Hoy, en todo el ancho del planeta, millones de flores que nunca vera nadie, que crecerán y morirán sin haber “servido” para nada, pero que estarán orgullosas por el simple hecho de vivir y de haber sido hermosas. Escribía el padre Martin descalzo. Solo nos acordamos del ruido, las obras malas de tal o cual y muy pocas veces de aquel que en silencio pasa haciendo el bien por esta vida. Tal vez cuando muere, soltamos un lacónico “que bueno era, el pobre”. Pocas veces tenemos en cuenta las obras buenas hechas por las personas; somos más tendentes a olvidar el pasado, de forma que recordamos mas fácilmente los fallos, por los que juzgamos y “matamos” la honra de aquel que tuvo la desgracia de cometer un error, aunque solo fuere uno. Y ciertamente es así. Encumbramos al delincuente y desterramos al justo. Es el siglo del antihéroe, de aquel que no puede presentarse como ejemplo a nuestra juventud, de aquel que solo da malas enseñanzas… el hombre justo, ese sobre el cual podríamos pisar su huella para seguir un recto camino lo convertimos en ¡reo de muerte social! Somos así los humanos de inhumanos. Y es que a muchos el ejemplo del justo les hace doler la conciencia. Solo tenemos que ver el mejor ejemplo de bondad, de caridad, de entrega a los demás, de anonadamiento: ¡JESUS!, que paso haciendo: curo, sano, devolvió la vida, perdono, amo sin condiciones y en el momento calve todos, todos los demonios desatados se revolvieron contra Él, y nosotros también, que un día participamos en su entrada gloriosa en Jerusalén con palmas y vítores. En el silencio de la noche, junto a las más bellas flores de amor del jardín de Dios, rezan los monjes desde sus monasterios, por ti y por mí. Pocos se acuerdan de ellos y del mucho bien que para nuestras almas hacen, pues muchas bendiciones de Dios recibimos por la caridad de estos monjes. Y mientras el mundo sigue su andadura loca, ellos siguen en su dulce plegaria a Dios, sin esperar nada a cambio de este mundo olvidadizo. En el silencio trabajan los humildes, ofreciendo a Dios cada momento de sus vidas. Con ellos nos cruzamos cada día, pero nuestra visión corta y nuestro corazón muchas veces amundanado y sumido en las atracciones del mundo, nos impide verlos y descubrirlos impidiéndonos seguir su huella. En el silencio trabajan los profesionales, que saben cumplir con su trabajo rectamente, sin empujones, sin zancadillas, sin puñaladas por la espalda y sabiendo encajar los embates de quienes sirven a la envidia y la discordia. En el silencio trabaja Dios, repartiendo amor y esperando respuestas. Sin quejarse, con paciencia, enamorado de sus hijos, a quienes ama en un amor eterno e incondicional. Y es que en el silencio esta la bondad. En el silencio de la humildad nace la alegría de saber cuánto nos ama el Señor, porque en el silencio de la Paz de Dios le amamos a Él. Y le amamos en quienes no nos aman, o no persiguen o no rechazan, o nos odian… porque así es el ser humano, bendecido por la señal del cristiano, aquella que un día Jesús eligió como sacrificio por ti y por mí, en el silencio desde donde nos amo y nos rescato. Vivimos en el barullo del botellón, de la droga, el sexo desenfrenado, en el distanciamiento entre padres e hijos; en la vida rápida y sin descanso; la ruptura de la familia. Pero mientras, a un lado, en el silencio de la noche, crecen las buenas hierbas y las flores que mostraran en el amanecer el color de la sonrisa de un Dios amante de esta humanidad
Cuando rezamos el Padre Nuestro, si lo hacemos despacio y mirando lo que decimos, es seguro que al llegar a: “perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, se nos debe hacer un nudo en la garganta o apelotonar este ruego.
A mí me cuesta al llegar a esta frase, no puedo decir lo contrario. Algunas veces me da hasta cargo de conciencia hacerle este ruego al Señor, cuando tantas veces me ha costado perdonar, cuando tantas veces me ha costado pedir perdón; y si perdonamos, tantas veces no olvidamos. Es quizás la petición más dura que hacemos. Dura porque sobresalen esos momentos en los que nuestro corazón ha actuado mal. Hasta incluso ha devuelto mal contra el mal. ¿Cómo puedo pedirle al Señor que me perdone, si no he actuado a semejanza de Él, contra aquel que pudo ofenderme? ¿Cómo puedo pedirle que me perdone, si he faltado a la caridad símbolo del actuar cristiano? Pero tengo que pedírselo porque existe el arrepentimiento y el deseo de no volver a caer. Rencor, odio, venganza, resentimiento, enemistad, animadversión… de cuantas formas y maneras se presenta el pecado motivado por el hecho de no perdonar.
“Pobre del hombre si Dios solo le perdonase como él perdona. Y sin embargo, Dios ha querido unir su perdón a los nuestros… Dios quiere que entre Él y los que le aman se constituya una comunidad de perdonadores de la que quede excluido el que no se decida a perdonar a los demás” escribía el insigne padre Martín Descalzo. Pero lo cierto es que a nuestras primeras reacciones negativas ante un hecho que consideramos injusto contra nosotros, surge esa otra reacción positiva, emblema del cristianismo: EL PERDON, que destierra el rencor del alma y todas sus formas.
Si nos diéramos cuenta de lo que decimos al rezar el Padre Nuestro, en cada una de las peticiones y en cada uno de los ruegos, nos movería a realizar un cambio casi radical en la persona. Se acabarían las injusticias, las guerras desaparecerían, cesarían los asesinatos, las agresiones, las persecuciones… porque consecuencia de todo esto es el rencor, el egoísmo.
