Comparte el artículo A MI PADRE, MI AMIGO: Me siento afortunado cuando oig ...
Me siento afortunado cuando oigo de labios de mi padre las palabras hijo y amigo. Dos palabras que se unen sin distinción en esta relación padre e hijo, y viceversa. Son dos palabras que denotan cariño, confianza y unidad, y se podrían seguir poniendo adjetivos calificativos. Pero más afortunado se siente uno cuando, dentro del alma, esas palabras se sienten y se viven realmente porque no son huecas, porque se dicen con la verdad del corazón. Y uno piensa: si de un corazón humano se puede transmitir esta capacidad de amor, ¿cómo será de grande la capacidad de amor que sale del mismo corazón de Dios? Escribir estas palabras hacen que me sienta cerca de mi padre cada día, a pesar de la distancia a que las horas laborales me obligan. El escritor Giovanni Pappini se preguntaba un día "¿por qué mi padre no me permite acudir a unas clases donde se aprende a honrar a los padres?". Este no es mi caso, muy al contrario. Mi padre, mi amigo, me ha enseñado este noble ideal, este valor partiendo desde el mismo cariño, desde la misma honra que ha vertido sobre cada uno de sus hijos. El ejemplo vale más que las palabras. Eso ha hecho que a lo largo de los años mi admiración, mi cariño, mi confianza, mi respeto se convirtieran en una gran amistad, conservando el fuerte lazo de filiación. Mi padre, mi amigo. Palabras que me salen del corazón con fuerza auténtica. Palabras que me hacen mirar de otra forma a ese cuarto Mandamiento que nos enseña a honrar a los padres, y que esa honra no es otra cosa que me lleva a traducir la vida en una relación de hijo y amigo hacia aquel que durante muchos años ha cumplido con creces, en toda su extensión, lo que ese mandamiento le pedía como padre. Es difícil ser padre, porque ser padre no es sólo procrear, traer hijos al mundo; ser padre es todo lo que viene después, hasta que se consume la vida. También es difícil ser hijo, porque es entregarse a los padres diariamente, y esta misión no acaba con la emancipación, sino que también continúa hasta que la vida misma del hijo se agota. Por eso estará a tu lado siempre y por eso no entiendo ni entenderé el abandono de padres ya ancianos en centros, donde, si reciben cariño, no es el mismo que un hijo debe darle a los padres. Gracias, papá, porque has trasmitido y sigues trasmitiendo con tu vida y con tu ejemplo ese mismo cariño que hace dos mil años nació en aquella familia de Nazaret, que es el ejemplo donde debemos mirar. Sírvame este homenaje a ti como expresión de honra, de cariño y de auténtico amor. Gracias, padre; gracias, amigo. Antonio Tapia García
gracias antonio por ser tan buena persona y parecerte a luis.
Pedro Coello