Por antonio tapia
Saturday 24 december 2011 6 24 /12 /Dic /2011 21:38

En breve caerá un nuevo año. De él recordaremos lo bueno y lo malo. Lo bueno que servirá para  dar continuidad y mantener y superar lo que de bueno hayamos hecho, que a la vez nos ayudará para caminar por este valle de lagrimas. Pues el camino no es fácil, no es un camino de rosas. Y habremos de recordarlo malo,  para corregirlo, para no volver a tropezar sobre la misma piedra, para apartarlo de nuestra vida. A ello estamos obligados los cristianos. Pues somos como el hijo pródigo de la parábola, que volvemos a la Casa del Padre, con el corazón  arrepentido verdaderamente. Volvemos a la casa que un día abandonamos, casa que El nos ha preparado a precio de cruel Pasion. Además es un Padre, que por así decirlo, no sabría vivir sin amarnos.

También, en ese recuerdo, hay un hueco especial para nuestros seres queridos, aquellos que Dios llamo a su lado, y para que fueran allanándonos el camino hacia nuestra verdadera Patria, el Cielo. Esos momentos, son momentos de humana tristeza, a pesar de que sabemos que se encuentran en la FELICIDAD, pero porque somos humanos, se asoma la tristeza que produce su ausencia a nuestro lado. Por la fe, sabemos que un día estaremos juntos, con ellos. Que no quepa duda alguna, sino Padre Dios no hubiera dado la importancia sagrada que tiene la Familia.

Hoy rememoramos el Nacimiento del Niño Jesús, que mejor fecha, esta, que recibirle arrepentidos de aquello que de El pueda separarnos. Para eso sirve el Adviento, al igual que la Cuaresma; cambio de vida, hacernos nuevos completamente, con ayuda de nuestra Madre que nos repite “Haced lo que El os diga”.

Os deseo a todos una feliz Navidad, que Dios os bendiga y os alcance todo aquello que deseéis junto con vuestras familias. Paz y Bien

Por antonio tapia
Saturday 27 august 2011 6 27 /08 /Ago /2011 09:12

z veronica

De entre las mujeres que acompañaban a la Virgen María, en su camino de dolor de madre, se encontraba la Verónica, quien viendo como estaba el rostro de Jesús, rompe la escolta romana y acercándose a Jesús, limpia su cara tumefacta por los golpes.

El paño, blanco, es la gracia que recibimos en el sacramento de la penitencia, con que limpia Jesús nuestra alma, ensuciada por el pecado. Cuando confesamos nuestros pecados, Jesús se acerca, con la ternura que la Verónica se le acercó, y limpia para siempre nuestros pecados confesados.

La Verónica, en un rasgo de valentía, cruza las líneas romanas y las de las turbas vociferantes, arriesgándose a ser maltratada. Se acerca al Señor y limpia su rostro con suavidad, para no aumentar su dolor. Con extrema delicadeza limpia cada herida, con la ternura de una madre. De los ojos de la Verónica saltan lágrimas, llora como las otras santanas mujeres que de cerca le acompañan. Ve hasta donde llega la maldad humana. Pronto es increpada por la turba y sacada violentamente por la escolta romana. Pero ella valiente hace frente a la turba y vuelve con la otras mujeres. María le agradece, seguro, el gesto. Al poco, la Verónica quiere contemplar el paño ensangrentado. Lo abre, desplegándolo y queda absorta; lo enseña a las demás mujeres, porque no daba crédito a lo que veía. Todas lanzan un “ahh”, excepto María, la madre dolorosa que sonríe.

El rostro de Jesús quedó impreso en el paño. La Verónica lo estrecha hacia su corazón. No sabe si llorar o sonreír, pero le da las gracias.

A nosotros también debe quedarnos impreso el rostro de Jesús en nuestra alma; con nuestra conversión, con nuestro cambio. Llevarlo siempre impreso dentro de nosotros, para no volver a torcernos. El rostro, la imagen de Jesús deberá acompañarnos el resto de nuestra vida, junto con el de la Virgen María, la madre dolorosa.

