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Me comentaba un día el hermano de un colegio de esta ciudad, que convocaron a los padres para una charla sobre la vocación:”fueron contadísimos los padres que acudieron, tienen como miedo a esta palabra”. Y es verdad, y más miedo les da a algunos padres, cuando el hijo o la hija se presenta ante los padres y les dice” quiero ser sacerdote”…”quiero ser religiosa”. Y es cierto, he sido testigo de alguna historia real y me han contado alguna tremenda sobre chicos y chicas jóvenes que un día sintieron el deseo de seguir al Señor. Algún padre que amenazó con que no volvería a saber nada de ellos si daba ese paso; otro padre que denunció a la policía al convento por llevarse a su hija… actitud que impidió en alguna ocasión que estos siguieran el camino de la vocación. “¡como va a ser eso! ¡Tu tienes que seguir la tradición familiar” (medico, abogado, industrial…); pero “¿cura?”, “¿religiosa?”.
Como si la opción religiosa de nuestros jóvenes fuera un acto de degradación humana. Hasta hubo una persona, con carrera, sus estudios y su reconocida inteligencia que al preguntarme por su hermana religiosa me dijo: “¿se flagelan?”. No sabía si reírme, si llorar, si mandarlo al cuerno, pero opté por callarme. “¡tú mismo!”.
Quieren para sus hijos una vida mejor, dicen, mas grande, con salida y buen sueldo, y claro, para los padres la opción religiosa no encaja en ese esquema. Eso sí, luego buscan los mejores colegios privados religiosos porque dicen “son más seguros” (como me decía un compañero ateo), “pues aprenden buenos planteamientos morales”, “porque les enseñan a estudiar, porque salen bien preparados para los estudios universitarios siguientes y para su caminar por esta sociedad”. ¿Pero religiosos, sacerdotes, misioneros…? ¡ De eso nada!.
Es cierto, que muchos padres tuvieron que seguir, en su momento, la opción exigida en su hogar, pero no todos. Un porcentaje elevado de profesionales del mundo, optaron por seguir la vocación que sentían: médicos, militares, policías… y seguro que se mantuvieron firmes y hoy son grandes profesionales en sus trabajos, en las obras, en los talleres de mecánica. ¿Por qué entonces no permiten que sus hijos sigan la vocación a la que han sido llamados? ¿No les parece que podían sentirse desgraciados si se rompe el camino que desean seguir y para el que han sido llamados? ¿No es un grado de egoísmo que al final resultara contraproducente para ellos?
La opción religiosa, sacerdotal, misionera, de voluntariado…la que sea, es una opción tan digna como las otras vocaciones, llamemos mundanas. Todos tienen un nexo común: el “Ven y sígueme” que nos dice el Señor. Este seguimiento es válido para todas las vocaciones, lo que pasa es que el Señor nos llama a cada uno en un lugar: operarios, barrenderos, carteros, médicos, militares… desde donde desarrollaremos la labor de apostolado, siendo las manos, los ojos, los pasos, la voz de Dios allí donde estemos.
mmm en mi corazon senti el llamado pero no fui capazd eentarr opr temor y por ,os apdres ya que se negaron estoy en la u y tengo un novio ,el sabe y no duda quqe ingrese . y no pierdo ñas esperanzas de ir y seguirle