Por antonio tapia garcia
Thursday 6 may 2010 4 06 /05 /May /2010 05:06

 

            67 Y Zacarías, su padre, se quedó lleno del Espíritu Santo y profetizó diciendo:

            68 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo,

            69 y ha suscitado para nosotros el poder salvador

            en la casa de David su siervo,

            70 como lo había anunciado desde antiguo

            por boca de sus santos profetas;

            71 y para salvarnos de nuestros enemigos

            y de la mano de cuantos nos odian:

            72 ejerciendo su misericordia con nuestros padres,

            y acordándose de su santa alianza,

            73 y del juramento que hizo a Abrahán, nuestro padre,

            74 para concedernos

            que, libres de la mano de los enemigos,

            le sirvamos sin temor,

            75 con santidad y justicia en su presencia

            todos los días de nuestra vida.

            76 Y tú niño, serás llamado Profeta del Altísimo:

            porque irás delante del Señor

            a preparar sus caminos

            77 enseñando a su pueblo la salvación,

            para el perdón de sus pecados;

            78 por las entrañas de misericordia de nuestro Dios

            el Sol naciente nos visitará desde lo alto

            79 para iluminar a los que yacen en

            tinieblas y en sombra de muerte,

            y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

 

            Nos enseñan que “ el  Benedictus puede dividirse en dos partes: en la primera (v. v. 68-75) Zacarías da gracias a Dios porque ha enviado al Mesías Salvador, según había prometido a  los Patriarcas y Profetas  desde tiempos antiguos.  En la segunda parte (v. v. 76-79), profetiza la misión de su hijo como heraldo del Altísimo y precursor del Mesías, manifestando la misericordia de Dios que se revela en la venida de Cristo”.

 

 

            Isabel y el niño que llevaba en su seno quedan llenos del Espíritu Santo con la visita de María, sagrario viviente, que portaba en su seno a Dios hecho hombre. Ahora es Zacarías quien queda lleno del Espíritu Santo y comienza a alabar a Dios con el cántico del Benedictus. Los Apóstoles el día de Pentecostés, tras  ser llenos del Espíritu Santo salen a la calle para hablar de Jesús sin miedos. Nosotros, el día de nuestra confirmación, también recibimos de lleno el Espíritu Santo y a  ejemplo de ellos, debemos, igualmente, transmitir desde ese momento lo que el Señor nos ha dado a conocer, con el mismo ímpetu y el mismo entusiasmo.

 

         En su cántico, Zacarías recuerda las promesas del Señor y como se han cumplido y se van a seguir cumpliendo. De la Casa de David saldrá el salvador, que vendrá a salvar a su pueblo de la esclavitud del pecado y de la muerte eterna. Así será, José Pertenecía a la casa o estirpe del Rey David igual que la Virgen María.

 

            A lo largo de la Historia de Israel, esta nación padeció numerosas confrontaciones, destierros y esclavitudes, de las cuales el Señor los liberó. Egipto donde padecieron la esclavitud hasta la liberación por Moisés, dirigido por el Señor; la invasión de Judea por  Senaquerib, rey asirio, invasión que acabó de improviso; el destierro a Babilonia, siendo liberados por el rey persa, Ciro que podemos leer en los textos de Isaías, como Dios erige a Ciro como libertador de su pueblo: hacia el año 323 Jerusalén  fue sometida por Tolomeo, padeciendo el pueblo judío una fuerte deportación a Egipto. Aun les quedará sufrimiento, ya que Antioco perseguirá al pueblo judío y saqueará el Templo. Antes de la conquista de Roma se producirá la conocida diáspora.

 

            En su cántico profetizará hechos como el camino que seguirá su hijo Juan el Bautista. Será el ultimo profeta, será el nexo de unión del Antiguo con el Nuevo Testamento; predicara la salvación y el perdón de los pecados de Dios a los hombres; instará a los hombres para que abandonando la vida de pecado, a través del rito del Bautismo, se vuelvan a Dios y vivan en santidad y justicia.