De nuestros ojos,  vuelven a saltar lágrimas que ayudan a limpiar el alma. “Bienaventurados los que lloran”. Lloramos, porque por nuestra causa, un Hombre Bueno va a morir, por nuestros pecados a sufrido cruel Pasión. Nos damos cuenta de nuestro error. “Porque ellos serán consolados”. El perdón de Dios consuela nuestra alma.

“Bienaventurados los misericordiosos”, estas palabras se ejemplifican en la Verónica. Siente pena y compasión por Jesús. Quiere ayudarle, pero ¿cómo?. Al final se le ocurre la idea de limpiar su rostro. “Porque ellos alcanzarán misericordia”.

Si nos fijamos en los evangelios, sólo tiene detalles de finura, ara con el Señor, las mujeres. La Verónica, Marta, María, María Magdalena. Después el Señor corresponderá. Después de aparecerse a su Madre, tras la Resurrección, se aparecerá a las santas mujeres, un modo de agradecer y corresponder del Señor. Ellas siempre estuvieron en primera línea.

El Señor siempre devuelve ciento por uno. Si nos acercamos a Él dejará en nuestra alma impresa su imagen de Paz, la verdadera Paz, no la que nos quieren vender ahora, acerquémonos, como lo hicieron en diferentes momentos las santas mujeres, por medio de la oración y los sacramentos; no los abandonemos, nos los ha dejado como medio de ayuda eficaz para nuestro caminar por esta vida y para el alma. Notaremos el cambio y los deseos de Jesús que van cambiando.

Acompañémosle en el sagrario, ¡suele estar tan sólo!, que al hacerle compañía queda su imagen impresa en nuestra alma, imagen de alegría y de Paz. Quiere que le visitemos, como visitamos a los amigos, con esa misma naturalidad: “Hola Amigo”, con esa sencillez: ¿Cómo estás?, “Venía a visitarte”, “Te cuento algunas cosas”, “Cuéntame Tú también, Señor”….

Dejemos que su gracia imprima en nuestra alma su blancura.

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

Por antonio tapia
Friday 26 august 2011 5 26 /08 /Ago /2011 10:09

images

Es el mismo azul del mar, cristalino; delicada rosa roja, de suave perfume, poética, fragante. Brisa que trae sus palabras que acarician mis oídos, dejando un eco silencioso en la noche eterna cubierta de miles rosas blancas titilantes que te hablan en silencio, suavemente, delicadamente. Es la misma poesía, hasta hoy no escrita. Es el amanecer de un sol  que te acaricia en la mañana, desde el horizonte eterno que  da paso a la mañana. Es la melodía romántica que te llena de paz el alma. Es la ola suave, de un mar en calma, que con su tranquilo rumor, rompe en mil palabras y te dice tantas cosas, cosas que no habías escuchado antes. Es la sonrisa perenne de unos labios de plata. Sonrisa que necesitas  en los momentos que el corazón está ajado, entristecido, quejumbroso, perdido.

Es huella sobre la que pisas, para seguir tu camino. Es faro que te indica el camino, cuando la noche se hace noche en mis ojos y en mi alma. Es compañía cuando la soledad aparece, inseparable. Es alegría, cuando surge la tristeza. Es el hermoso jardín de nardos, amapolas, lirio y jazmín. Es tantas cosas, que me gustaría dibujar en un inmenso cuadro, con colores de eternidad. Ella es mi amiga, mi ángel, mi camino.

 

Por antonio tapia
Wednesday 24 august 2011 3 24 /08 /Ago /2011 10:00

cireneo

 

“Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la Cruz”, leemos en San Marcos.

