MUCHAS FELICIDADES A RADIOMARIA POR LA ENORME PROPAGANDA QUE HACE DE NUESTRA FE Y DE NUESTRA MADRE LA VIRGEN MARIA. ANIMO A TODOS NO DESANIMEIS NUNCA. ME PONGO A VUESTRO SERVICIO. ¡ MAGNIFICOS
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he procedido a quitar los anuncios al ver que algunos no comulgan con el espiritu de este blog
Uno de los mayores servicios que podemos prestar a nuestros semejantes es nuestro testimonio sereno y firme de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer… la familia es la mejor escuela donde se aprende a vivir aquellos valores que dignifican a la persona y hace grandes a los pueblos. Son palabras del Papa Benedicto XVI. Muchos se preguntan asombrados cuando ven esos matrimonios que se llaman “para toda la vida”, de cuarenta, cincuenta y hasta sesenta años juntos, y eso sin contar el periodo de noviazgo, mis padres son unos de esos matrimonios, ejemplares de “para toda la vida”. ¿Pero como lo hacen? ¿Dónde está el secreto? ¿Secreto? No ha secretos, ni pociones mágicas, hay algo que de seguro no existe en algunos de los matrimonios de hoy, me refiero a los que no llegan al año o a lo mejor, o tirando un poco llegan a los dos
El secreto de los matrimonios de toda la vida, si puede llamarse secreto está en basar el matrimonio en los valores de la persona (honestidad, honradez, lealtad…). Sobre este tipo de de valores no hay monopolio, ya que creyente o no está en disposición de estos valores que lleva la persona desde que nace. Lo que pasa es que siempre se ha casado la palabra valor moral con el creyente, debido a que es quien está obligado, a través de los Mandamientos a observarlos, cuidarlos y mantenerlos., de la misma forma que se cuida y se mantiene el honor-
Si no existe honestidad, honradez, lealtad, humildad… en alguno o en ambos cónyuges, el matrimonio hará aguas por todas partes y terminara en el fracaso más rotundo. Es la falta de lealtad, de honradez al matrimonio (las relaciones extramatrimoniales) la causa del mayor índice de rupturas. Otro de los secretos es el autentico amor, para ello, el hombre y la mujer tienen un periodo, vamos a llamar de pruebas o noviazgo en el que se van conociendo ambos, si en ese noviazgo no existe o no se fundamenta en la verdad, ya ese matrimonio, si se llega, estará roto desde el principio. Hoy tenemos un ejemplo muy claro de falta a la verdad, son los matrimonios que se producen a través de los “chateos” en los foros de internet. Pocos muy pocos dicen la verdad, se presentan historias falsas, lacrimógenas, con las que conquistan al contrario, siendo este medio causa de rupturas de matrimonios. Lo que sí es cierto, que creyente o no, si la persona o personas que quieren formar una familia carecen de valores, el resultado es el fracaso de ese matrimonio.
Estos matrimonios “para toda la vida” saben hacer frente a los problemas que pueden surgir en la convivencia del día a día, porque hablan entre ellos, porque hay respeto, porque hay amor, porque existe la humildad y el reconocimiento de uno u otro fallo, porque saben poner en primer lugar los intereses de los hijos a los suyos propios. Definiría los “matrimonios para toda la vida” como matrimonios de valientes porque saben enfrentarse a los problemas que surgen y sobreponerse a ellos; mientras tanto en muchas de las rupturas se superponen los intereses propios a los de la familia o a los de los hijos, tienen miedo a enfrentarse a los problemas y a reconocer sus errores o fallos.
No quiere esto decir que todas las rupturas sean anómalas, ya que las hay producidas por casos de lo que hoy se llama violencia de género (malos tratos de palabra o de hecho), incumplimiento con los deberes del matrimonio, u otras situaciones que producen grave deterioro en la familia (estados continuos de embriaguez, dilapidar el sueldo en el juego…).
Es preciso que la familia desde que nace y en su caminar, mantenga en todo momento el recuerdo vivo de aquella otra familia de Nazaret: María, José y el Niño. Superaron todas las dificultades, pues las tuvieron y muy grandes. Por eso, mirando en su ejemplo y bajo su bendición ¿las familias de hoy no van a poder superar sus problemas? Se vive en un mundo donde los valores esenciales son el objetivo directo del materialismo que se instala en el alma humana, un mundo donde falta la fe y falta el autentico amor, donde los sistemas establecidos pretenden derrocar la institución de la familia, sustituyéndola por otro tipo de familia que no es tal, sino familia contra la naturaleza. La familia es la fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer, todo lo demás póngasele otro nombre, pero no familia. Si queremos una sociedad sana y fuerte, se deberá volver a tender a refundar las familias “para toda la vida”, ya que la familia unida es el termómetro que toma la temperatura de la sociedad, y hoy nadie podrá negar que la sociedad de hoy y la que se esta formando para el mañana no está bien.
Nadie duda que la figura de la madre es el pilar fundamental de la familia y en la que Dios descansa. Ahora han cambiado mucho las cosas. Ahora trabajan ambos fuera de casa. Antes, mientras el padre trabajaba fuera de la casa, en su destino profesional, era la madre la que echaba sobre sus espaldas el peso de la casa y de la familia. Los hijos, en algunos casos familia numerosa, hijos con enfermedades que precisaban continuos cuidados, el mantenimiento del hogar, la compra, hacer la comida, el lavado de la ropa, la educación de los hijos… no con ello quiero dejar en la nada la figura del padre, pues es el apoyo de la madre.
Si echamos una mirada atrás, hacia aquel humilde Portalico de Belén, sobre el que Dios funda la familia, es Maria, una mujer, a la que Dios elije como fundamento básico y colaborador en la Redención del Mundo. Maria se convierte al pie de la Cruz en Corredentora del genero humano. La Virgen Maria, carga sobre sus espaldas a toda la humanidad, a pesar de ser ésta ingrata al sacrificio de su Hijo.
Se dice que si en un hogar falta la madre, ese hogar va como a la deriva, le cuesta como avanzar. Al contrario que si falta el padre; aquí, echando coraje, saca la familia adelante, tragándose las lagrimas para si, llorando en silencio por algún rincón de la casa.
Dios creo a la mujer, entre otras cosas, porque sabia que era pieza fundamental en la familia y la familia era necesaria para la sociedad. Y una cosa es segura, si la familia se disloca, se rompe la sociedad.
He podido comprobar en la etapa de catequesis, durante 21 años, que aquí ellas también llevaban el peso: llevaban a los niños a las catequesis, a las reuniones, ellas se preocupaban de la marcha de sus hijos…
Desde aquí, en el dia de la madre una felicitación especial, que de seguro Dios las bendecirá especialmente. Muchas gracias por vuestros sacrificios y entrega. Habéis sido elegidas desde la eternidad para desempeñan este papel fundamental de ser la columna que sostiene a la familia.
Además de constituir un asesinato, el aborto, por parte del que lo practica y un parricidio por parte de la madre y el padre si interviene. El aborto, es uno de los crímenes mas cobardes y uno de los negocios más lucrativos de los profesionales de la medicina, que un día juraron defender la vida de las personas.
Leo unas declaraciones realizadas de una doctora, que fue directora de cuatro clínicas abortistas, que abandonó tras un proceso de conversión religiosa.
Es monstruoso y perverso el acto de matar a un ser dentro del seno materno; un ser indefenso, un ser que no puede repeler el ataque armado contra su frágil y diminuto cuerpecillo. Un ser, que siente el dolor, cuando comienza a ser troceado dentro del seno materno, para luego ser aspirado y tirado al cubo de la basura, como si de un despojo se tratara.
“He leído en algún sitio que los fetos llegan a soñar en el seno materno. Me pregunto que formas, qué colores llegó a soñar este niño del cubo de la basura” escribia el padre Martín Descalzo, sobre un niño abortado, encontrado en un basurero.
El feto siente dolor, no es ajeno a él, pero no lo expresa llorando o gritando, como podemos hacerlo nosotros cuando sentimos el dolor. Si a nosotros nos fueran troceando con un bisturí, expresaríamos el dolor gritando, el feto siente el dolor, pero no lo puede expresar como nosotros, ni se puede defender como nosotros, ahí está el acto cobarde y miserable de los que practican el aborto. Trata de defenderse, pero sus ínfimas fuerzas no le sirven para nada. Cobardes y miserables los cirujanos, los anestesistas… en fin todos los que intervienen y luego se meten sus buenos euros en la cuenta corriente. Euros manchados con la sangre de unos seres inocentes. ¡ Cobardes! ¡Miserables!.
