Por 658207715
Tuesday 19 july 2011 2 19 /07 /Jul /2011 09:33

En el Evangelio del día, el Señor llama la atención a los fariseos, quienes critican y murmuran de los Discípulos porque en día sábado “comieron y arrancaron para comer espigas”. Una vez más, se ciñen a la letra de la Ley. Los fariseos, gustosos siempre de hacer sacrificios de cara al público. Les gustaba hacerlo, para que las gentes les tomara como héroes y fieles cumplidores, aunque luego, de cara a Dios, todo lo perdían por su prepotencia y vanidad. Se presentaban como los auténticos puros, pero luego no lo eran.

En el Evangelio del día, vemos que además de su prepotencia, les falta la virtud de la misericordia, pues en lugar de compadecerse del hambre de los Discípulos, les llaman la atención. No les importaba que tuvieran hambre, por encima de todo debían de cumplir la Ley. Y Dios no pide eso. Podían mitigar el hambre y podían cumplir la Ley. De hecho, si alguien tenía autoridad para llamar la atención, era el Señor que es Dios y Hombre verdadero. Y Jesús les permite saciar su hambre.

La virtud de la misericordia o compasión por el prójimo, es otra de las virtudes que siempre debe de acompañar al cristiano. Esta virtud casa con el Mandamiento del Señor: “ Amarás al prójimo como a ti mismo”. Si no hay misericordia estamos rompiendo con ese mandato tan querido por el Señor.

El Señor, pide en este Evangelio que prefiere que practiquemos la virtud de la misericordia antes que nos dediquemos a los sacrificios. Pues considera que el amor al prójimo es el más esencial, después del amor a Dios, para la vida del cristiano. Si no hay amor al prójimo, si no tenemos misericordia del prójimo, no podemos decir que amamos a Dios.

Los fariseos quedan una vez más en entredicho. Les falta amor y caridad al prójimo. Quieren ser queridos y respetados, presentándose como los más puros. Pero más que queridos son temidos. Exigen que el pueblo cumpla la Ley. Esclavizan al hombre a la Ley, cuando debe ser un  Ley al servicio del hombre.

¿Cuál es el principal Mandamiento?, le pregunta un Doctor de la Ley a Jesús. “Amarás , a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, le responde el Señor. Dios y el prójimo de manera esencial.

Si amamos a Dios y al prójimo, lo demás vendrá con comodidad. A veces es difícil, según el carácter de cada persona. Pero en la vida del cristiano todo es lucha, no es fácil el camino, pero debemos intentarlo.

Dios no nos pide que hagamos sacrificios. Prefiere que siempre actuemos con misericordia y compasión hacia el prójimo. Prefiere que nos fijemos en el prójimo necesitado, que los hay y muchos, sobre todo ahora con la crisis que afecta a tantas familias, muchas de ellas no tienen lo mínimo indispensable para vivir. Antes que hacer un sacrificio, es mejor que lo invirtamos en aquel o aquellos que pasan hambre. Son muchos los necesitados de todo tipo. A ellos debemos dirigir nuestra mirada y tenderles una mano, que aplaque su sufrimiento.

Recordemos las obras de misericordia tendentes a nuestro prójimo, “Dar de comer al hambriento” entre otras. A lo mejor nos falta medios para ayudar, ahí está la oración a Dios. Donde no llegamos nosotros, Dios si llega, porque se lo pedimos con el corazón.

 

 

 

Por ANTONIO TAPIA
Monday 18 july 2011 1 18 /07 /Jul /2011 08:07

En el Evangelio del día, el Señor llama la atención a los fariseos, quienes critican y murmuran de los Discípulos porque en día sábado “comieron y arrancaron para comer espigas”. Una vez más, se ciñen a la letra de la Ley. Los fariseos, gustosos siempre de hacer sacrificios de cara al público. Les gustaba hacerlo, para que las gentes les tomara como héroes y fieles cumplidores, aunque luego, de cara a Dios, todo lo perdían por su prepotencia y vanidad. Se presentaban como los auténticos puros, pero luego no lo eran.

En el Evangelio del día, vemos que además de su prepotencia, les falta la virtud de la misericordia, pues en lugar de compadecerse del hambre de los Discípulos, les llaman la atención. No les importaba que tuvieran hambre, por encima de todo debían de cumplir la Ley. Y Dios no pide eso. Podían mitigar el hambre y podían cumplir la Ley. De hecho, si alguien tenía autoridad para llamar la atención, era el Señor que es Dios y Hombre verdadero. Y Jesús les permite saciar su hambre.

