jesús responde de esta manera a las quejas y comentarios de los escribas y  fariseos. Esto no quiere decir que queden excluidos los justos, sobre quienes sigue derramando su gracia y auxilio. Con la elección de Mateo, el Señor quiere corregirnos de este mal social y espiritual, el del prejuicio, que atenta contra ese Mandamiento tan importantísimo que es el del amor al prójimo.

 

   Jesús se sienta al lado de los publicanos y de los pecadores; tocados por la impureza del pecado, por el del servilismo al invasor romano. Pero Jesús no los rechaza, se acerca a ellos, porque sabe que están necesitados de la gracia de Dios, que están abandonados de aquellos pastores. Los publicanos nos representan a los pecadores de todos los tiempos

 

 De una manera similar, a la de aquellos pecadores, el Señor alcanza su gracia sobre aquellos que la aceptan, sobre aquellos que la ponen en marcha, que la dejan actuar. Los  pecadores y los publicanos dejan que Jesús se siente  con ellos, buscaban sin duda el alivio que sólo el Señor podía ofrecerles con ese amor entrañable con el que Cristo les trataba. Despreciados por muchos, queridos por Uno, Jesús. Al igual que aquellos pecadores, nosotros, de la misma condición que ellos, debemos dejar que Jesús se siente a nuestro lado, debemos abrirle las puertas de nuestro corazón, para que con el bálsamo de su perdón, pueda cauterizar las heridas de nuestra alma.

 

La misión redentora de Jesús es universal; es decir, que su redención alcanza a todos. No  vino a morir por unos, sino por todos, por los que le aman y también por los que no le aman; tal es la fuente inagotable de su amor.

 

 Su corazón de Padre no hace distingos: publicanos, pecadores, enfermos... Este sentarse a la mesa con pecadores y publicanos, ha de hacernos ver los deseos que el Señor tiene de nuestra salvación. Por grandes y graves que sean los pecados Jesús se sienta junto a nosotros en el Confesionario, para escucharnos con cariño y con ternura, para derramar luego el bálsamo de su perdón sobre nuestra alma herida por el pecado, cuando arrepentidos nos acercamos a Él, o permitimos que se siente a nuestra mesa de pecadores deseosos de su perdón.

 

Por eso no debemos temer acercarnos al Sacramento de la Penitencia por grave y vergonzoso que sea el pecado. Jesus se sienta a nuestro lado, a escucharnos, con alegría, porque volvemos, porque ha encontrado la oveja perdida del rebaño que Dios le entrego. Y en el sacramento nos vaciamos, sin vergüenza todo aquello que tenemos, todo aquello que paraliza nuestra alma y nos impide trabajar en su viña.

 

El mismo deseo de aquellos publicanos, es nuestro deseo, que el Señor se siente a nuestro lado, para aliviarnos, para escuchar su Palabra, para descubrirle, para sentirnos agiles. Queremos ser también Mateo, publicano. Que elegido por el Señor, a pesar de su condición, le siguió hasta el fin. Yo pecador, también quiero seguirle. Me siento Mateo el publicano y deseo seguir al Señor. Me dejo conquistar por Él, por su Palabra y doctrina. Porque su Palabra es la verdad y es ternura hacia los demás.

 

Y a nuestro lado, esta también Maria, nuestra valedora, nuestra abogada que nos presenta arrepentidos a su Hijo. Y en alas de la fe ocupamos aquella mesa, junto a Mateo y demás publicanos. Escuchamos sus Palabras llenas de ternura y cariño que hace saltar nuestro corazón. Sentimos como se encoje nuestro pecho, las lagrimas al borde de nuestros ojos, nos hace rememorar nuestra vida pasada. El nos mira compasivo presto a arreglar nuestra alma herida. ¡que bien se esta aquí! Decimos con aquellos apóstoles, dispuestos a pasar horas y horas junto al Señor.

 

Hemos compartido su mesa, como cada domingo. Pero hemos de devolver a nuestros quehaceres. Pero ya no somos los de antes; volvemos agiles y libres, sin cadenas dispuestos a seguirle hasta el fin.

