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SANTO ROSARIO

Por antonio tapia
Thursday 17 april 2014 4 17 /04 /Abr /2014 00:00

Por antonio tapia
Tuesday 15 april 2014 2 15 /04 /Abr /2014 14:07

Por antonio tapia garcia
Friday 14 january 2011 5 14 /01 /Ene /2011 10:18

            41Sus padres  íban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. 42 Y cuando tuvo doce años, subieron a la fiesta, como era costumbre. 43 Pasados aquellos días, al regresar, el niño se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. 44 Suponiendo que iba en la caravana, hicieron un día de camino buscándolo entre los parientes y conocidos, 45 y como no lo encontrasen, retornaron a Jerusalén en busca suya. 46 Y ocurrió que, al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. 47 Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de su respuestas. 48 Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre: Hijo ¿ porque nos has hecho esto? Mira como tú padre y yo, angustiados, te buscábamos. 49  Y él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre? 50 Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. (Lc 2, 41-50).

 

 

            La fiesta de la Pascua se celebra el 14 del mes de Nisan: era una fiesta de la familia. Comenzaba con la matanza  de un cordero, que se realizaba en el patio del templo. Se trataba y se trata aún hoy día de una fiesta de carácter nacional y religiosa. Si hemos dicho que comenzaba con la matanza del cordero en el patio del Templo este era un preparativo necesario; realmente la fiesta en si se iniciaba con la cena  Pascual, donde se comía en cordero que había sido sacrificado en el templo.

                                                     

            San Lucas  nos dice que Maria y José acudían todos los años a Jerusalén para la celebración de la Pascua, como sin duda muchas gentes de Palestina lo hacían ya que era  una celebración obligatoria “solo para los varones de 12 años en adelante”, por eso nos  dice que Jesús, una vez hubo cumplido los doce años acude con sus padres  a la celebración de la Pascua. A los doce años de edad era cuando se comenzaban a observar los principios religiosos.      Para el cristiano la observancia de los principios religiosos está establecida a la edad de siete años que es cuando ya se está en  uso de razón y conciencia de lo que está bien o está mal, por eso es un error ( mas de formación que de otra motivación) el echo que algunos padres consideren que el punto de partida se encuentra tras la celebración de la Primera Comunión.

 

             Pasados aquellos días, al regresar, el niño se quedó en Jerusalén, sin que lo advirtiesen sus padres. Para poder entender esto, los estudios bíblicos nos dicen que “en las peregrinaciones a Jerusalén los judíos solían caminar  en dos grupos: uno de hombres y otro de mujeres. Los niños podían ir con cualquiera de los dos”.

 

            Las mujeres en Palestina ocupaban un segundo plano; era más bien una sociedad machista. Por ejemplo, en el templo de Jerusalén había un lugar denominado: patio de las mujeres , lugar al que ellas tenían acceso y otro, mas cercano al corazón del templo, se encontraba el Patio de Israel o de los israelitas al que solo tenían acceso los hombres judíos; en las sinagogas, lugar de oración y de celebración de la Palabra, la parte  principal era para los hombres, mientras que las mujeres eran relegadas a una zona trasera de la sinagoga desde donde podían seguir las reuniones.

 

            Esta separación entre las caravanas explica el motivo por el que María y José no se dieran cuenta de la desaparición del Niño. Jesús se queda en Jerusalén. María y José suponiendo que estaba con uno de ellos no lo echan en falta hasta que “terminada la primera jornada, era el momento en que se reagrupaban las familias” para la cena y pasar la noche. María y José se angustian al ver que no estaba con ellos ni con alguna familia amiga  u otros parientes. Abandonan la caravana y vuelven hacia Jerusalén donde “al cabo de tres días, lo encontraron en el Templo” nos dice San Lucas.