La virtud de la misericordia o compasión por el prójimo, es otra de las virtudes que siempre debe de acompañar al cristiano. Esta virtud casa con el Mandamiento del Señor: “ Amarás al prójimo como a ti mismo”. Si no hay misericordia estamos rompiendo con ese mandato tan querido por el Señor.

El Señor, pide en este Evangelio que prefiere que practiquemos la virtud de la misericordia antes que nos dediquemos a los sacrificios. Pues considera que el amor al prójimo es el más esencial, después del amor a Dios, para la vida del cristiano. Si no hay amor al prójimo, si no tenemos misericordia del prójimo, no podemos decir que amamos a Dios.

Los fariseos quedan una vez más en entredicho. Les falta amor y caridad al prójimo. Quieren ser queridos y respetados, presentándose como los más puros. Pero más que queridos son temidos. Exigen que el pueblo cumpla la Ley. Esclavizan al hombre a la Ley, cuando debe ser un  Ley al servicio del hombre.

¿Cuál es el principal Mandamiento?, le pregunta un Doctor de la Ley a Jesús. “Amarás , a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, le responde el Señor. Dios y el prójimo de manera esencial.

Si amamos a Dios y al prójimo, lo demás vendrá con comodidad. A veces es difícil, según el carácter de cada persona. Pero en la vida del cristiano todo es lucha, no es fácil el camino, pero debemos intentarlo.

Dios no nos pide que hagamos sacrificios. Prefiere que siempre actuemos con misericordia y compasión hacia el prójimo. Prefiere que nos fijemos en el prójimo necesitado, que los hay y muchos, sobre todo ahora con la crisis que afecta a tantas familias, muchas de ellas no tienen lo mínimo indispensable para vivir. Antes que hacer un sacrificio, es mejor que lo invirtamos en aquel o aquellos que pasan hambre. Son muchos los necesitados de todo tipo. A ellos debemos dirigir nuestra mirada y tenderles una mano, que aplaque su sufrimiento.

Recordemos las obras de misericordia tendentes a nuestro prójimo, “Dar de comer al hambriento” entre otras. A lo mejor nos falta medios para ayudar, ahí está la oración a Dios. Donde no llegamos nosotros, Dios si llega, porque se lo pedimos con el corazón.

 

 

Por 658207715
Sunday 17 july 2011 7 17 /07 /Jul /2011 08:02

Oíd que rápida solución halló Poro, rey de los persas.
"Donde un pobre muera de hambre dentro de nuestros muros, tomaré por cada pobre un rico. Nadie murió de hambre en aquel país. Y los ricos no tuvieron que pasar hambre con los pobres, sino repartir algo de su abundancia

 

 

Todos tenemos algo que repartir, no siempre se trata de dinero. Todos disponemos de alguna riqueza, carisma, que a lo mejor otros pueden necesitar.

Cuantas veces, a lo largo de nuestra vida nos quejamos que Dios nos abandona, que Dios parece no escucharnos o que Dios no nos concede aquello que necesitamos en un momento dado. Otras veces nos quejamos de que Dios no acaba con las guerras o con el hambre que asola a muchos países. Miles mueren al día sin que nadie haga nada. O señalamos con el dedo acusador a Dios. Osea, pasamos una parte de nuestra vida, sentando en el banquillo de los acusados al mismo Dios.

Dios como Padre nuestro que es, siempre nos escucha, siempre sale a nuestro encuentro, siempre nos espera pacientemente, como el padre de la parábola. ¿Porqué, mejor, no somos nosotros los que demos el primer paso hacia Él?

Si somos justos, por qué no miramos donde me encuentro yo en relación al Padre. Porque no reconocemos que le he abandonado, que me he desviado de su camino, que ya no piso su huella. Que llevo tiempo alejado de Él. Y aun así, el me espera pacientemente, sin abandonarme, dispuesto a tomarme en sus brazos paternales.

Él nos llama, Él espera. Pero nosotros, seducidos por las cosas del mundo tardamos en volver tal vez, meses, años, en los que nosotros solemos hacer oídos sordos a su llamada. Pero Padre Dios espera con paciencia nuestra vuelta. Pero aun así, alejados somos capaces de juzgarle, de exigirle de pedirle que nos de aquello que necesitamos. ¿Y qué le doy yo a cambio? Cuantas veces le he prometido cambiar y cuantas veces ha quedado la promesa incumplida. ¿Es justo eso?