Me gustaría saber, si informan a la “madre” que va a abortar, como realizan los abortos. Entre los más corrientes encontramos:
“Antes de las 12 semanas el método más utilizado es dilatación y succión, que consiste en aspirar al embrión y extraerlo; y la dilatación y legrado en la que la extracción se realiza después de haberlo deshecho en pedazos”
Existen otros medios, igual de bárbaros. Pues privar de la vida a un ser humano es una barbaridad, aunque la sociedad lo haya despenalizado. Cada niño abortado, asesinado, queda en la conciencia, también, de todos aquellos que lo han hecho posible con su voto.
Después de matar al feto ¿Qué hacen? “Los echábamos al triturador de basuras”…” algunos músculos, difíciles de triturar, los echábamos al basurero”. Es escalofriante leer declaraciones, de personas que han estado implicadas en la practica de abortos. Pensé que estaba curado de espanto; pero ni la inquisición hacia tales animaladas.
¿Están todas las madres abortistas en su plenitud de facultades?. Las hay en tal estado de desesperación, por haberse quedado embarazadas muy jóvenes, que se aferren al aborto llevadas por un miedo insuperable. No apruebo el aborto bajo ninguna circunstancia. Pero a esas jóvenes no me atrevo a juzgar. Pero por lo general, la madre que aborta sabe lo que hace.
Si mal está el aborto, peor está enriquecerse a costa de la vida humana.
Las fuerzas de nuestro querido Benedicto XVI estaban muy diezmadas para poder enfrentarse a todo aquello que habia salido a la luz en la investigacion realizada, que precisaba de nuevas energias y dotes de mando, que no es que el Papa anterior no los tuviera, pero sus ochwenta y muchos años, extremado cansancio de su obra apostolica y el marcapasos… fueron raon suficiente para que Dios le eximiera de su trabajo.
Un Papa fuerte y luchador se precisaba para corregir lo que habia y todo aquello que se nos viene encima. Un sacerdote me decia “ estamos entrando en el fin de los tiempos”; ¡ojo! Nada tiene que ver c on el Fin del Mundo; el Fin de los Tiempos, se refiere cuaqndo se subvierte la moral y la fe, es la apostasia general. Ciertamente tiene raon, nos encontramos ante la inversion de los valores; es decir lo que ayer era pecado hoy se considera como normal. Nos vemos ahogados por la corrupcion moral, social y politica; nada tiene freno. Se apostata de la fe de manera publica y notoria. El lugar que le corresponde a Dios en nuestros corazones se va ocupando por todo aquello que se opone a sus Mandamientos.
El trabajo del nuevo Papa de recuperar y recomponer esta situacion, va a ser herculano, pues el mal esta muy enquistado y se precisa un buen “cirujano espiritual” que sepa cortar esta metastasis y devuelva la salud a esta sociedad.
Juan Pablo II y Benedi cto XVI ya han cumplido su cometido en la Iglesia. Ahora comienza una nueva etapa, siendo uno de los cometidos seguir trabajando con la JUVENTUD, que son el pilar de la sociedad y los portadores de la fe y por tanto son el objetivo directo de los portadores del mal, que ya el Papa Pablo VI nos anunciara que habia entrado en la Iglesia. “El humo de satanas ha entrado en la Iglesia”.
¡Habemus Papam! Nos anunciaban oficialmente. El Cardenal Bergoglio. Gran parte nos preguntábamos quien era. Solo los argentinos respondieron con una explosión de aplausos. Cuando al fin se asomo al balcón y vimos su figura ya nos transmitió paz. Su mirada serena y su sonrisa me hio recordad a Juan Pablo I. Pero pronto iban a comenzar los detractores, incluso las madres de mayo se iban a dejar oir, acusándole de colaboracionista con con el golpe militar argentino. Otros miraban con lupa cada gesto o cada palabra del Papa Francisco, que aunque Jesuita era admirador del gran San Francisco de Asis.
Que si no usaba los apatos rojos, que si la estola, que si… todo cosas banales que no afectan a la fe; que si utilizo el autobús en lugar del papamóvil… Somos rapidos a la critica, pero lentos a ver nuestros fallos oo nuestro estilo de vida que rompe muchas veces con los mandamientos. Agazapados como leones esperamos el fallo para lanarnos a la critica
“La Iglesia esta con los pobres”. Algunos se rasgaron las vestiduras. ¡Que ha dicho!. En realidad es cierto que la Iglesia esta y debe estar con los pobres, los necesitados. La pobreza tiene muchas vestiduras una de ellas es la económica que se ha agravado con la crisis que afecta a todo el mundo, pero también esta la pobreza espiritual. De ninguna de ellas se separa la Iglesia, a ninguna de ellas abandona la Iglesia. A ambas se refiere el Papa Francisco.
Existe la tendencia de condenar al rico. En ningún momento el Señor condena al rico, sino que pide que ayude al necesitado. Y hay ricos que colaboran, también los hay que no y son estos los que tendrán que rendir cuentas. Hay ricos que han logrado su riquea con su trabajo, justamente como los hay que la han logrado de forma injusta, a base de abusar de quienes trabajan para ellos o a base de corrupción. Esta es la base de la teología de la liberación, la lucha contra la clase rica, que el trabajador es igual que el dueño. El rico es malo por naturalea y el pobre es bueno. Para la Iglesia lo importante es el pueblo, dicen. Para la Iglesia lo importante es Dios y lo importante para Dios es el hombre.
Debemos acompañar al Santo Padre Francisco. Es Dios quien nos lo ha puesto. Y acompañarle en la pesada Cruz como nuevos Cirineos, pues la Cru del Papa es también nuestra Cruz.
Estoy como un chiquillo viendo caer la nieve sobre la capital. Ahora llevamos casi dos horas sin un copito siquiera, despues de casi tres dias. Desde Valladolid no veia nada igual, y sali de alli en el 1969. Aqui hae un frio que "pela". Los niños pasan de eso, se lo pasan "pipa" jugando con la nieve. Hay tres haciendo acopio de bolas. Cuento un total de 9 bolas. Se esconden a un lado de un container de obra. Uno espia en plan guerrillero. Cuando arranca da la señal a sus "guerrilleros" y al llegar a su altura fusilan certeramente uno de los vagones y salen "pitando". El frio no puede con ellos.
Vuelve la nieve y con mas fuerza, mas blanca y da la sensacion que son mas grandes. "¿Y si tuvieramos Papa ya?". Mi imaginacion es muy grande. Son casi las 19 horas. Con la nariz casi pegada a la ventana disfruto como "un enano" con la nieve. Oigo un murmullo y aplausos, algo pasa. Me vuelvo hacia la TV y veo una gran humareda blanca que sale de la chimenea conectada a la Capilla Sixtina. La gente de la Plaza de San Pedro que aguanto estoicamente el frio y la lluvia, aplaudia y cantaba, la alegria de sus corazones se hacia notorio en sus rostros. ¡HABEMUS PAPAM!. Ahora aguardaba la emocion de saber quien era el nuevo Papa.
Aqui sigue nevando con fuerza, como si la maravilla de la naturaleza quisiera unirse a la alegria que supone para la cristiandad, principalmente, tener un nuevo Papa que dirija los destinos, con ayuda del Espiritu Santo, de la Iglesia de Cristo. La corazonada o la imaginacion se cumplieron. ¡Habemus Papam!. Aun quedan 20 minutos, nos dicen para saber quien es el nuevo Papa.
Mientras pensamos quien sera, imagino al Colegio Cardenalicio celebrando, felicitando y jurando obediencia al nuevo Pontifice, una vez aceptado el pontificado. Los "quinielistas" dan nombres; vamos cada uno segun su tendencia y gusto. Lo que pasa es que nunca aciertan.
Recuerdo, cuando eligieron a Benedicto XVI, mi padre, mi madre, mi hermana angeles y yo estallamos en un aplauso al que no faltaron las lagrimas de emocion, cuando escuchamos que el nuevo Papa era Ratzinger. Conocianos quien era monseñor Ratzinger y su trayectoria teologica, quizas el mas preparado. Dios nos manda el Papa adecuado de acuerdo a las necesidades de los tiempos.
Los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI realizaron su labor pastoral, acercando a los jovenes a Dios. Juan Pablo I, cuya muerte fue en extrañas circunstancias, realizo una obra de gran altura, al destapar el fraude de la Banca Ambrosiana que salpicaba al cardenal Marcincus y la union de algun cardenal a la Logia Propaganda 2.
“Pasado el sábado, María Magdalena y María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y, muy de mañana, al día siguiente del sábado, llegan al sepulcro, salido ya el sol. Y se decían unas a otras: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?. Y al mirar vieron que la piedra estaba apartada; era ciertamente muy grande. Entrando en el sepulcro, vieron a un joven sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca, y se quedaron asustadas. El les dice: No tengáis miedo; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le colocaron. Pero marchad, decid a sus discípulos y a Pedro que él va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis como os dijo. Y saliendo huyeron del sepulcro; pues estaban sobrecogidas de temblor y fuera de sí; y no dijeron nada a nadie, porque estaban atemorizadas” ( Mc 16, 1-8).
