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MEDITACIONES AL EVANGELIO

Por antonio tapia garcia
Sunday 13 april 2014 7 13 /04 /Abr /2014 09:20

 

RELATOS EVANGELICOS

 

 

                La Pasión del Señor se encuentra ampliamente descrita en los cuatro  Evangelios; fue anunciada por Jesucristo; significada en el Antiguo Testamento con diversas figuras. El espíritu Santo hace notar, a través de los evangelistas como en ellos e cumplieron las profecías.

 

                Los Evangelios, están escritos por autores humanos : San Mateo, San Marcos, San Lucas (Sinópticos) y San Juan, pero el autor es el mismo Dios. Así la Iglesia nos dice : “Dios eligió a unos hombres a los que empleó usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieron por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería”. La pasión y Muerte del Señor es la narración más larga del Evangelio. Los relatos de la pasión y Muerte del señor se refieren a la realidad de su  Muerte y concluyen en el testimonio de su  Resurrección.

 

                Los Evangelios  Sinópticos inician la narración de la pasión y Muerte del señor unos días antes de la fiesta de Ázimos y de la Pascua. Esta era la  fiesta nacional y religiosa más importante de los judíos, pues en ella recordaban la liberación del pueblo de Israel, por Yavéh, cuando se encontraban esclavizados y oprimidos en Egipto. Esta fiesta se realizaba conforme a un rito: comer el cordero  pascual sacrificado la tarde anterior en el Templo. Jesús y los Apóstoles se preparan para la celebración.

 

                Durante la noche de la  Última Cena, nuestro Jueves Santo, Jesús  instituye el Sacramento de la  Eucaristía. El Evangelio recoge ese solemne momento que recoge tres verdades fundamentales a tener en cuenta :

 

1.       La Institución de la Eucaristía y presencia real de Jesús en ella

2.       La institución del sacerdocio cristiano

3.       La Eucaristía, sacrificio del N.T. o Santa Misa

 

Así pues, encontramos en este momento solemne dos momentos culminantes, la institución de dos sacramentos : el de la Eucaristía, como alimento de vida, y el de la Eucaristía como Sacrificio; y el Sacramento del Orden, por el que Jesús les da el poder de que repitan con todos lo que en esos momentos hace con ellos : Haced esto en memoria Mía...

 

Finalizada la Cena, Jesús da una enseñanza de humildad a los Apóstoles, y en ellos, a nosotros; “se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciño. Después hecho agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies”. Jesús se humilla, como lo hará horas más tardes al ser clavado en la Cruz. Esa humillación, ese anonadamiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero  Hombre, lo hace para enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a ser. Después “salió y se fue como de costumbre” a hacer oración al Huerto de Getsemaní; y nos enseña una vez más cual debe ser la actitud de para hacer oración, “puesto de rodillas oraba”. Pues de rodillas oraba describe San Lucas, quien nos describe la actitud exterior de Jesús, una actitud de humildad ante el Padre.

 

Judas, acompañado de un gentío armado de palos y espadas, entra en escena; una escena de triste. Guarecido por una cohorte de legionarios romanos, se acerca a Jesús y tras darle un beso en la mejilla, la señal de la traición, es aprendido y atado para ser conducido a la  casa del Sumo Sacerdote, Anás, quien  hará el primer interrogatorio a Jesús. En esos momentos, fuera del Palacio, reinaba un intenso frío. Pedro que había seguido de lejos al Maestro va a ser reconocido y señalado.  El miedo va a llevarle a negar al Señor una...dos...y tres veces. En ese momento Pedro recordará aquellas palabras proféticas de Jesús: “Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido”. El gallo canta y Pedro saliendo “fuera lloró amargamente  Mientras, Jesús,  en la estancia de Anás y a la espera del nuevo día será injuriado, golpeado, burlado, escarnecido.

 

Cuando nace el nuevo día, Jesús es enviado ante el Sanedrín, tal como era la costumbre Judía, ya que prohibía tratar de los asuntos importantes durante la noche. Aquí Jesús se va a dar a conocer :

 

 

                ¡ Vosotros lo decís, soy Yo !

 

 

Con esta afirmación, Jesús es condenado a muerte, aunque la sentencia estaba decidida con mucha anterioridad. Necesitaban un motivo. Pero les quedaba un paso más, confirmar la sentencia y ésta solamente la podía dar el Procurador Romano, por entonces Poncio Pilato.

 

¿Pero quien era Poncio Pilato?. Siempre nos lo han descrito como un personaje justo y compasivo; pero la historia nos lo describe de otra forma, y así un contemporáneo de  su época, Filón de Alejandría, describe como un personaje violento, autor de innumerables brutalidades, de homicidios sin proceso. Era, pues un personaje  duro y despiadado. Para Poncio Pilato la muerte de Jesús, un Galileo, carecería de importancia; para él primaba las relaciones con las autoridades judías. Roma había invadido Judea, y tenían numerosos conflictos motivados por la invasión y por parte de quienes querían ver al invasor Romano alejado de su nación. Dos rebeliones judías  se producirán años más tarde que provocaran seiscientos mil muertos la primera y ochocientos mil muertos la segunda. .

 

Jesús es conducido a presencia de Pilato, quien tras interrogarlo, dice no ver culpa alguna, que solo ve inocencia. Por lo que decide enviarlo a presencia de Herodes, hasta ese momento enemigo de Pilato. Desde ahora amigo, quien tras burlarse de Jesús, ciñéndole una túnica de color blanca vuelve a enviarlo a presencia de Pilato, quien vuelve a interrogarlo. La presión que le hacia a Pilato era muy grande : El Sumo Sacerdote, el Pueblo, Herodes, su prestigio... con intención de soltarlo, Jesús es flagelado, golpeado, burlado y coronado de espinas y presentado al pueblo “Ecce Homo” ( he aquí el Hombre). Pero cuando intentaba soltarlo, los presentes  volvieron a solicitar su muerte. Quienes ayer gritaba  ¡Hosanna! hoy gritaban ¡Crucifícale, Crucifícale!. Finalmente, Pilato accede y entrega a Jesús para que lo maten, y retirándose se lava las manos como signo de quitarse la culpa de su muerte.

 

Jesús carga con una pesada Cruz y sale al camino que lo conducirá hacia el Gólgota, con el rostro tumefacto y ensangrentado por los golpes, agotado por la larga noche, por la sangre perdida...Jesús cae hasta tres veces; otras tantas se levanta ( enseñándonos como hemos de levantarnos cuando el peso de los pecados hace que nosotros caigamos también). Durante el camino se encuentra con su Madre, María y con las santas mujeres que lloran al ver a Jesús; también la Verónica que enjuga su rostro con un paño. Al llegar al Calvario y tras quitarle el ropaje que llevaba es crucificado, pies y manos clavan a  aquella Cruz. Junto a Él estaba María, su madre, y Juan, también algunas mujeres.

 

Pese al dolor de las heridas y al dolor de la traición de muchos que hasta horas antes le aclamaban, junto al dolor de un mundo futuro que no agradecerá con amor a su Amor, Jesús sigue amando a toda la humanidad y piensa en ella. Jesús entonces se dirige a María y nos la da por Madre. Desde ese instante comienza su acción Corredentora y acción de madre hacia toda la humanidad. María acepta con agrado.

 

También uno de los ladrones que habían crucificado junto a Jesús va a recibir los frutos de la Redención: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

San Lucas describe aquellos últimos momentos de la Pasión del Señor :

 

 

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. Se oscureció el Sol, y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró”

 

Horas después cuando pasaron a comprobar si Jesús había muerto y al verlo decidieron no cortar sus piernas, como solían hacer con los condenados para adelantar su muerte. Un soldado Romano clavó en u costado una lanza, saliendo agua y sangre. José de Arimatea solicitó a Pilato el cuerpo de Jesús para enterrarlo, accediendo a ello. Nicodemo también acudió al sepulcro y llevó ungüentos para echar sobre el cuerpo de Jesús. Allí permaneció durante tres días, hasta su Resurrección.