Pero a pesar de nuestras infidelidades, sigue siendo nuestro Padre que nos ama. No nos abandona. Y a pesar de nuestros abandonos, no nos damos cuenta de los muchos peligros de los que nos ha librado. Si Padre Dios nos abandonara,  ¿Qué sería de nosotros¿ ¿estamos seguros de que seríamos capaces de dar un solo paso?

Si somos justos, deberíamos examinarnos, ver cuál es mi vida actual, porque caminos ando, de los peligros que he escapado, gracias a Dios.

Cuando ofendemos a Dios, me alejo de Él de forma unilateral. Soy yo el que rompe con Padre Dios. Soy yo el que se aparta de Dios. Soy yo el que coge lo que me ofrece el Mundo. Eso es el pecado, la ruptura unilateral con Dios. No es Él el que rompe conmigo. Ahora soy yo el que tiene que volver a su regazo a través del sacramento de la Penitencia, donde me espera para perdonarme.

Por otra parte, he pensado para que estoy aquí en el Mundo. Porque he recibido el don de la Fe. Desde luego no para quedarme en casa ricamente, sino para ser la voz, las manos,  los pies y las huellas de Dios en el mundo. Si pensamos un poco, estamos para colaborar. Somos los que hemos de acabar con el hambre, las guerras, las injusticias colaborando con la Iglesia. No hemos sido creados para nada, para sentarnos en un sillón y esperar a que llegue el día de dejar el mundo y abandonarlo con las manos vacías.

Hablamos de misioneros, pero a muchos no les seduce la idea. No todos los cristianos les atrae esta idea. Pero cuando hablamos de misiones no es preciso que pensemos en países lejanos. Si miramos a España, podemos darnos cuenta que también aquí se precisa una reevangelización, tal como están las cosas. Si, en nuestro propio país.

Tal como está nuestra sociedad, está claro que necesita re evangelizar. Aquí, en España, se necesita, en tu propia familia, entre tus amigos, en el propio centro de trabajo… tantos sitios. Pero desde luego, no hemos sido creados para estar sentados. ¿Hacemos algo?.

Si todos los que hemos recibido el don de la Fe, ponemos a disposición de la Iglesia nuestros conocimientos y trabajamos con ella, estemos seguros que todo iría mejor. Desde luego, nadie puede decir lo bien que va la sociedad, pues va perdiendo los valores de forma galopante: botellón, sexo, drogas, aborto, muerte digna (¿?), matrimonios homosexuales… de seguir así, como será la sociedad que le espera a tus hijos. ¿Quieres esta sociedad para tus hijos?. Pues adelante, ponte a trabajar

 

 

 

Por antonio tapia garcia
Sunday 10 july 2011 7 10 /07 /Jul /2011 12:00

Leyendo la próxima beatificación de la religiosa francesa Margarita Rutan, viene a mi memoria aquella película, Diálogo de Carmelitas,  que siempre nos echaban en la TV, basada en la obra de Bernanos “la última en el Cadalso” que nos transportaba a los años terroríficos de la Revolución Francesa que tantas vidas costó por el mero hecho de ser aristócratas o por no renegar de la religión cristiana, que a su vez me transportaba a la etapa de la república española, donde se ejecutó a tantos cristianos sin mirar si eran laicos, religiosos y religiosas, amén de la quema de Iglesias; hechos que vergonzosamente el señor Zapatero ha quitado de la Falsaria memoria histórica que ha pretendido presentar al mundo.

Margarita Rutan, Religiosa de la Caridad en la ciudad de Dax, desarrolló su vida entregada            a Dios. Al estallar la Revolución Francesa, siguió en su servicio a Dios, como lo había venido haciendo, sin despojarse de sus hábitos. Fue detenida y juzgada, condenada a muerte por “aristócrata”, “fanática” “prácticas de superstición, tal vez tuvieron miedo de condenarla a muerte por su fe. Y ejecutada en el cadalso.

La revolución Francesa prohibió categóricamente la religión y por tanto persiguió a los cristianos, entre ellos a Margarita Ruten.

