HOMENAJE

Por antonio tapia garcia
Saturday 6 march 2010 6 06 /03 /Mar /2010 00:02



el crucero baleares con su caracter stica visera

El 6 de marzo de 1938 caía por impactos, en el pañol de municiones y el puente, tras el lanzamiento de 12 torpedos salidos de los destructores de la escuadra roja, de las hordas de los sin Dios, de aquellos que pretendieron matar la fe a base de asesinatos, paseíllos y ejecuciones en las cunetas por dos motivos: AMAR A DIOS Y AMAR A  ESPAÑA. Y estos hechos no aparecen  en la memoria histórica que ha creado el señor Zapatero, y ni estos crímenes contra la humanidad son investigados por el señor Garzón. Por algo será, porque no quieren que salga a la luz del mundo los salvajes crímenes realizados por las hordas republicanas.

 El resultado del ataque, fue la muerte de 788 hombres, con sus mandos; de los que hay que decir que no abandonaron la nave, y que  prefirieron morir antes que dejar a los hombres que  heridos no podían abandonar el barco. El honor y la dignidad volvían a poner un broche de oro sobre la bandera roja y gualda, teñida por la sangre de los héroes que a lo largo de la historia de nuestra nación, la han defendido a costa de sus vidas, por su Fe,  grandeza y unidad.

Hoy se les ha llevado  al más triste de los olvidos, porque ya no se habla de honor, ni de grandeza, ni de héroes, ni de una España grande, ni de Patria. Todas las gestas se han borrado de los libros de historia por los nuevos próceres; todo parece haber quedado obsoleto en el alma para las nuevas generaciones. Ahora escriben la historia con otros lápices que no hablan ni de  valores, ni de dignidades.  Todo parece haberse tirado por la borda, dando paso al culto al villano, al que desune, al que traiciona a España con sus soflamas independistas, al que procura con sus políticas llevar a España a los últimos lugares en el concierto de las naciones.

flechas navales y bastarreche


El 6 de marzo de 1938, sigue patente pese a quien pese, en los corazones de muchas familias que vivieron trágicamente aquel día. Y se volverá a recordad otra vez, cada año, porque el honor es la divisa del buen español, el que siente a España dentro de su alma y el que defiende la Fe en la que nació, el que siente su unidad y grandeza y el que recuerda a cada caído en defensa de España en toda su historia.

Ya no se recuerda a nuestros muertos o se les mezcla con aquellos que empuñaban sus pistolas en las cunetas o las bombas incendiarias contra las iglesias, o aplicaban hasta la muerte las torturas en las chekas y hasta se condecora o se paga los atrasos a quienes dirigieron el desaguisado que terminó en el Alzamiento Nacional con el único objetivo de devolver a España la paz y el orden que la republica la había sustraído.

Aquel día murió por Dios y por España mi hermano Manuel García Marín, formando hoy parte de la grandeza de España que llevamos en nuestro corazón muchos españoles, es un lucero más que ilumina nuestra nación, esos luceros que este gobierno trata de apagar, queriendo dar paso a otros que pretendieron sembrar  a España  la oscuridad de los sin Dios. Que sepa la Marina Española, ayer con un corazón tan patrio, que si ella llega a olvidar a sus hijos caídos, somos muchos las españolas y españolas que con honor los recordamos y recordaremos hasta la eternidad. ¡Honor y honra nuestros muertos!


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Por antonio tapia garcia
Sunday 27 december 2009 7 27 /12 /Dic /2009 00:43

(a mi madre columna vertebral de la familia)

 

Recuerdo aquellas navidades en las que nos  reuníamos, alrededor de nuestros padres (que como en todo hogar cristiano representan a la Familia de Nazaret) en Valladolid, luego en Madrid, después en Villacisneros y finalmente aquí, en Tenerife) los 8 vástagos que éramos, cuatro chicos y cuatro chicas, ellas en medio, que tantos sacrificios y abnegaciones les hemos costado. Momentos de alegrías, muchos; pero también la tristeza ha rondado, amarga tristeza que nunca uno desea que llegue. El camino, cuando menos lo esperas se hace tortuoso y de espinas; el dolor se hace agudo y se clava muy hondo y no se cura, la única medicina es la fe que te hace mantenerte erguido.

Si volviera  a nacer, pediría al Señor, si me concediera esa oportunidad, el poder gozar nuevamente de los mismos padres y de los mismos hermanos. Siempre he tenido este pensamiento, para poder corregir los errores cometidos: rabietas, malos modos, ser buen estudiante, darles menos disgustos…  Que en estas fechas se pasean con más claridad por la mente.