La petición o ruego que le hacemos a Dios a través de “perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” no está puesta porque si. Tiene todo su valor. Recordamos cuando le preguntan a Jesús cual es el primer y principal Mandamiento y Él responde: “amarás a Dios con todo tu corazón…. Y al prójimo como a ti mismo”. Es primordial el amor al prójimo y está previsto que el prójimo me falle, como que yo le puedo fallar a Él; y en evitación de discordias, Jesús establece como paso importante cuando se produzcan fricciones: que yo perdone o que según el caso pida perdón, como oposición a la falta de humildad, al rencor y al odio, elementos que habitan en el alma del demonio, el tentador.
Recordemos el pasaje de la Pasión, cuando se burlan, golpean e insultan a Jesús y le coronan clavándole una corona de espinas en la cabeza. Jesús respondía a cada golpe, a cada insulto, a cada burla con un acto de amor, actos que para el hombre de hoy supone un gran esfuerzo realizarlo. ¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen! Ya en la Cruz, próximo a expirar, el Señor en un acto de amor sublime, pide al Padre que nos perdone, porque con el pecado NO SABEMOS LO QUE ESTAMOS HACIENDO.
Podemos perdonar si nos lo proponemos. De hecho debemos perdonar, pero de corazón. El alma se ensancha; es como si entrara aire nuevo, más fresco, más limpio. Hasta sentimos una alegría indescriptible. Porque donde no había perdón, nunca pudo haber paz.
Señor, hazme instrumento de tu paz.
Donde haya 0dio, y0 siembre Amor;
Donde haya injuria, perd0n;
Donde haya duda, fe;
Donde haya desaliento, esperanza.
Donde haya sombra, luz;
Donde haya tristeza, alegría;
Donde haya discordia, Armonía
Donde haya error, la verdad...
No es el ambiente en si el causante del pecado del hombre. Si, tiene su intervención; pero el verdadero culpable del pecado es el hombre mismo. El mundo se limita a ofrecer, cierto que con todo lujo de detalles, como vendedor de puerta a puerta. Pero es el hombre el que no debiendo “comprar”, compra y disfruta. Cuando estudiábamos de pequeños el catecismo, recuerdo aquello:”¿Cuáles son los enemigos del hombre?: el mundo, el demonio y la carne”. El mundo con sus seducciones, el diablo, es el gran tentador y el sexo mal aplicado y desordenado. Algunos lo recuerdan y se ríen de esa respuesta. Mucho ha cambiado todo desde entonces, desde que estudié en los Jesuitas. Antes se hablaba mucho del pecado, ahora de faltas, fallos. ¿Había razón antes?. Lo cierto es que ahora se han perdido mucho los valores y muchos no tienen ya freno religioso ( es decir, que da lo mismo pecar que no).
Solemos echar toda la culpa al diablo de todas nuestras caídas, de nuestros malos haceres, de nuestros pecados graves o leves, como queriendo disculparnos de nuestras actitudes. El cumple su oficio, el sabe donde andamos mas flojos, más débiles, sin muchos refuerzos de oración, flojos por el pecado, por la falta de participación de participación en los sacramentos. Y por ahí presenta sus sugestivas ofertas, moviéndonos al desorden. Pero nosotros al aceptarlas somos los que pecamos, a sabiendas que lo que hacemos es contrario a la Ley de Dios. El peca por rebeldía a Dios y por tentación al hombre; pero el hombre peca por desobediencia a Dios. Pero la diferencia, es que la soberbia del hombre no está tan enquistada, de forma que es mas difícil que el diablo se arrepienta de uno solo de sus pecados, que al hombre le falte la virtud de la humildad para arrepentirse. Y de ello podemos dar gracias a Dios, que nos alcanza la capacidad de arrepentimiento, a través de la virtud de la humildad y por ello, la capacidad de pedir perdón a Dios por haber roto, con el pecado, el nexo que nos une a El Por otra parte, existe el grave error de no creer en su existencia, de considerarlo por algunos como la personificación del mal; cuando en realidad es la causa del mal y de la mentira, lo que no nos quita culpabilidad a nosotros en el pecado o en el mal hecho
“El hombre no necesita mas que sus propios pies para venirse al suelo, porque cada uno lleva en si su miserable piedra de tropezar” .Y es cierto. Tropezamos muchas veces sin motivo para tropezar; es decir, porque queremos caernos; porque muchas veces somos como masoquistas que buscamos hacernos daño en el alma, porque en apariencia el dolor no se nota porque no es dolor físico, pero se produce y a la larga hace mas daño que aquel al que hemos padecido de vez en cuando.
Si observamos, en la vida política pasa lo mismo. Hoy que acudimos con la boca abierta, al triste espectáculo de la corrupción. Una corrupción pintada de todos los colores: derecha, izquierda, centro. Uno es el tentador y otros los tentados, los avariciosos, los codiciosos, que son capaces de enriquecerse con dinero ilícito aún a costa de vender su propia honra. El tentador que busca su enriquecimiento personal, soborna con cantidades sugestivas y no rechazables a cambio de “favores” que a el le supondrá mayor beneficio que lo que le suponían las cantidades entregadas. Es demencial, ver como personas en las que el pueblo español ha puesto su confianza, creyéndolas honradas, salen a la luz implicados en una red de corrupción, de fraude, de estafas… uno no sabe ya de donde se saca el dinero, con los millones que se han defraudado y ninguno los ha devuelto. Y tropiezan una vez, después otra y ya es imposible salir de la espiral, hasta que un juez pone freno a tanto desmán.