San Marcos, como también los otros evangelistas: San Lucas, San Juan y San Mateo, comienzan narrándonos la espera de las santas mujeres, para poder embalsamar el cuerpo de Cristo. Y lo hacen, como relata San Marcos : “ al día siguiente del sábado” (Mc 16, 2).
La ley mosaica establecía el día del sábado, como el día dedicado a dar culto a Dios y a la oración. Era el día en que se recordaba el descanso del Señor después de la creación. No estaba permitido trabajar, pero “ con el tiempo los rabinos habían llevado hasta la exageración las cosas que se podían y que no se podían hacer”. Entre las cosas que no se podían realizar, se encontraba, por tanto, el embalsamamiento de los muertos; motivo por el que tuvieron que dejarlo para “el día siguiente al sábado”, como recalca el evangelista. La ley del sábado rabínico se había salido de su contexto, de tal forma, como hemos visto a lo largo del evangelio de San Marcos, y como podemos verlo en los de los otros evangelistas, el hombre dependía de ese día.
El hecho de la Resurrección del Señor va a producir un cambio, ya que la “ ley evangélica derogó la prescripción mosaica referente al sábado y lo sustituyó por el domingo, que significa el Día del Señor, en memoria a los dos grandes misterios de la Resurrección de Jesús, y la venida del Espíritu Santo”
El Tercer Mandamiento de la Ley de Dios, establece el hecho de santificar las fiestas. Santificar significa a ofrecer a Dios enteramente algo: el trabajo, el estudio, las relaciones con los demás. Así, santificar las fiestas, hace referencia a ofrecer las fiestas en dar Gloria a Dios a través del culto, de la oración y de la lectura espiritual que nos acerque más al conocimiento de la fe que vivimos. El tercer Mandamiento nos impone la obligación grave de dar culto a Dios a través de la asistencia a la Santa Misa, siendo esta celebración el acto principal de culto a Dios. La Santa Misa no sustituye a la oración, porque la Misa es ya de por sí la forma de oración más elevada a Dios. San Jerónimo nos dice que : “después de la tristeza del sábado, resplandece un día feliz, el primero entre todos, iluminado con la primera de las luces, ya que en él se realiza el triunfo de Cristo Resucitado”
El mandado del Decálogo que Dios dió a Moisés en el Sinaí establece: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Trabaja seis días y en ellos haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje...” (Ex 20, 8-10).
María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, nos relata el evangelista, habían comprado aromas para embalsamar el cuerpo del Señor. Ellas se acuerdan de ese detalle. Momentos antes de introducirlo en el sepulcro, después del descendimiento “ Nicodemo y José de Arimatea lavaban el cuerpo ensangrentado con esponjas ...limpiaban su cuerpo como si fuera el de un niño...” después, ya en el sepulcro “ comenzaba el rito de la unción... comenzaron a envolver” el cuerpo de Cristo “las mujeres impregnaban primero la cinta con ungüentos, luego la enrollaban fuertemente como un vendaje... Finalmente envolvieron el cuerpo en la sábana en que lo habían traído... No se quedaron satisfechas...Pensaban que el domingo rematarían lo que ahora hacían a medias” describe el padre Martín Descalzo. Son todo un ejemplo de delicadeza, de celo y de amor hacia el Señor y a la vez una nueva lección de catequesis que podemos extraer de las páginas del evangelio para llevar a nuestra vida diaria. La delicadeza, la valentía, el no dar importancia a las dificultades, enarbolan las virtudes de estas mujeres. Se levantan muy temprano, de madrugada, para poder llegar cuando el sol sale junto al sepulcro; no quieren perder un instante; no quieren dejar para más tarde el embalsamamiento del cuerpo de Cristo.
Habían comprado aromas, y con todo cariño le prepararon el ungüento. Celo, delicadeza, corazón ... es así como hemos de tratar todas las cosas del Señor; así, como nos enseñan aquellas santas mujeres. Sin reparar en las dificultades, con cariño, con delicadeza. Si echamos una mirada hacia atrás, podemos recordar aquel pasaje en que María unge al Señor con aromas de nardo, cuyo coste era elevado y que es causa de queja de los presentes. Si buscamos en el hecho de María el sentido espiritual, alcanzaremos a ver la grandeza; pero también, a pesar del costo elevado de aquellos aromas, la grandeza de la acción de María es digna de elogio: el amor a Dios no debe tener obstáculos; nada debemos regatear a Dios: ni la oración, ni el esfuerzo personal en nuestra conversión. El no regateó ni sufrimiento, ni en dar hasta la última gota de su sangre por nuestra salvación.
La única preocupación de aquellas mujeres estaba en ¿quién movería aquella piedra que taponaba el sepulcro del Señor? . Tal vez pensaban que los guardias romanos no las ayudarían, pues estaban para vigilar que nadie sustrajera el cuerpo de Jesús, según las órdenes que se les había dado. “De ordinario los judíos ricos construían los sepulcros excavando en la roca, y constaba de una especie de vestíbulo y de la roca, propiamente dicha, de pocos metros, una puerta muy baja daba acceso a las tumbas: un pequeño habitáculo en el que había dos bancos adosados a las paredes, sobre los que se depositaba el cadáver”.
El acceso al sepulcro se taponaba con una rueda o gran piedra de molino. El padre Martín Descalzo hace una descripción de cómo era, lo que puede darnos una aproximación a la realidad:
“Procedieron a cerrar la puerta. Había junto a ella una especie de rueda de molino de metro y medio de diámetro y un espesor de entre veinte y veinticuatro centímetros. Estaba asentado en una ranura curva, calzada con otro gran trozo de roca. Uno de los hombres empujó la rueda de piedra que la calzaba y, luego, tratando de frenarla en su caída, dejaron que se deslizara por el canalillo curvo en que se asentaba. Giró la piedra hasta cubrir ampliamente la puerta y, de nuevo, la calzaron con piedras para que no se moviera”.
A pesar de su preocupación, las santas mujeres siguen hacia delante. Hasta entonces nada les había arredrado: ante a las vociferantes voces durante el camino de Jesús hacia el Gólgota, allí estaban ellas, consolando al Señor con su presencia; otra mujer, la Verónica, limpiará el rostro ensangrentado del Señor ante la mirada de todos; las santas mujeres estarán cerca del Señor clavado en la Cruz, acompañando a María; acudirán al sepulcro donde va a ser depositado el cadáver del Señor; y muy de madrugada, acudirán al Sepulcro para poder embalsamar su cuerpo. Ellas no huyen, no abandonan, y agradecen con sus actos las gracias que Jesús derramó sobre ellas.
La sorpresa debió ser infinita cuando se encontraron la gran piedra quitada de su lugar, el sepulcro abierto y “ a un joven sentado a la derecha con una túnica blanca “ ( Mc 16, 5) que se dirige a ellas. Nos describe el evangelista que se “quedaron asustadas” (Mc 16, 5). Tal vez ellas no habían oído hablar al Señor acerca de su resurrección; tal vez los apóstoles, en estos días de tristeza, tampoco lo comentaran porque habían perdido las esperanzas. El Angel del Señor les anuncia la Buena Nueva. Ayer anunciaba el nacimiento del Niño Dios en un humilde Portal; hoy anunciaba otra noticia que llena de esperanza a las almas: “Ha resucitado, no está aquí” ( MC 16, 6), dándoles la indicación que contarán a los discípulos de Jesús lo que habían visto y oído, en especial a Pedro.
“La designación del Apóstol Pedro por su nombre, es una manera de destacar la figura de quien hace cabeza en el Colegio Apostólico precisamente en unos momentos en los que la turbación y el desaliento habían hecho presa en los Apóstoles. Es también una delicada manifestación de que Pedro ha sido perdonado”
Pero aquellas mujeres que habían venido dando muestras de gran valentía, sienten temor ante lo que estaban viviendo y salen, pues como nos describe el evangelista “ estaban atemorizadas” ( Mc 16, 8)
¿Qué entendemos por resurrección? . Se define la resurrección como al hecho en el que la unión del cuerpo y el alma que se rompe con el acto de la muerte, se vuelve a rehacer. Con la resurrección, el cuerpo y el alma se vuelven a unir. Santo Tomás nos da cinco razones que justifican la Resurrección de Jesús:
“Por caridad y obediencia a Dios, Cristo sufre la muerte de Cruz; era, pues, preciso que Dios le exaltara con la Resurrección, según conviene a la justicia divina; que exalta a quienes se humillan por Dios.
Era conveniente también que el Señor resucitase para confirmar nuestra fe en su Divinidad por el milagro de la Resurrección.
Para fortalecer nuestra esperanza, porque al ver a Cristo ( que es nuestra Cabeza) resucitar, también nosotros esperamos la resurrección.