A lo largo de la Historia de la Iglesia, el cristianismo ha sufrido gravísimas persecuciones. En España y también fuera de nuestra nación. Solamente recordar las persecuciones, con martirios en la invasión musulmana, Roma, Revolución mexicana, en la Republica de España…

Poco antes de ser ejecutada, perdonó a sus ejecutores, a ejemplo del Señor, “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. En España igual, muchos de los ejecutados murieron perdonando a sus ejecutores.

El heroísmo  de Margarita Rutan y su muerte considerada de mártir le ha valido el título de beata que se lo concederá  el Papa en estas fechas. En la ciudad de Dax han declarado ya tres días de fiesta en su honor.

Aún, a día de hoy quedan muchos martirizados y que seguro serán beatificados, como ejemplo para todos. Podrán quitarnos la vida, podrán perseguirnos, podrán quitar nuestros símbolos, pero la Iglesia de Cristo ni morirá ni desaparecerá, continuará en pie enseñando    a toda la humanidad la Buena Nueva.

El espíritu de Margarita Rutan y el de tantos mártires es el espejo en el que nos miramos los cristianos de hoy. Lo mismo hará los que vengan después de nosotros.

Por antonio tapia garcia
Saturday 9 july 2011 6 09 /07 /Jul /2011 12:00

Quedaba una sola plaza y mis tíos me llamaron por si quería ir a Lurdes. ¡Cómo no iba a querer!. Es el sueño de todos los católicos, y muchos no católicos, créanme. Así que me planté en Vitoria ipso facto, a pesar de que el avión no es santo de devoción. Dice mi compañero de trabajo, con quien he coincidido en algún viaje de curso de trabajo, que voy levitando, en lugar de ir sentado. Los vaivenes me atacan. Esos “sube y bajas” que hacen con las turbulencias pueden conmigo. Pero de todas formas tome el avión. De Vitoria, tomamos el autobús con destino a Lurdes. Un viaje muy bonito. El sacerdote de la Parroquia de San Antonio dio la bendición y nos pusimos en ruta.

Emocionante, era como un sueño. ¡Lurdes!. Cantamos, rezamos, reimos… todos animados. Alguno de los viajeros repetía visita. Hablamos de nuestras cosas. Yo de Tenerife a Lurdes. Hablé de lo bonita que eran las Islas Canarias de su seguro de sol, de sus gentes maravillosas. Son especiales, atentas, hospitalarias.

Unas horas de viaje. Hicimos una parada a mitad de camino. Continuamos. Estábamos deseando llegar a nuestro destino. Para mi un sueño. ¡Yo en Lurdes!. Para mi un milagro, pues una oportunidad así no se me iba a presentar, tal vez en la vida. Nos adentramos en Francia. Que bien tenían conservados los pueblos. Paramos en uno de ellos. Unos treinta minutos. Paseo. Refrescos, fotos, parque… y nuevamente en ruta. ¡Porfin llegamos.

Tiendas, muchas tiendas. En todas se vendían objetos referentes a Lurdes. Era como algo asi. El exterior de la Basílica vivía de recuerdos de Lurdes. Dentro estaba prohibido la venta de objetos. En la Basílica era todo culto. Cuando llegamos a Lurdes, nos acomodamos. Todo el grupo fuimos a comer al lugar programado. Un comedor con mesas alargadas y la comida descrita en el programa. Comida hecha a conciencia y eso que estaba el comedor a tope. Despues descansamos. Deseaba entrar en la Basílica.

¡Al fin!. ¡Impresionante!. Es para verlo. El gentío era impresionante. Hicimos cola hasta llegar a la gruta. Delante de mí iba un Indu con el turbante, con un niñito en los brazos, detrás la esposa. Cuando llegó ante la Virgen, elevó al niño presentándoselo. La emoción hizo que me saltaran las lágrimas. Se me hizo un nudo en la garganta. Se inclinó ante la Madrfe del género humano. Imagino a la Virgen sonriendo y aceptando tan grata presentación. El hizo una inclinación y lo mismo su esposa. Había gentes de muchos países. Emocionante. Yo me inclié y me santigué, era preso de la emoción. Volvieron a saltarme las lágrimas. Me encontraba ante la Virgen de Lurdes. Luego fuimos a la otra orilla con el sacerdote, nos sentamos y rezamos el rosario. Hicimos un recorrido por todo el lugar. Después de la cena, me di una escapada con algunos de los miembros del grupo. Volvimos a nuestra orilla. Rezamos el rosario y una meditación. Seguía la muchedumbre. Japoneses, africanos, hindúes, enfermos, impedidos…