En aquellas navidades, siempre mi padre y mi madre ponían el Belén tradicional: sus figuras, con sus puentes, su rio de papel plata, los pastores, el poblado, el paisaje y de lejos los tres reyes magos con sus pajes, a quienes faltaba mucho para llegar. Algunos villancicos, luego manos a la obra: los canapés que los hacían ellos con todo esmero, luego  los turrones. Pero estos últimos tenían una particularidad, pues nos hacían cucuruchos donde metían una serie de turrones que nos duraban hasta el día siguiente, que volvíamos a rellenarlos.

Qué bonito todo aquello, queda clavado en el alma. Imprimían carácter las navidades, como si de un sagrado sacramento se tratara. Navidades de Valladolid que veías la nieve caer a través de los ventanales del balcón, blanca, pura como las enseñanzas que nos daban, que no se olvidan pues se mantienen firmes y recias. Después a la Misa del Gallo a los Agustinos todos juntos y vuelta a casa despacio. El padre Vara que se hacia una ralla al peinarse muy particular, el padre Teófilo, que fumaba y alguna tarde vino por casa. Algunas veces jugaba con mi hermano en la gran imprenta que tenia. Recuerdos vivos

Hoy mi padre y Margarita se reúnen con nosotros, desde el cielo, en las cenas de Navidad. Porque aunque estén gozando de la Gloria, Dios no permite que nuestros seres queridos marchen definitivamente. Siguen a nuestro lado, siguen presentes. La unión familiar no se rompe con la muerte, es un consuelo que un día nos reunamos otra vez todos para la eternidad, sino la importancia de la familia seria pasajera.

Ahora preside nuestra madre, que con la procesión por dentro y aguantando el dolor del recuerdo de nuestro padre y hermana, se sienta a la mesa rodeada de sus hijos los días principales: Noche Buena, Navidad y Año Nuevo, porque no quiere que se pierda la tradición convertida hoy en la espina dorsal de la familia. Siguen los tradicionales canapés, y particularmente yo me hago alguna vez aquel cucurucho donde dejo caer algún turrón, algún polvorón que sean el recuerdo de aquellas Navidades tan maravillosas y llenas de ilusión.

Y es que la navidad es además de celebración del Nacimiento del Niño Dios, es ilusión y refuerzo del sagrado ministerio de la familia, que recordamos día a día, en la unión, a aquella otra que se formó en un humilde Portal en Belén. La Navidad es el refuerzo: de la Familia, de la grandeza de la Familia, a la que Dios bendijo con el Niño, con María y con José. La ilusión de ver a los que están lejos, de sentir a los que ya no se sientan a nuestro lado, pero que están presentes, la ilusión de reforzar el cariño y el calor de los seres queridos, la ilusión de ver como esa unidad que creció alrededor  de los padres, continua hoy alrededor de la madre, pilar fundamental sobre la que se sustenta la familia. Que no queden los recuerdos aquí sin un párrafo de gracias en nombre de todos. ¡Gracias mamá, por estas Navidades!


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Por antonio tapia garcia
Monday 14 december 2009 1 14 /12 /Dic /2009 00:06

( a Idaira, Mercedes, Pilar, Nieves, Moneyba, Laura e Iris de aquel grupo de Comunión)

“nadie tendrá disculpa/diciendo que cerrado/

 

Halló  jamás el cielo/si el cielo va buscando.

 

Pues Vos, con tantas puertas/en pies, manos y costado,

 

Estáis de puro abierto/casi descuartizado.

 

 

      Hubo una vez un joven enamorado que fue a visitar un día a su amada. Llegó con el corazón palpitante, rebosante de alegría hasta la puerta de su casa. Una vez allí, llamó suavemente. Desde dentro se oyó una voz:

-          ¿Quién es?

     Soy  yo (respondió el joven enamorado)

Pero al momento todo se hizo  al silencio y la puerta no se abrió. Pasaba el tiempo y nadie le abría. Poco  a poco, el  joven se fue  impacientando hasta que, pensativo, decidió retirarse.

¿Por qué su amada no le abrió la puerta?. Se preguntaba una y otra vez. ¡Serán los misterios del amor! ¿Por qué no le abría?. Tal vez no ha reconocido mi voz, se decía. Tras larga reflexión, el joven vuelve a llamar. Y otra vez escucha aquella pregunta:

-          ¿Quién es?