 

            Al cabo de tres días Jesús resucita victorioso sobre la muerte y nos alcanza a nosotros esa promesa, que también venceremos la muerte para vivir toda la eternidad en la gloria de Dios. Nosotros también perdemos a Jesús por el pecado mortal y por el pecado venial comenzamos la andadura de poder perderlo en algún momento. María y José nos dan una lección de catequesis: nosotros también podemos  encontrar a Jesús si lo perdemos: a través de la Penitencia; también si por desidia o abandono perdemos la fe, podemos encontrarlo si con ahínco y decisión nos ponemos en camino para buscarlo. María y José nos ayudarán a reencontrarnos con Jesús. Que mejor que ellos para lograrlo.

 

            Jesús y María lo buscan por todas partes, entre amigos, entre conocidos, por los caminos de vuelta a Jerusalén, en la ciudad, atiborrada de gente... nos dan ejemplo de constancia que de seguro nos servirá como medio para que Jesús vuelva a estar en nuestro corazón y en nuestra alma. María y José podrán alcanzarnos esa virtud si se lo pedimos. No esperemos  a que pase mucho tiempo desde que tenemos la desgracia de perder a Jesús por el pecado, el riesgo de enfriamiento total del rescoldo de la fe puede apagarse, salgamos rápido en su busca, como lo hicieron María y José.

 

            Lo encontraron en el Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. 47 Cuantos le oían quedaban admirados de su sabiduría y de su respuestas. Describe San Lucas, y el padre José Luis Martín Descalzo nos dice: “ No estaba –como quisieron los apócrifos y lo han pintado los artistas-  sentado El y todos los doctores rodeándole. El evangelista sólo nos dice que estaba allí sentado “entre los doctores” (Lc 2,46), es decir, en el semicírculo que los doctores formaban y en el que solían a sentarse cuantos querían escuchar. Tampoco estaba pronunciando doctos discursos. Más bien oía y preguntaba. No era un niño prodigio, era simplemente un chiquillo especialmente agudo en su modo de preguntar y de responder. A todos asombra su claridad en los problemas bíblicos que allí se debatían”.

 

            Todos “quedaban admirados de su sabiduría” dice San Lucas. Esta frase volveremos a escucharla cuando los evangelistas nos comunican que todos cuantos escuchaban a Jesús se quedaban admirados. Jesús no hablaba de cosas raras, ni de utopías, ni de países de hadas. Jesús predicaba la Buena Nueva, los Mandamientos de la Ley... con sencillez y con ternura, con proximidad y con paciencia, de tal forma que los oyentes no sentían la presión, ni las ataduras a las que se veían sometidos cuando algunos doctores de la Ley, escribas y fariseos hablaban a las gentes de Palestina. En el Templo estaban admirados de la sencillez de aquel Niño.

 

            María y José se alegran, se maravillan cuando encuentran a Jesús. Nosotros también nos maravillamos cuando recuperamos a Jesús, cuando descargamos nuestra conciencia y nuestra alma del pecado, cuando ¡por fin! he vuelto a encontrar a Jesús al que había perdido, cuando después de mucho tiempo vuelvo a recibirle en la Eucaristía. La alegría de María y de José nos contagia a nosotros también.

 

            ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?. Estas palabras de Jesús “ afirman su voluntad de cumplir los designios de su padre Eterno”. Nosotros también hemos de estar en las cosas de nuestro Padre del Cielo a través del Apostolado al que hemos sido llamados desde la eternidad, reafirmándosenos esta llamada desde el Bautismo.

 

 

 

Por antonio tapia garcia
Wednesday 12 january 2011 3 12 /01 /Ene /2011 10:12

LA PRESENTACION DEL NIÑO JESUS EN EL TEMPLO Y PURIFICACION DE LA VIRGEN MARIA.

 

 

 

            22  Así mismo, cuando llego el día en que, de acuerdo con la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación, llevaron al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. (Lc. 2, 22).