 

            Anuncia lo ya indicado por los profetas el Sol naciente nos visitará desde lo alto,9 para iluminar a los que yacen en          tinieblas y en sombra de muerte,       y guiar nuestros pasos por el camino de la paz. Jesús vino a poner luz donde todo era tiniebla, vino a poner la gracia de Dios que iluminara los pasos de los pecadores arrepentidos.

 

 

            80 Mientras tanto el niño iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto hasta el tiempo en que  debía darse a conocer a Israel. (Lc. 1, 80)

 

            Vemos como estas palabras del Evangelista se van a repetir casi con similitud cuando narre la infancia de Jesús, añadiendo y la gracia de Dios estaba con El.

 

            Juan el Bautista vivirá retirado en el desierto, dedicado en un principio a la oración, en contacto con Dios, como preparación para el ministerio precursor que iba a desarrollar. Preparación que llevará hasta el comienzo de su predicación. Si nos fijamos bien, nada de los que podemos leer en los evangelios pude considerarse de poca importancia; de cada frase, como esta de San Lucas sobre Juan el Bautista, podemos sacar consecuencias aleccionadoras. La oración como base firme y necesaria para el crecimiento espiritual. La oración como nexo de unión del creyente con Dios. La oración como fuerza para el camino del apostolado... Y siempre y en todo caso la oración persona,  el creyente a solas con Dios, en un diálogo de amor filial; lo que no quiere decir el abandono radical de la oración pública. Pero esta oración que hace Juan el Bautista es necesaria, ya que hemos de dialogar con Dios de forma personal para conocerle, para tratarle como hijos suyos que somos, para ir solucionando, con su ayuda y sus consejos, los momentos de crisis, las contradicciones que surgen en nuestro diario caminar.

 

            A través de la oración crecemos en el Espíritu, porque a través de la oración  el Señor nos transmite su Espíritu, que nos animará a seguir caminando, nos animará a trabajar en los campos el Señor, nos ayudará a levantarnos de las caídas por graves, vergonzosas  y míseras que estas sean. Sin la oración  no es posible el crecimiento espiritual y si es posible el apagón que  muchas veces padece nuestra alma y que nos lleva a preguntar ¿por qué?.

 

            Aquí Juan el Bautista comienza dándonos una primera lección. El señor, durante su vida pública, con su ejemplo, nos señalara que importante es para nuestra vida la oración. Si Jesús, que es Dios, ora al Padre en todo momento, mayor razón tendremos nosotros para hacerlo

Por antonio tapia garcia
Wednesday 5 may 2010 3 05 /05 /May /2010 04:52

25 Había por entonces en Jerusalén un hombre llamado  Simeón. Este hombre, justo y temeroso de Dios, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba en él. 26 Había recibido la revelación del Espíritu Santo de que no moriría antes de ver  al Cristo del Señor. 27 Así, vino al templo movido por el  Espíritu. Y al entrar con el Niño Jesús  sus padres, para cumplir lo que prescribía la Ley sobre El, 28  lo tomó en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo:

 

            29 Ahora, señor, puedes dejar a tú servo irse en paz,

            según Tú palabra:

            30 porque mis ojos han visto

            a tú Salvador,

            31 al que has preparado

            ante la faz de todos los pueblos:

            32 luz que ilumine a los gentiles

            y gloria de tú pueblo Israel.

 

 

            33 Su padre y su madre estaban admirados por las cosas que se decían acerca de el.

 

            34  Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira, éste ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos en Israel, y para signo de contradicción 35  - y a tú misma alma la traspasará una espada-, a fin de que se descubran los pensamientos de muchos corazones. (Lc 2, 25-35)

 

Muy poco se nos dice de Simeón: que era un hombre justo, y que si vida estaba llena de esperanza en la venida del Mesías que desde antiguo los profetas lo habían venido anunciando que llenaría de consuelo a Israel. También  sabemos que amaba intensamente a Dios. Y el Espíritu Santo estaba en él.” nos dice San Lucas. Cuando el Espíritu Santo mora en un alma, es porque ese alma está en gracia, porque deja que el Espíritu habite en su alma, dejándole actuar y siendo obediente a sus inspiraciones.

