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26 enero 2010 2 26 /01 /enero /2010 00:17
200px-Matthew Evangelist

Jesús salió de nuevo a la orilla ; la gente acudía a él y les enseñaba. Al pasar vió a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: “Sígueme”. Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que los seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron  con Jesús y sus discípulos: “¡De modo que como con publicanos y pecadores!” Jesús lo oyó y les dijo: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. NO he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

 

          Al pasar vio a Leví el de Alfeo sentado en el telonio, y le dijo: Sígueme. El se levantó y le siguió" (MC 2, 14). Recordamos que según la tradición judía solían llevar un nombre judío y otro helenizado. Aparece una palabra nueva: telonio, que era el puesto público donde se pagaban los tributos. Leví - Mateo era de condición publicano, y por lo tanto de condición pecador, por lo que era excluido por la sociedad , como los leprosos y paralíticos. Estos eran recaudadores al servicio de los romanos; dada la situación política, eran considerados traidores ya que eran judíos que trabajaban para el invasor romano. Llegaba a tal extremo el recelo que sentían hacia los publicanos, que los mendigos se negaban a recogerles  las limosnas.

 

            A pesar de todo, Jesús elige a un publicano, a Leví Mateo, quien como nos narra el Evangelista San Marcos, deja todo para seguir a Jesús. ¿Qué opinarían los Apóstoles de tener a su lado a un publicano?. Nada nos narra el Evangelio. No hace referencia a ningún recelo hacia Mateo. Los otros evangelistas, tampoco hacen comentario alguno, por lo que es de imaginar que aquellas gentes sencillas y humildes lo acogieron con alegría. El ¡hágase! De los Apóstoles sigue pronunciándose. Se dejan llevar, se dejan guiar por Jesús, ¡sin reservas!.

 

            Esta elección de Jesús tiene su sentido. Hemos visto que los publicanos eran mal vistos entre la población judía, ya que servían al invasor. Jesucristo ha venido para todos y a todos ofrece su perdón. Tampoco es motivo de rechazo la ideología, la situación social, el credo... para Dios todos somos iguales ante sus ojos. Cristo murió por todos. Por otra parte, Jesús ofrece su perdón a todos, no le importa lo despreciables que pudieran ser los pecados; a todos ofrece su perdón, sólo falta un requisito, el consentimiento del perdonado de ser perdonado y del abandono de la vida anterior, pasar de hombre viejo a hombre nuevo. Jesús llama a Mateo, y Mateo acepta la llamada del Señor, abandona su vida anterior y le sigue.

 

          Por otra parte estudiosos bíblicos nos acercan también a esta elección: “La elección del nombre de Leví, para encarnar la figura del judío excluido tiene si duda un significado teológico, basado en textos del AT. En efecto, cuando Dios ordenó hacer el censo a los israelitas, dijo a Moisés: “No incluyas a los levitas en el censo y registro de los israelitas”. Hablando con Aarón sobre la tribu de Leví, le dice Dios: ”Tu no recibirás heredad en su tierra ni tendrás una parte en medio de ellos: yo soy tu parte y tu heredad” (...) “No recibirán heredad en medio de los israelitas”; y en el segundo censo en vista del reparto de la tierra se dice: “(Los levitas) no fueron registrados con los demás israelitas porque no habían de repartirse la heredad con ellos”.

 

            ¿Porqué esta situación? Los levitas fueron un pueblo guerrero, ahora Dios iba a destinarlos al culto y cuidado del Templo. “Llevarán la Morada y todos sus utensilios, servirán en ella y acamparán en torno a ella”, tal como puede leerse en el libro de los Números.        En el Evangelio de San Marcos podremos leer “Llamó a los que quiso” (MC 3,13). Es Jesús el que llama a quien quiere y en el momento que quiere; nosotros solo tenemos que dar la respuesta: aceptación o rechazo. Al llamar a Mateo, de condición pecador, según la ley Judaica, nos dice que a nadie se le niega la llamada.

 

 Jesús llama a todos; a todos alcanza de su gracia, en la medida que el considera oportuna; por nuestra parte aceptar la llamada y dejar actuar la gracia. Mateo escucha la llamada del Señor y dejando todo le sigue, es ya un hombre nuevo. A través del sacramento de la penitencia, el Señor nos da su gracia para fortalecernos contra el pecado, pasamos a ser hombres nuevos, en tanto en cuanto le seguimos y en tanto en cuanto dejamos actuar la gracia que nos da a través de la oración y de los sacramentos.

 

                        El Señor, al igual que hizo con Mateo, nos dice a cada uno de nosotros: “Sígueme”; que es lo mismo que decir: abandona tu vida anterior, hazte un hombre nuevo, acepta el Evangelio...A través del “Sígueme” nos propone un cambio de vida en la que vamos a ser sus colaboradores. Seguir a Cristo supone una ruptura con el pasado, a ejemplo de aquellos discípulos que dejaron su vida, sus trabajos para seguirle.     Como veremos nada de esto entienden los  fariseos y escribas. "Y ocurrió que, estando a la mesa en casa de éste, se sentaron con Jesús y sus discípulos muchos publicanos y pecadores, pues eran muchos los que le seguían. Los escribas y los fariseos, viendo que comía con pecadores y publicanos, decían a sus discípulos: ¿Por qué come con los publicanos y pecadores?” (MC 2, 15-16).

 

            Los fariseos y los escribas no se dirigen a Jesús, sino a los discípulos. Tal vez porque pretendían sembrar la duda entre los discípulos o sembrar cizaña hacia el Señor. Los discípulos sabían la existencia de la Ley, pero sin embargo siguen al Maestro y participan también de aquel banquete junto a publicanos y pecadores. Sin embargo, el reproche no va contra ellos, sino contra el Señor, esta hostilidad de fariseos y publicanos la veremos a lo largo del Evangelio.