Todos tropezamos, nadie está libre de ello. El Señor nos enseña, en su subida al calvario, a levantarnos una, otra y otra vez y tantas veces como fuera necesario, aunque el peso de nuestros pecados nos parezca tan poderoso que dificulta poder levantarnos. Pero aún asi, debemos intentarlo. La tentación es vencible, es rechazable. También el Señor nos enseña a vencerla. Y además nos da las claves para ello: la oración y ponernos en manos del Señor. Sin el, con nuestras solas “fuerzas” nada, nada conseguiremos.
Decía un sacerdote, en su ultima homilía y en su ultima Misa en domingo, ya que días después entregaría su alma a Dios, que la vida del cristiano es violencia, por estar inmerso hasta su ultimo día en una batalla contra el pecado y en una lucha por la santidad a la que estamos llamados.
Podríamos quitar de nuestra mochila esa piedra de tropezar tan molesta. Es cuestión de decisión y de amor a Dios. Quitar esa piedra de nuestra mochila es dejar un gran espacio que muy bien podrá ocupar Padre Dios. Animo, si podemos, possumus, está de nuestra mano.
ESPAÑA SIGUE SIENDO CATOLLICA, PESE A QUIEN PESE
España, según nos dicen, ya no es católica: España es laica. Eso es mentira. No existe lo laico. Frente al problema dramático y profundo de todos los hombres ante los misterios eternos no se nos puede contestar con evasivas. Contesta esas preguntas la voz de Dios, o contesta la voz satánica del antidiós, aunque sea disfrazada con la sonrisa hipócrita de don Fernando de los Ríos. (JOSE ANTONIO)
Parece que se repite la Historia. Parece, en cierto sentido, como si hubiéramos despertado otra vez en la España de la republica, del terror y de la sangre. Y en efecto, en cierto sentido, estamos repitiendo la Historia, que es lo que les ocurre a los pueblos que olvidan su pasado y no es otra cosa que el estar condenados a repetirla.
Los españoles parece que se han olvidado de las atrocidades del pasado. Y me refiero a las que el señor Zapatero ha omitido en su desmemoria histórica, como los gravísimos hechos llevados a cabo por la izquierda (socialistas, comunistas, cenetistas…). Si, por enésima vez, me refiero a los paseíllos, ejecuciones en las cunetas, en las paredes de los cementerios, en los bosques donde paraban las camionetas cargadas de españoles que sacaban de las cárceles para darles el ultimo paseíllo, las quemas de conventos e iglesias, las checas… y tantas y tantas barbaridades que es preciso sacar a la luz. Y de esto se han olvidado. Y nada de esto aparecerá en los libros de la Nueva Historia de España, escrita por los militantes de aquel ejercito que intento convertir a España en un satélite al servicio de Moscú.
Hoy España, dicen que es una nación laica, donde la religión ya no tiene voz y al paso que van las leyes del señor Zapatero tampoco tendrá cabida. Mas parece estar metido en una cruzada particular contra el sentir religioso de un pueblo que en el papel de presidente cuyo cometido era el de llevar a España a buen puerto; es decir, a formar parte del concierto de las naciones más representativas. Pero a este paso nos quedamos sin Patria, por estar dividida por los nacionalismos, y sin Valores. Y es que ha abandonado su principal tarea: la de regir los destinos de la nación, para entablar su guerra particular contra la Iglesia católica y todo lo que esta defiende: La familia, la vida, la educación, los valores de las personas, la búsqueda de una sociedad más solidaria...
Pero no puede ser laica, aunque sea por decisión de unos políticos, que escriben cualquier cosa sobre papel, que nunca podrá con el fuero interno de las personas que conforman esta nación. Porque no pueden prohibir la religión, ni tampoco la práctica de la misma. Podrá prohibir los crucifijos, pero otra cosa es que el pueblo español quiera arriarlos de sus lugares preeminentes. Y esto es un signo de que España no perderá su identidad religiosa. Como ocurriera durante la republica, pudieron matar los cuerpos, pero no pudieron matar el alma de sus víctimas. Otro fracaso mas del señor Zapatero y de aquellos que como el pululan por el mundo.
Parece que vence el mal, parece que todo se oscurece, parece que son legión, porque hacen ruido, solo eso. La bondad se hace en la paz, crece en el silencio de la noche. La bondad no necesita del ruido, sino de la paz y de oración; la autentica paz, la de los hijos de Dios. Y España seguirá siendo católica pese a las torpezas de un señor que ha equivocado su camino y ha sido el mayor error que ha dado la política española
El error, el fallo, es parte inevitable de la condición humana. Hagamos lo que hagamos habrá siempre un coeficiente de error en nuestras obras. No se puede ser sublime a todas horas. El genio más genial pone un borrón y hasta el buen Homero dormita de vez en cuando”
No hay ningún pecadEo que sea o se llame equivocarse. La equivocación es parte del ser humano, como humano que es. Si no nos equivocáramos seriamos perfectos. Perfecto solo es Dios y nosotros alcanzaremos la perfección en cuanto pasemos a ser ciudadanos del cielo. Entonces seremos perfectos en el amor, en la caridad… Perdón por la palabra ciudadano, parece un término s progresista, y es que se han apoderado, las izquierdas, de palabras clave del diccionario: ciudadano, solidaridad, compañero, paz… y algunas veces, al menos a mí, me da un poco “repelús” pronunciarlas. Me da la sensación de haber pasado al otro lado. Pero he de corregir este defecto, es una equivocación mía pensar así. Lo digo sin desprecio a las gentes de izquierda; respeto a la persona pero no así a la ideología que tanto daño ha hecho y sigue haciendo
Podemos equivocarnos cuando no prestamos toda la atención debida a aquello que estamos haciendo, pero que no está en nuestra intención hacer las cosas mal, pues son fruto de elementos exteriores. Podemos equivocarnos cuando realizamos un trabajo en el que nos falta experiencia por no estar preparados para desarrollarlo o porque no lo hemos preparado bien. Otra cosa es equivocarse a conciencia plena conciencia a sabiendas que es lo que estamos haciendo; eso ya no es equivocación, es maldad, mala fe, mala conciencia. El pecado no está en la equivocación; el pecado está en la intencionalidad, ya que es errar el camino del bien, y sabedores de que lo que hacemos está mal, es un desorden del bien.
