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Por antonio tapia garcia
Monday 3 january 2011 1 03 /01 /Ene /2011 14:55

Cuántas veces le preguntamos como aquel joven rico ¿Señor que cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? (Mt 19, 16-17). ¿Señor que debo hacer para seguirte?... ¡pídeme, Señor! Y él nos responde: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16, 24). Jesús nos habla y nos dice claramente lo que desea de nosotros. Ahora falta mi respuesta

 

                ¿Cuál es mi respuesta a Cristo?, ¿hasta dónde soy capaz de darle?, ¿realmente Cristo me llena? ¿Me enamora?, ¿su Palabra cala hondo como la lluvia, hasta los huesos?, ¿mi respuesta es, tal vez, la de tantos "cristianos-sastres", que nos hacemos la fe a nuestra medida, quitando aquello que va a suponer una privación de tiempo, de mi línea de pensamiento, de mi comodidad, de mis lujos...?

 

                "Quédate con nosotros, porque está anocheciendo" (Lc 24, 29), le decimos como aquellos discípulos que iban a Emaús. ¡Quédate con nosotros, Señor!, porque Tu Palabra me llena, me conforta, es el agua fresca que sacia mi Sed de Ti.

 

                Cuantas veces soñamos con grandes campos de apostolado; donde nadie ni nada me va a detener para llevar a Cristo hacia las almas; acabar con las injusticias, las guerras, la miseria que acecha a tantos y tantos hombres. Cuantas veces nuestro corazón se eleva y eleva hacia alturas sin término. Pero, cuantas veces volvemos a la realidad de la vida por falta de una autentica respuesta de fe, por  falta de un Fíat! , de un  ¡hágase!, al igual que la Virgen María. Y nuestro corazón se entristece, como el del joven rico, cuando Jesús le responde: "vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un Tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme" (Mt 19, 21).

 

 

¡Señor que cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna! Y el Señor le responde ¡Guarda los mandamientos!...no mataras, no cometerás adulterio, no robaras, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amaras al prójimo como a ti mismo...! El Señor le marca el camino. Pero el joven rico quiere ir más lejos, y le dice que todo eso ya lo hace. Ahora el Señor le va a poner en un aprieto:      "vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un Tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme". El joven "  marchó triste, pues tenía muchas posesiones ", nos describe el Evangelista San Mateo. Muchas veces nos pasa esto a nosotros. Unas veces no damos una respuesta positiva a Jesús porque sabemos de antemano que un SI nos va a costar muy caro; vamos a tener que desprendernos de muchas de esas posesiones que atan nuestra vida a las cosas; otras porque un Si supone un cambio radical en nuestra vida: Misa, oración, Confesión, Comunión.... ¡demasiado!; otras porque realmente nos falta ese valor para responder a la llamada del Señor con una entrega personal.

 

                Jesús me marca, al comienzo de su vida pública un programa de salvación. Desde el Monte de las Bienaventuranzas sigue hablándome, igual que ayer. No se impacienta. El espera mi respuesta. Él me ha presentado un programa de Esperanza y de Amor, que se contrapone al que me presenta el mundo de hoy: crímenes, guerras, agresiones, asesinatos, injusticias, fraudes, enriquecimientos ilícitos, insolidaridad... Él me ofrece su ayuda, tiende su mano, sale a mi camino, como lo hizo con el hijo prodigo. Él me ama intensamente como soy, pero espera mi respuesta a Él.

 

                Escuchamos a las gentes su admiración por Jesús, por su Palabra, ora su valentía. Pero tristemente, de ahí no pasamos. Otras veces, incluso pensamos: ¡ si Dios me pide la vida se la doy, pero entre tanto!... Procesiones, romerías, promesas, flores a esta o aquel santo. ¡Que todo esto está muy bien! Pero falta lo esencial. El compromiso de entrega, de cambio hacia Él. La oración y la Eucaristía, la Penitencia... y tomamos el curso de las águilas, volamos alto muy alto para luego volver a posarnos.

 

            Acabamos de comenzar el nuevo año. ¿Qué objetivos me marco?. Sin duda, echando una mirada atrás, el corregir los fallos cometidos el anterior para tratar de no repetirlos. Pero una cosa si haría, continuar con la preparación. Pues la catequesis no es solo para primeras comuniones o para confirmandos. Muchas Parroquias disponen de grupos de preparación continua en la fe, con personas verdaderamente preparadas que con sus enseñanzas alimentan nuestra fe y la mantienen erguida. Después, proseguir con la práctica de la oración y de los sacramentos, sin ellos corremos el riesgo que ese fuego de la fe se vaya extinguiendo. También podemos colaborar con la vida de la Parroquia de la que formamos parte, poniendo a su disposición aquel carisma que el Señor gratuitamente nos ha concedido. Es esta nuestra obligación no la de enterrar los talentos ya que estos deben producir.

 

            Y quien mejor que la Virgen María, nuestra dulce Madre, Reina de los Apóstoles y Reina del apostolado, para que nos acompañe en la extensión de la Buena Nueva. Ella gustosa nos acompañara en nuestro cometido. Pues que más agrada a la Madre que otros conozcan a su Hijo, porque también por ellos nació y murió en la Cruz. No la olvidemos, tengámosla siempre presente, mientras caminemos por este valle de lágrimas.

 

            Podemos caer en este o aquel pecado, porque somos frágiles, pero también somos prontos para el arrepentimiento. Somos capaces de hacer cosas impensablemente buenas, es la naturaleza del hombre. El hombre no es malo; Dios no hace nada para el mal. Ni como decía Hobbes, que el hombre es un lobo para el hombre. Estoy seguro, que dentro del alma del mayor asesino esta la capacidad de arrepentimiento, pero muchas veces la desesperanza en el perdón de Dios, le hace no saber abrir esa puerta. ¡Señor que cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna?, le decimos una y otra vez, y la respuesta también nos la da: “ amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, y dentro de ese amor a Dios esta resumido el cumplimiento de los Mandamientos, la oración y la práctica de los sacramentos.

 

                Déjame darte un mensaje de ánimo, si eres de los que has perdido la esperanza en el perdón. Aunque estés al borde del cataclismo moral y quieres, pero no te atreves, elevar tus ojos al Cielo, elévalos a la Virgen María que de la mano te llevara ante su Hijo Jesús. Ella es tu Madre también y tú y yo somos sus hijos los más pequeños, dispuesta a defendernos, como defienden las madres a sus pequeñuelos. Igual. Déjate llevar por Ella, habla con Ella, déjate caer en sus brazos maternales y misericordiosos. Sentirás su Paz, la auténtica paz, déjate llevar con confianza. Sabes, solo el deseo de arrepentimiento ya te han abierto las puertas de Dios, que solo estaban entornada, nunca cerradas

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