Este es el gran milagro. Todos los días el cuantioso peregrinar que no cesa. Ante la Madrecita que nos ama. A pedir, a dar gracias… todos los días milagro. Todos atraídos ante María, ante la Inmaculada. Un rio de gentes que no cesa. Por la mañana, muy temprano Santa Misa. Eran polacos. No entendí. Pero se puede seguir la Misa. Ya a las siete había celebraciones eucarísticas. Hay confesiones también. Conversiones, no lo dudo. La expresión de fe de las gentes, cautiva el alma. Y como por simpatía, te revuelve el alma, y allí vas tu, a confesarte, a cambiar de vida. Sales otro. No el mismo que llegó a Lurdes. Estos son los milagros que no se ven, pero que se producen, la limpieza de las almas. Entras cargado de lastre y sales agil, como transfigurado.

En esa gruta se apareció la Madre de Dios, también nuestra Madre. El milagro de las conversiones, el milagro de los cambios. Y seguro alguna curación de algún enfermito que llega allí suplicando a la Madre. ¡Pedid y se os dará!

Todos los días milagro. Milagro de conversiones. Ateos que ven la luz, pecadores que dejan allí el lastre, gentes que abandonaros y vuelven. Milagros. Pues no son solo milagros las curaciones. Son milagros las conversiones. Todos los días muchedumbres que visitan a la Madre. Inagotables muchedumbres. Algunos repiten seguramente. Pues tiene como un imán. Deseas volver. Mejor dicho, deseas no irte. Deseas quedarte cerca de la Gruta. Allí donde las gentes lloran con lágrimas de limpieza del alma; allí donde las gentes se marcan un compromiso de cambio a los pies de la Madre celestial; allí donde las gentes piden al Faro de nuestro caminar Luz para el caminar por esta vida.

Si no has estado, ve a verlo. Acude a ver a la Madre que te espera para acogerte en su regazo y llevarte ante nuestro Padre del Cielo. Creeme, todos los días milagro patente.

       

Por antonio tapia garcia
Friday 8 july 2011 5 08 /07 /Jul /2011 12:00

Cuando rezamos el Padre Nuestro a más de uno se nos ha atragantado cuando hemos llegado a: “como nosotros perdonamos a nuestros deudores.” A mi sí, siempre se me ha bajado la voz, como si me pareciera que de esta forma Dios no me oye recitarla. Y no es porque no pida perdón o no perdone; sino porque algunas veces me cuesta hacerlo al instante, o porque según el caso se me queda grabada la acción.

Antes, cuando rezaba el Padre Nuestros, lo hacía de carrerilla, hasta que adquirí conciencia que esa no era la forma y pasé a hacerlo despacio, fijándome en lo que decía. Fue entonces cuando me di cuenta de muchas cosas de las que decía. Es una oración muy importante, cada frase nos lleva a pedir a Padre Dios cosas importantes y a reconocerle como Padre. El Señor no dejó una oración cualquiera, sino una oración de que podemos decir al Padre y que debemos pedir.

Desde que aprendí la realidad del Padre Nuestro he entendido la seriedad del contenido de esta oración. Desde ese momento, siempre me he parado en ese versículo. ¿Perdono realmente? Y aquí me trabo. Como decía antes, pego un frenazo. Realmente termino perdonando o término pidiendo perdón; pero algunas veces queda enquistado el olvido, por lo que es un perdón a medias, un perdón que se queda cojo. ¿Cómo puedo pedir perdón a Dios en esas circunstancias?

Esta parte del Padre Nuestro nos lleva directos a la virtud de la humildad cuando de corazón pedimos perdón por la ofensa causada. Uno se queda ágil y contento; libre de un peso que doblaba el alma; sabiendo además que con ese paso Dios está contento. Junto al perdón aparece el olvido, que se queda convertido en virtud agradable a los ojos de Dios. Y uno se queda más contento. He perdonado y he olvidado.

Cuando pido perdón es como si diera un hachazo a la soberbia, pecado capital, causa de otros pecados. Pecado capital contra el que hemos de luchar casi toda la vida, pues es difícil desprenderse de él; viene desde nuestros primeros padres, Adán y Eva; y seguirá atacando hasta el fin de los tiempos. Nos ciega, nos enfrenta… es por así decirlo, nuestro peor enemigo.