 

Y cada noche, tomando el Evangelio, me meto como un personaje mas. Voy detrás de los apóstoles, entre el gentío; pruebo el pan y el pez que me ha tocado en suerte; me siento en la ladera del Monte de las Bienaventuranzas. Le oigo con toda claridad; rompo a llorar con aquellas curaciones veo lagrimas en los ojos de los sanados; me impresiono con la resurrección de Lazaro y de la hija de Jairo… ¡como no seguirle!.

 

¡Animo! Que tu también puedes. ¡Que el Señor también vino para ti!. ¡Creelo! ¡Pruebalo!. A ti también te dijo el Señor: ¡Ahí tienes a tu Madre!, como me lo dijo a mi y a toda la humanidad. Si temes, cógela de la mano que te llevara sin perdida.

 

 

 

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14 enero 2011 5 14 /01 /enero /2011 10:18

            41Sus padres  íban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42 Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre. 43 Pasados aquellos días, al regresar, el niño se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. 44 Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, 45 y como no lo encontrasen, retornaron a Jerusalén en busca suya. 46 Y ocurrió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. 47 Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de su respuestas. 48 Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo ¿ porque nos has hecho esto? Mira como tú padre y yo, angustiados, te buscábamos. 49  Y él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. (Lc 2, 41-50).

 

 

            La fiesta de la Pascua se celebra el 14 del mes de Nisan: era una fiesta de la familia. Comenzaba con la matanza  de un cordero, que se realizaba en el patio del templo. Se trataba y se trata aún hoy día de una fiesta de carácter nacional y religiosa. Si hemos dicho que comenzaba con la matanza del cordero en el patio del Templo este era un preparativo necesario; realmente la fiesta en si se iniciaba con la cena  Pascual, donde se comía en cordero que había sido sacrificado en el templo.

                                                     

            San Lucas  nos dice que Maria y José acudían todos los años a Jerusalén para la celebración de la Pascua, como sin duda muchas gentes de Palestina lo hacían ya que era  una celebración obligatoria “solo para los varones de 12 años en adelante”, por eso nos  dice que Jesús, una vez hubo cumplido los doce años acude con sus padres  a la celebración de la Pascua. A los doce años de edad era cuando se comenzaban a observar los principios religiosos.      Para el cristiano la observancia de los principios religiosos está establecida a la edad de siete años que es cuando ya se está en  uso de razón y conciencia de lo que está bien o está mal, por eso es un error ( mas de formación que de otra motivación) el echo que algunos padres consideren que el punto de partida se encuentra tras la celebración de la Primera Comunión.

 

             Pasados aquellos días, al regresar, el niño se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. Para poder entender esto, los estudios bíblicos nos dicen que “en las peregrinaciones a Jerusalén los judíos solían caminar  en dos grupos: uno de hombres y otro de mujeres. Los niños podían ir con cualquiera de los dos”.

 

            Las mujeres en Palestina ocupaban un segundo plano; era más bien una sociedad machista. Por ejemplo, en el templo de Jerusalén había un lugar denominado: patio de las mujeres , lugar al que ellas tenían acceso y otro, mas cercano al corazón del templo, se encontraba el Patio de Israel o de los israelitas al que solo tenían acceso los hombres judíos; en las sinagogas, lugar de oración y de celebración de la Palabra, la parte  principal era para los hombres, mientras que las mujeres eran relegadas a una zona trasera de la sinagoga desde donde podían seguir las reuniones.

 

            Esta separación entre las caravanas explica el motivo por el que María y José no se dieran cuenta de la desaparición del Niño. Jesús se queda en Jerusalén. María y José suponiendo que estaba con uno de ellos no lo echan en falta hasta que “terminada la primera jornada, era el momento en que se reagrupaban las familias” para la cena y pasar la noche. María y José se angustian al ver que no estaba con ellos ni con alguna familia amiga  u otros parientes. Abandonan la caravana y vuelven hacia Jerusalén donde “al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo” nos dice San Lucas.

 

            Al cabo de tres días Jesús resucita victorioso sobre la muerte y nos alcanza a nosotros esa promesa, que también venceremos la muerte para vivir toda la eternidad en la gloria de Dios. Nosotros también perdemos a Jesús por el pecado mortal y por el pecado venial comenzamos la andadura de poder perderlo en algún momento. María y José nos dan una lección de catequesis: nosotros también podemos  encontrar a Jesús si lo perdemos: a través de la Penitencia; también si por desidia o abandono perdemos la fe, podemos encontrarlo si con ahínco y decisión nos ponemos en camino para buscarlo. María y José nos ayudarán a reencontrarnos con Jesús. Que mejor que ellos para lograrlo.