 

            “Cuando una mujer conciba y tenga un hijo varón, quedara impura durante siete días… El niño será circuncidado en su carne al octavo día, pero ella esperará treinta y tres días para ser purificada de su sangre. No tocara ninguna cosa santa, ni entrara en el santuario, hasta que se cumplan los días de su purificación” (Lev12, 1).

 

            Tanto María como José eran fieles cumplidores de la Ley. Van a Jerusalén a cumplir con el Mandato dado por Dios a Moisés, como todos los Judíos. Esto no quiere decir, que María estuviera afectada por la impureza; ya que fue preservada por Dios, desde la eternidad, del pecado original. Pero van a cumplir la Ley. El Niño, Jesús, cumple con la Ley. De hecho, a lo largo de los Evangelios cumple con la Ley. Quiere darnos ejemplo de cómo hemos de actuar nosotros. Recordemos el pago del tributo: “Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.

 

            Nosotros, los cristianos, no somos un reducto a parte de la sociedad en la  que vivimos. Debemos colaborar en todo: Hacienda, cumplir las Leyes, en la Política, colaborar en el desarrollo de nuestra ciudad, desarrollar nuestra labor en el centro de trabajo, convivir con nuestros vecinos, con nuestras amistades… pero siempre, lo que hagamos debe estar en comunión con la Ley de Dios. Por tanto, está por encima la Ley de Dios sobre la  ley humana; es decir, que si la ley que se impone rompe algún precepto de la Ley de Dios, no podremos aceptarla. Pero entre tanto, estamos obligados, moralmente, a colaborar; no estamos por encima de la Ley, pero la ley humana tampoco está por encima de la Ley de Dios. Los gobiernos deben legislar a la Luz de los Mandamientos, en cuanto que los rompan se ponen al margen.

 

            El cristiano debe dar ejemplo en su colaboración con la sociedad. Si es motivo de mal ejemplo, sus actos afectaran a la Iglesia y además será responsable del ejemplo que otros puedan tomar de él, sea creyentes o no. ¿Por qué afecta al no creyente? Porque la Ley de Dios, está igualmente dispuesta para él, y además, el no creyente está obligado a buscar la verdad, que está en Dios. Por tanto, el no creyente será responsable de los actos malos que haga.

 

            Pero este cumplimiento, no debe quedar sometido a la letra. Jesús viene a corregir este error en el que Vivian  muchos, que nos representan a nosotros. Voy a Misa porque lo dice el Tercer Mandamiento. Mejor es, voy a Misa porque amo a Dios y por ese amor cumplo sus mandatos, por ejemplo. No defraudo, porque amo a Dios y no le amaría si rompo ese Mandamiento. Los Mandamientos son ese puente de unión entre el hombre y Dios; si rompemos uno solo, estaremos rompiendo con el Primero. No puedo amar a Dios si robo.

 

            Los padres, al Igual que María y José, deben enseñar a sus hijos en el cumplimiento de la Ley de Dios desde  la familia; luego desde la Parroquia, en el nombre de los padres, lo mismo el colegio, que actuará en el nombre de los padres y lo mismo el Estado, que no podrá suplantar la voluntad de los padres bajo ningún concepto, ni por Ley.

 

            En algunos hogares, por relajación espiritual ya no se habla de Dios. Por suerte, si los llevan a la Parroquia para ser preparados para la Primera Comunión. Aquí está la labor del Párroco y de los catequistas, quienes enseñan por primera vez que todos tenemos un Padre que es Dios. Por este motivo se han creado las catequesis de padres que tan buenos resultados han dado. Antes, de pequeños, nuestros padres nos enseñaban a rezar desde el hogar, incluso rezaban con nosotros. Y es que la familia que reza unida permanece unida. Y esto se cumple en la familia a la que pertenezco; como en tantos otros hogares cristianos, aun hoy.  No se debe perder esta costumbre cristiana, sobre todo teniendo en cuenta que los padres son los primeros catequistas de los hijos.