 

 

Durante las tres horas de agonía, en las que permaneció en la Cruz, Jesús pronunció unas palabras, que conocemos como “Las Siete palabras”.

 

 

 

 

1.       Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

2.       En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso

3.       Mujer, he ahí a tu hijo...he ahí a tu Madre

4.       Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

5.       Tengo sed

6.       Todo está consumado

7.       Padre, en tus manos encomiendo Mi espíritu.

 

 

 

CAUSAS APARANTES, CAUSAS REALES DE LA CONDENA A MUERTE DE JESUS

VERDADERO MOTIVO. VALOR REDENTOR DE LA MUERTE DE JESÚS.

 

 

 

 

                Mucho antes de Jesús fuera  prendido y juzgado, primero ante el Sanedrín, después ante el Procurador Romano, Poncio Pilato, ya había sido dictada su condena de muerte.

 

                Algunos miembros del sanedrín habían venido buscando afanosamente una causa y un momento. La causa la tenían, ¡Se había declarado Hijo de Dios!. Faltaba el momento. El Padre José Luis Martín Descalzo nos describe ese momento.  Todo comienza aquel día, tras la resurrección de su amigo Lázaro:

 

                Acababa de ocurrir la resurrección de Lázaro y un grupo de sanedritas se habían reunido para plantearse el problema que este hecho acarreaba(...) Hasta este momento el Galileo Jesús se había limitado a predicar a la pobre gente. Carecía de todo influjo social. Pero ahora todo era diferente(...) Fue entonces, cuando Caifás tomo la palabra para retratarse a sí mismo en una sola frase: vosotros no sabéis nada, no reflexionáis que os interesa que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación”.

 

 Poco más tarde se producía la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Vitorees, cánticos, himnos mesiánicos, gentes con palmas, pétalos de flores en el suelo por donde iba a pasar Jesús...el  rencor crecía a cada momento. Se buscaba el momento, Pero además les faltaba el como hacerlo. Satanás pone la idea. Pare ello envenena la mente de un seguidor de Jesús, de un Apóstol; tal vez el Apóstol q                une más en duda estaba; el Apóstol que aún no se había definido totalmente: Judas Iscariote. Ya solo quedaba esperar el momento propicio

 

Un beso fue la señal que el traidor dio; treinta monedas el precio de la traición. En treinta monedas es tasado el Hijo de Dios, como también hicieran los hijos de Israel con Yavéh: 30 siclos. Una multitud de hombres debidamente armados; una cohorte de legionarios romanos, los servidores de los pontífices, de los fariseos, fueron a detener a Jesús. El trato no fue amable: lo ataron y se lo llevaron a empujones.

 

Se realizan dos procesos contra Jesús : uno de tipo religiosos, según precisaba la legislación judía; otro de tipo civil, que daba oficialidad, y era según la ley romana. Los sanedritas había determinado matar a Jesús, pero ellos no podían ejecutar la sentencia, por ello fueron a llevarlo al Procurador Romano, Poncio Pilato, que era el representante del poder político: Roma.

 

                Los miembros del  Sanedrín, indudablemente tenían miedo a que el pueblo reaccionara contra ellos, dada la popularidad de Jesús por sus obras y por sus palabras, por el mensaje de amor transmitido, por el cariño con que trataba a necesitados y marginados de aquella sociedad; por ello, buscan una causa, un motivo que a ojos del pueblo sea evidente para determinar la condena que  pensaban para Jesús, y que a su vez estuviera de acuerdo con sus leyes. Durante el proceso religioso, ante los príncipes de los sacerdotes, Jesús afirma contundentemente que es el Mesías, el Hijo de Dios, igual al Padre y en quien se cumplen todas las profecías. Muchas habían sido las acusaciones que se  habían vertido contra Jesús desde que comenzara su predicación por parte de los fariseos, de los príncipes de los sacerdotes, de los saduceos, de los escribas... pero ninguna tenia el peso especifico que motivara una fuerte condena, por ello se agarran como a un clavo ardiendo, cuando Jesús afirma que es el Hijo de Dios.

 

El juicio civil, fue una maniobra en la que Pilato se vio implicado y ante la tolerancia que tenia  Roma hacia las cuestiones religiosas y la presión que se ejerció sobre él, acabará cediendo y confirmando la sentencia impuesta por el  Sanedrín.

 

                Entre las causas aparentes podemos citar algunas :

 

Quebranto del sábado

La expulsión de los mercaderes del Templo

Los  milagros realizados

La resurrección de Lázaro

La mala interpretación  acerca de la destrucción del Templo y su reedificación.

 

 

                La causa real de la muerte de Jesús fue el declararse Hijo de Dios. “Llamarse Mesías no constituía una blasfemia; tampoco lo constituía llamarse Hijo de Dios. La respuesta  de Jesús no sólo da testimonio de ser el Mesías, sino que aclara la trascendencia de su mesianismo. Con esta confesión da pie al gesto teatral del sumo sacerdote”, que rasga sus vestiduras, gesto con el que se lleva tras si a casi todos los asistentes, “¡Qué necesidad tenemos ya de testimonios! Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”.

 

                Hasta que los apóstoles no se dan cuenta de la Resurrección de Jesús, tampoco le comprenden, como tampoco comprenden los motivos de su muerte. Aún habiendo estado al lado de Jesús, viviendo con Él durante estos años de predicación, ni le conocían y el mas claro ejemplo lo encontramos en aquellos discípulos que iban camino de Emaús “Esparábamos que el redimiera a Israel”. ¿Lo veían como un líder carismático? ¿ tal vez como a un libertador de un pueblo oprimido, como fue Moisés?. El verdadero motivo de la muerte de Jesús fue :

 

                                               LA SALVACION DEL HOMBRE

 

 

                Esta es la verdadera liberación y no aquella que pensaban los discípulos; ni aquella que pretenden hoy algunos. Jesús con su muerte salvo al hombre y lo liberó de la esclavitud del pecado, devolviéndonos así la amistad con Dios Padre. La Pasión del Señor fue el modo mas conveniente de redimir al hombre que había sucumbido por el pecado. Con su entrega amorosa, Jesús paga totalmente esa deuda que a lo largo de los tiempos el hombre había contraído con Dios, y con esa deuda que el hombre iba a seguir contrayendo, tras la muerte de Jesús. Debido a la magnitud del pecado del hombre no podía satisfacer por si a Dios, por eso, en su suma misericordia nos proporciona a quien si podía hacerlo: su propio Hijo, Jesús.

 

                Sobre la Pasión y Muerte de Jesús, podemos sacar estas consecuencias.

 

1.       Cristo por su pasión y Muerte, satisfizo por nuestros pecados.

2.       Cristo por su pasión y muerte nos libero de la esclavitud del pecado y del demonio

 

La eficacia, el valor de la Pasión y Muerte de Jesús no tiene fin, y ha llenado al mundo de paz, de gracia, de perdón, de felicidad en las almas, por esto decimos con firmeza que el valor de la muerte de Jesús tiende a la salvación del hombre, conforme a lo querido por Dios desde toda la eternidad, pero claro está, esta salvación ha de ser con la cooperación de la libertad del hombre. Este fruto de la acción liberadora de la muerte de Jesús no se hará esperar y ya desde la Cruz lo recibe uno de los ladrones : “Señor, acuérdate de mi cuando estés en Tú Reino”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SIGNIFICADO DE LA CRUZ.

 

 

                El Catecismo nos enseña que la señal del cristiano es la santa Cruz, porque en ella murió Cristo. Y es la señal de la Cruz, lo primero que enseñamos a los niños en la catequesis, a fin de que se vayan identificando con lo que va ser el sentido de su vida.

