El código de derecho canónico en su artículo 987, 1 dice: “ el sigilo sacramental es inviolable, por lo cual está terminantemente prohibido al confesor descubrir al penitente de palabra o de cualquier otro modo y por ningún motivo; de violar este mandado, caería sobre él la pena de excomunión de foema automática”,
No existe motivo alguno que rompa o permita romper este secreto.
Por ejemplo, hace unas semanas, robaron unos códices de la Basílica de Santiago de Compostela. Uno de los autores llamó para decir que lo devolverían bajo secreto de confesión. El sacerdote que los recibiera, bajo ningún concepto podrá violar el secreto de confesión, ni dar la mínima característica de quien devuelve los códices.
Todavía existe el miedo en lagunas personas a acercarse a este sacramento. El miedo es a veces a confesar los pecados cometidos contra el sexto y noveno mandamiento. Otras veces, el miedo es al confesor.
Quien no ha cambiado de acera, alguna vez en su vida, cuando ha visto al confesor con el que se iba a cruzar.
También el sentido de la vergüenza, suele hacer que algunas personas se alejen de este sacramento.
Bajo ningún concepto el confesor va a comentar los pecados confesados por el penitente, además es imposible que el confesor, recuerde los pecados confesados o pueda asociarlos a una determinada persona, pues son muchas las personas que acuden a este sacramento. El sentido de vergënza o de miedo a lo que el sacerdote me pueda decir, son tentaciones para evitar volvamos al estado de gracia y de amistad con Dios.
El sacramento del perdón debe darnos Paz, nunca inquietud, por ello una vez confesados nuestros pecados comenzamos una nueva vida de cara a Dios y de cara a mi vida espiritual. Si salimos con miedos y preocupaciones, no vamos a adelantar nada, vamos a rompernos de nuevo. Por ello, el sacramento de la penitencia, debemos reforzarlo con el sacramento de la eucaristía a ser posible con frecuencia; no dejarlo sólo para la Misa del domingo-
En tiempos de la Rusia radical, siendo Jefe del KGB Yuri Andropov, posteriormente presidente del gobierno ruso y cuyo nombre salió a relucir tras la famosa pista búlgara, en el atentado al Papa Juan Pablo II, fueron detenidos dos sacerdotes que habían recibido en confesión a varios altos cargos del comité del partido. El objeto, era saber si les habían pasado algún tipo de información delicada.
Fueron interrogados durante horas, por hábiles policías del KGB, con resultado cero. Asi que acudieron al suero de la verdad, como último movimiento. El resultado fue negativo para los interrogadores. No habían sacado nada a los sacerdotes, ni el mas minimo pecado confesado. El sigilo sacramental había superado al suero y a los interrogatorios.