No somos perfectos y estamos sujetos tanto a la equivocación de manera inconsciente, sin malicia como estamos sujetos al pecado, por debilidad, por no luchar o por mala conciencia. Pero de la misma forma que no somos perfectos, estamos dotados de libertad y por tanto de corregir el mal camino o de mantenernos. Recogiendo las enseñanzas del Señor en el Monte de las Bienaventuranzas: “Sed Perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, que al menos tengamos la intención y el deseo de corregir el mal camino, levantándonos de nuestras caídas, a veces cuantiosas, pero levantándonos, aquí está virtud y la grandeza del alma humana
Hay otras equivocaciones que me traen a mal traer, por contumacia. Y es que como puede ser que un católico de el sí al aborto, al divorcio, a los matrimonios gay, a la enseñanza de la sexualidad en la escuela, a la arriada de los crucifijos de escuelas y centros, al desamparado de la familia tradicional, a los retos contra la jerarquía de la Iglesia, a la oposición al Santo Padre cuando toca algún tema que daña las tesis de partidos de izquierda… pero es que no son equivocaciones; eso son tomas de postura conscientes. Por eso sigo manteniendo, pese a quien pese, que es tan imposible que un cristiano sea socialista como que la luna nos asfixie de calor. Y la cosa es clara y limpia. Lo blanco siempre será blanco, sin mezcla.
Desde el fallecimiento de mi hermana, después de mi padre y amigo, subimos todos los sábados o domingos mi madre y yo a rezar y a visitarles, pues en nuestro corazón y en nuestra alma siguen junto a todos nosotros muy presentes. También para solicitarles que intercedan por los que aun quedamos en este mundo. Se notan sus intercesiones.
A través de la comunión de los santos rogamos unos por otros y esta unión es efectiva y es real. Siempre en alguna necesidad, acudo a ellos; también para darles las gracias, para hablarles. Quien no quiera creer en este artículo del credo, no sabe lo que se pierde. Nuestros seres queridos nunca nos abandonan. Ellos están con Dios, gozando de Él y de seguro nos piden que no lloremos por ellos, sino que nos alegremos porque estar en la gloria de Dios es el gozo inimaginable, donde nos esperan.
Pero ¿y el caballito. Bueno, el caballito tiene algo que ver con todo esto, al menos para mí y tiene su moraleja, como todo lo bueno tiene su moraleja, su consecuencia, de la que tenemos que tomar buena nota. Pues no es uno solo del que deben tomar ejemplo; también hay otros, los próximos, los cercanos, el prójimo que también da buenos ejemplos de los que debemos aprender. Aunque sea no creyente; que también el no creyente hace cosas buenas de las que muy bien podemos aprender, y muchas veces actúan mejor que uno, lo confieso. ¿Y el caballito. Pues bien, todo es aceptable. Pero lo cuento, porque es contable y cada uno saque sus consecuencias.
Pues adelante con el caballito. Esto hará unos tres años mas o menos. Uno de los días que subimos a poner flores y a visitar a nuestros queridos papá y hermana, nuestra sobrinita Elsa, cuando nos disponíamos a marcharnos sacó un pequeño caballito blanco con balancín play mobil. ¡Esto es para Luis! ¡Para que juegue Luis!. Dijo Elsa mientras ofrecia el pequeño caballito extendiendo su mano. Nos quedamos con la boca abierta, algunos ojos se empañaron. Nos dieron ganas de comernos a besos a aquella diminuta personita de apenas unos tres años. Extendiendo su manita nos dio el pequeño caballito y lo colocamos, un tercer piso, junto a la lápida. Hasta aquí todo normal.
Hoy estuve por la mañana y el caballito seguía allí, quieto. El caballito aguanto a pie firme, en el lugar que fue colocado el último vendaval de viento y agua, además aguanto un huracán Delta (viento y luvia de mas de 100 km/h) y otro temporal en el año 2008 creo recordar ese año-El de Febrero de este año como ya dije, también, con la particularidad que arrancó de cuajo las flores de un centro que teníamos colocado y bien pegado a la base. Mientras el caballito seguía allí, inamovible contra viento y marea, como si la mano de Luis lo sujetara, impidiendo que esas ráfagas que tantos destrozos han causado se llevaran el caballito de apenas 6 cms de alto y 9 de largo. He pensado hoy todo esto según volvía a casa, ¿imaginación mía? ¿querer llevar las cosas a donde no se deben llevar?¿querer buscar lo que no hay?. Que cada uno piense lo que quiera, yo saco consecuencias, medito las cosas y creo en que ellos no nos abandonan nunca. Ellos desde el Cielo siguen con nosotros, esta vez protegiéndonos e intercediendo, al ladito de Dios.¿ Por qué no va a permitir Dios que personas que han sido base fuerte en la familia, sigan cuidando de los que quedan en la tierra? La comunión de los santos es una intercesión total de unos por otros, de los que están en el cielo por los que están en la tierra y viceversa.