 

            Jesús y María lo buscan por todas partes, entre amigos, entre conocidos, por los caminos de vuelta a Jerusalén, en la ciudad, atiborrada de gente... nos dan ejemplo de constancia que de seguro nos servirá como medio para que Jesús vuelva a estar en nuestro corazón y en nuestra alma. María y José podrán alcanzarnos esa virtud si se lo pedimos. No esperemos  a que pase mucho tiempo desde que tenemos la desgracia de perder a Jesús por el pecado, el riesgo de enfriamiento total del rescoldo de la fe puede apagarse, salgamos rápido en su busca, como lo hicieron María y José.

 

            Lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. 47 Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de su respuestas. Describe San Lucas, y el padre José Luis Martín Descalzo nos dice: “ No estaba –como quisieron los apócrifos y lo han pintado los artistas-  sentado El y todos los doctores rodeándole. El evangelista sólo nos dice que estaba allí sentado “entre los doctores” (Lc 2,46), es decir, en el semicírculo que los doctores formaban y en el que solían a sentarse cuantos querían escuchar. Tampoco estaba pronunciando doctos discursos. Más bien oía y preguntaba. No era un niño prodigio, era simplemente un chiquillo especialmente agudo en su modo de preguntar y de responder. A todos asombra su claridad en los problemas bíblicos que allí se debatían”.

 

            Todos “quedaban admirados de su sabiduría” dice San Lucas. Esta frase volveremos a escucharla cuando los evangelistas nos comunican que todos cuantos escuchaban a Jesús se quedaban admirados. Jesús no hablaba de cosas raras, ni de utopías, ni de países de hadas. Jesús predicaba la Buena Nueva, los Mandamientos de la Ley... con sencillez y con ternura, con proximidad y con paciencia, de tal forma que los oyentes no sentían la presión, ni las ataduras a las que se veían sometidos cuando algunos doctores de la Ley, escribas y fariseos hablaban a las gentes de Palestina. En el Templo estaban admirados de la sencillez de aquel Niño.

 

            María y José se alegran, se maravillan cuando encuentran a Jesús. Nosotros también nos maravillamos cuando recuperamos a Jesús, cuando descargamos nuestra conciencia y nuestra alma del pecado, cuando ¡por fin! he vuelto a encontrar a Jesús al que había perdido, cuando después de mucho tiempo vuelvo a recibirle en la Eucaristía. La alegría de María y de José nos contagia a nosotros también.

 

            ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?. Estas palabras de Jesús “ afirman su voluntad de cumplir los designios de su padre Eterno”. Nosotros también hemos de estar en las cosas de nuestro Padre del Cielo a través del Apostolado al que hemos sido llamados desde la eternidad, reafirmándosenos esta llamada desde el Bautismo.

 

 

 

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13 enero 2011 4 13 /01 /enero /2011 10:16

Pasan por mí, recuerdos, con nostalgia, aquellos años en el Colegio de San José de Valladolid. Cierto que con nostalgia, a pesar que no brillé por mis notas escolares o de ser un buen estudiante. En este tema di muchos quebraderos de cabeza a mis padres. Recuerdo al hermano González, al Hermano Martínez, Padre Requejo, al Hermano Manjon, el hermano Lomba, al Padre Sobrón… No séqué habrá sido de ellos, pero los recuerdo a cada uno, como si fuera hoy. El hermano Martínez era el prefecto de las clases de Inferior hasta Ingreso. Era bueno, aunque el hermano González era mejor. No sécómoaprendí francés, ya que el hermano encargado de la asignatura, casi siempre me despertaba, dándome en la espalda con una varita, suavemente: “señor Tapia, despierte”. La clase era a las tres, casi recién comido.

