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CATEQUESIS

Por antonio tapia
Saturday 15 june 2013 6 15 /06 /Jun /2013 07:06

Dios sabiendo lo que había hecho Cain, le pregunta “Cain, ¿Dónde esta tu hermano?. ¿Acaso yo soy el guardian de mi hermano?”. Mata a su hermano y con soberbia. Creo que somos muchos los caines, no porque matemos a nuestros hermanos, sino por la recarga de soberbia que tenemos muchas veces.

Vemos el sufrimiento y la muerte de muchos seres, hombres, mujeres y niños en el mundo a causa de las guerras, el hambre y las enfermedades.

¿Soy tal vez el guardian?. Cierto que muchos están muy lejos de nosotros y nos quedamos en ese no poder hacer nada. Decía un santo “donde no llegue nuestra mano, si llega nuestra oración”. Dios nos escucha.  Pero unas veces no pensamos en el sufrimiento de los demás, porque solo  pensamos en nosotros; otras veces pasamos delante de ellos volviendo la cara, o cruzamos la calle… el que mata, el que aborta, el que abusa, el que acosa…

No sabemos donde esta Abel, aunque lo tengamos al lado, porque solos nos vemos a nosotros mientras nos vaya bien las cosas ¿Acaso soy el guardian de mi hermano?. Claro que lo soy, para algo nos llamo Dios desde la eternidad; para algo conto con nosotros, por algo hemos sido bautizados, no nos llamo para ser la higuera seca, tampoco para ser el paralitico de Cafarnaun, tampoco para estar sentados en un sillón cada dia.

Hoy atravesamos una vida de sufrimiento, la crisis, muchas familias arruinadas, perdidas de trabajo, perdidas del hogar familiar, muchos paiswes en guerra, sin que la ONU se tome en serio o impida de alguna manera esa sangría; solo los intereses creados la hacen actuar, mucha gente muriendo de hambre en lo que llamamos Tercer Mundo.

Ojala cuando Dios nos pregunte por nuestro hermano, sepamos o podamos decirle ¡Si, esta conmigo!

Por antonio tapia
Friday 14 june 2013 5 14 /06 /Jun /2013 07:04

El Papa Francisco, en una catequesis, rodeado de fieles en la Plaza de San Pedro dijo que “Somos familia de Jesus”. Estas palabras nos hacen volver los ojos a aquella escena en la que Cristo, no queriéndonos dejar solos dirigiéndose le dice: “Madre, ahí tienes a tu hijo” y dirgiendose a Juan, el único Discipulo que no abandono a su Madre y la acompaño hasta el ultimo momento le dijo: “hijo ahí tienes a tu Madre”. Desde ese instante Maria nos adopta como hijos, para no dejarnos nunca. Jesus, se convierte en nuestro hermano mayor.

Su dolor era inmenso, ¿Qué había hecho de malo para merecer eso su Hijo?, pensaría Maria. El dia anterior le aclamaban, recibiéndole con honores de Rey y ahora pidieron su crucifixión. ¡Crucificale!, le llenaban de improperios.

Somos familia de Jesus. Dios es nuestro Padre y Maria nuestra  Madre adoptiva, que nos hace olvidar a Eva, que mas que madre fue madrastra, por su desobediencia nacemos cargados con el pecado original.

Debemos estar orgullosos de ser hijos de Dios y de tener una Madre que no sabría vivir sin amarnos y de repartir ese amor entre toda la humanidad. Que acertadamente, San Bernardo escribió aquella oración, “El Acordaos”, que hace que nos acerquemos a esta Madre dispuesta a ayudarnos, siendo además el camino único y seguro para llegar a  nuestro Hermano Mayor, Jesus.

¿Qué le puede negar a Maria, su hijo?. Recordemos el pasaje de laa Bodas de Canaan. No era el tiempo, aun asi, Jesus concede esa intercesión de Maria. Y Ella dirigiéndose a los sirvientes, que nos representan a la humanidad, les dice HACED LO QUE EL OS DIGA.

“Pedid y se os dara”, “Buscad y hallareis”, nos dice Jesus. Jesus queda en el Sagrario y además nos deja a Maria.

