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Por antonio tapia
Thursday 18 august 2011 4 18 /08 /Ago /2011 19:46

 

El Santo Padre, en su primera intervención, ha pedido que no sintamos vergüenza de nuestra Fe, de ser seguidores de Cristo y optar por la opción que nos ha traído Cristo. El Señor ya nos lo decía el Señor en el Monte de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados, cuando por mi causa” nos persigan e insulten.

En los últimos tiempos, los católicos españoles han tenido como Bandera, esta Bienaventuranza, y sin miedo han salido a la calle a defender los valores de la Fe, la familia, el derecho a la vida, valores que desde el gobierno laico socialista han intentado derribar.

La venida del Santo Padre, nos  llena de nuevas energías para seguir luchando y defendiendo nuestra fe, además para seguir trabajando, diariamente, por nuestra santificación apoyados por esa triple base que es la oración, la eucaristía y la penitencia, que harán posible mantener nuestra unión con Cristo.

Debemos agradecer la venida del Santo Padre porque supone un apoyo espiritual para nuestra juventud, y que es la esperanza del futuro y la que tendrá en sus manos los destino de España, pero estamos seguros, por ser una juventud  sana y portadora de los mas altos valores de la persona.

No sintamos vergüenza de decir que somos cristianos, y que cumplimos como tales; no sintamos vergüenza de rechazar aquello que rompa o ponga en peligro nuestra fe; no sintamos vergüenza de no formar parte de la cultura del botellón, donde el alcohol, sexo y la droga son los nuevos dioses a los que se rinde culto.

Cuantos, a lo largo de la historia de la Iglesia han entregado su vida para que llegara a nosotros la Fe. Cuantos, sin vergüenza han dado la cara, sin miedo por la fe. Y cuantos hoy dan la cara frente a las agresiones laicistas que quiere arrancar las raíces cristianas de España.

No tener vergüenza, es no tener miedo de ser y de llamarnos católicos. Es defender a Cristo. ¡nosotros! Defensores de Cristo, defensores de Dios hecho uno como nosotros. Que mayor honor y gloria puede cabernos, nosotros defensores de Dios; nosotros frágiles como  una taza de barro defendemos a Dios. Tu y yo que no sentimos vergüenza nos declaramos seguidores de Cristo.

Que las palabras del Santo Padre calen hondo en nosotros y también en aquellos que se encuentran tambaleantes en la fe y en aquellos que no creen y en los que rechazan a Cristo. Que todos han sido invitados al banquete de bodas de la parábola motivo del evangelio de hoy. Que nadie rechace la invitación

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