Para ejemplo de nuestra resurrección espiritual a la gracia, a fin de que muertos al pecado, resucitemos con Cristo a una vida nueva.
Para completar el misterio de nuestra redención, llevándonos al bien, después de habernos liberado del mal con su pasión”
¿Cómo resucitó Cristo? “El Cuerpo de Cristo resucitó en estado glorioso, adornado de las dotes de impasibilidad, agilidad, claridad y sutileza que describe la Sagrada Escritura”. Pero además, para que no quedará la más mínima duda, el Cuerpo de Nuestro Señor conserva, después de su resurrección todas las heridas de la Pasión y la infringida después de su muerte, el lanzazo en el costado. Así: conservaba las huellas de los latigazos, los agujeros de los clavos en manos y pies y la abertura que en su pecho le hizo la lanza; abertura grande, ya que dentro de ella meterá los dedos Santo Tomás a fin de dar crédito a la Resurrección del Señor. “El Cuerpo resucitado de Cristo es verdadero cuerpo”
En este día tan grandioso felicitarte ¡ FELIZ PASCUA DE RESURRECCION! Y que Dios te colme de bendiciones y a tu familia y te alcance todo aquello que está en tus intenciones y deseos. Gracias por tu visita
“El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: ¡ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de testigos. Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?. Respondieron ellos diciendo: ¡ Es reo de muerte!. Entonces se pusieron y abofetearle y otros a golpearle”. Nos describe san Mateo en este pasaje.
Ya mucho antes, Jesús había sido condenado a muerte. Buscaban una ocasión. Judas, les dio la ocasión, Judas les vendió la ocasión para prenderle. Le vendió por 30 monedas, y seguro que le hubieran dado más, si éste se lo hubiera pedido. 30 monedas de oro, el precio de una traición. No necesitaban causa alguna, solamente tenerlo en sus manos, lo demás surgiría por sí solo. Cualquier palabra de Jesús, serviría para condenarlo. Presentaban testigos falsos, pero Jesús callaba. Viendo esto, el Sumo Sacerdote tomó la palabra:
“¡te conjuro por Dios vivo, te conjuro que nos digas si tu eres el Cristo, el Hijo de Dios. Respondió Jesús: Tu lo has dicho”. Ya no necesitaban más testigos. La declaración de Jesús era suficiente. Ya tenían el motivo para establecer el veredicto. Ahora echar una parodia y ya tenían lo que estaban buscando. El sumo sacerdote rasga sus vestiduras “¡ Ha blasfemado!” dijo como gimiendo, con actitud teatral mostrando su indignación y declara sacrilegio las palabras de Jesús. Jesús se declara Hijo de Dios.
Nosotros, leyendo este pasaje del Evangelio, contemplamos la escena. Queremos actuar, queremos entrar en escena, pero no podemos, estamos como paralizados. No podemos entrar y ayudar a Señor. Salen de nuestros ojos lágrimas de impotencia, pero también son lágrimas de culpa. Pues Jesús ha sido prendido y condenado por nuestros propios pecados. Ellos son el medio, nuestra la culpa de su sufrimiento y soledad. Nuestros pecados y los de la humanidad le condenan a muerte.
¡Jesús esta sólo!. Tanto que le hemos acompañado durante su vida pública, tanto que le hemos visto hacer el bien, sanar enfermos, resucitar muertos, hablar con ternura a las gentes, le hemos dejado solo. Solo ante las gentes que le odian, gentes que por soberbia no le quieren reconocer, gentes que ven como el pueblo le recibió con vítores y palmas en su entrada a Jerusalén, gentes que han comprobado el cariño que tienen a Jesús. Nosotros también gritamos ¡Gloria al Hijo de David!, con el corazón lleno de alegría.
“¡Reo es de muerte!” gritan. Ahora veo mis pecados. Mi culpa también grita contra Jesús. Ahora me saltan lágrimas de amargura y de culpa. ¡Perdóname Señor!, el beso de Judas, también fue beso mío, los gritos de la turba enfurecida, también fueron gritos míos. Mis pecados y traiciones estaban allí. ¡Perdóname Señor! Ayúdame a volver a Ti, quiero ser inmensamente tuyo. Perdóname mis pecados, mis traiciones y mis abandonos, perdona que mi amistad se rompiera por causa de mis pecados.
Jesús es agredido, insultado, maltratado. Pero Él perdona cada acción. “Padre perdónales, no saben lo que hacen”. Si con el pecado, nos diéramos cuenta de lo que hacemos, cambiaríamos. ¡Ojala, Señor, desde este momento cambiara mi vida hacia Ti!
Jesús está solo, como tantas veces está solo en el sagrario. De vez en cuando pasamos; pero no es suficiente. Sigue sólo. Si nos diéramos cuenta cuanto le agrada nuestra compañía, cuanto le agrada dialogar con nosotros, nuestra compañía. Quien más quien menos ha experimentado la soledad. Jesús la experimenta cada día y la experimentó ante el Sanedrín. Aunque sea un Hola, Señor aquí estoy, vengo a verte, a decirte que te quiero, te quiero intensamente. Inmensa es su alegría y la comparte con nosotros.
Mis pecados, mis traiciones, mis abandonos, llegan a Jesús en forma de golpes, insultos, salivazos. Perdóname, Señor, tómame de tu mano y guíame al buen camino. Ayudame a rezar cada día,a acercarme a la Eucaristía y al Sacramento del Perdón, cuando tega la desgracia de ofenderte. Mira Señor que ando perdido, que ando ciego, que no sé por donde voy.
La fiereza con la que descargan los golpes contra el Señor, los golpes y los insultos, las burlas y las risas, hace pensar en la acción rabiosa del maligno. Derrotado en el desierto, derrotado en otras ocasiones, quiere venganza y aprovecha el momento. Y hoy sigue su lucha contra Jesús, arrancando almas.
Perdona Señor, que he sido causa de tu sufrimiento y que a pesar de haber sufrido cruelísima Pasión por mi, te he pagado con el pecado en lugar de con amor.
Tu que te hiciste uno de nosotros, para alcanzarnos la amistad con Padre Dios, no te abri la puerta en Belén para daros cobijo a la Sagrada familia. “Y los suyos no le recibieron”. Te negué junto a Pedro, “¡No, no le conozco!”, y te deje solo ante el sanedrín y la turba que falsamente testificaba contra ti.
Me detengo en esta Primera Estación, para meditar sobre mi vida, causa y motivo de tu prendimiento y condena a muerte. Quiero echar fuera mis pecados a través del Sacramento de la Penitencia. Perdona mis pecados, mis abandonos, mi soberbia. Contemplo tu sufrimiento por mi causa y veo los golpes y burlas, que llevan el sello de cada uno de mis pecados. Y Tu me sigues queriendo, me sigues esperando a que aparezca en la lejanía, como el Padre del Hijo prodigo.
Metámonos en esta Primera estación y veamos la soledad de Cristo. El solo ante aquellas gentes que buscaba su muerte, veamos el odio del pecado de la humanidad. Ellos fueron el medio, pero fue nuestro pecado la causa del su martirio. Que Dios nos de la gracia para no seguir siendo la causa de su padecimiento. Que caminemos por la senda de la santidad aborreciendo el pecado. Amemos a quien nos Ama y que por nosotros se entregó a la muerte.
ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS
PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO
El evangelio de San Marcos pasa directamente a la Crucifixión. Solo menciona al Cirineo quien ayuda al Señor a cargar con la Cruz después de tres caídas y la extenuación por las palizas, la pérdida de sangre y el ajetreo que siguió a su apresamiento. “Y a uno que pasaba por allí, que venía del campo, a Simón Cirineo, el padre de Alejandro y de Rufo, le forzaron a que llevara la Cruz de Jesús. Y lo llevaron al lugar del Gólgota. Y le daban a beber vino con mirra, pero el no aceptó. Y le crucificaron, y repartieron sus vestidos, echando a suertes sobre ellos para ver qué se llevaba cada uno. Era la hora tercia cuando lo crucificaron. Y el título de su causa tenía esta inscripción: El Rey de los Judíos. También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda” ( Mc 15, 21-28).
Simón Cirineo era natural de Cirene, una ciudad situada entre Egipto y Cartago. En Jerusalén, según nos dicen los estudios de la Biblia existía una numerosa comunidad cirenea y que además gozaban de su propia sinagoga. Los nombres de Alejandro y Rufo, según los estudios de la Biblia, hijos de Simón Cirineo podían pertenecer a esta comunidad los cuales, junto a Simón y toda su familia, se convirtieron al cristianismo. Es forzado a cargar con la Cruz. Los soldados que acompañaban el cortejo no lo hacen, porque según se desprende de los estudiosos bíblicos esta acción era considerada degradante, por ello obligan a Simón; tal vez los judíos también se negaran a ello.