 

            Los fariseos son una de las tres grandes corrientes existentes dentro del judaísmo, junto a los saduceos y los esenios.  Los fariseos eran gentes que trataban de vivir en plenitud la Ley, la Torá. Eran por lo tanto fieles a las tradiciones del judaísmo. La palabra fariseo proviene del hebreo pherisum que significa separados, si bien entre ellos se denominaban compañeros, haberim, o también hakhamin, sabios. Parece ser que el origen de los fariseos es de la época macabea.

 

            En la época del Nuevo Testamento eran en su mayoría laicos, de clase social media alta. Eran muy influyentes en la vida del pueblo israelita, aunque sus prosélitos eran muy pocos en número, tal vez unos millares nada más. Los fariseos eran una sociedad cerrada y se caracterizaba por su fidelidad inquebrantable a los preceptos de la Ley y por la oración. En referencia a la vida política eran considerados neutrales, si bien no aceptaban de ninguna manera el dominio romano, tampoco aceptaban la política extremista que llevaban a cabo los zelotas. Desde el punto de vista doctrinal eran muy abiertos, lo que se contrapone a la inquebrantable fidelidad a los preceptos  de la Ley. Aceptaban regularmente posiciones teológicas nuevas al judaísmo: así, aceptarán la resurrección, la existencia de los ángeles, la de los espíritus y la defensa de la libertad humana, entre otras cosas.

 

              Veamos algunas de las características de los fariseos:

 

·         Aceptan junto a la Escritura todas las tradiciones no escritas

·         Observancia del sábado

·         Observancia de las leyes de la pureza ritual y de la alimentación

·         El pago de los diezmos al Templo.

 

       Todas estas actitudes eran realmente motivaciones profundamente religiosas. Referente a las causas de hipocresía con que se les caracteriza y que se hicieron contra los fariseos. Eran debidas a la actitud de separación de lo profano, ya que en muchos casos se consideraban superiores a los demás, además de los más puros, por la oración y el ayuno. Hay una oración que los fariseos recitaban al final de la oración sinagogal y que deja entrever un rasgo característico de ellos: "Te doy gracias, Señor Dios, porque me has dado parte entre los que se sientan en la casa de la enseñanza, y no entre los que se sientan en las esquinas de las calles. Pues yo me levanto temprano; también ellos se levantan temprano. Yo me levanto temprano para la palabra de la Ley; ellos se levantan temprano para cosas fútiles..."

 

            La actitud del Señor, por el hecho de sentarse a la mesa con publicanos y pecadores no la entienden los allí presentes. Aferrados a las tradiciones, observando la letra de la ley, habían obligado al pueblo judío a sus errores. Unos y otros se rasgan las vestiduras cuando ven al Señor entre publicanos y pecadores. "No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores" (MC 2, 17). Jesús responde de esta manera a las quejas y comentarios de los escribas y  fariseos.

 

  En la oración anterior de los fariseos, se puede observar una cualidad de ellos: tenían prejuicios.  "Yo no soy como los demás" nos recuerda a aquella parábola del publicano y el fariseo que rezaban en la sinagoga; aquel lo hacia al final del templo, arrodillado, con el corazón contrito, bañado en las lágrimas del arrepentimiento; el otro, lo hacía en pie, en primera fila, sintiéndose justificado por su oración su ayuno y el pago del diezmo al templo, "Yo no soy como aquel... ". Con la elección de Mateo, el Señor quiere corregirnos de este mal social y espiritual, el del prejuicio, que atenta contra ese Mandamiento tan importantísimo que es el del amor al prójimo.   Jesús se sienta al lado de los publicanos y de los pecadores; tocados por la impureza del pecado, por el del servilismo al invasor romano. Pero Jesús no los rechaza, se acerca a ellos, porque sabe que están necesitados de la gracia de Dios, que están abandonados de aquellos pastores.

 

 Los fariseos, por su parte se consideraban puros y se presentaban a ojos de las gentes como justos (santificados), por eso Jesús les responde que ha venido a sanar a los enfermos, que ellos al considerarse sanos no precisaban de atención. De una manera similar, a la de aquellos pecadores, el Señor alcanza su gracia sobre aquellos que la aceptan, sobre aquellos que la ponen en marcha, que la dejan actuar. Los  pecadores y los publicanos dejan que Jesús se siente  con ellos, buscaban sin duda el alivio que sólo el Señor podía ofrecerles con ese amor entrañable con el que Cristo les trataba. Despreciados por muchos, queridos por Uno, Jesús. Al igual que aquellos pecadores, nosotros, de la misma condición que ellos, debemos dejar que Jesús se siente a nuestro lado, debemos abrirle las puertas de nuestro corazón, para que con el bálsamo de su perdón, pueda cauterizar las heridas de nuestra alma.

 

La misión redentora de Jesús es universal; es decir, que  alcanza a todos. No  vino a morir por unos, sino por todos, por los que le aman y también por los que no le aman; tal es la fuente inagotable de su amor. Su corazón de Padre no hace distingos: publicanos, pecadores, enfermos... Este sentarse a la mesa con pecadores y publicanos, ha de hacernos ver los deseos que el Señor tiene de nuestra salvación. Por grandes y graves que sean los pecados Jesús se sienta junto a nosotros en el Confesionario, para escucharnos con cariño y con ternura, para derramar luego el bálsamo de su perdón sobre nuestra alma herida por el pecado, cuando arrepentidos nos acercamos a Él, o permitimos que se siente a nuestra mesa de pecadores deseosos de su perdón.

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Published by antonio tapia garcia - en MEDITACIONES AL EVANGELIO
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