 

Por antonio tapia
Wednesday 22 may 2013 3 22 /05 /May /2013 16:57

Sabemos que nuestra vida aquí no es eterna, que llegaría en el que Dios nos llamara a su presencia. Para algunos, todo se acaba aquí, después no hay nada. Otros sabemos y creemos por la fe, que después gozaremos de la Gloria de Dios, entre tanto llega ese dia transmitimos la Buena Nueva de palabra y obra, para que aquellos que nada esperan si esperen y puedan disfrutar de la Gloria de Dios.

¿Qué son los novísimos?. La Iglesia los define como “ las realidades posteriores a la vida de la persona”; también son “los últimos acontecimientos que sucederán a todos al fin de la vida”, con lo que después detrás de la muerte se sucederán  una serie de acontecimientos que determinaran nuestra eternidad.

Los novísimos se les conoce también con el nnobre de “postrimerías” y estas son en este orden: muerte, juicio, infierno y gloria, son dos pasos que determinaran en la gloria, o el goce de Dios para toda eternidad, y el infierno, o castigo o privación de Dios para la eternidad.

La muerte, se define como “ la separación del alma del cuerpo”, el alma inmortal se separa del cuerpo corruptible; el cuerpo que recibe enterramiento y el alma que al instante recibe el premio o castigo por medio del Juicio Particular.

Este Juicio Particular se produce en el mismo instante de la muerte ante Jesucristo, en donde seremos examinamos tanto de las acciones como de las  omisiones, de hechos y de palabras. Este juicio “Es Dios mismo quien con sentencia inapelable determina el premio o castigo”. Esta es una verdad de Fe que debemos creer. Por lo que esa teoría de que disponemos de media hora para nuestro arrepentimiento no es cierta ni esta aprobada por la Iglesia ni es verdad de fe. Por ello, debemos estar preparados no sea que el “novio” nos pille como a las vírgenes necias, sin preparar y nos cierre la puerta. La media hora de la que hablan algunos teólogos es incierta; dispongamos del sacramento de la unción.

Quitemos ese error que se asusta el enfermo al ver al sacerdote para la administración del sacramento. Ayudemos al enfermo, si es peligro de muerte en el que se haya y hagamosle el mejor regalo que podamos hacerle con la administración del Sacramento de la Uncion.

Es importante leer el Catecismo, pues en muchos casos olvidamos datos muy importante. Hoy casi no se habla en las catequesis de los novísimos.

Hacer un apunte sobre el Limbo donde la Iglesia nos hace el siguiente apunte: la filantropía misericordiosa  de Dio, que puede actuar  la salvación en esos niños (los que mueren sin bautizar) por otras vías distintas del bautismo pero con los mismos efectos propios de todo encuentro salvador con Cristo: quedan (libres del pecado original y pueden acceder asi a la  visión de Dios, pueden entrar en el Cielo”. Ponemos el ejemplo de los niños abortados que no reciben el bautismo y que están con  el pecado original. Dios de alguna manera les quita ese pecado original y pueden gozar de el. Me atrevería a catalogarlos de mártires.                                                                                                                 

Por antonio tapia garcia
Thursday 28 january 2010 4 28 /01 /Ene /2010 23:56
san pedro

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marcho a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio” Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente  dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron  a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él.

 

 

                Sobre todo en la época de Cuaresma, oímos con más insistencia las palabras que Jesús nos dice en el Evangelio del día: convertíos y creed en el Evangelio. O también, Convertíos y haced penitencia. No deberíamos encasillar este mandato del Señor a esa sola época; pues la conversión, el trabajo de dirigir nuestra vida a Dios se va a hacer extensivo a  toda nuestra existencia. La santidad, la perfección no se logra en la tierra; seremos santos cuando estemos gozando de Dios en su Reino, entre tanto, estaremos trabajando día a día por esa conversión que nos ha de conducir a la santidad a la que hemos sido llamados, con nuestras caídas y recaídas, pero nos levantaremos cuantas veces sean necesarias.

 

Por tanto, todos los días, mientras dure nuestra vida, hasta el momento en que nuestra alma y cuerpo se separen, habremos de empeñarla en hacer producir ese talento que nos da Dios cada día. Nuestro ejemplo a seguir está en aquellos que invirtieron los talentos que recibieron, no en aquel que lo enterró para que no se le perdiera. Trabajar cada día en nosotros y trabajar en los demás, pues para todos son las palabras de Jesús y por todos derramó su sangre y padeció martirio.