Desde el Pretorio al Calvario, San Marcos no nos narra nada más que el momento en que el Cireneo es obligado a cargar con la Cruz. No describe el camino de la amargura que padeció Jesús hasta su crucifixión. El Calvario, Gólgota o Calavera, estaba situado a las afueras del recinto de Jerusalén, cerca de la llamada puerta de Efraim; más tarde la muralla que rodeaba Jerusalén dejará dentro de su contorno este lugar en el que fue crucificado el Señor.
La muerte por crucifixión era una modalidad muy utilizada desde épocas anteriores y por otras naciones y que tomarán para si los romanos y que tras la primera revuelta lo padecerán cerca miles de judíos como nos describen historiadores de la época, entre ellos Flavio Josefo: “Los soldados, fuera de si por la rabia y el odio, se divirtieron crucificando a sus prisioneros en diferentes posturas; y tan grande fue el número de éstos, que no encontraban espacio para las cruces, ni cruces para los cuerpos”. Por otra parte era considerado como un martirio infamante y que se infligía a los criminales. Era además una muerte horrible ya que se producía por asfixia, con lo cual es de imaginar el padecimiento del crucificado, y máxime cuando éste, con en el caso de Jesús, había padecido con anterioridad una brutal paliza. Además, para los judíos era ignominiosa ya que para sus creencias recaía sobre el crucificado una maldición religiosa.
Nos ofrece San Marcos un dato: . Y le daban a beber vino con mirra, pero el no aceptó. Según un costumbre judía. Era esta mezcla como una especie de droga que sumía en una especie de inconsciencia al que la tomaba, y en este caso se evitaba el sufrimiento. Jesús no quiere privarse del amargo dolor y rechaza el brebaje. Sufre por nosotros hasta el final, bebe el cáliz de la Pasión sin dejar gota alguna en él. Es el cáliz del que les habló a los hijos del Zebedeo cuando se disputaban un puesto a su lado.
Fue clavado de pies y manos en la Cruz. “El terrible suplicio de Jesús en la Cruz, nos está enseñando, de la manera mas expresiva, la gravedad del pecado de los hombres, de mi pecado. Tal gravedad se mide por la infinita grandeza y honor de Dios ofendido...No hay palabras para ponderar el amor de Dios manifestado en la Cruz...Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, por el sacrificio de la Cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros”.
San Marcos señala que sobre la Cruz se podía leer la inscripción de Rey de los Judíos. “El título era el nombre técnico que en el Derecho Romano expresaba la causa de la condena. Solía inscribirse en una tablilla para conocimiento público y era resumen del acta oficial que se remitía a los archivos del tribunal del Cesar. Por eso cuando los pontífices judíos piden a Pilato que cambie las palabras de la inscripción, el Procurador se niega aduciendo que la sentencia ha sido ya dictada y ejecutada y, por tanto, no puede modificarse: este es el sentido de las palabras: lo escrito, escrito está”.
A ambos lados crucificaron a dos reos de delitos que según los estudiosos bíblicos podían ser delincuentes comunes de los que asaltaba a los peregrinos que acudían a Jerusalén, o terroristas como Barrabás.
Este momento puede hacernos echar una mirada hacia atrás: “ ¿Porque come con los publicanos y los pecadores? Al oir Jesús esto, les dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Mc 2, 16-17). Hasta el último momento, el Señor busca arrancar de las tinieblas del pecado a aquellos por los que ha venido. Los nombres de aquellos reos, según los estudiosos y las leyendas eran Dimas ( el buen ladrón) y Gestas ( el mal ladrón ); los apelativos que se añaden es para diferenciar a aquel que se arrepintió del que se mantuvo contumaz en el pecado. ¿Puede ser Dimas el primero que se benefició del Sacramento de la Unción? De hecho reconoce sus pecados y se arrepiente ante el mismo Jesús de ellos y le pide: “acuérdate de mi cuando llegues a tu Reino” (Lc 23, 42).
Hasta el último momento de nuestra vida tenemos la oportunidad de merecer y la oportunidad del arrepentimiento de nuestros pecados para alcanzar la Gloria. Dios nos ofrece esa oportunidad, porque quiere que todos se salven. Dios nos llama continuamente, de nuestra parte esta el oírle y aceptar su llamada, tal como hizo Dimas, el buen ladrón. San Agustín al describir este momento nos dice: “Hay tres hombres en cruz: uno que da la salvación, otro que la recibe, un tercero que la desprecia. Para los tres, la pena es la misma, pero todos mueren por diversa causa”. Aceptemos la gracia del perdón, solo cuesta el reconocimiento de nuestros pecados y la humildad del arrepentimiento, lo demás corre de parte de Dios, el poder benefactor del perdón para siempre.
“Los que pasaban le injuriaban, moviendo la cabeza diciendo: ¡Ea! Tú que destruyes el Templo y lo edificas de nuevo en tres días, sálvate a ti mismo, bajando de la cruz. Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes, burlándose entre ellos con los escribas, decían: Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. Que el Cristo, el Rey de Israel, baje ahora de la Cruz, para que veamos y creamos. Incluso los que estaban crucificados con él le insultaban” (Mc 15, 29-32).
San Marcos nos describe la actitud de las gentes y de la falta de escrúpulos de los príncipes de los sacerdotes que a sabiendas de los motivos que les habían impulsado para dar muerte a Jesús, incluso con la posterior presentación de falsos testigos, persisten, ahora burlándose de un Hombre que estaba a las puertas de la muerte. La Pasión de Cristo no concluye con su crucifixión, continúa con las burlas, blasfemias y escarnios.
San Marcos recoge el dato que ambos reos que acompañaban a Jesús en la Cruz le insultaban a la vez que lo hacían muchos de los allí presentes. Este pasaje no contradice en nada a lo que dice San Lucas en su evangelio, sino que lo refuerza, ya que en la vida del hombre existe la vida de pecado y la de arrepentimiento; el pecador que confía en la Providencia de Dios y en su Misericordia y el que cae en la desesperanza del pecado y muere sin arrepentimiento. Con nuestra vida de pecado, y mientras ésta dura, somos en cierta manera la imagen del ladrón impío; cuando tocados por la gracia divina, acertamos a arrepentirnos, hacemos uso de ese acercamiento que Dios nos ofrece a cada momento de nuestra vida, como hizo Dimas, el pecador arrepentido, a las puertas de la muerte.
“Y al llegar la hora sexta, toda la tierra se cubrió de tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona exclamó Jesús con fuerte voz: Eloí, Eloí, ¿lema sabacthani?, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban cerca, al oirlo, decían: Mirad, llama a Elías. Uno corrió a empapar una esponja con vinagre y, sujetándola a una caña, le daba a beber mientras decía: Dejad, veamos si viene Elías a bajarlo. Pero Jesús dando una gran voz, expiró” ( Mc 15, 33-37)
“El evangelista presenta este dato como un fenómeno milagroso, que señala la magnitud del deicidio que se está cometiendo. La expresión “toda la tierra” significa todo el horizonte inmediato, sin precisar con detalle sus fronteras... Orígenes entiende que es manifestación de la oscuridad espiritual... San Jerónimo explica que las tinieblas expresan más bien el luto del universo por su Creador”
La agonía del Señor se alarga, a las heridas anteriores hay que unir las producidas por los clavos en manos y pies. Pero a esta tragedia hay que añadir otra, como describe el padre Martín descalzo: “ Estaba verdaderamente solo. Todos morimos solos, incluso cuando morimos rodeados de amor. Por mucho que el agonizante tienda su mano y se aferre a otra mano, sabe que allá, en el interior, donde se libra el último combate, está sólo, definitivamente solo. Jesús no quiso sustraerse a esta ley de la condición humana. Y vio su soledad multiplicada por el espanto de quien muere joven y en una cruz, odiado y despreciado y, al mismo tiempo, dramáticamente consciente de todos sus dolores”
Eloí, Eloí, ¿lema sabacthani?, que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?. Se subrayan siete palabras, las que Jesús pronuncia clavado en la Cruz. Tal vez hiciera más, pero por su significado se recogen siete, las denominadas SIETE PALABRAS DEL SEÑOR EN LA CRUZ. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?. “Estas palabras, pronunciadas en arameo, son el comienzo del Salmo 22, la oración del justo que, perseguido y acorralado por todas partes, se ve en extrema soledad”
Con estas palabras el Señor nos da una lección desde la Cruz, haciéndonos saber que aunque ante nuestros lamentos nos parezca que la respuesta del Padre es el silencio, sabemos que Él está ahí. “Jesús se aplicó a sí mismo este salmo al lazar en la cruz el gran grito: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?. El mismo Jesús, el propio Hijo de Dios, tuvo el sentimiento de llamar en vano a su Padre. Pero, en medio de estas tinieblas, hay en él una certeza que no pude vacilar. Sabe que, a pesar de su silencio, el Padre está siempre con él, y toda la segunda parte del salmo es un canto de confianza que se levanta y amplifica hasta transformarse en un clamor de triunfo” Si leemos este salmo 22, podemos ver como algunos de los versículos ahí entonados se cumplen en el momento de la Pasión del Señor.