Entre otras, he sacado una consecuencia muy válida, y de la que nos dan mucho ejemplo los niños, por la pureza de su corazón y limpieza de alma. La generosidad y el desprendimiento de las cosas, sin doblez y con autentico corazón. Y asi lo hizo mi sobrinita Elsa. Sus padres dijeron que nada sabían. Se desprendió de un juguetito que tal vez para ella suponía mucho. Bueno el caso es que quería, en su pensamiento de niña, que Luis, el abuelo al que quería jugara en el Cielo y no se aburriera. Y ahí sigue el caballito, galopando contra viento y marea; resistiendo temporales. Viendo como vuelan centros y el sigue a pie firme junto a la lapida de nuestro querido padre y amigo y de nuestra querida hermana, Margarita. La generosidad de los niños es limpia, por eso el Señor pide que nos hagamos como ellos para poder entrar en el Reino de los Cielos.
“Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno expulsando demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido porque no viene con nosotros. Jesús contestó: No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí; el que no está con nosotros, está con nosotros. Y cualquiera que os de a beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa” (MC 9,38-41)
Por el hecho de ser cristianos no tenemos la exclusividad sobre la Buena Nueva, sobre la bondad de las acciones. Jesús ha traído la Buena Nueva para todos sin excepción. De la misma forma nadie tiene el monopolio de hacer el bien; el bien lo pueden practicar tanto los creyentes como los no creyentes, tanto unos como otros han asentado auténticas bases de bondad en la tierra. Hay no creyentes que realizan obras de caridad, por ejemplo, y creyentes que no las realizan. La bondad está en el corazón de la persona; por este hecho, la bondad de un no creyente no es menos que la bondad de un creyente. El bien será bien siempre, sea quien sea el que lo realice y agradable a Dios por igual.
Por otra parte, también hemos de aprender de los actos buenos de los demás, aunque quienes realicen estos actos buenos no compartan nuestra fe, nuestras ideas, nuestro color. Los actos buenos realizados por gentes que no comparten nuestra fe, también son actos agradables a Dios. Dios ama el bien, por tanto todo acto bueno agrada a Dios.
Muchas veces prima la envidia contra el que destaca, contra el que trabaja, contra aquel que por su trabajo bien realizado, progresa en una empresa, convirtiéndole en el objetivo de encarnizados, muchas veces, comentarios a fin de poner a otros en su contra. El octavo mandamiento nos habla sobre este mal, que considera como ofensa a Dios quitar la fama a otros, exigiendo la reparación y el respeto a las personas “toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. También el decimo mandamiento exige “que se destierre la envidia” toda vez que es un pecado capital, o cabeza de otros múltiples pecados. Todos estamos llamados a hacer el bien y a hacer bien todo aquello que por profesión debamos realizar y si para ello debemos tomar ejemplo de quienes lo hace mejor que nosotros, será una virtud de humildad recoger el ejemplo.
Los apóstoles no actúan por envidia, sino que pensaban que solo podían hacer el bien quienes acompañaban a Jesús, por lo que el Señor les da la enseñanza adecuada:”: No se lo prohibáis, pues no hay nadie que haga un milagro en mi nombre y pueda a continuación hablar mal de mí”
También, el Señor nos hace ver el valor de las cosas pequeñas. Acostumbrados a dar valor solo a las cosas grandes, a los actos magnánimos, a las acciones caritativas millonarias, no vemos igual y en la misma medida el ofrecer un vaso de agua a quien nos lo pide yya que lo consideramos como de poco valor. Tanta importancia tiene dar un vaso de agua como entregar en acto de caridad una cantidad millonaria, todo lo que se hace por amor a Dios y en el nombre de Dios tiene su valor incalculable.
Solemos pensar en grandes acciones, cuando estamos espiritualmente muy elevados, pero es verdad que también solemos no ser capaces de realizar esas cosas catalogadas de pequeñas; son esos pequeños pasos quizás mas importantes que las grandes acciones; porque esos pequeños pasos nos van a ir adiestrando, dentro del terreno espiritual para un dia ser capaces de dar grandes pasos, con los que todos soñamos. Es decir, siempre hemos de ir poco a poco, no pretender dar grandes saltos pues sin entrenamiento, aunque la pertiga sea muy grande, fallaremos.
Es un error despreciar las cosas pequeñas las nuestras propias o las que hacen los demás. Gran valor tenía para el Señor la limosna de aquella viuda muy por encima de lo que entregaban de lo que les sobraba. Por ello debemos valorar como bueno todo aquello que hacemos por amor a Dios y asi a pequeños pocos, nuestra alma se ira agrandando, creciendo en valores, fortaleciendo la fe, siendo capaces de ir haciendo mas por el Señor en los demás. ¿si no soy capaza de dar un vaso de agua a quien me lo pide, como voy a ser capaz de visitar a los enfermos, de atender al necesitado?
Jesús nos enseña todo lo contrario, hasta las cosas más pequeñas tiene un valor incalculable a los ojos de Dios. Recordemos la parábola de la mostaza, que pequeña es y cuanto valor tiene. Dice al padre Martín Descalzo: “junto a la mies que crece pone Jesús otra paradoja de este reino de los cielos: crece pero sigue siendo pequeño, su grandeza está precisamente en su pequeñez”. El ejemplo es claro, Jesucristo comenzó su camino sólo, poco después elige a doce discípulos. Creciendo desde entonces y así hasta el final de los tiempos. El Reino de Dios ha ido creciendo. Este mismo crecimiento se produce en nosotros, si aceptamos la Palabra de Dios y dejamos que su gracia fructifique, haciéndonos crecer en espiritualidad. También podemos ver como el Reino de Dios ha ido floreciendo a lo largo de los tiempos con grandes ejemplos de santidad. Nuestra alma también florece con grandes deseos de santidad y de expansión de la Palabra a todos los lugares del mundo.