 

            Aquel día del nacimiento de Jesús, junto a María y a José queda establecida la institución de la familia. Y Ellos son la piedra angular donde debe establecerse la familia de hoy y de todos los tiempos. En Ellos debemos fijarnos y ser sus continuadores hasta el fin de os tiempos. La familia es una institución creada por el mismo Dios y por tanto querida, amada y bendecida por Dios. No existe otro tipo de familia, como hoy se pretende con parejas del mismo sexo, además de constituir un desorden natural.

 

            Y en aquel día recibirá el nombre, que fue dado por el Ángel a José. Se llamara Jesús, El Salvador. El Ángel ya se lo dio a María el día de la Anunciación: “Concebirás un hijo al que pondrás por nombre Jesús”.  Desde entonces, en los Bautizos los padres eligen el nombre que se impondrá a su hijo. Recordemos que será el mismo Jesús el que instituye este sacramento, que imprime carácter al cristiano, convirtiéndolo en hijo de Dios y miembro, para todos los efectos, de la Iglesia. En el Bautismo recordamos aquel día entrañable para la Sagrada Familia.

 

            En este Misterio de Gozo recordamos y tomamos ejemplo de aquel día. Seguir las huellas que nos deja es motivo de unión entre esposos e hijos de manera segura. Desde la niñez la enseñanza de los valores debe ser un hecho. Hoy, en el seno de muchas familias se ha producido una grave fractura. Echar la culpa al cambio de mentalidad de una generación a otra es una forma de eludir responsabilidades y echar una cortina de humo. La falta de unión se debe a que, en el seno familiar, no se ha cimentado esa base a partir de la oración, los valores de familia y a la idea de Dios. Otra cosa es que dentro de una familia cristiana, algún hijo tome otro derrotero, ajeno a las enseñanzas de los padres. Pero aquí aparece el papel de la Oración, que es poderosa y efectiva.

 

            Pidamos en este Misterio por la unión de las familias, como bien querido y bendecido por Dios, para que a ejemplo de la familia cristiana, otras familias se acerquen a Dios. Teniendo en cuenta que la sociedad será más fuerte y más sana, en cuanto más unida permanezca la familia y como consecuencia lograremos una Patria más unida. Debemos trabajar por recuperar el sentido auténtico de la familia que en algunos hogares se está perdiendo, amén de las leyes que en contra puedan legislarse. No hay sociedad si deja de existir la familia. Nada puede sustituirla y mucho menos las cohabitaciones que van contra el derecho natural.

 

            Que la Sagrada Familia de Belén, acompañen y bendigan a las familias del mundo y que a ejemplo de ella, se sigan educando a los hijos en los valores e ideales de Dios y de la familia.

 

 

 

 

 

Por antonio tapia garcia
Tuesday 11 january 2011 2 11 /01 /Ene /2011 10:15

 

.- EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN EL PORTAL DE BELÉN.

 

 

            En aquellos días se promulgó un edicto de Cesar Augusto para que se empadronase todo el mundo. 2 Este primer empadronamiento fue hecho cuando Quirino era gobernador de Siria. 3 Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. 4 José, como era de la casa  y familia de David, subió desde Nazaret, ciudad de Galilea, a la ciudad de David llamada Belén, en Judea, 5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. 6 Y sucedió que, estando allí, le llegó la hora del parto, 7 y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento” (Lc 2, 1-7).

 

 

            Celebramos la Navidad con alegría, por el feliz acontecimiento, el Nacimiento del Niño Jesús en Belén. Es fecha de reuniones familiares, de alegría y de tristeza también por aquellos seres queridos que ya no están físicamente, pero si en nuestra alma y en nuestro corazón. Es fecha, en la que los recuerdos se agolpan en nuestra mente, de una manera más sensible. Colocamos un pesebre en los hogares cristianos, otros rememoran la ciudad de Belén con figuras y en el horizonte una montaña con un camino, por el que llegarán los tres Reyes del Oriente a adorar al Niño.