San Marcos define el momento de la muerte del Señor indicando el hecho de : dando una gran voz, expiro. Después de una larga agonía Jesús muere, no de una forma imaginaria, ni de una forma aparente, sino muere realmente. Con su muerte reconcilia a la humanidad pasada, presente y a la futura con el Padre.
Todo está consumado y Padre en tus manos encomiendo mi espíritu, son las últimas palabras que el Señor pronuncia antes de morir. Con la primera, nos viene a decir que todo se ha cumplido; que la misión sagrada para la que vino, haciéndose uno de nosotros, excepto en el pecado, se ha cumplido. Con la segunda nos enseña la confianza con la que se pone en las manos del Padre. Hasta el último momento de su vida el Señor nos enseña como han de actuar en adelante aquellos que se abracen a su Palabra . “Las manos de Dios son la salvación. No están hechas para condenar, sino para salvar. Si alguien se condena es solo en la medida en que huye de esas manos. Las manos de Dios son resurrección. El no es un Dios de muertos, sino de vivos. El no sabe dar muerte, sino vida. Como Cristo” escribe el padre Martín Descalzo.
“Y el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo.
El centurión que estaba enfrente de él, al ver como había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.
Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre las que estaba María Magdalena y María la madre de Santiago el Menor y de José, que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén” (Mc 15, 38-41)
La cortina o el velo del Templo era la que separaba la estancia más sagrada a la cual solo una vez al año tenía acceso el Sumo Sacerdote, y era el día de la purificación del pueblo. “El hecho prodigioso de rasgarse el velo del Templo, aparentemente sin más importancia, está lleno de sentido teológico. Significa que con la muerte de Cristo ha caducado el culto a la Antigua Alianza. El culto que agrada al Padre se tributa a través de la Humanidad de Cristo, que es Sacerdote y Víctima a la vez”
San Marcos hace referencia a alguna compañía lejana algunas mujeres, que eran si duda aquellas que acudieron a ver a Jesús cuando se dirigía al Calvario. No hace referencia a la presencia de la Virgen ni de Juan, quienes al pie de la Cruz escribirán una página muy importante para la vida de la humanidad, ya que es al pie de la Cruz donde María nos adoptará como hijos suyos.
“ Y llegada ya , puesto que era ya la tarde, puesto que era la Peresceve, que es el día anterior al sábado, vino José de Arimatea, miembro ilustre del Consejo, que también él esperaba el Reino de Dios y, con audacia, llegó hasta Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiera muerto, y llamando al centurión, le preguntó si efectivamente había muerto. Cerciorado por el centurión, entregó el cuerpo a José. Entonces éste, habiendo comprado una sábana, lo bajó y lo envolvió en ella, lo depositó en el sepulcro que estaba excavado en una roca, e hizo arrimar una piedra a la entrada del sepulcro. María Magdalena y María la de José observaban donde era colocado” (Mc 15, 42-47)
José de Arimatea era el único miembro del Sanedrín que no había dado su consentimiento a la sentencia dictada. Hay que hacer constar la valentía de este hombre, ya que a riesgo de ser señalado como seguidor de Cristo, se presenta ante Pilato para pedir el cuerpo de Cristo para darle sepultura. Esta actitud de José de Arimatea se contrapone a la presentada por los Apóstoles que habían huido; si bien Juan, como se describe en su Evangelio, estaba presente, junto a Jesús.
“Al anochecer, llega con los doce. Y mientras estaban a la mesa, comiendo, Jesús dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a traicionar, el que come conmigo. Comenzaron a entristecerse , y a decirle cada uno: ¿Acaso soy yo? El les dijo: Uno de los doce, el que moja conmigo en la fuente. Ciertamente que el Hijo del Hombre se va, según está escrito acerca de Él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Mas le valiera a aquel hombre no haber nacido.” (Mc 14, 17-21).
Era el primer día de las Fiestas. Se procede al sacrificio del cordero pascual, conforme al rito establecido. A la pregunta de los discípulos, el Señor les indica donde y como hallarán el lugar donde celebrar la Pascua, para ello envía a dos discípulos. Esta forma de dar las indicaciones se debe a que “ es probable que Jesús quisiera evitar que Judas conociese con antelación el sitio exacto de la celebración de la Cena y lo comunicara al Sanedrín... Así se cumplieron los planes divinos para aquella noche memorable del Jueves Santo. Judas, en efecto, no parece haber podido comunicar a los sanedritas donde podían encontrar a Jesús hasta que celebraron la Cena de Pascua, durante la cual salió el traidor del Cenáculo”.
El evangelista no comenta que pusieran pega alguna, por lo que ambos fueron a cumplir su cometido tal como el Señor les había indicado. Prontos al mandato del Señor. El Señor no manda hacer cosas sin sentido. Y Tal como lo describe San Marcos “llegaron a la ciudad, encontraron como les había dicho, y prepararon la Pascua” ( Mc 14, 16). “Una antigua tradición cristiana afirma que la Casa del Cenáculo era propiedad de María, la madre del mismo Marcos, a la cual parece que pertenecía también el Huerto de los Olivos”
En uno de los momentos de la Cena surge el instante de tensión, que es cuando anuncia que va a ser traicionado por uno de los presentes en la Cena. “Las palabras de los versículos 18 y 19 son una nueva llamada a Judas para que se arrepintiera, facilitando así su conversión”. El Señor no quiere que nadie se condene, ni el más contumaz de los pecadores. Para todos es el Padre de la parábola del hijo pródigo, que sale al camino del alma arrepentida. El Señor le ofrece la oportunidad a Judas, como nos la ofrece, a diario, a cada uno de nosotros. El Señor actúa con delicadeza, ante la traición de Judas, no rebela el nombre del que le va a traicionar, y de esta forma “ facilitándole la conversión”. El carácter de la confesión es secreto, entre el pecador y el confesor, entre el pecador arrepentido y Dios. El Señor a través de este sacramento nos perdona para siempre las ofensas y traiciones, cuando el confesor nos dice: Yo te absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” a la vez que nos bendice. Sacramento no entendido por muchos, y al que felizmente se acogen, luego, muchos de los que no querían comprenderlo o lo criticaban. Digo felizmente, porque está ahí, para que todos se salven.
“ Mientras cenaban, tomo pan, y después de bendecir lo partió, se lo dio a ellos y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y Tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y bebieron todos de él. Y les dijo: esta es mi sangra de la Nueva Alianza, que será derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios” (Mc 14, 22-25)
El catecismo nos define el Sacramento de la Eucaristía como: " el sacramento en el cual, por la admirable conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Jesucristo y de toda la sustancia del vino en la preciosa Sangre, se contiene verdadera, real y substancialmente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad del mismo Jesucristo, Señor Nuestro, bajo las especies del pan y del vino, para nuestros mantenimiento espiritual". El Concilio Vaticano II dijo que le Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia. La Eucaristía aparece como fuente y culminación de toda la evangelización. En los otros sacramentos nos encontramos que se halla la virtud participada de Jesucristo; mientras que en éste, se encuentra Jesucristo realmente. El mismo Jesús que nació en Belén, el mismo que anduvo enseñando los mandamientos, el mismo que murió en la Cruz y el mismo que hoy está en el Cielo, en espera de Su segunda venida. Los otros sacramentos son acción pasadera, el sacramento de la Eucaristía permanece por siempre en la Iglesia de Dios, el mismo que día a día nos habla, nos perdona, nos escucha y nos acompaña
Este sacramento fue instituido por Jesucristo en la noche del Jueves Santo y por tres fines principales:
a.-) para que fuese el sacrificio de la Nueva Ley; b.-) para que fuese el manjar de nuestra alma; c.-) para que fuese un perpetuo memorial de su pasión y muerte y una prenda preciosa de su amor a nosotros y de la vida eterna.
Tuvo lugar en la última Cena, la noche del Jueves Santo, cuando al tomar el pan en sus manos, lo bendijo y lo partió diciendo : Tomad y comed, esto es Mi Cuerpo. Y tomando el Cáliz y habiendo dado gracias se lo dió diciendo : Bebed todos de él; porque esta es Mi Sangre de la Nueva Alianza que será derramada por muchos para la remisión de los pecados ( Mt 26, 26-28)... Haced esto en memoria Mía ( Lc. 22,19 ). La presencia de Cristo es real como ya dijimos. Junto al Cuerpo de Cristo, lógicamente ha de estar Su Sangre, Su Alma y Su Divinidad y por la misma razón donde está Su Sangre preciosísima, ha de estar Su Cuerpo, Su Alma y Su Divinidad. A este prodigio obrado en la conversión de la sustancia del Pan en el Cuerpo de Cristo y la sustancia del vino en la verdadera Sangre del Señor, se llama Transustanciación (cambio de una sustancia a otra ). Esta se realiza cuando el sacerdote , en la Santa Misa, pronuncia las palabras de la Consagración. La consagración es la renovación, por medio del sacerdote, del milagro que hizo Jesús en la última Cena.