Por otra parte, para poder realizar grandes obras, está claro que debemos intentar realizar las más pequeñas, pues si estas no somos capaces ¿podemos soñar en hacer grandes cosas? ; ¿si soy incapaz de rezar un Avemaría, seré capaz de realizar un retiro, de oración, de al menos una semana?.
Gracias, Señor, por hacerte presente en el Santísimo Sacramento del Altar; por quedarte junto a nosotros; por estar presto a escucharnos en cualquier momento, pacientemente, con la ternura de un Padre y el corazón de una Madre. Gracias, Señor, que estás ahí, en el silencio del Sagrario, esperando mi presencia, ansiando mi llegada a pesar de mis cuantiosos pecados; a pesar de mis contínuos olvidos; a pesar de que tantas veces he preferido el pecado, mis apetencias, mis deseos mundanos a tu presencia en mi alma.
Ves como soy; ves cuanto me falta para ser de tu agrado; ves cuanto hay en mi que sobra, que me ata y como pesado lastre impide que camine hacia Ti. Dame fuerzas y amor hacia Ti, Señor, para poder superar estos momentos y ponerme en camino siguiendo tu luz, como lo hicieron aquellos Magos de Oriente; dame fuerzas, Señor, para romper con esta vida que me separa y me aleja de Ti, que me ahoga en la nada, que oscurece mis sentidos y nubla los ojos de la fe.
Haz de mi, el que Tú deseas que sea; tómame, moldéame, rígeme y gobiérname. Que seas Tu, no yo, en mi. Llévame hacia Ti, hacia el silencio de tu Sagrario, para hablarte, para pedirte, para adorarte, para sentirte, para amarte, para escucharte, para tantas cosas, Señor. Enséñame a amar a Tu Madre, la Virgen María, como tu la amas; a obedecerla, como Tu, su Hijo, hiciste; Ella, es el camino seguro para llegar a ti sin tardanzas, sin miedos, sin cobardías. Que San José, Tu padre adoptivo, esté presente en mi vida y me acompañe por ella junto con el Santo Ángel de la Guarda.
Bendice, especialmente, a aquellos que hoy están en mis intenciones y que todos unidos cantemos tus glorias, para que todos puedan hacerse eco de ellas. Ten en tus brazos amorosos y misericordiosos a mis seres queridos que tu llamaste a tu regazo y que un dia, cuando dispongas podamos vernos todos a tu alrededor, ellos y nosotros.
Bendice también a todas aquellas personas que hoy tu vas a llamar, para que no faltándoles los sacramentos puedas recibir en tu gloria; también por todos aquellos que sufren por cualquier motivo, para que acercándose a ti encuentren la solución a su dolor.Amén
El Directorio General de la Catequesis nos define la Catequesis como " la forma de acción eclesial que conduce a la madurez de la fe, tanto a las comunidades como a cada fiel". Por otra parte, ahondando más ampliamente el Documento " Catechesi Tradendae" hace una división del sentido de la Catequesis, uno de una forma restringida que es la mera " enseñanza de formulas que expresan la fe", como por ejemplo: enseñar a hacer a un niño, o a un adulto, la Señal de la Cruz; enseñar el Credo, pero nada más. Basar la fe en meras fórmulas sería una acción vacía del contenido real. De la misma fórmula que no podemos alimentarnos con propaganda alimenticia, leyendo recetas, hasta incluso probándolas superficialmente, tampoco podremos ahondar en la fe, llegar a la plenitud de la vida cristiana, a sentirse impregnado por la Palabra de Dios, con las solas fórmulas o artículos de fe. Por eso, el sentido de la Catequesis es más amplio, y tal y como nos lo dice el Documento " Catechesi Tradendae", al definir esta acción misionera de una forma más amplia: la Catequesis es "la educación en la fe de los niños, de los jóvenes, de los adultos, que comprende una enseñanza de la doctrina cristiana dada generalmente con miras a la iniciación de la vida cristiana". Por eso, además de las formulas o artículos de fe, se le enseña el mensaje revelado: La Palabra de Dios. Y que determinará un sentido a nuestra vida.
Pero de nada serviría la Catequesis, de nada servirían las continuas lecturas de la Biblia, del Nuevo Testamento; incluso ir a todas las Procesiones que se celebren en un lugar, si después no existe una respuesta. Cristo nos habla, cada día, a través de los Evangelios, a través de las palabras del sacerdote en las homilías, en la Confesión, El mismo, cuando le recibimos en el Sacramento de la Eucarística. Pero Cristo no desea ser un monólogo; él no quiere ser el único en hablar. Cristo quiere MI RESPUESTA
Cuántas veces le preguntamos como aquel joven rico ¿Señor que cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? (Mt 19, 16-17). ¿Señor que debo hacer para seguirte?... ¡pídeme, Señor! Y él nos responde: "Si alguno quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16, 24). Jesús nos habla y nos dice claramente lo que desea de nosotros. Ahora falta mi respuesta
¿Cuál es mi respuesta a Cristo?, ¿hasta dónde soy capaz de darle?, ¿realmente Cristo me llena? ¿Me enamora?, ¿su Palabra cala hondo como la lluvia, hasta los huesos?, ¿mi respuesta es, tal vez, la de tantos "cristianos-sastres", que nos hacemos la fe a nuestra medida, quitando aquello que va a suponer una privación de tiempo, de mi línea de pensamiento, de mi comodidad, de mis lujos...?