Los soldados se limitan a su labor de escolta e impedir que nadie se acerque, además de azuzar al Señor, cuando ven que su caminar cansino se hace lento. No ayudan a llevar o a aliviar el peso de la Cruz. Cogen a un fornido hombre que pasaba y le obligan a ayudar al Señor a cargar con la Cruz. Este hecho de poner una ayuda a cargar con la Cruz era considerado degradante y humillante para el que cargaba con la Cruz. No es porque sintieran pena de Jesús, sino porque debido al debilitamiento su andar era cada vez más lento y quedaba aún mucho camino ¡y cuesta arriba! No había pena en los corazones de aquellos soldados acostumbrados a la dureza de las batallas, corazones endurecidos ¿Qué pena iban a sentir por un reo condenado a muerte en Cruz?  Para ellos era una cuestión “casera” ¡que les iba a ellos!

¿Hasta qué límites llega el odio y el rencor y el odio humano? ¿De dónde salió el repentino odio hacia Jesús? Dos días antes le ensalzaban, el recibían con canticos, vítores, palmas, pétalos de flores:

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Ahora, todo se ha transformado en odio, insultos, ultrajes al sacratísimo cuerpo de Jesús, Dios, hecho hombre. ¿Puede el ser humano carecer de todo sentimiento? ¿Qué no haya en su corazón ni el más mínimo sentimiento de piedad ante el dolor humano? Cuando se llega al extremo de la pérdida de los valores, cuando no hay freno moral ni freno cristiano, se puede llegar a extremos inimaginables. Los vemos todos los días.

El Cireneo toma la Cruz. No se queja. En su corazón, pese a que le obligaron, había sentimientos de compasión por aquel Hombre, del cual quizás si había oído hablar. El Cireneo nos enseña a que nosotros también podemos ayudar a otros, necesitados, a cargar su cruz. No todo el mundo puede o sabe cargar con la cruz que le ha tocado, otros nos dan ejemplo, pues cargan con su dura cruz pero la acompañan con su sonrisa, reflejo de la sonrisa de Dios. ¡Qué grandes almas estas! ¡Que claras huellas sobre las que debemos pisar, sin miedo a perdernos!

Cuantas veces Jesús se convierte en nuestro Cireneo. Cuando caemos apesadumbrados por la Cruz que nos ha tocado

“Venid a mí todos los que estáis cansados y sobrecargados. Y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Jesús no solo carga con su Cruz, más pesada por los pecados de la humanidad, sino que además toma la nuestra, cuando ve que nos cuesta cargar con ella, cuando ve que estamos a punto de hundirnos. Realmente, me arrodillo cuando veo a esas personas que les ha tocado cargar con durísima cruz y la llevan sonrientes, con paz y además te ayudan a llevar la tuya, haciéndola más ligera y más suave. Mientras yo me quejo, el sonríe, mientras yo me deprimo, ella me da ánimos, mientras me hundo ella suelta el salvavidas. El Cireneo sigue saliendo a nuestro camino, ese Cireneo es Jesús.

El Cireneo toma la Cruz, siente lástima, en su corazón hay caridad y sentimientos, no comprende tan inhumano castigo, tampoco entiende tanto odio de las gentes por ese Hombre. A la vez se queda admirado de Jesús, que prosigue su camino sin una queja, prosigue cargando a pesar de que ya las fuerzas deben estar minadas. Va a paso lento, pero sigue adelante. No devuelve insultos a los que le hacen a Él; en su cara hay Paz.

El Cireneo nota el peso de la Cruz y se admira de cómo ha aguantado tanto, estando como está, sin fuerzas. El es un hombre fuerte, recio y siente el peso. El Cireneo fue tocado por la gracia, como recompensa de Jesús y él y toda su familia se convirtieron al cristianismo y seguro que más de un miembro de la comunidad cirenea también.

