z veronica

De entre las mujeres que acompañaban a la Virgen María, en su camino de dolor de madre, se encontraba la Verónica, quien viendo como estaba el rostro de Jesús, rompe la escolta romana y acercándose a Jesús, limpia su cara tumefacta por los golpes.

El paño, blanco, es la gracia que recibimos en el sacramento de la penitencia, con que limpia Jesús nuestra alma, ensuciada por el pecado. Cuando confesamos nuestros pecados, Jesús se acerca, con la ternura que la Verónica se le acercó, y limpia para siempre nuestros pecados confesados.

La Verónica, en un rasgo de valentía, cruza las líneas romanas y las de las turbas vociferantes, arriesgándose a ser maltratada. Se acerca al Señor y limpia su rostro con suavidad, para no aumentar su dolor. Con extrema delicadeza limpia cada herida, con la ternura de una madre. De los ojos de la Verónica saltan lágrimas, llora como las otras santanas mujeres que de cerca le acompañan. Ve hasta donde llega la maldad humana. Pronto es increpada por la turba y sacada violentamente por la escolta romana. Pero ella valiente hace frente a la turba y vuelve con la otras mujeres. María le agradece, seguro, el gesto. Al poco, la Verónica quiere contemplar el paño ensangrentado. Lo abre, desplegándolo y queda absorta; lo enseña a las demás mujeres, porque no daba crédito a lo que veía. Todas lanzan un “ahh”, excepto María, la madre dolorosa que sonríe.

El rostro de Jesús quedó impreso en el paño. La Verónica lo estrecha hacia su corazón. No sabe si llorar o sonreír, pero le da las gracias.

A nosotros también debe quedarnos impreso el rostro de Jesús en nuestra alma; con nuestra conversión, con nuestro cambio. Llevarlo siempre impreso dentro de nosotros, para no volver a torcernos. El rostro, la imagen de Jesús deberá acompañarnos el resto de nuestra vida, junto con el de la Virgen María, la madre dolorosa.

De nuestros ojos,  vuelven a saltar lágrimas que ayudan a limpiar el alma. “Bienaventurados los que lloran”. Lloramos, porque por nuestra causa, un Hombre Bueno va a morir, por nuestros pecados a sufrido cruel Pasión. Nos damos cuenta de nuestro error. “Porque ellos serán consolados”. El perdón de Dios consuela nuestra alma.

“Bienaventurados los misericordiosos”, estas palabras se ejemplifican en la Verónica. Siente pena y compasión por Jesús. Quiere ayudarle, pero ¿cómo?. Al final se le ocurre la idea de limpiar su rostro. “Porque ellos alcanzarán misericordia”.

Si nos fijamos en los evangelios, sólo tiene detalles de finura, ara con el Señor, las mujeres. La Verónica, Marta, María, María Magdalena. Después el Señor corresponderá. Después de aparecerse a su Madre, tras la Resurrección, se aparecerá a las santas mujeres, un modo de agradecer y corresponder del Señor. Ellas siempre estuvieron en primera línea.

El Señor siempre devuelve ciento por uno. Si nos acercamos a Él dejará en nuestra alma impresa su imagen de Paz, la verdadera Paz, no la que nos quieren vender ahora, acerquémonos, como lo hicieron en diferentes momentos las santas mujeres, por medio de la oración y los sacramentos; no los abandonemos, nos los ha dejado como medio de ayuda eficaz para nuestro caminar por esta vida y para el alma. Notaremos el cambio y los deseos de Jesús que van cambiando.

Acompañémosle en el sagrario, ¡suele estar tan sólo!, que al hacerle compañía queda su imagen impresa en nuestra alma, imagen de alegría y de Paz. Quiere que le visitemos, como visitamos a los amigos, con esa misma naturalidad: “Hola Amigo”, con esa sencillez: ¿Cómo estás?, “Venía a visitarte”, “Te cuento algunas cosas”, “Cuéntame Tú también, Señor”….

Dejemos que su gracia imprima en nuestra alma su blancura.

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

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