En el Evangelio del día, el Señor llama la atención a los fariseos, quienes critican y murmuran de los Discípulos porque en día sábado “comieron y arrancaron para comer espigas”. Una vez más, se ciñen a la letra de la Ley. Los fariseos, gustosos siempre de hacer sacrificios de cara al público. Les gustaba hacerlo, para que las gentes les tomara como héroes y fieles cumplidores, aunque luego, de cara a Dios, todo lo perdían por su prepotencia y vanidad. Se presentaban como los auténticos puros, pero luego no lo eran.
En el Evangelio del día, vemos que además de su prepotencia, les falta la virtud de la misericordia, pues en lugar de compadecerse del hambre de los Discípulos, les llaman la atención. No les importaba que tuvieran hambre, por encima de todo debían de cumplir la Ley. Y Dios no pide eso. Podían mitigar el hambre y podían cumplir la Ley. De hecho, si alguien tenía autoridad para llamar la atención, era el Señor que es Dios y Hombre verdadero. Y Jesús les permite saciar su hambre.
La virtud de la misericordia o compasión por el prójimo, es otra de las virtudes que siempre debe de acompañar al cristiano. Esta virtud casa con el Mandamiento del Señor: “ Amarás al prójimo como a ti mismo”. Si no hay misericordia estamos rompiendo con ese mandato tan querido por el Señor.
El Señor, pide en este Evangelio que prefiere que practiquemos la virtud de la misericordia antes que nos dediquemos a los sacrificios. Pues considera que el amor al prójimo es el más esencial, después del amor a Dios, para la vida del cristiano. Si no hay amor al prójimo, si no tenemos misericordia del prójimo, no podemos decir que amamos a Dios.
Los fariseos quedan una vez más en entredicho. Les falta amor y caridad al prójimo. Quieren ser queridos y respetados, presentándose como los más puros. Pero más que queridos son temidos. Exigen que el pueblo cumpla la Ley. Esclavizan al hombre a la Ley, cuando debe ser un Ley al servicio del hombre.
¿Cuál es el principal Mandamiento?, le pregunta un Doctor de la Ley a Jesús. “Amarás , a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”, le responde el Señor. Dios y el prójimo de manera esencial.
Si amamos a Dios y al prójimo, lo demás vendrá con comodidad. A veces es difícil, según el carácter de cada persona. Pero en la vida del cristiano todo es lucha, no es fácil el camino, pero debemos intentarlo.
Dios no nos pide que hagamos sacrificios. Prefiere que siempre actuemos con misericordia y compasión hacia el prójimo. Prefiere que nos fijemos en el prójimo necesitado, que los hay y muchos, sobre todo ahora con la crisis que afecta a tantas familias, muchas de ellas no tienen lo mínimo indispensable para vivir. Antes que hacer un sacrificio, es mejor que lo invirtamos en aquel o aquellos que pasan hambre. Son muchos los necesitados de todo tipo. A ellos debemos dirigir nuestra mirada y tenderles una mano, que aplaque su sufrimiento.
Recordemos las obras de misericordia tendentes a nuestro prójimo, “Dar de comer al hambriento” entre otras. A lo mejor nos falta medios para ayudar, ahí está la oración a Dios. Donde no llegamos nosotros, Dios si llega, porque se lo pedimos con el corazón.