Siento Señor no haber reaccionado a tiempo y de haber sabido cargar con tu Cruz. Tampoco he sabido cargar con la mía, que era más suave y ligera. Gracias porque me ayudaste a cargar. Eres mi Cireneo y tomaste casi toda mi Cruz, tanto que ni la he notado. Perdona mi poca valía, perdona a éste cristiano de poca monta, incapaz.

Me pongo en tus manos, dame gracia para saber responder como tantos otros cristianos, ejemplos y huella. Quiero cargar con la Cruz, símbolo del cristiano y saber llevarla muy alto y sin vergüenza, y con dignidad. Gracias Señor

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

Por antonio tapia
Tuesday 23 august 2011 2 23 /08 /Ago /2011 10:40

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Tras levantarse, a duras penas, prosigue su camino hacia el Calvario. Su cuerpo sacratísimo sigue debilitándose, “pero no hizo alarde de Dios”, nos da ejemplo de cómo hemos de luchar. La vida del cristiano es una continua lucha. Es también semejante  a las aves, cuando estamos fuertes espiritualmente volamos al ras del cielo, si estamos débiles a ras de la tierra. Soñamos con hacer grandes proezas espirituales unas veces, otras débiles y paralizados como el paralítico de Cafarnaún.

A ambos lados sigue el griterío inhumano de la turba, no contenta aún del castigo infringido al Señor. Nosotros, en alas de la fe, seguimos aquel cortejo, cerca de Jesús, reconociéndonos causa de su sufrimiento. ¿Porqué tanto odio?. Algunos de ellos le habían recibido con palmas días atrás. Algunos le habían visto sanar leprosos, ciegos, paralíticos, resucitar muertos… ¿Qué mal ha hecho para tanto odio?. El odio, lleva la carga del pecado de toda la humanidad, por eso deseamos salir de él, no queremos formar parte de esa comitiva. Acompañamos a Jesús y le pedimos perdón por nuestra culpa.

Cerca de Jesús van las santas mujeres. La Virgen María, su Madre santísima, Maria Magdalena, la Verónica, marta y María y junto a la Virgen, Juan el discípulo amado, que en el Calvario representará a toda la humanidad. La Virgen María, llora, tiene los ojos casi hinchados de llorar, no ha dejado de hacerlo desde que le comunicaron su apresamiento.

Jesús se detiene un momento y María, su amantísima Madre también. Cruzan sus miradas. Jesús le sonríe, para quitarle preocupación. Se dicen tantas cosas con solo mirarse. “ Y María guarda todas estas cosas en su corazón”. En sus miradas hay un auténtico diálogo de amor. María saca fuerzas de flaqueza y sonríe a su Hijo. A nosotros nos saltan las lágrimas otra vez. Tanto sufrimiento y a la vez tanto amor.

La Virgen María, levanta los ojos al Cielo y nuevamente le dice a Padre Dios Fiat!, Hágase. Y la Virgen, nuevamente acepta la voluntad de Dios, como tantas otras veces, ni una queja, ni un ¿por qué?. ¡ Hágase tu voluntad!. A pesar  de que se cumple la profecía ¡una espada atravesará tu alma!, que le dijo Zacarías. Una espada de tremendo dolor tiene atravesada el alma de la Madre Dolorosa.

¿Tanto dolor causa mi pecado?. El dolor de Cristo cruelmente golpeado y el dolor de una Madre que nos ama y que se va a convertir en la Madre del género humano, a pesar de que somos causa de los padecimientos de su Hijo. Enseguida nos acercamos a consolar a la Madre Dolorosa, le decimos no se cuantas cosas para mitigar su dolor, le ofrecemos también nuestra vida, nuestras acciones… Ella en su dolor, aún le quedan fuerzas para sonreír.

¡Qué tremendo!. Cuando detectan que se trata de la Madre de Jesús, la llenan de improperios. ¿Era tanto su odio que ni a la Madre respetan?. El maligno aprovecha cualquier circunstancia para añadir sufrimiento. “… y aplastará su cabeza”. Será María quien le derrotará. Por eso, en la actualidad, lanza teólogos que niegan la virginidad de la Virgen María y corredentora del género humano. Teólogos que le hacen el juego.