El Señor en el Sermón de la Montaña nos pide: “Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto”. No nos pide la perfección total, ya que esa perfección la alcanzamos en el Cielo, pero si nos pide esa perfección que es la de hacer, en esta vida, actos buenos que podamos ofrecer a Padre Dios. La vida del cristiano es una lucha constante cada día; es una  pelea en una guerra sin cuartel contra el pecado.

Si no perdono, no puedo atreverme a pedir al Señor que me perdone. Cuesta pedir perdón, según el caso. Cuando por medio del Sacramento de la Penitencia, Dios me perdona cuando el sacerdote me dice “Ego te absolvo…”. Cuando me acerco a este sacramento, lo hago con la intención cierta de no volver a pecar; pero como es difícil, mi intención es luchar para no caer. Este sacramento es importantísimo, al que debemos acercarnos cada vez que lo necesitemos, Dios sabe que somos flojos. Por ello ahí nos espera.

Tengamos en cuenta todo lo que decimos en la Oración del Padre Nuestro. Nosotros, al igual que los Discípulos, le pedimos al Señor que nos enseñe a orar, a ponernos en sus manos, a saber pedir y también a saber darle. Que el Señor guie nuestros pasos, nuestras oraciones para que durante nuestra vida podamos dar a nuestro Padre Dios lo mejor de nuestra cosecha

 

 

 

Por antonio tapia garcia
Thursday 7 july 2011 4 07 /07 /Jul /2011 12:00

A lo largo de los Evangelios, podemos ver como muchos de los milagros están motivados por la Fe. Jesús se conmueve ante las expresiones de Fe de las gentes que con Él se cruzan. En el Evangelio de hoy se cruzan estas expresiones de fe, pero diferentes en la acción. La hemorroisa y la hija de Jairo.

La hemorroisa que llevaba enferma unos  doce años y Jairo un alto  jefe de la Sinagoga. Ambos habían oído hablar de los actos de Jesús. Ambos confían en Jesús.

El jefe de la sinagoga se acerca a Jesús y le dice: “Señor, mi hija acaba de morir.” El Señor le acompaña, y junto a ellos un gentío, muchos de ellos  murmuraban y se reían. El alto jefe de la sinagoga, dirigiéndose a Jesús le dice: “ven a imponerle tus manos y vivirá”. Jesús se compadece ante  aquella expresión de Fe.

Recordemos la Fe del centurión romano; la de los amigos del paralitico de Cafarnaúm, la del ciego de Betsebá, la del padre del niño epiléptico. Como se conmueve Jesús y como atiende sus súplicas. “Si tú quieres, puedes”.

En el camino a la casa del alto jefe de la sinagoga, se encontraba la hemorroisa, que viendo aquel gentío no se atrevió a acercarse a Jesús, sin embargo ella pensó “si toco aunque sea una hebra de su ropa…” y pasando Jesús a su lado, tocó con sus dedos una hebra de su manto, y Jesús le dijo:” ten confianza hija, tu fe te ha salvado” y al instante quedó curada.

Llegando a la sinagoga, mandó salir a todos, entre tanto algunos se burlaban y se reían. No creían e Jesús a pesar de los milagros por el obrados. Entrando en la habitación donde se encontraba la niña la tomó de la mano y la niña resucitó. Quedando todos impresionados de lo que acababan de ver.

Es el mismo Jesús quien nos dice: “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Vemos que estas palabras se cumplen, siempre van acompañadas de la virtud de la fe. Así lo pide el Señor, que cuando pidamos, busquemos o llamemos lo hagamos con Fe. Padre Dios a todos escucha y a todos atiende. Pero siempre con fe. Algunas veces nos parece que no nos oye, pero es reflejo de la poca fe con que le pedimos o con la que a Él acudimos; porque Dios es el Padre que nunca abandona a sus hijos, porque nos ama de manera inimaginable. Nos quiere con locura, valga la expresión.

El Señor premia la fe todos los días. Es el mismo Señor que ayer caminaba por Palestina haciendo el bien. Hoy igual que ayer continúa haciendo el bien. Que Jesús resucitó. Que Jesús ya no está tras aquella losa, pues algunas veces vivimos como así fuera. Le decimos como aquel padre: Si tú quieres Señor, puedes. ¡Animo! Que el Señor está esperando a que le pidamos por nosotros, por nuestros seres queridos, por nuestros amigos. El Señor está deseoso en atendernos.

