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La  preparación del ministerio de Jesús se recoge en los versículos 1 al 13. Comienza con una afirmación rotunda: "Evangelio de Jesús Hijo de Dios" (MC 1, 1-2). Jesús nos trae la Buena Noticia, el feliz acontecimiento de la Salvación. Jesús es el Mesías, el esperado, el anunciado por los profetas, así nos lo  anuncia San Marcos con este comienzo de su Evangelio el de la predicación de la Buena Nueva por Jesucristo, el Hijo de Dios, que ya los Profetas habían anunciado, tal como nos lo recuerda en este comienzo San Marcos con unos versículos el Profeta Isaías:

 

                        Una voz clama:

                        Abran el camino a Yavhé en el desierto

                        En la estepa tracen una senda para Dios

                        Que todas las estepas sean rellenadas.

 

            San Marcos nos trae al último Profeta, el que va a dar  paso a la Palabra de Dios, a Jesús, el Mesías el esperado.                       

Los textos evangélicos poco nos dicen de Juan El Bautista. Sabemos que el Arcángel San Gabriel anuncia a María que Isabel, su prima, iba a dar a luz a un hijo, a pesar de su ancianidad, porque " para Dios no hay nada imposible" (Lc 1,37); Su padre era Zacarías, sacerdote del Templo. De su vida pública nada nos dicen. Sólo, poco antes del Bautismo de Jesús en el río Jordán.

                        Apareció Juan el Bautista en el desierto..." (MC 1,4)

                        Apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea. (Mt 3,1)

                        Vino la Palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías en el desierto. (Lc 3,2)

            En el inicio de este capítulo comienza con una cita bíblica de extraordinaria importancia: la promesa del envío de un MENSAJERO, un precursor del MESÍAS. Va a ser un precursor que va a dejar oír su voz y que va a producir extraordinarias consecuencias en las gentes de aquellos lugares: arrepentimiento y bautismo, que equivalen a conversión, a cambio de vida, de una vida de pecado a otra dirigida a Dios.

            Los estudiosos bíblicos nos dicen que el inicio con que comienza Marcos su Evangelio es la unión de dos textos distintos: uno de Isaías y otro del Éxodo. Isaías 3.1: Mira, envío un ángel/mensajero, y vigilará el camino delante de mí; Exodo 23,20: Mira, yo envío, mi ángel/mensajero delante de ti para que te guarde el camino y te introduzca en la tierra que he preparado

            ¿Pero quién es Juan?. Ya hemos dicho que es hijo de Zacarías e Isabel. Juan es ese ser que aún dentro del seno materno de Isabel, salta de gozo, cuando María acude a verla y a anunciarle el feliz acontecimiento. Los textos evangélicos nos lo sitúan en el desierto.  Tal vez esa sea la causa de que muchos estudiosos de los evangelios lo centren dentro de la comunidad religiosa de los Esenios, en Qumram, por su forma de vida espiritual en el desierto.

            De la vida de los Esenios tenemos noticias por célebres historiadores como Flavio Josefo, Plinio el Viejo y Filón de Alejandría. ¿Quiénes eran? ¿Qué vida llevaban?  Desarrollaban su vida en Qumram, localidad que se encontraba situada a orillas del Mar Muerto, en la parte noroccidental.  De Qumram se comienzan a tener noticias desde los hallazgos arqueológicos producidos en el año 1947. Se desarrolla  su vida desde el año 140 antes de Cristo hasta el año 60 después de Cristo, ya que será destruida por las legiones de Vespasiano durante la primera revuelta judía. Aquí desarrollaban su vida los Esenios.

            Llevaban una vida de aislamiento de la sociedad de su tiempo. Era una comunidad cerrada, pero perfectamente organizada, con una férrea disciplina. De vida ascética y una fuerte exigencia moral. Plinio el Viejo nos dice, entre otras coas que: " no tienen mujeres, porque han renunciado enteramente al amor, carecen de dinero, afluyen en gran número los que, cansados de las vicisitudes de la fortuna, la vida orientan hacia la adopción de sus costumbres".

            Propugnan el celibato, lo que constituye una novedad dentro de la comunidad judía y del judaísmo. Observan por tanto con rigidez la pureza y sus rituales: visten de blanco, la comida en común, el baño en ritual.

 

            Dentro de los hallazgos de Qumram se encontró la Regla de la Comunidad Esenia, himnos, vida interna, organización, oraciones. Con el tiempo se volverán hostiles hacia el sacerdocio de  Jerusalén,  llegando a considerar al sumo sacerdote como sacerdote impío. Para los esenios el maestro de justicia  será el jefe espiritual en oposición al sumo sacerdote.                     

Algunas características típicas Esenias hacen que se coloque  a Juan el Bautista dentro de esta comunidad; entre estas podemos citar: el hecho de que  en el desierto era donde residía el bullir de la vida religiosa. Marcos nos describe uno de estos aspectos: "Juan llevaba un vestido de pelos de camello y un ceñidor de cuero a la cintura, comía langostas y miel silvestre" (MC 1, 6), que son los rasgos del hombre de oración retirado al desierto.

            Los profetas vestían también con vestidos de pelo de camello; el ceñidor de cuero que se nos describe en el Evangelio de San Marcos, era un rasgo distintivo del  Profeta Elías. Algunos estudiosos de la Biblia tratan de buscar algún tipo de comparación con este Profeta.

            También San Marcos nos describe los alimentos que tomaba San Juan Bautista. Según las descripciones de la vida de aquel tiempo  las langostas, o saltamontes, eran un alimento común, ya que podían obtenerse en el mercado y solían comerse saladas o no”. Referente a la miel silvestre, hay diversas consideraciones, para unos procedía de las abejas silvestres, para otros de los dátiles, para otros de los higos silvestres. Por tanto no eran comidas singulares de un hombre retirado del mundo y dedicado a la oración; ya que estaban a disposición de todos, lo que no quita mérito a San Juan Bautista, ya que su alimentación se ceñía casi exclusivamente a este tipo de alimentos, mientras que los demás disponían de variedad: carnes, pescados, frutas. Su alimentación era la de una persona que vivía sobre el terreno, ajena al lujo y a la comodidad.

           La dieta de Juan no era, por tanto, desacostumbrada para sus contemporáneos ni propia de un asceta; es la de un nómada que vive sobre el terreno. Indica su independencia  y su separación de la sociedad”. Esto puede recordarnos a ese gran Santo, amante de la pobreza Evangélica, que supo llevar el Evangelio a su vida, San Francisco de Asís. Es injusto ver en la actitud de San Francisco de Asís ante su padre, como la actitud de un hombre iracundo, que tras un rasgo de ira pretendió romper públicamente con su aquel, cuando le devuelve las ropas, ante la actitud del padre. Está clara una actitud de ruptura con la posesión, como nexo con el mundo. El auténtico servicio a Dios es la ruptura con todo aquello que puede suponer un obstáculo de nuestro acercamiento a Dios. San Francisco lo vio claro. San Juan Bautista lo vio claro y pudo dedicarse a la misión que Dios le  había encomendado desde la eternidad, libre de cualquier atadura mundana. La auténtica libertad es el mejor camino para  poder servir al Señor.

            Dentro de todas las conjeturas, sabemos con certeza que Juan el Bautista era el mensajero del que se nos habla al comienzo del Evangelio de San Marcos y del que habla el Profeta Isaías. Pero no un simple mensajero; es nada más y nada menos el que nos enlaza con el mensaje de la Salvación y con Aquel que nos lo trae: Jesucristo.

Tag(s) : #MEDITACIONES AL EVANGELIO