Recuerdo, igualmente,  las lecturas de notas, en el salón de actos, donde se reunía todo el colegio. Era el día en que muchos deseábamos que no existiera. Presidido por el Padre Rector, franqueado por el resto de padres y hermanos, el padre prefecto iba nombrando uno a uno y puesto en pie, escuchaba el recital: Piedad... conducta…aplicación…urbanidad; después el resto, matemáticas, etc. A más de uno le temblaban las piernas. Es que imponía realmente. Después, eran enviadas por correo, en evitación de que las mismas no llegaran a sus destinos, es decir, a los padres. Aun así, algún artista falsificaba alguna calificación. Son recuerdos, entre muchos más, que nose olvidan, a pesar del paso del tiempo. Y  son de nostalgia; yo no estoy en el bando de los que se apuntan, hoy, a los recuerdos con acritud.

Era un Colegio inmenso. Campos de futbol, cancha de baloncesto, carpintería, piscina, comedor, Templo, Cine, internado y hasta una pequeña cantina donde comprábamos, en el recreo, pirulies rodeados de barquillo y bolsitas de obleas, que eran la delicia del alumnado. Se agotaban. Muy buen ambiente con las típicas peleas, por piques entre algunos alumnos; y donde y cuando no ha ocurrido. Pero existía camaradería. Y existía un respeto, que hoy se ha perdido, hacia los profesores. Impensable que un alumno levantara la mano a algún profesor. Respeto que no se recuperara si el Ministerio correspondiente no devuelve la autoridad al profesorado; autoridad que les corresponde, no solo porque sean profesores, sino por la dignidad que les da el título universitario y másaún porque son personas con derecho a ser respetados. Pero en una España laica ya no se tiene en cuenta el cuarto mandamiento, donde se encuentra sumida la figura del maestro o profesor. Y respeto, por supuesto, porque nos transmite su saber, como antorcha olímpica, que un día nos llevara a cumplir nuestro cometido en la sociedad.

A primera hora teníamos la Santa Misa, acompañados del hermanoGonzález, un auténtico santo canonizable; excelente persona y de gran humanidad. Muchas de las oraciones de Misa, las aprendí de oírselas. A última hora se rezaba el rosario. La asignatura de Piedad, valía mucho, que junto con las de Conducta, Aplicación y Urbanidad encabezaban el Libro de Escolaridad. Lo mejor los recreos, aprovechaba para dar patadas al balón,  en alguno de aquellos inmensos campos de futbol. Alguna fractura o dislocación de algún dedo de la mano se produjeron, por tratar de ser “un buen portero”.

Tengo presentes aquellas Sabatinas en honor de la Virgen. Todo el colegio en procesión, por  uno de los patios más grandes del colegio; íbamos tras la Inmaculada, y tras ellapresidiendo el príncipe del colegio (el mejor estudiante), como abanderado. Recuerdo aquel templo, con cabida para todo el alumnado con una imagen bellísima de la Inmaculada, Patrona del colegio junto a San José. Y el cine que en nada tenía que envidiar a los mejores cines de Valladolid. Miércoles,sábados y domingos, sesión de cine con películas de las buenas, a las queacudían los alumnos que no estaban en recuperación por las notas escolares.

Hoy son muchos los detractores de aquel sistema educativo. Tal vez algún “cogotazo” se escapaba que ha dejado marca en algunos. Pero pienso que no es como para convertirse en enemigos acérrimos de la Iglesia, como en algunos ha pasado. También rechazo el hecho que se afirme que se nos obligaba, todas las mañanas, a cantar el cara al sol o el himno de España. Nunca vi tal cosa en los años que estuve. Con lo que era aquel colegio, como ahora se dice, ¡facha! Pero nunca vi tales cosas.  Repito, no niego que escapara alguna torta. Pero si rechazo los “grados de tortura” que algunos dicen, bajo los cuales pretenden esconder y disfrazar su “ateísmo” y su rechazo a la Iglesia. Yo también recibí algún castañazo, justo o injusto. Pero nunca fueron tan “criminales” como he escuchado. Pero no son motivos para rechazar ni a Dios ni a la iglesia. Por eso no creo a la mayoría que se dicen “ateos”. Gran parte de los ateos de hoy lo son por comodidad, por justificar de alguna manera su alejamiento de la fe, para que por las noches, en el silencio, no escuchen ya la voz de la conciencia.