"Quédate con nosotros, porque está anocheciendo" (Lc 24, 29), le decimos como aquellos discípulos que iban a Emaús. ¡Quédate con nosotros, Señor!, porque Tu Palabra me llena, me conforta, es el agua fresca que sacia mi Sed de Ti
Cuantas veces soñamos con grandes campos de apostolado; donde nadie ni nada me va a detener para llevar a Cristo hacia las almas; acabar con las injusticias, las guerras, la miseria que acecha a tantos y tantos hombres. Cuantas veces nuestro corazón se eleva y eleva hacia alturas sin término. Pero, cuantas veces volvemos a la realidad de la vida por falta de una autentica respuesta de fe, por falta de un Fíat! , de un ¡hágase!, al igual que la Virgen María. Y nuestro corazón se entristece, como el del joven rico, cuando Jesús le responde: "vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un Tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme" (Mt 19, 21).
¡Señor que cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna! Y el Señor le responde ¡Guarda los mandamientos!...no mataras, no cometerás adulterio, no robaras, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amaras al prójimo como a ti mismo...! El Señor le marca el camino. Pero el joven rico quiere ir más lejos, y le dice que todo eso ya lo hace. Ahora el Señor le va a poner en un aprieto: "vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un Tesoro en los Cielos; luego ven y sígueme". El joven " marchó triste, pues tenía muchas posesiones ", nos describe el Evangelista San Mateo. Muchas veces nos pasa esto a nosotros. Unas veces no damos una respuesta positiva a Jesús porque sabemos de antemano que un SI nos va a costar muy caro; vamos a tener que desprendernos de muchas de esas posesiones que atan nuestra vida a las cosas; otras porque un Si supone un cambio radical en nuestra vida: Misa, oración, Confesión, Comunión.... ¡demasiado!; otras, porque realmente nos falta ese valor para responder a la llamada del Señor con una entrega personal.
Jesús me marca, al comienzo de su vida publica un programa de salvación. Desde el Monte de las Bienaventuranzas sigue hablándome, igual que ayer. No se impacienta. El espera mi respuesta. Él me ha presentado un programa de Esperanza y de Amor, que se contrapone al que me presenta el mundo de hoy: crímenes, guerras, agresiones, asesinatos, injusticias, fraudes, enriquecimientos ilícitos, insolidaridad... Él me ofrece su ayuda, tiende su mano, sale a mi camino, como lo hizo con el hijo prodigo. Él me ama intensamente como soy, pero espera mi respuesta a Él.
Muchas veces escuchamos a las gentes su admiración a Jesús, a su Palabra, a su valentía. Pero tristemente, de ahí no pasan. Otras veces, incluso pensamos: ¡ si Dios me pide la vida se la doy, pero entre tanto!... Procesiones, romerías, promesas, flores a esta o aquel santo. ¡Que todo esto está muy bien! Pero falta lo esencial. El compromiso de entrega, de cambio hacia Él. La oración y la Eucaristía, la Penitencia... ¡Alimentarnos de Él!
El discurso de Martín King I Have a Dream, Tengo un Sueño, lo podemos aplicar a muchos momentos de nuestra vida. Vemos que el mundo vive abocado a muchas esperanzas, a muchos sueños, a muchas promesas que nunca o pocas veces llegarán a cumplirse. Seguimos buscando el añorado mundo mejor por un camino inviable; seguimos esperando la justicia social que tanto se nos ha venido prometiendo por líderes de este o aquel color; seguimos esperando que se cumplan las promesas que tanto nos hace... en fin, promesas, promesas y más promesas. Y así día tras día se viene a mi memoria aquel "Toda vía sueño, hoy con que..." del doctor Martin Lutero King, con la particularidad que si se cumplió, que aunque él no pudo vivirla si transmitió su esperanza a otros que como él “todavía sueño hoy con que…”
Y es que la mirada se ha quedado aquí, a ras de tierra; en la superficie, en la letra. Y así, seguimos esperando, aburridos, agotados de tanto esperar, desencantados de tanto soñar, desesperanzados de tanto incumplimiento, de ver que no llega aquello con lo que habíamos soñado...igualmente, buscamos la alegría que no nos llena, las diversiones que nos hastían…
Pero ¿por qué no alzamos la mirada un poco más arriba? ¿Por qué nos sentamos en alas de la fe, en la ladera de aquel Monte de las Bienaventuranzas? ¿ por qué no buscamos la soledad de aquel sagrario y nos dejamos empapar por el baño de amor del Señor? ¿Porqué, por una vez dejamos de oír a tanto político, a tanto hablador y ponemos el oído en Aquel que nos sigue hablando pacientemente desde lo alto de la aquella esperanzadora Montaña? ¿Por qué no dejamos de escucharnos a nosotros mismos? Tenemos que reconocernos en el paralitico de Cafarnaún, que es como reconocer nuestra debilidad y reconocernos pecadores, para comenzar a andar.
Jesús no me habla de sueños futuros, ni me ofrece un sueño hoy. Al contrario, me habla de realidades y me ofrece realidades, y me va a dar, si yo lo deseo, esas realidades. Que Él murió por alcanzarnos una REALIDAD, la eternidad del cielo en la Gloria de Dios. Y no me las va a dar ni mañana ni en la próxima legislatura como los políticos. Sino ahora, ya. El Señor tiene prisa en que tú y yo nos salvemos. El Señor tiene prisa de que nuestra alma salga del tenebroso mundo de las tinieblas, del pecado, de la noche oscura para que vuelva a la luz, al Padre. Lo que me ofrece el Señor no es un sueño, es una realidad
Y María, que permanece a su lado, como Corredentora nos repite "Haced lo que el os diga", al igual que a los siervos en las Bodas de Canaán. ¿Qué cosas buenas debo hacer para alcanzar la vida eterna? Como el joven rico decimos a María. Sé manso y humilde,... Sé limpio de corazón,... Sé pobre de espíritu,... ten hambre y sed de santidad,... Sé misericordioso,... Sé pacifico,... Sigue en Mí aunque te persigan... Nos dice Jesús. Ama a Dios con todo tu Corazón, Ama a tu prójimo... Nos sigue hablando. Pero también nos ofrece. Nos ofrece su ayuda a través de los Sacramentos, a través de la oración, a través de las palabras del sacerdote, del catequista, del amigo... Y para ejemplo nos ofreció su propia vida y además nos ofrece toda una eternidad, de la que ya muchos están gozando en el Cielo.