Después e la Consagración, solo quedan las especies del pan y del vino, y que como dice el catecismo las especies son la cantidad y cualidades sensibles del pan y del vino, como la figura, el color, el sabor, pero desaparece la sustancia. La presencia de Cristo es entera; es decir, si una Forma Consagrada la dividimos en varios trozos, Jesús estará presente enteramente en cada uno de ellos, incluido en las partículas que se puedan desprender, de aquí el porque es aconsejable y de gran respeto, el hecho de recibir la sagrada forma en la lengua en lugar de tomarla nosotros en la mano.
El padre José Luis Martín Descalzo hace un comentario, muy importante de un hecho sucedido después de la consagración, a tener en cuenta: “ Jesús, tras consagrar el pan y el vino, dio a sus discípulos la orden de hacer lo mismo en memoria suya. ¿Qué es lo que han de repetir? ¿La cena pascual? Esta orden no era necesaria. Venía celebrándose hacía siglos y durante siglos seguiría el pueblo judío repitiéndola. ¿La simple reunión de amigos para recordar a Jesús? Ningún sentido tendría dar solemnidad a esta orden y menos aún el que la dijera inmediatamente después de sus palabras sobre el pan, para repetirla tras sus palabras sobre el vino... Jesús había realizado ante ellos una realidad, no un simple recuerdo. Ellos no tenían los poderes de Jesús. ¿Comprendieron que, en aquel momento Jesús estaba ordenándoles de sacerdotes, transmitiéndoles su poder?. Jesús no pudo mandarles hacer algo imposible, sin darles, al mismo tiempo, el poder de hacerlo. Su orden era una ordenación”
Por tanto, los apóstoles pasan a ser los sucesores del Señor, con el poder de realizar en memoria suya la consagración del pan y el vino , para que de la misma forma que ellos le recibieron en esa noche memorables, el resto de la humanidad y hasta el fin de los tiempos, pueda recibirle en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. “Con la Eucaristía había nacido el sacerdocio, como un complemento imprescindible”.
Eucaristía y Penitencia, dos sacramentos que nos acompañaran durante toda la vida, el Señor se pone a nuestra disposición para perdonarnos y para que lo recibamos, como alimento que nos refuerza y además es propicio para la vida eterna. Asi como se dice del rosario que es un dialogo de amor con nuestra Madre, la Virgen María; la Eucaristía, es un dialogo de amor con Dios. Y se da tanta importancia a la comunión que se permite recibirla dos veces al día, siempre que en la segunda ocasión se participe de la Santa Misa. Oportunidades no faltan, están a mano ¿Qué esperas?. El Señor pasa por tu camino, al lado, se hace el encontradizo y nos acompaña en nuestro Camino de Emaús, solo falta que tu y yo lo reconozcamos y para ello, nos hemos de quitar las telarañas de los ojos del alma
Hubo una vez un joven enamorado que fue a visitar un día a su amada. Llegó con el corazón palpitante, rebosante de alegría hasta la puerta de su casa. Una vez allí, llamó suavemente. Desde dentro se oyó una voz:
- ¿Quién es?
Soy yo (respondió el joven enamorado)
Pero al momento todo se hizo al silencio y la puerta no se abrió. Pasaba el tiempo y nadie le abría. Poco a poco, el joven se fue impacientando hasta que, pensativo, decidió retirarse.
¿Por qué su amada no le abrió la puerta?. Se preguntaba una y otra vez. ¡Serán los misterios del amor! ¿Por qué no le abría?. Tal vez no ha reconocido mi voz, se decía. Tras larga reflexión, el joven vuelve a llamar. Y otra vez escucha aquella pregunta:
- ¿Quién es?
- Soy tú (respondió el joven enamorado). Y sólo entonces la puerta se abrió
Aquel 25 de mayo, día soleado como corresponde a esas fechas en nuestra Isla, siete niñas, de cuarto de E.G.B., del Colegio de Pureza de María de Santa Cruz, se acercaban al altar de la Parroquia de San José para recibir al Señor por primera vez en sus almas. En sus rostros se dibujaba una sonrisa de alegría. Sus ojos estaban fijos en las manos del sacerdote, D Luis portando el Cuerpo del Señor, quien las esperaba desde la eternidad. Poco a poco, una a una: Idaira,... Pilar,... Mercedes,... Nievitas,... Moneyba,... Laura,... Iris,... contestaban, por primera, vez a las palabras del sacerdote:”El Cuerpo de Cristo: ¡Amén!” respondían. Una a una, y así iban consumando ese abrazo tan esperado de Amor con el Señor, Jesús. Una a una, iban uniendo sus vida para la eternidad a la del Salvador.
Quedaban atrás dos años de preparación y de convivencia; donde paulatinamente fue creciendo una amistad que ha llegado a instalarse en los corazones de las niñas y del catequista. Una amistad que, para mí, va a perdurar durante mucho tiempo, toda una eternidad. Pero ahora, tras ese día memorable, ya no sólo nos une aquella amistada que fue naciendo, creciendo, solidificándose; ahora nos une también Jesús, que habita en nuestras almas desde aquel 25 de mayo. Quedan atrás meses de esfuerzo y de sacrificio, más para las niñas que para el propio catequista. Pues confieso sinceramente que he podido trabajar con plena comodidad dentro de este grupo impresionante, cimentado sobre un terreno de fe ya abonado y laborado, bien moldeado, no sólo por quienes llevan a cabo la acción educadora en el Colegio en el que se preparan, que es de auténtica garantía en todo lo que atañe a la formación religiosa y humanística; si no porque he podido observar, con gran satisfacción, la exquisita colaboración familiar, tanto en la iniciación del despertar religioso, como en los valores educativos, tan necesarios hoy día, que han ido recibiendo no sólo estas niñas, sino el resto del grupo que he tenido la infinita dicha de dirigir. Y es que cuando la familia se convierte en el primer núcleo de la catequesis, es muy difícil que esos valores que van aflorando y afianzándose en sus almas se puedan destruir, a pesar de que gran parte de lo que rodea hoy a esta sociedad no ayude lo más mínimo al mantenimiento de los valores de los que es poseedor cada persona.
Ahora, queridas niñas, está comenzando una nueva etapa para vuestra joven vida. Desde ahora hemos de ser, tanto vosotras como yo, igual que el joven enamorado de la parábola, que llama a la puerta de su amada con insistencia, y no cesa de hacerlo hasta que logra que la puerta se abra de par en par. Pero nuestro enamoramiento ha de ser diferente, de Jesús. Buscadle en todo momento; llamadle y pedidle, con insistencia, sin miedo, sin temor a ser reiterativos: una y otra vez. Podéis estar seguras de que a Él le agrada la insistencia, y también podéis estar seguras de que Él siempre os va a escuchar. Dadle todo aquello que más le agrada: la mejor cosecha de vuestras acciones (el estudio, la ayuda en casa, la obediencia a los padres, la ayuda a los demás...), y todo esto adornado por una Comunión frecuente (por lo menos los sábados o domingos), y reforzado por la Oración, que embellece nuestras obras y nuestra relación con Dios; y, claro está, sin olvidar acercarnos con frecuencia al Sacramento de la Penitencia que limpiará nuestra alma de aquellas faltitas que la deslucen. Y todo esto para ser unos con Jesús. ¡Señor¡ ¡Soy Tú!
Desde aquel pasado día 25 de mayo, mis queridas niñas, nuestra alma ha cambiado mucho, ahora es más importante. Ahora ya somos como los sagrarios de los templos, en donde Jesús permanece esperándonos (a veces ¡tan sólo!) para que lo visitemos, para que nos acordemos de Él, para que acudamos a pedirle cosas, a contarle nuestras alegrías y nuestras penas, para pedirle consejos. Pero, eso sí, somos unos sagrarios muy especiales, porque somos sagrarios vivientes, ya que cada vez que le recibimos en el Sacramento de la Eucaristía, Jesús pasa a vivir en nuestra alma, quedándose junto a nosotros, al calor de nuestro corazón, y ahí permanece sin marcharse, mientras nuestra alma mantenga esa pureza e inocencia que solo tenéis vosotros los niños. Ahora podemos decir con más fuerza, con toda la alegría de nuestra alma, vosotras y yo, y los tantísimos que le reciben en todo el mundo, aquellas palabras del joven enamorado: “ ¡Señor! ¡Soy Tú! ; Porque ya formas parte de mi vida”.