Lo único fuera de tono, el uniforme inicial: chaqueta negra, camisa blanca, corbata negra; pantalón negro, zapatos negros y calcetines blancos. Parecíamos huerfanitos. De hecho, un día nos paró a mi hermano y a mí, camino del colegio, una señora, que nos pareció repelente, y nos dijo:” pobrecitos, tan niños y ya huerfanitos”, a lo que mi hermano sin cortarse, le respondió: “es el uniforme del colegio, no somos huerfanitos, señora”. Menos mal, que luego nos cambiaron la corbata. Era más chula. Con el emblema del colegio en el centro.

La enseñanza era muy buena. Gentes importantes hoy, en todos los medios, han salido del colegio San José; políticos, periodistas.

 Gracias a la dirección espiritual que había, se han podido atravesar las noches oscuras del alma. El rescoldo de la fe, nunca llegó a apagarse y puedo decir que no solo es debido a la enseñanza de mis padres, sino también a las enseñanzas del colegio en formación espiritual. La educación en la fe también ocupaba lugar primordial. Por ello los padres elegían este tipo de Colegios: San José, La Salle, Hermanos Maristas, Las Jesuitinas… de donde salían grandes estudiantes. Existía pique, sano, pero pique.

Lo enseñado no se olvida, lo vivido tampoco y mucho menos la educación espiritual. Hoy prosigue en los mismos y otros colegios privados, zancallideados por los gobiernos socialistas, sobre todo por este último, caracterizado por cierta fobia a todo lo religioso que es a fin de cuentas el auténtico espíritu del señor Zapatero.Mi estancia en aquel colegio la recuerdo y recordare, pues hay que tener muy mala memoria para olvidar aquellos días. Y la recuerdo con agrado

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12 enero 2011 3 12 /01 /enero /2011 10:12

LA PRESENTACION DEL NIÑO JESUS EN EL TEMPLO Y PURIFICACION DE LA VIRGEN MARIA.

 

 

 

            22  Así mismo, cuando llego el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. (Lc. 2, 22).

 

            “Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedara impura durante siete días… El niño será circuncidado en su carne al octavo día, pero ella esperará treinta y tres días para ser purificada de su sangre. No tocara ninguna cosa santa, ni entrara en el santuario, hasta que se cumplan los días de su purificación” (Lev12, 1).

 

            Tanto María como José eran fieles cumplidores de la Ley. Van a Jerusalén a cumplir con el Mandato dado por Dios a Moisés, como todos los Judíos. Esto no quiere decir, que María estuviera afectada por la impureza; ya que fue preservada por Dios, desde la eternidad, del pecado original. Pero van a cumplir la Ley. El Niño, Jesús, cumple con la Ley. De hecho, a lo largo de los Evangelios cumple con la Ley. Quiere darnos ejemplo de cómo hemos de actuar nosotros. Recordemos el pago del tributo: “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

 

            Nosotros, los cristianos, no somos un reducto a parte de la sociedad en la  que vivimos. Debemos colaborar en todo: Hacienda, cumplir las Leyes, en la Política, colaborar en el desarrollo de nuestra ciudad, desarrollar nuestra labor en el centro de trabajo, convivir con nuestros vecinos, con nuestras amistades… pero siempre, lo que hagamos debe estar en comunión con la Ley de Dios. Por tanto, está por encima la Ley de Dios sobre la  ley humana; es decir, que si la ley que se impone rompe algún precepto de la Ley de Dios, no podremos aceptarla. Pero entre tanto, estamos obligados, moralmente, a colaborar; no estamos por encima de la Ley, pero la ley humana tampoco está por encima de la Ley de Dios. Los gobiernos deben legislar a la Luz de los Mandamientos, en cuanto que los rompan se ponen al margen.

 

            El cristiano debe dar ejemplo en su colaboración con la sociedad. Si es motivo de mal ejemplo, sus actos afectaran a la Iglesia y además será responsable del ejemplo que otros puedan tomar de él, sea creyentes o no. ¿Por qué afecta al no creyente? Porque la Ley de Dios, está igualmente dispuesta para él, y además, el no creyente está obligado a buscar la verdad, que está en Dios. Por tanto, el no creyente será responsable de los actos malos que haga.

 

            Pero este cumplimiento, no debe quedar sometido a la letra. Jesús viene a corregir este error en el que Vivian  muchos, que nos representan a nosotros. Voy a Misa porque lo dice el Tercer Mandamiento. Mejor es, voy a Misa porque amo a Dios y por ese amor cumplo sus mandatos, por ejemplo. No defraudo, porque amo a Dios y no le amaría si rompo ese Mandamiento. Los Mandamientos son ese puente de unión entre el hombre y Dios; si rompemos uno solo, estaremos rompiendo con el Primero. No puedo amar a Dios si robo.