 

            En torno a Él, entonamos villancicos el día de  Navidad; también elevamos nuestros pensamientos al Niño Dios solicitando aquellas cosas necesarias para nuestras familias, amigos… y movidos por nuestra fe, parece como si nos  transportáramos a aquella época. Y de pronto nos situamos allí, junto al Portal autentico. Vemos al Niño que ha nacido. Un Niño como nosotros, pero distinto, lleno de pureza porque no está tocado por la herencia que nos dejaron nuestros primeros Padres Adan y Eva; está dormidito, plácidamente. Lo han tapado, porque las noches allí son frías. Vemos a María, elegida para ser la Madre de Dios. Persona como nosotros, pero también distinta, tampoco fue tocada por el pecado. Pues María, habría de ser el primer sagrario donde morara el mismo Dios. María, la Virgen, es el primer sagrario, sagrario viviente. Pro además María, estaba predestinada para ser Madre nuestra. Tu y yo hijos adoptivos de la Madre del mismo Dios. Y vemos a José, callado, silencioso, mirando al Niño. ¿Comprendía ya la importancia de su papel en la Historia de la salvación de la humanidad?

 

            Miramos admirados, pero tampoco nada entendemos. Porque aun hoy seguimos sin entender en su plenitud aquel acontecimiento de Belén. Creemos, pero no entendemos. Si entendiéramos, el mundo de hoy sería otro. No habría odios, corrupciones,  y olvidos de Dios; no aceptaríamos las propuestas seductoras del mundo,  no codiciaríamos lo que no nos pertenece… y es precisamente esta fecha la que debe ponernos  en la realidad en la que vivimos. No hay que esperar a la Semana Santa. Este debe ser el punto de partida de nuestro cambio, de nuestra conversión. Acercarnos al Portalico no para entonar villancicos maquinalmente, sino para entonar esos otros villancicos, que saliendo del corazón lleven inmersas las palabras de arrepentimiento y conversión.

 

            Fíjate lo que nos dice el evangelista: y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el aposento. Cuando leíamos esto en clase de Religión, siempre pensábamos que malvadas personas, ven a la Virgen a punto de dar a luz y no le dejan un sitio. Pero más tarde comprenderíamos que aquellas personas nos representaban a toda la humanidad y aquellos hogares, representaba a nuestro corazón, lleno, repleto, sin un lugar para Dios. Y es que el Evangelio, no está escrito para ser leído como una novela cualquiera. Cada párrafo, cada personaje está ahí porque tiene un significado: los fariseos, el agua, el paralitico, la hemorroisa… todo tiene su significado que enlaza directamente con nosotros.

 

            A pesar de su entrega a la Cruz, por nosotros, muchos seguimos empecinados en alejarnos de su camino; de seguir haciendo una religión a nuestra medida, cortando por aquí y cosiendo por allá. Haciendo oídos sordos  aquello que no nos interesa, porque nos supone una carga pesada, o porque rompe con las normas que el mundo establece o porque es un fruto prohibido y deseo probarlo. A pesar de su entrega a La Cruz, seguimos mordiendo la manzana que nos ofrece la nueva Eva, el mundo y sus seducciones.

 

            Y por ello vino el Niño, para ofrecernos algo mejor que lo que nos ofrece la nueva Eva, un “lugar maravilloso donde ya no se sufre” que decía mi padre. Una nueva vida después de esta vida. Una vida que vino a ganarla el Niño para nosotros, para toda la humanidad. Y nos la ganó a precio de sangre y cruel pasión. Una pasión que no ahorró en crueldad, por mucho que queramos imaginarla de otra manera. Si los evangelistas la hubieran descrito en toda la extensión de la palabra, seguro que el mundo viviría sumido en una gran tristeza. Pero solo describieron aspectos que nos empujan a leerlo de forma novelada. Pero la palabra PASION ya debe inducirnos a lo que ocurrió a Jesús en aquellas horas desde su detención hasta su muerte en la Cruz.