 

                Uno de los significados de la Cruz, es que en ella se ha consumado nuestra redención y es la consumación del amor que Dios tiene por toda la humanidad, y es aquí, en la Cruz, donde encuentra sentido el dolor en el mundo. El dolor, producido por el pecado, el dolor producido por una enfermedad, por un acontecimiento. Es aquí, en la Cruz, donde se encuentra la acción liberadora, como bálsamo eficaz con una mirada a la Cruz de Cristo; así actuaron los santos que nos anteceden; así actuaron los israelitas ante aquel emblema levantado por Moisés, y que tenia efectos curativos según determinará Yavéh,

 

                La Cruz es consecuencia del modo de vivir Jesús, de su opción por nosotros, los pobre pecadores, de su anuncio del  reino; una Cruz que asume por su fidelidad y amor al Padre, una Cruz que presenta la Resurrección, una Cruz inmensamente cargada de valores :

 

·         Es precio de nuestros pecados

·         Es el símbolo del amor de Jesús hacia nosotros

·         Es sacrificio y expiación

·         Es el símbolo del testimonio cristiano

·         Es signo de la liberación del hombre de la esclavitud del pecado

·         Es signo del establecimiento del Reino de Dios

 

En el  Catecismo de la Iglesia Católica, podemos leer : La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Asunción al Cielo

 

 

 

 

 

 

Por antonio tapia
Friday 11 april 2014 5 11 /04 /Abr /2014 13:00

Por antonio tapia
Wednesday 2 april 2014 3 02 /04 /Abr /2014 19:14


 

“ Sin mi, no hay nada” dice el Señor. Cuantas veces hemos probado el sabor de estas palabras, si hemos tenido la gallardía de analizar el porque de cada uno de nuestros pecados. El pecado nos aleja de Dios. Todos los pecados tienen su comienzo en una causa: la ruptura de un Mandamiento y esta coienza desde un pecado Capital: la soberbia.

¿Por qué he llegado a esta vida?. ¿Por qué he caído tan bajo?. ¿Por qué hice aquello otro?. Si nos examinamos bien, vemos que la soberbia, la falta de humildad, La ira… aparecen a la cabeza de unos u otros pecados, por ello se denominan pecados capitales, cabeza de otros pecados, que solo desaparecerán una vez rompamos con ellos. Además los pecados capitales nos hacen repetir una y otra vez en los mismos y otros pecados y solo serán vencidos si rechazamos la cabeza del pecado y nos mantenemos dentro de los Mandamientos por Dios establecidos.

Habremos de volver a Dios, poniendo voluntad de hacerlo. Las cadenas del pecado son difíciles de romper y mas si pretendemos hacerlo por nuestra propia cuenta. Es una lucha “encarnizada”, porque el enemigo común  en su lucha contra Dios por querer arrancar el alma humana acudirá a todos los ardides para retener al hombre o retardar su vuelta a Dios.

Para volver a Dios habremos de poner toda nuestra voluntad, como hiciera el hijo prodigo, cuando se vio solo y que el sólo no podría resolver su situación, sino únicamente contando con el Padre y acudiendo con el corazón verdaderamente arrepentido, “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti”.

Cuando estamos separados del Padre; cuando nos mantenemos en el pecado y se acaban las reservas espirituales nos encontraremos en la oscuridad de la que no sabemos salir o no podemos salir, porque somos como el paralitico de Cafarnaun, no nos podemos mover y precisamos ayuda, principalmente de la de Dios.

¡Sin mi nada podeis!. El paralitico de Cafarnaun preciso ayuda para su curación. Nosotros necesitamos la ayuda del Señor, si en verdad queremos curarnos. En casos se pierde a Dios de forma que no lo vemos ni en el horizonte, sin embargo el nos espera porque nos ama, porque si El nos dejara seria nuestro fin, pero por el amor que nos tiene no nos abandona y espera pacientemente a salir a nuestro encuentro.

Sin El nada podemos. Ahora, en cuaresma es el tiempo para pensar como estamos, que nos falta, que necesitamos. Proximos a la Semana Santa, debemos ver cuando es lo que dio el Señor por nosotros y que lo hizo para que se abrieran las pertas del Cielo, volviéndonos a la amistad con Padre Dios. Sin El nada podemos. 

Por antonio tapia
Tuesday 1 april 2014 2 01 /04 /Abr /2014 11:19

VENID CONMIGO Y OS HARE PESCADORES DE HOMBRES

uando arrestaron a Juan, Jesús se marcho a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio” Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente  dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron  a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él.

 

 

             Sobre todo en la época de Cuaresma, oímos con más insistencia las palabras que Jesús nos dice en el Evangelio del día: convertíos y creed en el Evangelio. O también, Convertíos y haced penitencia. No deberíamos encasillar este mandato del Señor a esa sola época; pues la conversión, el trabajo de dirigir nuestra vida a Dios se va a hacer extensivo a  toda nuestra existencia. La santidad, la perfección no se logra en la tierra; seremos santos cuando estemos gozando de Dios en su Reino, entre tanto, estaremos trabajando día a día por esa conversión que nos ha de conducir a la santidad a la que hemos sido llamados, con nuestras caídas y recaídas, pero nos levantaremos cuantas veces sean necesarias.

 

                       

 

 

Por tanto, todos los días, mientras dure nuestra vida, hasta el momento en que nuestra alma y cuerpo se separen, habremos de empeñarla en hacer producir ese talento que nos da Dios cada día. Nuestro ejemplo a seguir está en aquellos que invirtieron los talentos que recibieron, no en aquel que lo enterró para que no se le perdiera. Trabajar cada día en nosotros y trabajar en los demás, pues para todos son las palabras de Jesús y por todos derramó su sangre y padeció martirio.

 

Cada día se nos pueden presentar motivos y momentos diferentes que pueden ocasionar nuestro alejamiento de Dios; momentos que pueden no estar previstos por nosotros, por inesperados (una discusión, una contrariedad en el trabajo...); otras veces la flaqueza nos hará tambalear, dudar, caer irremisiblemente en  esta o aquella falta o en  éste o  aquel pecado. Dejar que el talento produzca, o lo que es lo mismo, dejar que la gracia de Dios actúe en nosotros, no obstaculizándola, hará  posible, que esos imprevistos momentos no nos cojan de improviso o sepamos hacerlos frente en el momento; y hará que esa flaqueza que produce el pecado, desaparezca, porque la gracia de Dios, en nuestra alma va a producir fortaleza para la lucha contra el pecado, ánimo para el camino, esperanza de conquistar ese estar junto a Dios por toda la eternidad.

 

             Para que esas palabras de Jesús, que nos dice en el Evangelio, puedan ser una realidad en nosotros es preciso que basemos nuestra vida en esa trilogía que el cristiano ha de tener presente siempre: Penitencia, como sacramento que nos limpia del pecado y nos da las gracias suficientes para luchar y  no caer en él; Comunión, como sacramento que hace que el Señor y tu se unan, fortaleciendo el  alma para la lucha diaria, haciendo que su Amor se irradie desde nosotros hacia todos aquellos que surgen en nuestro camino diario; Oración, como medio para tratar, conocer y amar a Dios.

 

             Tenemos la oportunidad, mientras vivimos, de rectificar nuestras acciones; para ello Jesús ha dispuesto el Sacramento de la Penitencia, desde el cual nos escucha, sean cuales sean nuestros pecados, sea cual sea su gravedad, sea cual sea su vergüenza, su perversidad (recordemos el claro ejemplo de la Parábola del hijo pródigo); y nos va a escuchar con la ternura de un padre que desea los mejor para sus hijos, para después tornar el rojo púrpura de nuestra alma, en el blanco de la más pura nieve, para finalmente olvidarlos para siempre.

 

             Que las palabras del Señor calen hondo en nuestra alma, y nos lleven a dar el paso acertado de iniciar desde hoy mismo el deseo firme de cambiar, de dirigir nuestra vida hacia Dios, y después dejarnos llevar por Él y nuestra común Madre, la Virgen María.

 

             También, el Evangelio del día, nos presenta dos momentos a tener en cuenta, el de Simón y Andrés, que dejando todo lo que estaban haciendo siguen la llamada del Maestro; y la de los hijos de Zebedeo, que abandonando todo, siguen a Jesús. Simón y Andrés dejan las redes; pero Santiago y Juan dejan algo más, a su padre para seguir al Señor.