 

            Los padres, al Igual que María y José, deben enseñar a sus hijos en el cumplimiento de la Ley de Dios desde  la familia; luego desde la Parroquia, en el nombre de los padres, lo mismo el colegio, que actuará en el nombre de los padres y lo mismo el Estado, que no podrá suplantar la voluntad de los padres bajo ningún concepto, ni por Ley.

 

            En algunos hogares, por relajación espiritual ya no se habla de Dios. Por suerte, si los llevan a la Parroquia para ser preparados para la Primera Comunión. Aquí está la labor del Párroco y de los catequistas, quienes enseñan por primera vez que todos tenemos un Padre que es Dios. Por este motivo se han creado las catequesis de padres que tan buenos resultados han dado. Antes, de pequeños, nuestros padres nos enseñaban a rezar desde el hogar, incluso rezaban con nosotros. Y es que la familia que reza unida permanece unida. Y esto se cumple en la familia a la que pertenezco; como en tantos otros hogares cristianos, aun hoy.  No se debe perder esta costumbre cristiana, sobre todo teniendo en cuenta que los padres son los primeros catequistas de los hijos.

 

            Aquel día del nacimiento de Jesús, junto a María y a José queda establecida la institución de la familia. Y Ellos son la piedra angular donde debe establecerse la familia de hoy y de todos los tiempos. En Ellos debemos fijarnos y ser sus continuadores hasta el fin de os tiempos. La familia es una institución creada por el mismo Dios y por tanto querida, amada y bendecida por Dios. No existe otro tipo de familia, como hoy se pretende con parejas del mismo sexo, además de constituir un desorden natural.

 

            Y en aquel día recibirá el nombre, que fue dado por el Ángel a José. Se llamara Jesús, El Salvador. El Ángel ya se lo dio a María el día de la Anunciación: “Concebirás un hijo al que pondrás por nombre Jesús”.  Desde entonces, en los Bautizos los padres eligen el nombre que se impondrá a su hijo. Recordemos que será el mismo Jesús el que instituye este sacramento, que imprime carácter al cristiano, convirtiéndolo en hijo de Dios y miembro, para todos los efectos, de la Iglesia. En el Bautismo recordamos aquel día entrañable para la Sagrada Familia.

 

            En este Misterio de Gozo recordamos y tomamos ejemplo de aquel día. Seguir las huellas que nos deja es motivo de unión entre esposos e hijos de manera segura. Desde la niñez la enseñanza de los valores debe ser un hecho. Hoy, en el seno de muchas familias se ha producido una grave fractura. Echar la culpa al cambio de mentalidad de una generación a otra es una forma de eludir responsabilidades y echar una cortina de humo. La falta de unión se debe a que, en el seno familiar, no se ha cimentado esa base a partir de la oración, los valores de familia y a la idea de Dios. Otra cosa es que dentro de una familia cristiana, algún hijo tome otro derrotero, ajeno a las enseñanzas de los padres. Pero aquí aparece el papel de la Oración, que es poderosa y efectiva.

 

            Pidamos en este Misterio por la unión de las familias, como bien querido y bendecido por Dios, para que a ejemplo de la familia cristiana, otras familias se acerquen a Dios. Teniendo en cuenta que la sociedad será más fuerte y más sana, en cuanto más unida permanezca la familia y como consecuencia lograremos una Patria más unida. Debemos trabajar por recuperar el sentido auténtico de la familia que en algunos hogares se está perdiendo, amén de las leyes que en contra puedan legislarse. No hay sociedad si deja de existir la familia. Nada puede sustituirla y mucho menos las cohabitaciones que van contra el derecho natural.

 

            Que la Sagrada Familia de Belén, acompañen y bendigan a las familias del mundo y que a ejemplo de ella, se sigan educando a los hijos en los valores e ideales de Dios y de la familia.

 

 

 

 

 

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11 enero 2011 2 11 /01 /enero /2011 10:15

 

.- EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN EL PORTAL DE BELÉN.