-          Soy   (respondió el joven enamorado). Y sólo entonces la puerta se  abrió

Aquel 25 de mayo, día soleado como corresponde a esas fechas en nuestra Isla, siete niñas, de cuarto de E.G.B., del Colegio de Pureza de María de Santa Cruz, se acercaban al altar de la Parroquia de San José para recibir al Señor por primera vez en sus almas. En sus rostros se dibujaba una sonrisa de alegría. Sus ojos estaban fijos en las manos del sacerdote, D Luis portando el Cuerpo del Señor, quien las esperaba desde la eternidad. Poco a poco, una a una: Idaira,... Pilar,... Mercedes,... Nievitas,... Moneyba,... Laura,... Iris,... contestaban, por primera, vez a las palabras del sacerdote:”El Cuerpo de Cristo:    ¡Amén!” respondían. Una a una, y así  iban consumando ese abrazo tan esperado de Amor con el  Señor, Jesús. Una a una, iban uniendo  sus vida para la eternidad a la del Salvador.

Quedaban  atrás  dos años de preparación y de convivencia; donde paulatinamente fue creciendo una amistad que ha llegado a instalarse en los corazones de las niñas y del catequista. Una amistad que, para mí, va a perdurar durante mucho tiempo, toda una eternidad. Pero ahora, tras ese día memorable, ya no sólo  nos une aquella amistada que  fue naciendo, creciendo, solidificándose; ahora nos une  también Jesús, que habita en nuestras almas desde aquel 25 de mayo. Quedan atrás meses de esfuerzo y de sacrificio, más para las niñas que para el propio catequista. Pues confieso sinceramente que he podido trabajar con plena comodidad dentro de este grupo impresionante, cimentado sobre un terreno de fe ya abonado y laborado, bien moldeado, no sólo por quienes llevan a cabo la acción educadora en el Colegio en el que se preparan, que es de auténtica garantía en todo lo que atañe a la formación religiosa y humanística; si no  porque he podido observar, con gran satisfacción, la exquisita  colaboración familiar, tanto en la iniciación  del despertar religioso, como en los valores educativos, tan necesarios hoy día, que han ido recibiendo no sólo estas niñas, sino el resto del grupo que he tenido la infinita dicha de dirigir. Y es que cuando la familia se convierte en el primer núcleo de la catequesis, es muy difícil  que esos valores que van aflorando y afianzándose en sus almas se puedan destruir, a pesar de que gran parte de lo que  rodea hoy a esta  sociedad no ayude lo más  mínimo al mantenimiento de los valores de los que es poseedor cada persona.

Ahora, queridas niñas, está  comenzando una nueva etapa para vuestra joven vida. Desde ahora hemos de ser, tanto vosotras como yo, igual que  el joven enamorado de la parábola, que llama a la puerta de su amada con insistencia, y no cesa de  hacerlo hasta que logra que la puerta se abra de par en par. Pero nuestro enamoramiento ha de ser diferente, de Jesús. Buscadle en todo momento; llamadle y pedidle, con insistencia, sin miedo, sin temor a ser reiterativos: una y otra vez. Podéis estar seguras de que a Él le agrada la insistencia, y también podéis estar seguras de que Él siempre os va a escuchar. Dadle  todo aquello  que más le agrada: la  mejor cosecha de vuestras acciones (el estudio, la ayuda en casa, la obediencia a los padres, la ayuda a los demás...), y todo esto adornado por una Comunión frecuente (por lo menos los sábados o domingos), y reforzado por la  Oración, que embellece  nuestras obras y nuestra relación con Dios; y, claro está, sin olvidar acercarnos con frecuencia al Sacramento de la Penitencia que limpiará nuestra alma de aquellas faltitas que la deslucen. Y todo esto para ser  unos con Jesús. ¡Señor¡ ¡Soy Tú!

Desde aquel pasado día 25 de mayo, mis queridas niñas, nuestra alma ha cambiado mucho, ahora es más importante. Ahora ya somos como los sagrarios de los templos, en donde Jesús permanece esperándonos (a veces ¡tan sólo!) para que lo visitemos, para que nos acordemos de Él, para que acudamos a pedirle cosas, a contarle nuestras alegrías y nuestras penas, para pedirle consejos. Pero, eso sí,  somos unos sagrarios muy especiales, porque somos sagrarios vivientes, ya que  cada vez que le recibimos en el  Sacramento de la Eucaristía, Jesús pasa a vivir  en nuestra alma, quedándose junto a nosotros, al calor de nuestro corazón, y ahí permanece sin marcharse, mientras nuestra alma mantenga esa pureza e inocencia que solo tenéis  vosotros los niños.  Ahora podemos decir con más fuerza, con toda la alegría de nuestra alma, vosotras y yo, y los tantísimos  que le reciben en todo el mundo, aquellas palabras del joven enamorado: “ ¡Señor!  ¡Soy  Tú! ; Porque ya formas parte de mi vida”.