Perdona, Madre por el sufrimiento que te infringimos a ti también. Ayúdanos, para que siguiéndote a ti, lleguemos seguros hasta tu Hijo Jesús. Tu eres camino seguro. Se nuestra Luz para no perecer en las tinieblas del pecado. Nadie que acude a ti, jamás es abandonado por Vos

 

Por antonio tapia
Monday 22 august 2011 1 22 /08 /Ago /2011 12:00

jesus cae pro primera vez

 

Jesús cae bajo el peso de la Cruz. Cae al suelo exhausto cada vez más debilitado y sobre Él cae la pesada Cruz. Los soldados le increpan para que se levante, le zarandean y golpean, sin piedad, aun viendo su lastimoso estado. Jesús se levanta, a duras penas, sin quejarse, devolviendo amor por golpe e insulto. Se levanta y prosigue su camino con la Cruz a cuestas, camino del Calvario. Queda aún mucho trecho, mucha cuesta.

La Cruz se hace más pesada, por el peso de los pecados de la humanidad entera. Una humanidad que no ha sabido agradecer el enorme sacrificio hecho por el Hijo de Dios, que aceptó hacerse uno de nosotros, salvo en el pecado, para alcanzarnos la Gloria Eterna. Experimenta nuestros mismos dolores y aún más, el cansancio, el sueño, el hambre, el agotamiento… es verdadero Hombre y verdadero Dios. No se privó de nada, para ejemplificarse, de manera que nosotros aprendiéramos a sobrellevar todo.

Se nos hace un nudo en la garganta al verlo caer y golpearse la cara contra el suelo y como la Cruz cae sobre Él. Se nos pone la piel de gallina al ver que nadie saliera en su ayuda, tampoco los soldados romanos lo habrían permitido, quienes más que ayudarle le zarandean con violencia para que se levante. No vemos ni una queja.

Cuanto nos cuesta levantarnos de nuestras caídas a nosotros. A veces pasa largo tiempo, hasta que decidimos levantarnos. Jesús nos enseña a levantarnos, con decisión.

Debemos hacer un esfuerzo para levantarnos de nuestras caídas. Cuanto más tiempo tardemos peor, más estaremos bajo el poder del maligno, que no duda en poner delante de nosotros más deleites mundanos. Muchos dudan de su existencia, otros la niegan. Esta es la verdadera victoria, haber conseguido que se niegue su existencia, asi tiene más camino libre.

Debemos levantarnos, a ejemplo de Jesús; sobre todo si tenemos la desgracia de caer en el pecado mortal. Hay que salir de él cuanto antes. Por vergüenza que nos de, por rojo que sea el pecado, todo nos lo perdona si acudimos al sacramento del perdón con la debida disposición.

“Dios cargó sobre Él los pecados de todos nosotros”, de la humanidad entera. Así se cumplió la profecía.

Jesús cae tres veces bajo el peso de la Cruz, con ello nos enseña a levantarnos, cuantas veces sea necesario, ese es el fin del Sacramento de la Penitencia “Id por el mundo perdonando los pecados…”, que serán perdonados si nos acercamos con la disposición debida; es decir, propósito de la enmienda, dolor de los pecados… algunas veces nos confesamos de los mismos pecados cometidos. Eso quiere decir que hay un pecado dominante que debemos quitar, generalmente es un pecado capital, por eso es bueno disponer de un director espiritual, que nos conozca y vaya poniendo remedio a nuestra vida espiritual y veremos como vamos cambiando para bien.

“El a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, pasando por uno de tantos. Al contrario, tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así actuando como uno cualquiera se rebajó hasta someterse a una muerte, y muerte de Cruz”. No se privó de nada, ni de la muerte más vil a la que fue condenado.