 

Cada día se nos pueden presentar motivos y momentos diferentes que pueden ocasionar nuestro alejamiento de Dios; momentos que pueden no estar previstos por nosotros, por inesperados (una discusión, una contrariedad en el trabajo...); otras veces la flaqueza nos hará tambalear, dudar, caer irremisiblemente en  esta o aquella falta o en  éste o  aquel pecado. Dejar que el talento produzca, o lo que es lo mismo, dejar que la gracia de Dios actúe en nosotros, no obstaculizándola, hará  posible, que esos imprevistos momentos no nos cojan de improviso o sepamos hacerlos frente en el momento; y hará que esa flaqueza que produce el pecado, desaparezca, porque la gracia de Dios, en nuestra alma va a producir fortaleza para la lucha contra el pecado, ánimo para el camino, esperanza de conquistar ese estar junto a Dios por toda la eternidad.

 

                Para que esas palabras de Jesús, que nos dice en el Evangelio, puedan ser una realidad en nosotros es preciso que basemos nuestra vida en esa trilogía que el cristiano ha de tener presente siempre: Penitencia, como sacramento que nos limpia del pecado y nos da las gracias suficientes para luchar y  no caer en él; Comunión, como sacramento que hace que el Señor y tu se unan, fortaleciendo el  alma para la lucha diaria, haciendo que su Amor se irradie desde nosotros hacia todos aquellos que surgen en nuestro camino diario; Oración, como medio para tratar, conocer y amar a Dios.

 

                Tenemos la oportunidad, mientras vivimos, de rectificar nuestras acciones; para ello Jesús ha dispuesto el Sacramento de la Penitencia, desde el cual nos escucha, sean cuales sean nuestros pecados, sea cual sea su gravedad, sea cual sea su vergüenza, su perversidad (recordemos el claro ejemplo de la Parábola del hijo pródigo); y nos va a escuchar con la ternura de un padre que desea los mejor para sus hijos, para después tornar el rojo púrpura de nuestra alma, en el blanco de la más pura nieve, para finalmente olvidarlos para siempre.

 

                Que las palabras del Señor calen hondo en nuestra alma, y nos lleven a dar el paso acertado de iniciar desde hoy mismo el deseo firme de cambiar, de dirigir nuestra vida hacia Dios, y después dejarnos llevar por Él y nuestra común Madre, la Virgen María.

 

                También, el Evangelio del día, nos presenta dos momentos a tener en cuenta, el de Simón y Andrés, que dejando todo lo que estaban haciendo siguen la llamada del Maestro; y la de los hijos de Zebedeo, que abandonando todo, siguen a Jesús. Simón y Andrés dejan las redes; pero Santiago y Juan dejan algo más, a su padre para seguir al Señor.

 

                El Señor, puede llamarnos en cualquier momento de nuestra vida para servirle. Pero ¿a quien llama? Todos somos llamados para servirle; todos somos llamados desde el Bautismo, para que después, colaboremos con Él en la extensión del Reino de Dios en el corazón de los hombres. Dios no llama a unos si y a otros no. A todos nos llama, a unos para el sacerdocio, a otros para la vida religiosa, a otros para la vida contemplativa, a otros para servirle en las misiones, a otros para servirle dentro del mundo, desde nuestra profesión: catequistas, cuidadores de ancianos y de enfermos...proyectando en los demás aquellos carismas o dones que el Señor haya puesto en nosotros. Todos hemos sido llamados, y todos hemos de contestar al llamado del Señor, como lo hicieron aquellos Apóstoles, dejando todo: dejando algunos momentos nuestros para ponerlos a su disposición, de forma que otros puedan beneficiarse de los bienes que hemos recibido.

 

                Que la Virgen María  ilumine nuestro caminar hacia la conversión y nos guíe por el camino del Apostolado, para que sepamos transmitir con el ejemplo, con el estilo, con la palabra y con nuestras obras el Evangelio que nos ha dado a conocer a nosotros.

          

 

 

         

 
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