 

             El Señor, puede llamarnos en cualquier momento de nuestra vida para servirle. Pero ¿a quien llama? Todos somos llamados para servirle; todos somos llamados desde el Bautismo, para que después, colaboremos con Él en la extensión del Reino de Dios en el corazón de los hombres. Dios no llama a unos si y a otros no. A todos nos llama, a unos para el sacerdocio, a otros para la vida religiosa, a otros para la vida contemplativa, a otros para servirle en las misiones, a otros para servirle dentro del mundo, desde nuestra profesión: catequistas, cuidadores de ancianos y de enfermos...proyectando en los demás aquellos carismas o dones que el Señor haya puesto en nosotros. Todos hemos sido llamados, y todos hemos de contestar al llamado del Señor, como lo hicieron aquellos Apóstoles, dejando todo: dejando algunos momentos nuestros para ponerlos a su disposición, de forma que otros puedan beneficiarse de los bienes que hemos recibido.

 

             Que la Virgen María  ilumine nuestro caminar hacia la conversión y nos guíe por el camino del Apostolado, para que sepamos transmitir con el ejemplo, con el estilo, con la palabra y con nuestras obras el Evangelio que nos ha dado a conocer a nosotros.

          

Por antonio tapia
Monday 31 march 2014 1 31 /03 /Mar /2014 11:16

SALVAR AL HOMBRE

e nuevo entró Jesús en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano seca. Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. Y dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. Y les dice: ¿es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados. Entonces mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada. Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle”.                                        

 

           Comienza San Marcos  con un nuevo episodio ocurrido en sábado,  el día del sábado era un  día de descanso absoluto y dedicado a la oración. Hoy los judíos religiosos siguen con la misma dedicación del día del sábado. Jesús va a enseñar que el hacer el bien no tiene límites; en su más amplio sentido, la vida de una persona está por encima de todo, tanto si está en peligro como si no; y esta es la doctrina que viene a enseñarnos para que nosotros la apliquemos, sea cual sea la época, las leyes de un país, la costumbre social... Tampoco, y esto está claro, que el hacer el bien no debe estar sujeto a ninguna ley ni tampoco a ninguna condición, por eso el Señor les pregunta a los fariseos, sabiendo de antemano cual iba a ser la respuesta de éstos: “¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? (MC 3,4).

 

El sentido de salvar o de perder puede  también tomarse en el del terreno espiritual, ya que una vida  puede perderse o salvarse en el modo que hagamos el bien o lo omitamos. Un alma alejada de Dios, un alma que busca a Dios, un alma que ha perdido a Dios por la causa que sea es un alma que necesita de nuestro bien, de nuestra atención, de nuestra ayuda urgente y sin dilación, por encima de nuestro tiempo personal. San Marcos en su relato nos dice que  no contestaron, pero no  por no saber qué contestar, pues siendo los escribas maestros de la Ley, sus conocimientos amplísimos les permitía saber y tener conciencia clara que Jesús tenía razón; el silencio se debe al pecado de orgullo y de soberbia que les invadía y que les llevaba al extremo de la hipocresía. Por esto Jesús se enfada, como nos cuenta San Marcos; “5 Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: “Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada” (MC 3,5), curando su mano.

 

             Un hecho notable a destacar es que  aquel hombre no se acerca a Jesús, o al menos San Marcos no nos lo describe. Es Jesús quien se acerca.  Tal vez,  aquel hombre,  si no ese día, en otra ocasión se lo hubiera pedido. Jesús se adelanta muchas veces a nuestras peticiones, aunque no se lo pidamos  en ese momento. ¿De cuantos peligros, de cuantos problemas, de cuantas situaciones no habremos salido sin la intervención del Señor con antelación a nuestros ruegos y súplicas? En esta ocasión, la acción sanadora de Jesús se realiza para enseñarnos que el bien no debe tener límite ni estar sujeto a ninguna Ley humana, de la misma forma que Dios no pone límite a hacernos el bien, hasta el punto que permitió que su Hijo, Jesucristo muriera por nosotros. También nos enseña que no debemos esperar a que salga a nosotros el necesitado, sino que nosotros, Apóstoles y soldados de Cristo, desde nuestra Confirmación, somos los que hemos de ir a hacer el bien, incluso en los momentos más inoportunos, como lo hizo el Señor: en el día del sábado. Por esto, aprovechar para indicar la importancia de este Sacramento de la Confirmación  muy devaluado en muchas personas por no darle la importancia que tiene, ya que el no recibirlo nos priva de las gracias que a través de éste se reciben y entre otras cosas que nos privamos de los dones del Espíritu santo que con el sacramento se reciben.

 

             6 Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle” (MC 3, 6). Los herodianos eran partidarios del régimen de Herodes; a la vez, eran considerados como enemigos acérrimos de los fariseos. Pero algo va a unirlos hasta el final: la persecución de Jesús.

 

             Si en los necesitados, viendo en ellos: a los marginados, a las personas que se encuentran solas, a los ancianos y desvalidos, a los desesperados que precisan de una sonrisa o una mirada de cariño... viéramos el rostro de Cristo, y aún así omitiéramos  nuestra ayuda, estaríamos haciendo como los herodianos, estaríamos viendo como perderle, como perder ese alma. Por ello es importante que, cuando leamos el evangelio, nos miremos en todas las personas y situaciones que surgen en cada página: la anciana que da limosna, los fariseos que critican que Jesús se siente con un publicano, los amigos que llevan ante Jesús al paralitico, el leproso agradecido, los leprosos ingratos… pues ello nos llevara a vernos por dentro y descubrir  situaciones de nuestra lama que tal vez no habíamos descubierto. Es importante el Evangelio, pero no podemos quedarnos sólo en él, sino reforzar su lectura con la práctica de los sacramentos: eucaristía y penitencia y ahora que nos vamos a encaminar a la Cuaresma

 

Por antonio tapia
Sunday 30 march 2014 7 30 /03 /Mar /2014 11:10

QUIERO QUEDA LIMPIO

e acercó a Jesús  un leproso, suplicándole de rodillas: “si quieres puedes limpiarme”. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por  tu purificación lo que mandó Moisés”. Pero, cuando fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes.

 

 

                                  

 

A  lo largo de los evangelios nos vamos a encontrar con un Jesús que ama con un amor inagotable; pero también nos vamos a encontrar con un Jesús que se conmueve ante la enfermedad y el dolor y ante las expresiones de fe de las muchas gentes que se le acercaban. Ahora nos encontramos con uno de los casos: “Si quieres, puedes limpiarme”. El enfermo se pone incondicionalmente en las manos del Señor. Deja todo a la voluntad del Señor. Si quieres, puedes limpiarme. Cuantas veces nos cuesta a nosotros dejar las cosas en las manos de Dios. Y el Señor le responde: Quiero, queda limpio. El Señor se rinde amorosamente ante esa expresión de fe y de humildad de aquel enfermo rechazado por la sociedad.

 

             Con la curación del leproso que nos narra San Marcos, Jesús, además de devolverle la salud al cuerpo, logra que salga de la marginación social a la que había sido sometido. Eran considerados impuros, pecadores por la sociedad del momento. El pecado es así, la lepra del alma que el Señor nos cura y nos limpia. El leproso sanado volvía a su vida normal. El Señor le devuelve todo aquello que había perdido. En cada uno de los pasajes de los evangelios debemos vernos a nosotros mismos: somos el hijo prodigo, somos los leprosos, somos los que estamos presentes en el monte de las bienaventuranzas, somos la mujer cananea que da agua fresca al Señor, somos también los fariseos, los que reciben le reciben con palmas en Jerusalén y los que vociferan contra El poco después. Cuando leemos los Evangelios nosotros estamos dentro de sus páginas. Lo que hizo  y dijo el Señor es también para nosotros.