¡Ahí tenéis a Jesús!  Para siempre a vuestra disposición. Para eso se quedó junto a nosotros hasta el final de los tiempos. Y su presencia en el Sagrario  no es como si se tratara de un cuadro colgado en la pared para que lo  podemos observar  de una manera pasajera, o de una imagen inmóvil, o de algo que representa a Jesús. Como dijo el sacerdote, está ahí realmente, verdaderamente (en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad), a vuestra entera disposición. Y se trata del   mismo Jesús que anduvo con los Apóstoles, el mismo que pasó haciendo el bien, curando enfermos, dando  el don de la  fe  a todos  aquellos  que junto a Él pasaban. Y está ahí haciendo lo mismo, curando, dando alegrías, devolviendo la fe a quienes la  han perdido... Y está ahí, también,  para escucharos a vosotras y a mí.

Os acordáis de aquel pasaje de la Navidad, cuando María y José buscaban posada. Llamaban puerta tras puerta sin que nadie les escuchara, sin que nadie les resolviera el problema del alojamiento, y María iba a dar a luz, faltaban pocas horas. En muchas almas ese día de “Navidad” se repite casi cada día. Jesús llama a la puerta del corazón  de los hombres   y muchas veces no le escuchamos, no le abrimos nuestro corazón, le cerramos las puertas y Él se queda  afuera, en el  sagrario, sólo, en la frialdad de este mundo. Ahora, vosotras y yo podemos abrirle nuestro corazón para que pase el Señor. Abridle con esa sonrisa que os caracterizó durante el curso y que también me conquistó a mí. Pedidle mucho, pero también, no lo olvidéis,  por vuestros padres que han hecho posible que esa unión con Jesús pueda ser un hecho, y también  por vuestras religiosas, que también os han acercado a Él con sus enseñanzas precisas.

Poco más que deciros. Gracias por vuestro cariño y por vuestro excepcional comportamiento. Gracias a vuestros padres por su comprensión, pues ellos también merecen su buena calificación en este curso de catequesis, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones los catequistas no entramos en sintonía con los padres. Pero esta vez, me siento feliz. Esperaba mucho de vosotras, por eso os elegí cuando supe que algunas  niñas de la Pureza de María venían a nuestra Parroquia; y esta esperanza que tenía en vosotras sin conoceros la habéis superado con creces. Os felicito, porque  además habéis dejado muy alto el  pabellón de vuestro Colegio. Nuestra Fundadora, Madre Alberta estará muy contenta con vosotras, pues como mucho amaba a Jesús, le agradará que sus niñas, vosotras, también le améis y le recibáis.  “Unámonos a Jesús... trabajemos únicamente por Él, abrazadas  con su Cruz y alcancemos la corona” decía Madre Alberta. Seguid así.

Que Dios, La Virgen y Madre Alberta os bendigan y os acompañen siempre, en unión de vuestras familias. Vuestro catequista y amigo que os quiere para siempre. Antonio

 


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Por antonio tapia garcia
Sunday 29 november 2009 7 29 /11 /Nov /2009 07:22

                   (A  Margarita mi hermana cuya vida hecha oración, generosidad y entrega debe ser el camino y la fuerza para no abandonar)

  

Hablar en este tiempo, en que el descreimiento parece ser el estado predominante del hombre, sobre los ángeles, el cielo, los milagros o de la existencia misma del infierno  puede resultar chocante y hasta trasnochado para quienes los consideran hechos latentes del subconsciente humano y que el hombre religioso solo los utiliza según su estado de necesidad. Pero lo cierto es que por muy modernos y avanzados que sean los pensamientos del hombre de hoy, hay unos hechos que son inmutables e incuestionables, por ser verdad revelada en las Escrituras bajo la acción del Espíritu Santo. Otros, los milagros, apoyan la doctrina de la verdad revelada o confirman la autoridad de un enviado de Dios.