Ayúdanos Señor a levantarnos rápidamente de nuestras caídas. Sácanos de las tinieblas del pecado. Ayúdanos a recuperar la vida de la gracia, la Luz de Dios por medio del sacramento de la penitencia que nos dejaste, sabiendo como éramos.

Hazte libre, rompe las cadenas del mal. Acércate a los sacramentos de la penitencia y eucaristía que Jesús nos ha regalado, después trabaja en la viña del Señor, se luz y se sal para otros, muchos te necesitan

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

Por antonio tapia
Sunday 21 august 2011 7 21 /08 /Ago /2011 12:00

JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS

JESUS CON LA CRUZ A CUESTAS

 

Después del duro tormento a que fue sometido Jesús, desde que fue prendido hasta salir del palacio del gobernador Poncio Pilatos, cargan sobre Él una pesadísima Cruz.

“Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su Cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota”. Jesús sale con el rostro tumefacto. Cerca de 300 golpes, bofetadas, puñetazos y latigazos, había recibido desde que fue prendido; la espalda hecha girones de los latigazos realizados por dos soldados sirios, expertos en ese tipo de castigos además de por su dureza.

Iba agotado, desde la noche anterior no había descansado, además de la pérdida de sangre, le había producido debilitamiento. Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, sufre los mas espantosos dolores producidos por la cruel paliza que había recibido.

Poncio Pilatos, lo presenta al pueblo “Ecce Homo”, y lo entrega al Sanedrin. Muchos de los que le habían recibido con palmas y vitores hoy gritan ¡crucifícale!. El maligno aprovecha la ocasión para enardecer a las gentes, que siguen gritando ¡crucifícale!.  Sale Jesús del palacio cargando una pesada Cruz, porque además carga con el peso de nuestros pecados.

Pese al dolor de las heridas y de los golpes, Jesús carga sin quejarse la pesada Cruz. Nosotros le seguimos a corta distancia, al paso del Señor, lento. Ni una sola queja, tampoco de los insultos que va recibiendo.

Carga con nuestros pecados, nuestros abandonos, nuestras traiciones y olvidos; carga con la ingratitud de la humanidad, que no ha reconocido el sacrificio que hace Jesús para salvarnos. A pesar de ello, cada paso es un paso de amor y de perdón. Jesús pide al Padre que no nos tenga en cuenta nada de lo pasado. Vemos a Jesús y allí presentes lloramos lagrimas amargas, por el injusto castigo dado a un Hombre que pasó haciendo el bien, sanado, y avivando la fe de los hombres de aquella Palestina, desorientados por los doctores de la Ley, que eran pastores ciegos, pastores que exigían y no cumplían.

En esta segunda estación Jesús carga con la Cruz del sufrimiento. Nos enseña como hay que llevar la Cruz que un día pueda tocarnos llevar. Cuantas veces personas de nuestro entorno llevan, con dignidad, con la sonrisa en sus labios la Cruz que les ha tocado. La llevan al igual que Jesús, sin queja, sonrientes y hacen que nosotros sigamos sus huellas, que son camino seguro de llegar a Jesús.

Perdón Señor, porque por mi culpa has padecido cruel Pasión, porque por mis pecados has cargado con pesada Cruz. Porque además me sigues queriendo y buscando; porque me sigues buscando, como el pastor busca a la oveja perdida, con paciencia, sabiendo que dará con ella y la liberará de los peligros de los lobos que la acechan.

Como me gustaría curar tus heridas. Pero se que la única forma de hacerlo, es volviendo al redil, es acercarme al Sacramento del Perdón. Perdóname, he pecado contra el Cielo y contra ti. Cómo me gustaría saber llevar tu Cruz. Como me gustaría dejar de pensar en mí y hacerlo sobre los que más lo necesitan.