¡Ahí tenéis a Jesús! Para siempre a vuestra disposición. Para eso se quedó junto a nosotros hasta el final de los tiempos. Y su presencia en el Sagrario no es como si se tratara de un cuadro colgado en la pared para que lo podemos observar de una manera pasajera, o de una imagen inmóvil, o de algo que representa a Jesús. Como dijo el sacerdote, está ahí realmente, verdaderamente (en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad), a vuestra entera disposición. Y se trata del mismo Jesús que anduvo con los Apóstoles, el mismo que pasó haciendo el bien, curando enfermos, dando el don de la fe a todos aquellos que junto a Él pasaban. Y está ahí haciendo lo mismo, curando, dando alegrías, devolviendo la fe a quienes la han perdido... Y está ahí, también, para escucharos a vosotras y a mí.
Os acordáis de aquel pasaje de la Navidad, cuando María y José buscaban posada. Llamaban puerta tras puerta sin que nadie les escuchara, sin que nadie les resolviera el problema del alojamiento, y María iba a dar a luz, faltaban pocas horas. En muchas almas ese día de “Navidad” se repite casi cada día. Jesús llama a la puerta del corazón de los hombres y muchas veces no le escuchamos, no le abrimos nuestro corazón, le cerramos las puertas y Él se queda afuera, en el sagrario, sólo, en la frialdad de este mundo. Ahora, vosotras y yo podemos abrirle nuestro corazón para que pase el Señor. Abridle con esa sonrisa que os caracterizó durante el curso y que también me conquistó a mí. Pedidle mucho, pero también, no lo olvidéis, por vuestros padres que han hecho posible que esa unión con Jesús pueda ser un hecho, y también por vuestras religiosas, que también os han acercado a Él con sus enseñanzas precisas.
Poco más que deciros. Gracias por vuestro cariño y por vuestro excepcional comportamiento. Gracias a vuestros padres por su comprensión, pues ellos también merecen su buena calificación en este curso de catequesis, teniendo en cuenta que en muchas ocasiones los catequistas no entramos en sintonía con los padres. Pero esta vez, me siento feliz. Esperaba mucho de vosotras, por eso os elegí cuando supe que algunas niñas de la Pureza de María venían a nuestra Parroquia; y esta esperanza que tenía en vosotras sin conoceros la habéis superado con creces. Os felicito, porque además habéis dejado muy alto el pabellón de vuestro Colegio. Nuestra Fundadora, Madre Alberta estará muy contenta con vosotras, pues como mucho amaba a Jesús, le agradará que sus niñas, vosotras, también le améis y le recibáis. “Unámonos a Jesús... trabajemos únicamente por Él, abrazadas con su Cruz y alcancemos la corona” decía Madre Alberta. Seguid así.
Que Dios, La Virgen y Madre Alberta os bendigan y os acompañen siempre, en unión de vuestras familias. Vuestro catequista y amigo que os quiere para siempre. Antonio
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( a Idaira, Mercedes, Pilar, Nieves, Moneyba, Laura e Iris de aquel grupo de Comunión) |
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“nadie tendrá disculpa/diciendo que cerrado/ |
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Halló jamás el cielo/si el cielo va buscando. |
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Pues Vos, con tantas puertas/en pies, manos y costado, |
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Estáis de puro abierto/casi descuartizado. |
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LA MANO DE DIOS
He leido libros que me han impactado; libros que he repartido entre los amigos mas allegados, amigos y familiares. El primero que lei fue la vida de DON BOSCO, durante mi primera baja laboral, con unas anginas de caballo, despues de 21 años. Realmente me cautivo su vida y fue un empujon que me llevo a dar CATEQUESIS y trabajar con el Grupo de Jovenes de la Parroquia. Me cambiaron, me hicieron uno de ellos, de casero a ultranza, me vi comprando una tienda, un saco, una esterilla y una mochila, poco despues me vi en el monte acampando. Poco despues, me hice mas pequeño, con las catequesis de Primera Comunion. Realmente cambias, porque te cambian y es la unica forma de llegarles. DON BOSCO tenia el carisma de llegar a ellos, incluso a los presos a los que en alguna ocasion saco a pasear sin problema alguno.
Hay libros que atraen de tal manera que terminas sunmiendote en ellas, como si bucearas en una piscina de aguas tranquilas. Paginas que te transportan a otro lugar lleno de paz. Siempre he pensado que si bien ese libro ha estado escrito por la mano del hombre, este, ha sido dirigido por el mismo Dios.
La biografia de SAN FRANCISCO DE ASIS, otra apasionante vida. Rompio verdaderamente con el mundo. Se deshizo de todo, ante lo cual, el obispo le presto su capa hasta que se pusiera algun tipo de ropa, que fue hecha de saco. Dios tomo su vida. El pobrecito de Asis, como le llamaban, atraveso su noche oscura, pero su fe no se diluyo. En ese libro te espera y te habla.
Otro libro que reparti hasta la saciedad, "el retorno del hijo prodigo", basado en el cuadro de Rembrandt, que supo como nadie interpretar la parabola y llevarla, para la eternidad, al mejor lienzo de la Historia.
La fuerte fe de algunos escritores, han visto sus manos guiadas por Dios, para transmitir desde sus paginas la Fe o encontrarse en ellas con el mismo Dios.
Traduciendo los hechos del Tepeyac, mientras se producia el dialogo de la Virgen y Juan Diego, en varias ocasiones me encontre centrado en el pasaje que daba la sensacion de estar viviendo en directo aquellos momentos, hasta la emocion me embargo que las lagrimas estuvieron a punto de desbordarse.
Hay muchos libros impresionantes. Conviene conocer la vida de nuestros santos, donde veremos que se entregaron a Dios y que la vida de ellos no fue nunca facil. Ahora que SAN FRANCISCO DE ASIS se ha puesto en primera pagina por nuestro Santo Padre el Papa Francisco, podemos leer cual fue su vida que nos guie un poco a caminar por estos momentos.
¿BUSCAR A CRISTO EN LA VIOLENCIA?
Tiempo atras escribi sobre la figura del "Cristo Guerrillero". Jamas vi una figura igual de Cristo. Metralleta en mano, cara de odio, cinta bandolera llena de balas. Otro poster, otra figura de Cristo, con rtostro de ira, Crucifijo en mano, como yendo a descargar un golpe. ¡Este no es Cristo! y menos el que paso haciendo el bien, curando, sanando, dando la fe... ¡ Este no es Cristo!. ¡Estais engañando a las gentes!. Pero eso, poco os importa,, falsarios de la fe. Sacerdotes, catequistas, teologos... de la teologia de la liberacion, estais implicados en vuestra gran mentira, estais condenando a mucha gente con vuestra falsedad. La injusticia del poderoso, como decis, no se combate atraves del asesinato, de la guerra, de otras formas de violencia ni de la lucha de clases. Nunca se podra levantar un pais asi. Los dirigentes de hoy estan abiertos al dialogo y solo asi, se podra solucionar el problema y levantar vuestra nacion.
En la violencia jamas encontrareis a Cristo.Y si os han dicho que Cristo apoya la solucion violenta, os han engañado. Dios esta en la Paz. Si, Jesus se enfado y expulso a los mercaderes del Templo, porque habian convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones. Pero es distinto a alzarse en armas, asesinar, poner bombas, ejecutar...
El Capitalismo es malo, porque solo piensa en su enriquecimiento y no busca el bien de los trabajadores. Su objetivo es engordar sus arcas y por ese fin, obra injustamente. Ya fue condenado por el Papa Juan Pablo II. El Socialismo y el comunismo, buscan la desespiritualizacion del hombre, arrancar de el todo idea de Dios y el fin violento de la lucha de clases, entre otras cosas. Tampoco su fin es acabar con la pobreza humana, es un disfraz nada mas. El fin, en la america hispana, es alcanzar el poder politico y para nada acabar con la supuesta injusticia que padecen.
El Cristianismo, tiene como objetivo estar al lado de los que sufren, pobres, enfermos,pecadores. Por otra parte decir que el estar del lado de los pobres no quiere decir que condene a los que son considerados ricos; solamente se rechaza a quienes han obtenido su riqueza de manera injusta o ilicita y a quienes disponiendo de dinero no colaboran con los necesitados. Hay quienes si colaboran. Ser rico no es sinonimo de malvado, como tiene por norma la filosofia marxista y ricos que se salvan y pobres que se condenan, leamos la parabola del rico Epulon.
La Iglesia debe seguir presentando soluciones para que todas las personas, sobre todos las necesitadas, mejoren sus condiciones de vida, porque todas las personas tienen derecho a UNA VIDA DECENTE.