 

             La actitud de leproso, cuando se acerca a Jesús es digna de tener en cuenta: "rogándole de rodillas" (MC 1,40). Confianza y humildad. "Si quieres, puedes limpiarme" le dice al Señor. Esta actitud de fe, que veremos en otros momentos, hará que Jesús les devuelva la salud al cuerpo y al alma.  No le dice “si puedes”, que  sería poner en duda, sino que le dice “si  quieres”, categóricamente, ¡cúrame Señor, si quieres! “se que puedes, pero no te merezco”. Aquel leproso, como el centurión, demuestran su confianza en el Señor y a la vez se acercan con la virtud que tanto le agrada:  la humildad

 

                                              

 

             Podemos observar la actuación de muchos de los enfermos que el Señor sanaba: actos de agradecimiento, publicando el bien que el Señor les había hecho. Muchas veces nos acercamos a la Penitencia y a la Eucaristía, y no somos capaces de un acto de agradecimiento, porque estábamos enfermos y nos sanó, porque estábamos hambrientos y sació nuestra hambre espiritual, porque estábamos perdidos y nos dio su luz para volver al camino, porque estábamos solos y salió a nuestro encuentro para darnos su compañía, porque estábamos ciegos y fue nuestra luz. Cada momento, incluso cada rinconcito del Evangelio, son un dato a tener en cuenta en nuestra relación  con Dios y en nuestra relación  con los demás. Leer el Evangelio, es darse cuenta de que Jesús no ha dejado un cabo suelto para salvarnos; por eso, hemos de mirarnos en el Evangelio, como si de un espejo se tratara, y luego contemplar lo que falta y lo que sobra en nosotros, para que con su ayuda lleguemos a ser como él quiere que seamos.

 

             En nuestra situación personal también debe intervenir ese deseo de querer quedar curados del pecado; ese deseo del leproso debe intervenir en nosotros, como única forma de poder quedar liberados  de esa lepra del alma que es el pecado. Haremos confesiones, buenas, porque el deseo al acercarnos es no volver a pecar, pero si nos falta esa fuerza de  querer realmente quedar sanados, caeremos una y otra vez en el pecado, tal vez en el mismo o los mismos siempre, y la causa: nos falta ese deseo ferviente de cambiar y la disposición humilde de sentirnos necesitados de la ayuda del Señor. El leproso rogaba de rodillas, es decir, con humildad, sintiéndose necesitado de la ayuda del Señor, único que puede ayudarnos a salir de nuestra situación personal.

 

 

             Aquel hombre se arrodilla postrándose en tierra (lo que es señal de humildad y de vergüenza), para que cada uno se avergüence de las manchas de su vida. Pero la vergüenza no ha de impedir la confesión: el leproso mostró la llaga  y pidió remedio. Su confesión está llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes: esto es, reconoció que el poder de curarse estaba en manos del Señor”.

 

             Como final del Sacramento de la Penitencia, el sacerdote nos impone una penitencia, que sirve para resarcir al Señor por las ofensas que con el pecado le hemos causado. El leproso queda curado, y el Señor le envía a cumplir con lo estipulado por Moisés. Nosotros cuando nos confesamos, el sacerdote nos pone la penitencia que queda definida en el CIC 1459: “liberado del pecado, el pecador debe recobrar todavía la salud espiritual. Por tanto debe hacer algo para reparar sus pecados: debe satisfacer de manera apropiada o expiar sus pecados. Esta satisfacción se llama también penitencia (…) tales penitencias ayudan a configurarnos con Cristo que, él Único, expió nuestros pecados una vez por todas

 

             El poder de curarnos del pecado está solamente en el Señor, pero en nosotros está el poder querer sanarnos; esta es la libertad de la que gozamos: si a Dios o no a Dios; y en mi libertad digo SI,  esto es, en querer ponernos en manos del Señor. “tus pecados son perdonados, vete en paz”, escuchamos de labios del sacerdote mientras nos da la bendición, “Quiero : queda limpio” dice el Señor que nos habla a través de sacerdote a la vez que desaparecen las ataduras que nos esclavizan, a la vez que vuelve la luz, que hasta el día nos parece más soleado. El Señor que nos esperaba ansioso de tomarnos en sus brazos, al vernos acercar El corre a recibirnos con la inmensa alegría de un padre que ama intensamente a sus hijos. Porque es un padre que no da por perdidos a sus hijos, es el pastor que no da por perdida a ninguna oveja de su rebaño y la busca hasta hallarla.

 

Por antonio tapia
Wednesday 26 march 2014 3 26 /03 /Mar /2014 18:16

LAS OBRAS DE MISERICORDIA

 

 

            Al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. El respondió: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

 Terminada la oración en la sinagoga Jesús va directamente a la casa de Simón y de Andrés, para ver a la suegra de éste que se encontraba enferma con fiebre. La frase es firme, en cuanto salieron de la sinagoga. Está claro que la intención de Jesús fue acudir a visitar a la enferma. Una nueva lección de catequesis, acompañada de una obra de misericordia: visitar a los enfermos. Jesús, con su lección de vida y de obras, nos va marcando el camino a seguir. El catecismo nos define las obras de misericordia como: la máxima expresión de amor hacia el prójimo. También es  la virtud de la caridad llevada a la práctica. A través de la  virtud de la misericordia la persona se entrega de una forma desinteresada hacia su prójimo olvidándose de sí mismo si fuera necesario. Son el ser sal y el ser luz que nos dice el Señor, cada día, desde el monte de las Bienaventuranzas

                                         

 

Recordemos que las obras de misericordia pueden ser corporales y espirituales:

 

Cuáles son las espirituales?

 

Enseñar al que no sabe

Corregir al que yerra

Perdonar las injurias

Consolar al triste.

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

Rogar a Dios por los vivos y  difuntos.

 

 

¿Cuáles son las  corporales?

 

Visitar a los enfermos.

Dar de comer al hambriento.

Dar de beber al sediento.

Redimir al cautivo.

Vestir al desnudo.

Dar posada al peregrino.

Enterrar a los muertos.

 

             Un hecho significativo, era sábado. En alguna ocasión Jesús va a reprender por el mal uso que se hacía del sábado. Jesús observaba el sábado, para dar ejemplo,  pero el hecho de la curación del endemoniado y de la suegra de Simón nos enseñan la importancia que para El Señor tiene la persona. El hombre es el rey de la creación, todo lo que le rodea ha sido puesto por Dios para él, para su buen gobierno.

          

             San Marcos, nos narra este hecho. ¿Existe un tiempo para servir a los hombres y otro tiempo para otros menesteres? Podríamos rezar y hacer sacrificios múltiples, pero si, como a  ejemplo de Jesús, no atendemos a los necesitados, poco fruto o ninguno habremos sacado de la oración y de la Eucaristía. Todo tiempo, todo momento es bueno para hacer el bien. Ni el tiempo, ni la ley humana pueden ni deben evitar que hagamos el bien. Por eso Jesús lo hace, y en sábado. De esta forma nos da un ejemplo claro de cómo hemos de actuar quienes queremos seguirle. Y no se queda haciendo el bien, tan solo en la suegra de Pedro, persona próxima a Él, sino que al contrario libera de las dolencias de cuerpo y alma a muchos enfermos, como nos narra el evangelista.

 

             A cada paso, el Señor nos va dando las claves de cómo hemos de actuar: llevando a otros la Buena Nueva; dar testimonio con alegría; acercarse a los necesitados; hacer el bien, incluso a aquellos que por algún motivo lo consideremos como enemigo; practicar las obras de misericordia: atender al necesitado, dar alimento al hambriento; vestir al desnudo, visitar al enfermos... De todos estos hechos, nos da ejemplo el Señor cada día en el Evangelio, para que nosotros, que hemos sido llamados a ser sus  apóstoles de hoy, actuemos igual  que Él lo ha hecho y sigue haciéndolo.