 

 

            En aquellos días se promulgó un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo. 2 Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. 3 Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. 4 José, como era de la casa  y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, 5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, 7 y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento” (Lc 2, 1-7).

 

 

            Celebramos la Navidad con alegría, por el feliz acontecimiento, el Nacimiento del Niño Jesús en Belén. Es fecha de reuniones familiares, de alegría y de tristeza también por aquellos seres queridos que ya no están físicamente, pero si en nuestra alma y en nuestro corazón. Es fecha, en la que los recuerdos se agolpan en nuestra mente, de una manera más sensible. Colocamos un pesebre en los hogares cristianos, otros rememoran la ciudad de Belén con figuras y en el horizonte una montaña con un camino, por el que llegarán los tres Reyes del Oriente a adorar al Niño.

 

            En torno a Él, entonamos villancicos el día de  Navidad; también elevamos nuestros pensamientos al Niño Dios solicitando aquellas cosas necesarias para nuestras familias, amigos… y movidos por nuestra fe, parece como si nos  transportáramos a aquella época. Y de pronto nos situamos allí, junto al Portal autentico. Vemos al Niño que ha nacido. Un Niño como nosotros, pero distinto, lleno de pureza porque no está tocado por la herencia que nos dejaron nuestros primeros Padres Adan y Eva; está dormidito, plácidamente. Lo han tapado, porque las noches allí son frías. Vemos a María, elegida para ser la Madre de Dios. Persona como nosotros, pero también distinta, tampoco fue tocada por el pecado. Pues María, habría de ser el primer sagrario donde morara el mismo Dios. María, la Virgen, es el primer sagrario, sagrario viviente. Pro además María, estaba predestinada para ser Madre nuestra. Tu y yo hijos adoptivos de la Madre del mismo Dios. Y vemos a José, callado, silencioso, mirando al Niño. ¿Comprendía ya la importancia de su papel en la Historia de la salvación de la humanidad?

 

            Miramos admirados, pero tampoco nada entendemos. Porque aun hoy seguimos sin entender en su plenitud aquel acontecimiento de Belén. Creemos, pero no entendemos. Si entendiéramos, el mundo de hoy sería otro. No habría odios, corrupciones,  y olvidos de Dios; no aceptaríamos las propuestas seductoras del mundo,  no codiciaríamos lo que no nos pertenece… y es precisamente esta fecha la que debe ponernos  en la realidad en la que vivimos. No hay que esperar a la Semana Santa. Este debe ser el punto de partida de nuestro cambio, de nuestra conversión. Acercarnos al Portalico no para entonar villancicos maquinalmente, sino para entonar esos otros villancicos, que saliendo del corazón lleven inmersas las palabras de arrepentimiento y conversión.

 

            Fíjate lo que nos dice el evangelista: y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento. Cuando leíamos esto en clase de Religión, siempre pensábamos que malvadas personas, ven a la Virgen a punto de dar a luz y no le dejan un sitio. Pero más tarde comprenderíamos que aquellas personas nos representaban a toda la humanidad y aquellos hogares, representaba a nuestro corazón, lleno, repleto, sin un lugar para Dios. Y es que el Evangelio, no está escrito para ser leído como una novela cualquiera. Cada párrafo, cada personaje está ahí porque tiene un significado: los fariseos, el agua, el paralitico, la hemorroisa… todo tiene su significado que enlaza directamente con nosotros.

 

            A pesar de su entrega a la Cruz, por nosotros, muchos seguimos empecinados en alejarnos de su camino; de seguir haciendo una religión a nuestra medida, cortando por aquí y cosiendo por allá. Haciendo oídos sordos  aquello que no nos interesa, porque nos supone una carga pesada, o porque rompe con las normas que el mundo establece o porque es un fruto prohibido y deseo probarlo. A pesar de su entrega a La Cruz, seguimos mordiendo la manzana que nos ofrece la nueva Eva, el mundo y sus seducciones.