 

Pero no es de los ángeles de los que quiero hablar; esos seres espirituales, cuya misión es la de servir a Dios en sus planes salvíficos u otros de tipo especifico, tales como de ayuda, intercesión y defensa del hombre, propio de los ángeles custodios. Mi pensamiento está aquí abajo, en la tierra, junto a esos hombres, mujeres, jóvenes y niños de bien que con sus obras y ejemplo han marcado una huella a seguir en su caminar por el mundo. Cuántas veces el hombre levanta pedestales a éste o aquel prócer de las ciencias, de las letras, las artes... y con qué facilidad olvidamos a quienes cruzándose en nuestro camino, viviendo en nuestras vidas han  dejado el sello de la bondad, de la paz, de la alegría, de la fragancia de la fe, el perfume del amor a Dios y hasta quizás aquella sonrisa que, sacando fuerzas de flaqueza, nos brindaron con todo el amor del mundo.

 

Estos son los ángeles humanos a quienes deseo recordar en alta voz, como homenaje particular, y en el mismo, acoger a esas gentes de bien que alegran un poco la cara de este mundo triste. Son ellos, y tantos más, la confirmación, hecha realidad, de que el hombre, en tanto que cumple la voluntad de Dios, participa activamente en sus planes de salvación hacia la humanidad y además son el testimonio que da vida a la Iglesia de Cristo.

 

"¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? Ellos respondieron: Podemos " (Mt 20,22). Ciertamente, nes han probado el cáliz  del Señor no precisan de pedestales humanos, ni de aclamacions públicas. Ellos, con toda certeza, lo tienen y muy alto. Ahora nos preceden en la gloria del Padre y donde " enjugará Dios toda lágrima de sus ojos " (Ap. 21, 3).

 

Margarita, mi hermana, es para mí uno de esos ángeles humanos que con su vida ha demostrado cual es y donde está su verdadero sentido. Es también la aplicación del Evangelio desde cuyas páginas se desprende que al igual que Cristo hemos de cargar con la Cruz. ¿Sufrimiento? ¿Tristeza? ¿Dolor? ¿Preocupaciones? Ya lo creo que las tuvo y sin exagerar de gravedad extraordinaria; la práctica de la fe, la esperanza de un día poder ver el rostro de Dios cara a cara, el desarrollo del trabajo de cada día, y la del espinoso camino del dolor, del sufrimiento y de la contrariedad que ejemplarmente tradujo al lenguaje autentico y único de la fe : Fíat ! ( ¡ Hágase ! ), con alegría, con paz ,con un desbordante amor a Dios y  hacia sus seres queridos, entregada a sus padres,  que día a día sufrían en callado silencio y  también ,pues no podía ser de otra forma, hacia los demás para quienes había palabras de consuelo y sonrisas llenas de amabilidad.

 

Escribía el padre Martín Descalzo, en uno de sus magistrales artículos de actualidad perenne que " la hierba (como todas las cosas grandes e importantes de este mundo) crece de noche, en el silencio, sin que nadie la vea crecer. Porque bondad y bien, empalman con silencio”. Cuánto más llegan al corazón aquellos hechos que nacen en el silencio; cuna donde se mece la humildad; forja en la que se acrisola la santidad de las almas. Y es que el mundo no sólo es esa página negra de sucesos que se nos presenta cada día: guerras, asesinatos, robos, fraudes, corrupciones, odios....son ellos esa hierba que crece y pintan de esperanza las ilusiones un tanto rotas de esta sociedad.  Es ella, mi ángel humano, la hierba que creciendo en el silencio da mayor colorido y esplendor a un mundo ajado y marchito por sus propias desdichas.

 

Es ella, ¿por qué no?, la mejor señal que nos dice que Dios no es hoy testigo ciego y sordo de la historia y trayectoria del hombre y su mundo. Pues a pesar de la respuesta ingrata dada por el hombre no hizo que, la máxima expresión del amor de Dios reflejada en la Pasión y muerte de Cristo agotara la fuente de su infinita misericordia. Muy al contrario. Dios que escribe distinto a nosotros  desborda con su amor y perdón de Padre lo que nosotros anegamos con rencor, odio o rechazo, a la vez que en un dialogo inagotable de amor derrama torrentes de gracia infinita, mientras nos habla con un lenguaje humano e inteligible, tantas veces a través de los acontecimientos de la vida diaria, personal,  familiar tras los que hay un común denominador que los unifica " Convertidos a mí de todo corazón " (Joel 2,12).