 

             También nos narra San Marcos, otro momento importante: Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Jesús se pone en manos del Padre. Jesús ora. Este hecho lo encontramos en diversos pasajes evangélicos, y no es que sólo rezara en esos momentos que quedan recogidos. Jesús hora siempre; pero esos momentos precisos que son recogidos por los evangelistas, son para dejarnos constancia de la importancia de la oración. Si Jesús que es Dios verdadero, ora: para suplicar al Padre; ora para dar las gracias al Padre; ora en forma de alabanza al Padre; ora para Ofrecerse; ora en los momentos de tristeza... nosotros, también debemos hacerlo. Esta ha de ser una constante en la vida del cristiano.

 

             La oración es  una de las bases firmes de la vida del cristiano; es el terreno firme sobre el que hemos de edificar nuestra fe, nuestra vida espiritual y nuestra vida  material.          La oración no es solo rezar el Padrenuestro, el Avemaría. Es hablar con Dios tal como hablamos con nuestros padres, contarle cosas, como nos ha ido la mañana en el colegio, en el trabajo, decirle que hemos visto un objeto que nos gusta… hablarle con confianza entera. Él lo sabe todo, pero le gusta que hablemos con El, que le contemos nuestras cosas: alegrías y preocupaciones, éxitos y fracasos. Oración es  ofrecer a Dios el trabajo de cada día bien acabado; es el estudio bien aprovechado, es la labor de la casa bien hecha, es la obediencia a los padres representantes de Dios en la familia. Pero además es celebrar con El nuestras Alegrías y nos abandonemos en sus brazos, cuando algo nos entristece, cuando algo nos ha salido mal, que nos ayudara como Padre que es. Asomémonos a las páginas del evangelio desde donde Jesús nos habla cada día y a la oración desde donde el nos escucha y habla con la delicadeza de un padre con corazón tierno de una madre, con aquella delicadeza y cariño con que hablaba a las gentes, siempre tan necesitadas como nosotros lo estamos.

 

Por antonio tapia
Thursday 13 march 2014 4 13 /03 /Mar /2014 06:42

Pero los vieron marchar; y muchos los reconocieron; fueron allá a pie desde todas las ciudades, y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, vio Jesús una gran multitud, y se llenó de compasión, porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.  Y cuando ya se hizo muy tarde, se acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar es desierto y la hora es ya avanzada; despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos de alrededor, y compren algo de comer.  Y les respondió: Dadles vosotros de comer. Y le dicen: ¿ es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?   El les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo. Y habiéndolo visto, dicen: cinco, y nces les mando que acomodaran a todos por grupos sobre la hierba verde. Y se sentaron por grupos de ciento cincuenta.   Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los daba a sus discípulos para que los distribuyesen; también repartió los dos peces para todos.  Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos.  Y recogieron doce cestos llenos de los trozos de pan y de los peces.  Los que comieron los panes eran cinco mil hombres. “Porque eran muchos los que iban y venían” (MC 6, 31).

 

Respecto a este comentario de San Marcos, se nos da una explicación posible: “Posiblemente después del paso de los Apóstoles eran muchas las gentes que querían conocer al que los había enviado, y llegaban donde Jesús”. Tal vez el rato de descanso es el corto viaje en barca, porque al llegar ya les estaban esperando. Pero Jesús no los echa, ve como están ellos y sus almas. Aquellas gentes se sienten necesitadas de esas palabras nuevas, impregnadas de un amor que no habían conocido antes y acuden a Jesús. Necesitaban un guía que les enseñara el camino. Van corriendo, nos dice el evangelista, de tal forma que llegan antes que Jesús y los Apóstoles. Jesús se compadece y atiende. Iban de todos los pueblos. Las noticias corrían como rayos: ¡sana! , ¡cura!, ¡resucita muertas!, ¡habla un lenguaje de amor jamás escuchado!... Que diferente lo que ven y oyen, a lo que han vivido. Todos corren como sedientos y necesitados. Entre aquellos vamos nosotros también a ver al Señor. “Sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas sin pastor” (MC 6,34). Cristo ve la necesidad espiritual de aquellas gentes.

 

 En las sinagogas habían escuchado las palabras de los profetas, oído las oraciones de los escribas. Pero no les llenaba, sentían que algo les faltaba. Tampoco se sentían centrados en las comunidades religiosas en las que estaban asentados. Eran demasiadas esclavitudes, demasiadas las ataduras, leyes muy rígidas... ¡falta algo!. Jesús se lo va a dar. Los acoge siempre con cariño, les retorna la alegría frente a la tristeza, la luz frente a la oscuridad, la libertad frente a las rigideces. “¡No está hecho el hombre para el sábado, sino todo lo contrario!”. Por encima de todo está el hombre. Jesús trae además la humanización de todas las cosas. Hoy pasa un tanto de lo mismo. No sabemos captar a la juventud alejada; y se aleja la que esta cercana, próxima, a nuestro lado. Muchos son los obstáculos y las rigideces

 

Muchas veces las pegas, a nuestros ojos, son superables. No entendemos a la Jerarquía en algunas de sus decisiones; la Jerarquía no entiende algunas veces nuestras posturas, que son un ardoroso deseo de colaborar con la vida de la Iglesia. El mañana, que es la juventud, debe ser alimentada con el rico tesoro del Evangelio, a nadie le cabe esa duda. Pero debe ser atraída con ese mismo cariño que Jesús nos da cada día a través de su palabra en los Evangelios, ese mismo cariño con el que él atendía. A todos atendía y a todos escuchaba: con cariño, con un AMOR con mayúsculas. Tal vez falte eso: EL AMOR. “Y se puso a enseñarles muchas cosas” (MC. 6,34). Jesús maravillaba con sus palabras. Debían estar absortos con las enseñanzas de Jesús, con aquella forma nueva de enseñar, desde la raíz, desde el mismo amor, que no depararon en la hora. Se hizo tarde. Sin embargo nadie se movía.

 

Escuchaban. La necesidad interior les hace olvidar aquella otra necesidad: la de comer. Son los Apóstoles los que advierten al Señor: “El lugar es desierto y la hora es ya avanzada” (MC 6,35). Tal vez la postura de los Apóstoles sea debida a la preocupación por la situación física del Señor, que apenas había tenido tiempo para descansar. Y tratan de convencerle para que los despida y se marchen a comer. Esta preocupación de los Apóstoles hacia el Señor, la encontraremos en algunos otros pasajes. Jesús no despide a aquellos que le habían estado escuchando, pese a la propuesta de los discípulos. Al contrario les dice: “Denles ustedes de comer” (MC. 6, 37). La inesperada contrapropuesta de Jesús a los Apóstoles debió cogerles por sorpresa, que le responden con duda y con queja: ”¿Y quieres que vayamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” (MC. 6, 37). ¿El motivo de aquella queja era porque no llevaban tanto dinero?. Tal vez a nosotros nos hubiera pasado lo mismo, que confiamos muchas veces en los solos medios humanos. ¿Los Apóstoles habían olvidado ya las indicaciones que les hiciera Jesús cuando les envió a cumplir su primera misión?. Allí les pide confianza en la Providencia del Padre, una enseñanza que ha de ser para toda la vida, que es aplicable a nosotros, elevar más los ojos al cielo y dejarnos guiar más por el Padre. Ahora, ante la propuesta del Señor se quejan. En este diálogo, como podemos leer en San Juan, intervienen Jesús y Felipe. Jesús “lo decía para probarle, pues él sabía lo que iba a hacer” (Jn. 6,6). La respuesta de Felipe es de duda y de queja: “¿Dónde compraremos pan para que coman tantos? (Jn. 6,5). Les parecía imposible, sin solución. En algunas ocasiones las misiones de apostolado nos pueden parecer situaciones sin salida posible, sin soluciones, misiones imposibles, difíciles. Desde nuestro modo humano de ver las cosas es lógico, nos pasa como a los apóstoles. Pero una cosa es cierta, ninguna misión de apostolado, en la que Dios nos coloque, es imposible.