Sigues cargando con la Cruz de nuestros pecados y a la vez sigues amándonos, sigues pensando en cada uno de nosotros y sigues llamándonos por nuestro nombre, para que seamos testigos de la Fe, en la que hemos nacido. Nos llamas para que llevemos tu Cruz por el mundo, sin miedo y si vergüenza de ser tuyos, para que otros te conozcan, porque también por ellos te has sacrificado.

Queremos ser tus testigos y llevar tu Cruz con valentía y sin vergüenza de ser cristianos, llevándola bien alta, para que su luz alumbre a todos, incluso a los que no te quieren, a los que no creen, a los que te han abandonado, a los que te persiguen a Ti y a Tu Iglesia, nuestra Madre. Pues has venido para todos, y ¡ojalá! Todos se salven, aunque entren en tu viña en el último momento.

Quiero aprender a llevar la Cruz, como aquellos que teniendo ocasión de sufrimiento la llevan con la sonrisa en sus labios, ayúdame a ello. Ellos son auténtica huella que nos lleva hacia Ti. Que grandes santos hay sobre la faz de la tierra, santos con los que te cruzas cada día. Santos canonizables, santos que viven cerca, que saludas cada dia, santos sonrientes, que se olvidan de su dolor y sufren el tuyo, capaces de cargar las cruces de otros… impresionantes. Como decía el hermano Rafael, hay quienes entran al Cielo a trompicones, y los que entran como flechas, mas o menos era así.

Que el Señor nos ayude a ser auténticos Apóstoles de la Fe, verdaderos guías para que la Cruz de Cristo llegue a todos los rincones del mundo, y que todos conozcamos a nuestros Padre Dios.

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

Por antonio tapia
Saturday 20 august 2011 6 20 /08 /Ago /2011 13:00

JESUS CONDENADO A MUERTE

“El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: ¡ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de testigos. Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?. Respondieron ellos diciendo: ¡ Es reo de muerte!. Entonces se pusieron y abofetearle y otros a golpearle”. Nos describe san Mateo en este pasaje.

Ya mucho antes, Jesús había sido condenado a muerte. Buscaban una ocasión. Judas, les dio la ocasión, Judas les vendió la ocasión para prenderle. Le vendió por 30 monedas, y seguro que le hubieran dado más, si éste se lo hubiera pedido. 30 monedas de oro, el precio de una traición. No necesitaban causa alguna, solamente tenerlo en sus manos, lo demás surgiría por sí solo. Cualquier palabra de Jesús, serviría para condenarlo. Presentaban testigos falsos, pero Jesús callaba. Viendo esto, el Sumo Sacerdote tomó la palabra:

“¡te conjuro por Dios vivo, te conjuro que nos digas si tu eres el Cristo, el Hijo de Dios. Respondió Jesús: Tu lo has dicho”. Ya no necesitaban más testigos. La declaración de Jesús era suficiente. Ya tenían el motivo para establecer el veredicto. Ahora echar una parodia y ya tenían lo que estaban buscando. El sumo sacerdote rasga sus vestiduras “¡ Ha blasfemado!” dijo como gimiendo, con actitud teatral mostrando su indignación y declara sacrilegio las palabras de Jesús. Jesús se declara Hijo de Dios.

Nosotros, leyendo este pasaje del Evangelio, contemplamos la escena. Queremos actuar, queremos entrar en escena, pero no podemos, estamos como paralizados. No podemos entrar y ayudar a Señor. Salen de nuestros ojos lágrimas de impotencia, pero también son lágrimas de culpa. Pues Jesús ha sido prendido y condenado por nuestros propios pecados. Ellos son el medio, nuestra la culpa de su sufrimiento y soledad. Nuestros pecados y los de la humanidad le condenan a muerte.

¡Jesús esta sólo!. Tanto que le hemos acompañado durante su vida pública, tanto que le hemos visto hacer el bien, sanar enfermos, resucitar muertos, hablar con ternura a las gentes, le hemos dejado solo. Solo ante las gentes que le odian, gentes que por soberbia no le quieren reconocer, gentes que ven como el pueblo le recibió con vítores y palmas en su entrada a Jerusalén, gentes que han comprobado el cariño que tienen a Jesús. Nosotros también gritamos ¡Gloria al Hijo de David!, con el corazón lleno de alegría.