El espera mi respuesta. No un voto. No un sueño. No una palabra débil que el viento se lleva. Espera mi respuesta firme. Y mi respuesta no es otra que mi opción por Jesús. Pero el Señor que sabe lo flaco que soy, la debilidad de mi fe, sabiendo que soy barro reseco y quebradizo, acompaña su Palabra con hechos: devuelve la vista a los ciegos, resucita a los muertos, andan los cojos, libera a los oprimidos.
¿Qué opción tomamos? Miramos la vida, la que corre a nuestro alrededor. Miramos a Jesús, su vida, sus hechos, sus palabras, su paso haciendo el bien. Tornando la luz y la alegría, como anticipo de lo que será el mañana. Y me pregunto ¿Acepto su proyecto de vida? ¿Dónde está el sentido de mi vida del lado del mundo? ¿Del lado de Dios? ¿Estoy convencido de que Jesús me salva? ¿De qué solo El me puede hacer totalmente feliz?
Busquemos la respuesta, nuestra respuesta en la oración. Cerca del Señor. En la soledad, en la capilla cerca del sagrario o junto a nuestra familia. En el silencio, donde mejor se escucha su voz suave, paternal, dichosa, amante, cariñosa. Donde tú quieras, pero El nos espera.
Jesús no ha venido solo a dejarnos su Palabra, ni solo ha hacerse escuchar por las gentes de aquel tiempo, ni solo para que nosotros, y otros hasta el fin de los tiempos, las leyéramos. A la Palabra le ha puesto la obra, el ejemplo, de forma que viéramos y comprendiéramos con más claridad su mensaje. Jesús, cada día, a través del Evangelio nos habla, de tu a tu, y a la vez nos explica cómo debemos obrar y como debemos actuar en cada momento, y lo hace con el cariño y ternura con que explicaba a las gentes tan necesitadas de un pastor. El Bautismo de Jesús es un ejemplo claro. No era necesario, por ser Dios, que se bautizara, pero como nos dice la Iglesia, y sus santos Padres “convenía que lo recibiera, pues quien iba a establecer la Nueva Alianza convenía que reconociera y aceptara la misión de su Precursor, siendo bautizado con aquel Bautismo necesario”. ¿Qué significa para nosotros el Bautismo? ¿Qué lugar ocupa? ¿Dónde ha quedado el Bautismo? Muchas preguntas más podríamos hacernos acerca de este Sacramento. En muchas ocasiones, es un sacramento que queda hibernado; otras como cumplimiento de un momento o de una obligación, porque muchos bautizados no vuelven a oír hablar de Dios hasta que llegan a las catequesis. Pero, ciertamente, el Bautismo como sacramento que es, no puede permanecer inmóvil. El bautismo no es esa maleta que utilizamos un día para un viaje y la vaciamos terminado éste, guardándola en el trastero; se asemeja a esa mochila que cargamos de cosas (fe, gracia, deseos de apostolado…) y nos acompaña en nuestra marcha. Está junto a nosotros, porta todos los útiles que podamos necesitar en nuestra marcha; nos sirve de apoyo en nuestro descanso.... Debemos poner en marcha cada día este Sacramento, aunque su recepción nos quede lejana. Nos da la gracia santificante; nos hace hijos de Dios; nos convierte en miembros de una Iglesia viva y resplandeciente; borra el pecado original abriéndonos las puertas del Cielo; nos borran los pecados personales (si lo hemos recibido posteriormente a la niñez); nos da el preciado don de la Fe. Ese poner en marcha cada día el sacramento es ir cultivando esa Fe que de forma gratuita Dios me ha dado; es luchar contra los pecados personales, herencia de aquel pecado original con el que nacimos; es colaborar con esa Iglesia de la que formamos parte. Cada día debemos celebrar la fiesta del Bautismo de Jesús y a la vez celebramos la fiesta de nuestro Bautismo, mientras nos comprometemos a observar todos aquellos pasos dados por Jesús desde entonces. Trabajemos para que este Sacramento tan importante como necesario no quede paralizado desde ese mismo día, y que padres y padrinos se comprometan a que lo reciba aquel niño o niña, aquel joven o aquella joven; aquel adulto, mayor o anciano y además sigan oyendo hablar de Dios, de la Buena Nueva y de la promesa de salvación y de Vida Eterna que el Señor nos hizo. Son muchos los que aun no han sido bautizados y seguro que para ello no hemos de lanzar la mirada lejos de nuestras fronteras. Muchos que no han sido bautizados viven cerca de nosotros; por ello los que hemos tenido la gracia de ser bautizados, tenemos la responsabilidad de que el Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo alcance muchas más almas. Para ellos también vino el Señor, por ello no podemos quedarnos impasibles. Desde el Bautismo y posteriormente desde la Confirmación los cristianos nos hemos convertido en los pies, las manos, los labios y los ojos del Señor. ¡Anímate! Ponte en marcha, ponte en camino