 

Revisemos la vida de los santos fundadores, donde encontraremos la respuesta. Y aquí está la única forma de nuestro actuar: la oración frente a las planificaciones y programaciones humanas. Ponerse en las manos de Dios y poner en las manos de Dios la obra de apostolado por pequeña y sin importancia, a nuestros ojos, que sea. Se puede imaginar el aprieto en el que se encontraban los Apóstoles. Pero Jesús les sacará de él: “¿Cuántos panes tenéis?. Id a verlo” (MC. 6, 38). Tendremos que ir al Evangelio de San Juan para completar un poco más este diálogo: “Andrés el hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es esto para tantos?” (Jn 6, 9). Si echamos una mirada hacia atrás, al A.T., podremos ver en cuantas ocasiones sacó el Señor a los Israelitas de sus apuros cuando viajaban por el desierto hacia la Tierra Prometida. Ahora es Jesús quien les pone la solución a su falta de fe, a sus dudas y a sus olvidos. El texto evangélico hace mención a doscientos denarios de pan, lo que supone una cantidad elevadísima y que seguramente no podrían llevar, ya que el sueldo o el jornal que recibía un jornalero alcanzaba el denario poco más o menos. “Tomó Jesús los cinco panes y los dos peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Así mismo repartió los peces entre todos.

 

 Comieron hasta saciarse” (MC 6, 41-42). Nos enseñan que “ los mismos gestos del Señor al elevar los ojos al cielo, recuerdan a la Liturgia de la Iglesia en el Canon Romano de la Santa Misa”. Los teólogos sitúan esta escena en la primavera y en vísperas de la Pascua. “Primavera una estación que es larga en Palestina. Y a finales de enero florecen los almendros. En febrero y en marzo sigue la familia de las anémonas de todos los colores. A orillas del lago se abren sus flores; en abril, las adelfas y los nenúfares rojizos afloran sobre las aguas azuladas... Los trigales se pueblan al mismo tiempo que las amapolas...” Jesús quiere, también, enseñarnos a contar con él en todo momento, y también en cuanto comienzan a surgir las dificultades en las tareas de apostolado. Pretendemos llevar de un modo humano tareas que son de Dios. Tenemos que pensar que somos instrumentos del Señor, por lo que debemos contar con él y dejarnos guiar. Por otra parte, tener la certeza que él “aportará lo que falta”, como lo hizo en el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. La Iglesia nos enseña también con este milagro de la multiplicación de los panes y de los peces que es una refiguración de la Pascua Cristiana y del ministerio de la Sagrada Eucaristía. “Y recogieron doce cestas llenas de trozos de pan y de peces” (MC. 6,43). Podríamos decir que mientras media humanidad se muere de hambre, otra media tira y desperdicia los alimentos. Cuantas veces desperdiciamos los alimentos, malcomemos las comidas con una tranquilidad de conciencia abrumadora. Cuantas otras veces contemplamos atónitos, como en las huelgas de los agricultores se vierten cantidades de productos alimenticios a las carreteras, en señal de protesta.

 

Desde el espíritu del Evangelio, ambos ejemplos son contrarios. El evangelista quiere indicarnos dos enseñanzas, tal vez una mucho más importante que la otra. La primera el hecho de no desperdiciar los alimentos y evitar los derroches, a los que estamos muy acostumbrados. Por otro lado, la limpieza. Dejan el lugar tal como lo habían encontrado. El trabajo de los cristianos debe ser ante todo ordenado y orientado hacia Dios. El trabajo, el estudio, las labores de la casa... todo bien hecho, bien acabado, como oración a Dios. La santificación de los deberes del cristiano, es una forma mas de orar, por tanto de acercarnos a Él. Las enseñanzas del Señor no fueron exclusivamente espirituales ni morales, sino que también nos va dando las directrices de una educación en las coas y en las formas de comportamiento. Él es el espejo donde mirarnos, para aplicarlo después a todos los órdenes y aspectos de nuestra vida diaria.

Por antonio tapia
Wednesday 12 march 2014 3 12 /03 /Mar /2014 07:00

Desde que salió Jesús del palacio de Poncio Pilatos hasta la misma cima del Gólgota, seria una pendiente de mas o menos de un kilómetro. Pero a esta distancia hay que unirle que desde que fue preso, el Señor hasta que el gobernador romano lo presentó al pueblo, Ecce Homo, fueron muchas horas sin descansar, malos tratos, golpes ( puñetazos, bofetadas, flagelación…), se estudiaron hasta cerca de 300 los golpes recibidos, además de las burlas, humillaciones, insultos, injurias…

 

Si leemos los evangelios, sin pararnos a meditarlos no nos daremos cuenta real de la violencia padecida por el Señor hasta su muerte en la Cruz. Lo que mas se le acercó fue la Película de la Pasión, que a muchos les pareció exagerada. Si leemos la visión de la venerable Catalina de Emerych, e puede comprobar la violencia con la que se le trató a El incluso a su Madre, que aunque no se la golpeó, se la torturo psicologicamanete. El mismo satanás les deba fuerza  a los torturadores para que daño fuera más fuerte.

 

María junto a Juan, el discípulo amado, y otras santas mujeres le acompañaron hasta la cima del Gólgota.  No quieren separarse El, no quieren dejarle solo, como tantas veces lo esta, como tantas veces repitió D Manuel González, que fue obispo de PALENCIA.

 

Jesús es clavado en la Cruz. Los clavos son especiales, de forma que el crucificado no pudiera desenclavarse. Cada golpe es dado con una fiereza insultada, atraviesan sus manos y sus pies. Ahora tenemos que ser nosotros sus manos y sus pies y su voz, que esta agotada por las tremendas palizas y el cansancio. Si pudiéramos transportarnos en alas de la fe en aquellos momentos veríamos como sus verdugos actuaban con odio, empujados por el mismo satanás que aprovechaba el momento, pensando en salir triunfante, de tener al Hijo de Dios humillado, clavado entre dos ladrones, siendo la risa de algunos.

 

Cristo desde la Cruz nos ve a cada uno de nosotros, ve nuestra vida, nuestra respuesta positiva o negativa. No debemos pasar sin mirar la Cruz, si pensar que mi mano estuvo ahí golpeando y mi voz condenándole a muerte. Debemos mantener esa Cruz enhiesta que otros quieren borrar, para que no vean la verdad ¡Cristo, murió!, pero ¡Cristo, resucito! Ya no esta tras la piedra del sepulcro. ¡EL SEÑOR HA RESUCITADO!

 

Rezábamos en el Colegio esta bonita oración

 

¡MIRANOS! OH MI AMADO Y BUEN JESUS.

POSTRADO ANTE TU DIVINA PRESENCIA,

TE RUEGO, CON EL MAYOR FERVOR

QUE IMPRIMAS EN MI CORACON.

VIVOS SENTIMIENTOS

DE FE ESPERANZA Y DE CARIDAD

Y PROPOSITO DE LA ENMIENDA.

MIENTRAS YO, CON MAYOR AMOR

Y COMPASION, VOY CONSIDERAND  VUESTRAS

CINCO LLAGAS,

POR AQUELLO QUE DIJO DE VOS EL PROFETA DAVID:

“HAN TALADRADO MIS MANOS Y MIS PIES

Y SE PUEDEN CONTAR TODOS MI

Por antonio tapia
Monday 10 march 2014 1 10 /03 /Mar /2014 07:50

“Los soldados, una vez hubieron Crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras, hicieron cuatro partes, una cuatro partes, una parte para cada soldado. La túnica e su costura, tejida desde arriba abajo toda ella, dijeron pues entre si: no la rasguemos, sino  echemos a suertes sobre ella, para ver a quien toca”. Para que se cumplan las escrituras que dice: “se repartieron mis vestiduras y sobre mi túnica echaron a suertes”. Esto hicieron los soldados”.

 

Se cumplen las Escrituras. Juan es testigo directo. Nos lo narra con toda la claridad, incluso las horas en que se sucedieron. Todo le quitan al Señor. Pero Jesús les mira con ternura y pide al Padre que les perdone, igual que cuando estaba en la Cruz, ve a la humanidad entera que no sabe agradecer lo que esta haciendo, abrirlas puertas del Cielo, cerradas desde el pecado de Adán y Eva.