 

        Es ella también el lenguaje humano de Dios. Margarita ha sido, a ejemplo de Cristo, la expresión de la voluntad hacia el Padre aceptando el cáliz amargo del dolor, que es la luminaria que nos indica el camino para alcanzarle. Es esa huella, cuya impronta hemos de pisar para caminar  cada día sin desalientos, con paciencia y con esa sonrisa que tantas veces falta. Es en su alegría, la muestra de la esperanza y del gozo que anima a seguir trabajando a pesar de las contrariedades que puedan surgir y el deseo de saber cargar con la Cruz que un día  abrazó sin recelos, sin miedos, generosamente.

 

Decía León Blody " cuando un gran hombre muere siempre añade algo a la Vía Láctea. Si este hombre es un gran poeta añade algo más todavía: el alma, pero si demás ha vivido inmerso en la carne de Cristo flagelada por el dolor, ha dejado algo más, la mano de Dios extendida hacia sus semejantes.

 

Gracias mi querido ángel por ese rasgo de amor que ha trascendido por encima de tu propio dolor; gracias por enseñar, con el ejemplo a imitación de Cristo, como se practica la fe en la que, fuimos educados y que un día, como don gratuito recibimos de Dios.  Gracias Margarita cuya sonrisa y alegría ante el crudo dolor nos daba siempre la esperanza de días prósperos. Gracias; tan sólo un párrafo de gracias, en cuyo contenido se acoge el más profundo cariño y admiración. Que tu generosidad y entrega sean el camino y la fuerza para no abandonar. No un adiós, que es signo de lejanía, pues por nuestra fe, por la comunión de los santos que rezamos en la profesión de fe estamos y estaremos siempre unidos; sino un ¡hasta el Cielo!

 

 


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Por antonio tapia
Sunday 22 november 2009 7 22 /11 /Nov /2009 14:29

Me siento afortunado cuando oigo de labios de mi padre las palabras hijo y amigo. Dos palabras que se unen sin distinción en esta relación padre e hijo, y viceversa. Son dos palabras que denotan cariño, confianza y unidad, y se podrían seguir poniendo adjetivos calificativos. Pero más afortunado se siente uno cuando, dentro del alma, esas palabras se sienten y se viven realmente porque no son huecas, porque se dicen con la verdad del corazón. Y uno piensa: si de un corazón humano se puede transmitir esta capacidad de amor, ¿cómo será de grande la capacidad de amor que sale del mismo corazón de Dios? Escribir estas palabras hacen que me sienta cerca de mi padre cada día, a pesar de la distancia a que las horas laborales me obligan. El escritor Giovanni Pappini se preguntaba un día "¿por qué mi padre no me permite acudir a unas clases donde se aprende a honrar a los padres?". Este no es mi caso, muy al contrario. Mi padre, mi amigo, me ha enseñado este noble ideal, este valor partiendo desde el mismo cariño, desde la misma honra que ha vertido sobre cada uno de sus hijos. El ejemplo vale más que las palabras. Eso ha hecho que a lo largo de los años mi admiración, mi cariño, mi confianza, mi respeto se convirtieran en una gran amistad, conservando el fuerte lazo de filiación. Mi padre, mi amigo. Palabras que me salen del corazón con fuerza auténtica. Palabras que me hacen mirar de otra forma a ese cuarto Mandamiento que nos enseña a honrar a los padres, y que esa honra no es otra cosa que me lleva a traducir la vida en una relación de hijo y amigo hacia aquel que durante muchos años ha cumplido con creces, en toda su extensión, lo que ese mandamiento le pedía como padre. Es difícil ser padre, porque ser padre no es sólo procrear, traer hijos al mundo; ser padre es todo lo que viene después, hasta que se consume la vida. También es difícil ser hijo, porque es entregarse a los padres diariamente, y esta misión no acaba con la emancipación, sino que también continúa hasta que la vida misma del hijo se agota. Por eso estará a tu lado siempre y por eso no entiendo ni entenderé el abandono de padres ya ancianos en centros, donde, si reciben cariño, no es el mismo que un hijo debe darle a los padres. Gracias, papá, porque has trasmitido y sigues trasmitiendo con tu vida y con tu ejemplo ese mismo cariño que hace dos mil años nació en aquella familia de Nazaret, que es el ejemplo donde debemos mirar. Sírvame este homenaje a ti como expresión de honra, de cariño y de auténtico amor. Gracias, padre; gracias, amigo. Antonio Tapia García

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