 

            Y por ello vino el Niño, para ofrecernos algo mejor que lo que nos ofrece la nueva Eva, un “lugar maravilloso donde ya no se sufre” que decía mi padre. Una nueva vida después de esta vida. Una vida que vino a ganarla el Niño para nosotros, para toda la humanidad. Y nos la ganó a precio de sangre y cruel pasión. Una pasión que no ahorró en crueldad, por mucho que queramos imaginarla de otra manera. Si los evangelistas la hubieran descrito en toda la extensión de la palabra, seguro que el mundo viviría sumido en una gran tristeza. Pero solo describieron aspectos que nos empujan a leerlo de forma novelada. Pero la palabra PASION ya debe inducirnos a lo que ocurrió a Jesús en aquellas horas desde su detención hasta su muerte en la Cruz.

 

            Y nació pequeño, humilde, solo, en un lugar frio. Tan solo su Madre, José y dos animalicos. Un pesebre y un establo. Fría noche, frio lugar para quien nos vino a dar el calor del auténtico AMOR. Como dijera el padre Martin Descalzo, muchos esperaban a un Rey con vestiduras no a un bebé. Tal vez le hubieran creído. Pero Jesús quiso comenzar desde el principio, como tú y yo; así darnos ejemplo desde el principio. Desde la familia, desde los amigos, desde la escuela… Los pasos que vamos a dar, los da Él primero, para poner el ejemplo de cómo hemos de actuar.

 

            En este Misterio desgranamos, en honor a María, el Padre Nuestro y las Avemarías, recordando aquel grandioso momento del Nacimiento de Jesús, desde el cual, se convierte en Corredentora de toda la humanidad. La Virgen María, escribe, pues, otra de las paginas maravillosas en la salvación del Mundo. No solo acepta ser la Madre de Dios, sino que se convierte en cosalvadora junto a su Hijo Jesús.

 

Y mientras desgranamos cada cuenta, con todo cariño hacia nuestra Madre, vamos meditando este Misterio que da comienzo a nuestra salvación. ¿Qué supone para mí la salvación? ¿Merece lo que me ofrece el mundo? ¿Merecen la pena sus sugestivos ofrecimientos materiales? ¿Qué supone para mí la Navidad?

 

 

Recibe la visita de aquellos pastorcillos, avisados por el Ángel. Y recibe la visita de tantas familias cristianas desde sus hogares que reunidos dan gracias al Niño Dios por su gesto hacia el a veces género humano. Al reunirnos las familias en torno al Portal de Belén, recordamos también la importancia de la institución de la familia que se conformó aquel día. El Niño, María y José, la Sagrada Familia, instituyen ese bien querido por Dios y que la cristiandad defiende: la familia. Institución que no debemos dejar arrebatar, ni edulcorar. No hay otra familia, sino la cristiana, conformada por el hombre, la mujer y los hijos si los hubiere.

 

Aquellos pastorcillos cuentan lo que han visto. Nosotros también haremos lo mismo. Anunciaremos la venida de Jesús a todos. Por ello, con el bautismo no solo nos hemos convertidos en hijos de Dios y hechos cristianos, sino que nos hemos convertido en catequistas; es decir, en profusores de la Buena Noticia.

 

El Nacimiento destaca el Amor que Dios tiene al mundo, los deseos de que la humanidad, entera, vuelva a su amistad. Por todo ello, su Hijo pide al padre hacerse uno de nosotros, salvo en el pecado, para ejemplificarse y enseñarnos el camino del Cielo. El Padre que nos AMA, acepta el sacrificio de su Hijo. Los profetas no habían sido escuchados: perseguidos unos, asesinados otros. Manda a su Hijo, quien para abrirnos las Puertas del Cielo muere en la Cruz. Por ti y por mí. Nadie está exento. Su sangre redentora alcanza a toda la humanidad, a pecadores y a justos, creyente o no. Desde el frio Portal de Belén, Dios nos lanza todo el calor de su AMOR y María nos acoge en sus brazos maternales, porque todos somos el fruto del AMOR de Dios.

 

Abramos pues, las puertas de nuestros corazones, en esta Navidad al Señor, desocupemos nuestros corazones de las cosas banales, superfluas, materiales. Cerremos nuestros oídos a esos cantos de sirena que nos ofrecen un mundo sugestivo, pero que nos aparta de la huella de Jesús. Ahí está a Virgen María, quien como Luna Nueva ilumina nuestro camino para que nunca nos perdamos. Tomemos esos regalos que Jesús nos deja para siempre: oración, Eucaristía y Penitencia; lo demás llega por añadidura

 

           

 

 

           

           

 

 

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