 

Los soldados se reparten las vestiduras de Cristo pero las trocean. Lo único que no rompen es la capa hecha por su madre y la echan a suertes. Parece ser que se conservo en la Iglesia de uno de los Apóstoles. Jesús lo ve desde la Cruz, como también ve, como el pecado se reparte en la humanidad. Per su sacrificio, pese a lo que afirman algunos teólogos, no ha sido un fracaso. Su sacrificio de su muerte en la Cruz, abre las pertas del Cielo, pues reconcilia a Dios con el hombre, por eso se ofreció el Hijo al Padre y demás con su resurrección, triunfo sobre la muerte y os hará triunfara nosotros. Una vez que Jesús resucito, inauguro el Cielo, y todas las almas que esperaban  pudieron entra a la Gloria de Dios para la eternidad. A muerte de Cristo o fue un triunfo de satanás, son que lo fue de Cristo.

Así todo el enemigo común tal vez con más resentimiento siga trabajando para seguir arrancando almas a Dios.

 

Tenemos todas las oportunidades del mundo para salvarnos. Jesús que os ama nos ha dejado todo para que nos salvemos, porque no quiere perder a ninguno de los que le ha confiado el Padre

Por antonio tapia
Sunday 9 march 2014 7 09 /03 /Mar /2014 00:00

Pocas fuerzas le quedan a Jesús. La sangre que brota de su cabeza por la corona de espinas clavada con fuerza, los ojos y los pómulos tumefactos por los puñetazos recibidos, le impiden ver la piedra que hay e su camino. Nadie la aparta. Jesús tropieza y cae y sobre El, la Pesada Cruz, que a lo largo del camino se irá haciendo mas pesada, por sus pocas fuerzas y por el peso de más pecados: burlas, humillaciones de los muchos que acompañan aquel cortejo hasta la cima del Calvario. Aún le queda camino por recorrer nos conoce por nuestro nombre, aun le falta por seguir sufriendo que a cada paso se lo ofrece al Padre. Ni una queja. Piensa en el Padre y en cada uno de nosotros de forma particular. Ayer era recibido de Dios, hoy, muchos le chillan, le insultan, no se acuerdan que pasó haciendo el bien: sanó, devolvió como el Hijo la Fe, siempre con cariño.

Jesús se deja ayudar a levantar. Nos da ejemplo de dejarnos ayudar. Cuantas veces la soberbia nubla nuestros sentidos e impide el paso a dejarnos ayudar. No pensamos que el intenso amor a la humanidad le da fuerzas para seguir dándonos enseñanzas de como actuar.  Nunca lo malo será insuperable: enfermedad, problemas; siempre tendremos la ayuda necesaria; nunca el tentador podrá vencernos, si aceptamos la ayuda de Dios o acudimos a todo aquello que el Señor: oración y sacramentos.

La Cruz lleva la carga de los pecados de la humanidad. Humanidad ingrata que viendo el Sacrificio del Señor por nosotros, a quienes apartando la vista de la Cruz que se alza en lo alto del Gólgota y en ella El Señor dispuesto a perdonarnos. “No hay mejor amigo que aquel que esta dispuesto a dar la vida por sus amigos”. Y Jesús lo hizo, se entrego por sus amigos, que luego íbamos a ser desagradecidos muchos.

La crueldad continuo durante su camino hacia la Cruz. Empujados por satanás,  aquellos hombres siguieron utilizando su fiereza. No sintieron compasión, sino el grupo de mujeres con San Juan y un reducido de hombres que caminaban golpeándose el pecho por lo que veían. Y no se detuvieron ni viéndolo clavado en la cruz. Satanás se creía vencedor, había logrado de ver a Cristo clavado en la Cruz y a punto de morir. Pero Cristo vino a eso a morir por nosotros para derrotar a la muerte y salvarnos de las garras de satanás. Jesús, según la visión de la venerable catalina de Emerych, Jesús llora porque ve que su sacrificio no va a tener respuesta por parte de la humanidad.

SEÑOR DA LUZ A MIS OJOS

PARA QUE CONTEMPLE CON CLARIDAD TÚ SACRIFICIO.

PARA QUE NO PASE DELANTE DE TI

SIN PENSAR QUE ESOS CLAVOS TE LOS CLAVE YO,

PARA QUE ESE COSTADO TE LO ABRI YO.

QUE TU SANGRE DERRAMADA LIMPIE MI ALMA

DE LAS HERIDAS PRODUCIDAS POR MIS PECADOS.

DEJAME SENTIR TU DOLOR QUE TE CAUSE,

DEJAME SECAR TUS LAGRIMAS QUE DERRAMASTE POR MI

QUIERO AMARTE SIN PARA DESDE HOY

Y TANSMITIR TU PALABRA HASTA EL ULTIMO ALITO DE MI VIDA

QUE MI ULTIMA PALABRA SEA: ¡SEÑOR, TE AMO!

 

Por antonio tapia
Saturday 8 march 2014 6 08 /03 /Mar /2014 00:01

Una multitud recibió a Jesús a su entrada en Jerusalén. Con las palmas, con el recibimiento que se hacia a los reyes, muchos no imaginaban que recibían a mismo Rey del universo. Este recibimiento encorajino más a sus enemigos que seguían buscando el momento propicio. Ahora, muchos de los que están a lo largo del camino hasta el Gólgota esta casi lleno de gentes que le lanzan insultos e injurias, también le seguían un grupo de hombres que permanecían callados y un grupo de mujeres, entre los que se encontraba su Madre y Juan que no se separó de Ella  ni un segundo. La acompaño hasta el pie de la Cruz.

Las mujeres se lamentaban, los seguidores de escribas y fariseos las increpaban. Jesús se paro ante ellas y le dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi, llorad por vosotras y por vuestros Hijos”. El Señor aquí profetizaba el futuro de Jerusalén. Se refería a las dos revoluciones judías contra Roma, en los que morirían cerca de un millón de judíos, sin contar los de la diáspora.

Los hombres y mujeres viendo a Jesús, subiendo hacia el Gólgota, sin fuerzas, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se golpeaban el pecho dolidos por lo que se hacia con Jesús. A lo largo de los siglos seguimos repitiendo esta acción, a  la vez que pedimos perdón por nuestros pecados. En el Confiteor: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Momentos antes de recibir la Eucarstia volvemos a golpearnos en el pecho tres veces, pidiendo perdón al Señor por los pecados y poderlo recibir con el alma limpia (Agnus Dei…). O recitando ese acto de fe: Señor, yo no soy digno de recibirte en mi alma, que son las palabras del Centurión, cuando se acercó a Jesús, para solicitar la curación de su siervo.

 

Decía san Jerónimo “nos golpeamos en el pecho, porque él es la sede de los malos pensamientos…” nos golpeamos para solicitar la limpieza de nuestro corazón.

Nos relata San Lucas estos hechos que podemos verlos con los ojos del alma. Porque  San Lucas, que además de médico, pintaba, logra dibujar en nuestra alma, cada paso de la vida pública del Jesús.

Sn las mujeres las que trataron con mas finura a Jesús, por ello se dirige a ellas en su camino hacia el Gólgota y por eso se aparece primero a las mujeres, después de aparecerse a su Madre.

Jesús consuela a las mujeres que nos representa. Jesús nos consuela por medio del Sacramento de la Penitencia. Se dirige a ellas con cariño. A nosotros también nos escucha con cariño.

 

CRISTO ME NECESITA

NECESITA TUS MANOS , PARA SEGUIR ENDICIENDO

NECESITO TUS LABIOS, PARA HABLANDO

NECESITO TU CUERPO, PARA SEGUIR SUFRIENDO

TE NECESITO, PARA SEGUIR SALVANDO

A LOS HOMBR4ES MIS HERMADOS

 

ADOAMOSTE CRISTO Y TE BENDECIMOS

PORQUE PR TU SANTA CRUZ SALVASTE AL MUNDO

 
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