“¡Reo es de muerte!” gritan. Ahora veo mis pecados. Mi culpa también grita contra Jesús. Ahora me saltan lágrimas de amargura y de culpa. ¡Perdóname Señor!, el beso de Judas, también fue beso mío, los gritos de la turba enfurecida, también fueron gritos míos. Mis pecados y traiciones estaban allí. ¡Perdóname Señor! Ayúdame a volver a Ti, quiero ser inmensamente tuyo. Perdóname mis pecados, mis traiciones y mis abandonos, perdona que mi amistad se rompiera por causa de mis pecados.

Jesús es agredido, insultado, maltratado. Pero Él perdona cada acción. “Padre perdónales, no saben lo que hacen”. Si con el pecado, nos diéramos cuenta de lo que hacemos, cambiaríamos. ¡Ojala, Señor, desde este momento cambiara mi vida hacia Ti!

Jesús está solo, como tantas veces está solo en el sagrario. De vez en cuando pasamos; pero no es suficiente. Sigue sólo. Si nos diéramos cuenta cuanto le agrada nuestra compañía, cuanto le agrada dialogar con nosotros, nuestra compañía. Quien más quien menos ha experimentado la soledad. Jesús la experimenta cada día y la experimentó ante el Sanedrín. Aunque sea un Hola, Señor aquí estoy, vengo a verte, a decirte que te quiero, te quiero intensamente. Inmensa es su alegría y la comparte con nosotros.

Mis pecados, mis traiciones, mis abandonos, llegan a Jesús en forma de golpes, insultos, salivazos. Perdóname, Señor, tómame de tu mano y guíame al buen camino. Ayudame a rezar cada día,a acercarme a la Eucaristía y al Sacramento del Perdón, cuando tega la desgracia de ofenderte. Mira Señor que ando perdido, que ando ciego, que no sé por donde voy.

La fiereza con la que descargan los golpes contra el Señor, los golpes y los insultos, las burlas y las risas, hace pensar en la acción rabiosa del maligno. Derrotado en el desierto, derrotado en otras ocasiones, quiere venganza y aprovecha el momento. Y hoy sigue su lucha contra Jesús, arrancando almas.

Perdona Señor, que he sido causa de tu sufrimiento y que a pesar de haber sufrido cruelísima Pasión por mi, te he pagado con el pecado en lugar de con amor.

Tu que te hiciste uno de nosotros, para alcanzarnos la amistad con Padre Dios, no te abri la puerta en Belén para daros cobijo a la Sagrada familia. “Y los suyos no le recibieron”. Te negué junto a Pedro, “¡No, no le  conozco!”, y te deje solo ante el sanedrín y la turba que falsamente testificaba contra ti.

Me detengo en esta Primera Estación, para meditar sobre mi vida, causa y motivo de tu prendimiento y condena a muerte. Quiero echar fuera mis pecados a través del Sacramento de la Penitencia. Perdona mis pecados, mis abandonos, mi soberbia. Contemplo tu sufrimiento por mi causa y veo los golpes y burlas, que llevan el sello de cada uno de mis pecados. Y Tu me sigues queriendo, me sigues esperando a que aparezca en la lejanía, como el Padre del Hijo prodigo.

Metámonos en esta Primera estación y veamos la soledad de Cristo. El solo ante aquellas gentes que buscaba su muerte, veamos el odio del pecado de la humanidad. Ellos fueron el medio, pero fue nuestro pecado la causa del su martirio. Que Dios nos de la gracia para no seguir siendo la causa de su padecimiento. Que caminemos por la senda de la santidad aborreciendo el pecado. Amemos a quien nos Ama y que por nosotros se entregó a la muerte.

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

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