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Oíd que rápida solución halló Poro, rey de los persas.
"Donde un pobre muera de hambre dentro de nuestros muros, tomaré por cada pobre un rico. Nadie murió de hambre en aquel país. Y los ricos no tuvieron que pasar hambre con los pobres, sino repartir algo de su abundancia

 

 

Todos tenemos algo que repartir, no siempre se trata de dinero. Todos disponemos de alguna riqueza, carisma, que a lo mejor otros pueden necesitar.

Cuantas veces, a lo largo de nuestra vida nos quejamos que Dios nos abandona, que Dios parece no escucharnos o que Dios no nos concede aquello que necesitamos en un momento dado. Otras veces nos quejamos de que Dios no acaba con las guerras o con el hambre que asola a muchos países. Miles mueren al día sin que nadie haga nada. O señalamos con el dedo acusador a Dios. Osea, pasamos una parte de nuestra vida, sentando en el banquillo de los acusados al mismo Dios.

Dios como Padre nuestro que es, siempre nos escucha, siempre sale a nuestro encuentro, siempre nos espera pacientemente, como el padre de la parábola. ¿Porqué, mejor, no somos nosotros los que demos el primer paso hacia Él?

Si somos justos, por qué no miramos donde me encuentro yo en relación al Padre. Porque no reconocemos que le he abandonado, que me he desviado de su camino, que ya no piso su huella. Que llevo tiempo alejado de Él. Y aun así, el me espera pacientemente, sin abandonarme, dispuesto a tomarme en sus brazos paternales.

Él nos llama, Él espera. Pero nosotros, seducidos por las cosas del mundo tardamos en volver tal vez, meses, años, en los que nosotros solemos hacer oídos sordos a su llamada. Pero Padre Dios espera con paciencia nuestra vuelta. Pero aun así, alejados somos capaces de juzgarle, de exigirle de pedirle que nos de aquello que necesitamos. ¿Y qué le doy yo a cambio? Cuantas veces le he prometido cambiar y cuantas veces ha quedado la promesa incumplida. ¿Es justo eso?

Pero a pesar de nuestras infidelidades, sigue siendo nuestro Padre que nos ama. No nos abandona. Y a pesar de nuestros abandonos, no nos damos cuenta de los muchos peligros de los que nos ha librado. Si Padre Dios nos abandonara,  ¿Qué sería de nosotros¿ ¿estamos seguros de que seríamos capaces de dar un solo paso?

Si somos justos, deberíamos examinarnos, ver cuál es mi vida actual, porque caminos ando, de los peligros que he escapado, gracias a Dios.

Cuando ofendemos a Dios, me alejo de Él de forma unilateral. Soy yo el que rompe con Padre Dios. Soy yo el que se aparta de Dios. Soy yo el que coge lo que me ofrece el Mundo. Eso es el pecado, la ruptura unilateral con Dios. No es Él el que rompe conmigo. Ahora soy yo el que tiene que volver a su regazo a través del sacramento de la Penitencia, donde me espera para perdonarme.

Por otra parte, he pensado para que estoy aquí en el Mundo. Porque he recibido el don de la Fe. Desde luego no para quedarme en casa ricamente, sino para ser la voz, las manos,  los pies y las huellas de Dios en el mundo. Si pensamos un poco, estamos para colaborar. Somos los que hemos de acabar con el hambre, las guerras, las injusticias colaborando con la Iglesia. No hemos sido creados para nada, para sentarnos en un sillón y esperar a que llegue el día de dejar el mundo y abandonarlo con las manos vacías.

Hablamos de misioneros, pero a muchos no les seduce la idea. No todos los cristianos les atrae esta idea. Pero cuando hablamos de misiones no es preciso que pensemos en países lejanos. Si miramos a España, podemos darnos cuenta que también aquí se precisa una reevangelización, tal como están las cosas. Si, en nuestro propio país.

Tal como está nuestra sociedad, está claro que necesita re evangelizar. Aquí, en España, se necesita, en tu propia familia, entre tus amigos, en el propio centro de trabajo… tantos sitios. Pero desde luego, no hemos sido creados para estar sentados. ¿Hacemos algo?.

Si todos los que hemos recibido el don de la Fe, ponemos a disposición de la Iglesia nuestros conocimientos y trabajamos con ella, estemos seguros que todo iría mejor. Desde luego, nadie puede decir lo bien que va la sociedad, pues va perdiendo los valores de forma galopante: botellón, sexo, drogas, aborto, muerte digna (¿?), matrimonios homosexuales… de seguir así, como será la sociedad que le espera a tus hijos. ¿Quieres esta sociedad para tus hijos?. Pues adelante, ponte a trabajar

 

 

 

Tag(s) : #MEDITACIONES AL EVANGELIO