 

 

Por antonio tapia garcia
Wednesday 6 july 2011 3 06 /07 /Jul /2011 12:00

Leo en el Mundo, en su primera página, con foto y todo: “Yo el desahuciador”… le imagino como una persona temida y odiada; pues el trabajo no es para menos. Es el trabajo que le ha tocado. Un trabajo desagradable en tiempos de grave crisis. Un trabajo, para alguien muy centrado psicológicamente; un trabajo que a cualquiera le partiría el corazón. Un trabajo no apto para todos los funcionarios.

Enseguida me vino a la mente, el Apóstol Mateo. Odiado por los judíos y también temido. Más de uno, seguro que se lo hubiera cargado, de no ser por la protección romana. Era el encargado de cobrar el impuesto de Roma y seguro el encargado de poner en conocimiento de la autoridad, el nombre de los que no pagaban. Mateo, así se ganaba el sustento diario. Poco después era atraído por Jesús, que en un principio desconcertó al resto de los Discípulos. ¡Mateo el traidor! Elegido por el Señor para ser su Discípulo. Se preguntarían Pedro y sus compañeros ¿En que estaría pensando el Señor? Elegir un traidor a los judíos, a una persona odiada. Pero Jesús pasaba de esas actitudes humanas. Jesús ha venido a recuperar a todos, a los dispersos, a los enfermos del alma. A reunirlos a todos en el mismo redil. Eles el Buen Pastor.

Imagino al funcionario, como un buen padre de familia, entregado, hogareño. Aunque por su trabajo pueda llevar a muchos a pensar otra cosa. La mente humana enseguida suele distorsionar la verdadera realidad. En la foto del Mundo aparece con cara seria, acompañado de otro funcionario y un cerrajero en pleno oficio.

La nota del mundo se torna trágica de repente: “un compañero aún no ha superado que un hombre se pegara un tiro delante de él, tras comunicarle el desahucio”. Tremendo. La crisis es fría y rígida. Puede llevar a esas determinaciones imprevistas. Una crisis aún no reconocida seriamente por el presidente de un gobierno que ha seguido, sin chistar, las directrices de Zapatero.

El desahuciador no es culpable ni responsable. El cumple con su trabajo, es ejecutor de las sentencias judiciales de embargos en las que se ven inmersos muchas familias, que un día compraron un hogar y se hipotecaron, con vistas a ir pagando mensualidades que repentinamente iban subiendo, imprevisto que pensaron nunca se iban a producir. Subidas que marca anualmente el Banco Europeo, que muchos hipotecados no pueden hacer frente.

¿Y después del embargo? O se quedan en la calle, o si tienen suerte y algún familiar o amigo les encuentra alojamiento hasta que salgan del apuro. Parece que el gobierno iba a dar una cantidad a los hipotecados, pero estas dejadas del gobierno no son fiables, luego habrán de ser devueltas o repentinamente las corta. ¿Pues de donde va a sacar dinero si estamos económicamente en estado crítico? Las pagarán los funcionarios y los pensionistas con nuevos recortes. O aparecerá Shylock  reclamando una libra de carne del endeudado como pago de su deuda.

Lo injusto de esta situación de muchos españoles, es que perdiendo su hogar tengan que seguir pagando. ¿Es que con el piso no queda suficiente pagada la deuda? Yo por mucho que me lo expliquen ni lo entiendo ni lo comparto. Durante la campaña del 22-M, la presidenta de la comunidad de Madrid, tuvo la idea de establecer, en su comunidad, que perdido el hogar por el desahucio no iba a permitir que siguieran pagando. ¿Por qué esto no lo hace el gobierno a nivel estatal? Imagino que no quiere enfrentarse con sus “amigos” los bancos, que se han visto beneficiados por la política de Zapatero.

El desahuciador cumple su cometido. Desagradable, triste, injusto… supongo que más de una pesadilla le ha costado. Supongo que ha tenido deseos de hablar con alguien, a efectos de catarsis, para echar fuera toda la pesadilla que vive

Detrás de esa cara de duro, hay la de un padre amante de su familia que ha de cumplir con un triste y duro cometido. Él no es causante de la crisis que ha llevado a muchas personas a perder un hogar FAMILIAR. Un hogar que suponía el mayor anhelo.

Desde aquí ruego, si aún queda justicia, revise el Gobierno esa ley, por la que los bancos no solo se quedan con las casas, sino que después hay que seguir pagándoles. Si es que queda algo de corazón

 

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