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También, el Señor nos hace ver el valor de las cosas pequeñas. Acostumbrados a dar valor solo a las cosas grandes, a los actos magnánimos, a las acciones caritativas  millonarias, no vemos igual y en la misma medida el ofrecer un vaso de agua a quien nos lo pide yya que lo consideramos como de poco valor. Tanta importancia tiene dar un vaso de agua como entregar en acto de caridad una cantidad millonaria, todo lo que se hace por amor a Dios y en el nombre de Dios tiene su valor incalculable.

 

            Solemos pensar en grandes acciones, cuando estamos espiritualmente muy  elevados, pero es verdad que también solemos no ser capaces de realizar esas cosas catalogadas de  pequeñas; son esos pequeños pasos quizás mas importantes que las grandes acciones; porque esos pequeños pasos nos van a ir adiestrando, dentro del terreno espiritual para un dia ser capaces de dar grandes pasos, con los que todos soñamos. Es decir, siempre hemos de ir poco a poco, no pretender dar grandes saltos pues sin entrenamiento, aunque la pertiga sea muy grande, fallaremos.

            Es un error despreciar las cosas pequeñas las nuestras propias o las que hacen los demás. Gran valor tenía para el Señor la limosna de aquella viuda muy por encima de lo que entregaban de lo que les sobraba. Por ello debemos valorar como bueno todo aquello que hacemos por amor a Dios y asi a pequeños pocos, nuestra alma se ira agrandando, creciendo en valores, fortaleciendo la fe, siendo capaces de ir haciendo mas por el Señor en los demás. ¿si no soy capaza de dar un vaso de agua a quien me lo pide, como voy a ser capaz de visitar a los enfermos, de atender al necesitado?

 

            Jesús nos enseña todo lo contrario, hasta las cosas más pequeñas tiene un valor incalculable a los ojos de Dios. Recordemos la parábola de la mostaza, que pequeña es y cuanto valor tiene. Dice al padre Martín Descalzo: “junto a la mies que crece pone Jesús otra paradoja de este reino de los cielos: crece pero sigue siendo pequeño, su grandeza está precisamente en su pequeñez”. El ejemplo es claro, Jesucristo comenzó su camino sólo, poco después elige a doce discípulos. Creciendo desde entonces y así hasta el final de los tiempos. El Reino de Dios ha ido creciendo. Este mismo crecimiento se produce en nosotros, si aceptamos la Palabra de Dios y dejamos que su gracia fructifique, haciéndonos crecer en espiritualidad. También podemos ver como el Reino de Dios ha ido floreciendo a lo largo de los tiempos con grandes ejemplos de santidad. Nuestra alma también florece con grandes deseos de santidad y de expansión de la Palabra a todos los lugares del mundo.

 

            Por otra parte, para poder realizar grandes obras, está claro que debemos intentar realizar las más pequeñas, pues si estas no somos capaces ¿podemos soñar en hacer grandes cosas? ; ¿si soy incapaz de rezar un Avemaría, seré capaz de realizar un retiro, de oración, de al menos una semana?.

Tag(s) : #PENSAMIENTOS