 

            Y nació pequeño, humilde, solo, en un lugar frio. Tan solo su Madre, José y dos animalicos. Un pesebre y un establo. Fría noche, frio lugar para quien nos vino a dar el calor del auténtico AMOR. Como dijera el padre Martin Descalzo, muchos esperaban a un Rey con vestiduras no a un bebé. Tal vez le hubieran creído. Pero Jesús quiso comenzar desde el principio, como tú y yo; así darnos ejemplo desde el principio. Desde la familia, desde los amigos, desde la escuela… Los pasos que vamos a dar, los da Él primero, para poner el ejemplo de cómo hemos de actuar.

 

            En este Misterio desgranamos, en honor a María, el Padre Nuestro y las Avemarías, recordando aquel grandioso momento del Nacimiento de Jesús, desde el cual, se convierte en Corredentora de toda la humanidad. La Virgen María, escribe, pues, otra de las paginas maravillosas en la salvación del Mundo. No solo acepta ser la Madre de Dios, sino que se convierte en cosalvadora junto a su Hijo Jesús.

 

Y mientras desgranamos cada cuenta, con todo cariño hacia nuestra Madre, vamos meditando este Misterio que da comienzo a nuestra salvación. ¿Qué supone para mí la salvación? ¿Merece lo que me ofrece el mundo? ¿Merecen la pena sus sugestivos ofrecimientos materiales? ¿Qué supone para mí la Navidad?

 

 

Recibe la visita de aquellos pastorcillos, avisados por el Ángel. Y recibe la visita de tantas familias cristianas desde sus hogares que reunidos dan gracias al Niño Dios por su gesto hacia el a veces género humano. Al reunirnos las familias en torno al Portal de Belén, recordamos también la importancia de la institución de la familia que se conformó aquel día. El Niño, María y José, la Sagrada Familia, instituyen ese bien querido por Dios y que la cristiandad defiende: la familia. Institución que no debemos dejar arrebatar, ni edulcorar. No hay otra familia, sino la cristiana, conformada por el hombre, la mujer y los hijos si los hubiere.

 

Aquellos pastorcillos cuentan lo que han visto. Nosotros también haremos lo mismo. Anunciaremos la venida de Jesús a todos. Por ello, con el bautismo no solo nos hemos convertidos en hijos de Dios y hechos cristianos, sino que nos hemos convertido en catequistas; es decir, en profusores de la Buena Noticia.

 

El Nacimiento destaca el Amor que Dios tiene al mundo, los deseos de que la humanidad, entera, vuelva a su amistad. Por todo ello, su Hijo pide al padre hacerse uno de nosotros, salvo en el pecado, para ejemplificarse y enseñarnos el camino del Cielo. El Padre que nos AMA, acepta el sacrificio de su Hijo. Los profetas no habían sido escuchados: perseguidos unos, asesinados otros. Manda a su Hijo, quien para abrirnos las Puertas del Cielo muere en la Cruz. Por ti y por mí. Nadie está exento. Su sangre redentora alcanza a toda la humanidad, a pecadores y a justos, creyente o no. Desde el frio Portal de Belén, Dios nos lanza todo el calor de su AMOR y María nos acoge en sus brazos maternales, porque todos somos el fruto del AMOR de Dios.

 

Abramos pues, las puertas de nuestros corazones, en esta Navidad al Señor, desocupemos nuestros corazones de las cosas banales, superfluas, materiales. Cerremos nuestros oídos a esos cantos de sirena que nos ofrecen un mundo sugestivo, pero que nos aparta de la huella de Jesús. Ahí está a Virgen María, quien como Luna Nueva ilumina nuestro camino para que nunca nos perdamos. Tomemos esos regalos que Jesús nos deja para siempre: oración, Eucaristía y Penitencia; lo demás llega por añadidura

 

           

 

 

           

           

 

 

 
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