 

La entrega de Simeón a Dios era grande y la esperanza de aquello que los profetas en el nombre de Dios habían anunciado, la venida del Mesías, era íntegra, sin vacilaciones ni dudas, creía en todo aquello que el Señor había dicho y que se había anunciado. Esta fidelidad y esta esperanza recibirán su premio; Dios a través de su Espíritu le concede la infinita gracia de poder contemplar antes de morir “ al Cristo del Señor”, al Ungido de Dios, Jesús, el Salvador.

 

Vino al templo movido por el Espíritu Santo”, escribe San Lucas. El Espíritu Santo actúa en nuestras almas de formas diferentes, tal como la Iglesia nos enseña: nos gobierna, nos dirige, nos enseña, nos cultiva, nos rige,  nos alumbra, da vida al alma, la da sentido y movimiento. Es pues un contínuo actuar en el alma que está en gracia. El alma, por el contrario, le ofrece al Espíritu Santo: adoración, obediencia, amor, plena confianza y docilidad.

 

Simeón que era obediente y dócil a las inspiraciones del Espíritu Santo, se deja llevar por El hacia el Templo. Cuando San Lucas nos dice: Así, vino al templo movido por el  Espíritu, es que  Simeón acude al templo no por intención propia, sino por la propia invitación del Espíritu para que se cumpliera la promesa que Dios le había hecho contemplar  al Cristo del Señor”.  Y Simeón siempre obediente acude al Templo.

 

Maria y José también acuden al Templo para cumplir con lo que la Ley dictada: consagrar a Dios al primogénito. Y allí se produce el encuentro y tomando en sus brazos al Niño entona un cántico de  acción de gracias y alabanzas a Dios. Y da gracias porque sus ojos han podido contemplar al Mesías prometido. Simeón estaba gozoso, esperaba este momento pero no imaginaba que el momento llegaría en esa visita al Templo. Nosotros al igual que Simeón podemos contemplar en el templo todos los días, y no tenerlo en nuestros brazos, pero si en nuestra alma, a través del sacramento de la Eucaristía; sin duda, podemos decir, que somos más privilegiados, porque Simeón lo tuvo en sus brazos unos momentos, mientras que nosotros podemos tenerlo en nuestra alma todos los días y contemplarlo todos los días.

 

¿María se quedaría sorprendida cuando aquel anciano tomo en sus brazos a su Hijo? Nada nos dice el evangelista sobre ello; pero el anciano toma al Niño en sus brazos. La Virgen María nos ofrece cada día a su Hijo, para que lo aceptemos en nuestro corazón , en nuestra alma, para que lo amemos y sigamos su ejemplo. María deja que tomemos en nuestros brazos a su Hijo y recibamos de El, el calor de la gracia, la Luz de la Vida. Nada hay más que agrade a esta bendita Madre que el ver a su Hijo amado y correspondido por toda la humanidad, y ¿quién mejor que Ella para llevarnos sin pérdida hasta su Hijo, hasta la salvación, hasta la Luz.

 

Las palabras del anciano Simeón alegran a María y a José. ¿Qué padres no se alegran cuando alaban a sus hijos delante de ellos? Es un reconocimiento a la labor que ellos han realizado sobre sus hijos, pero también se admiran “no porque desconocieran el misterio de Cristo, sino por el modo como Dios iba  revelándolo”.

 

Pero no todo íban  a ser alegrías. Tras aquellas palabras y bendecirles, cambia la expresión del anciano Simeón, y ahora se dirige a la Virgen María. Lo que dice ahora es más fuerte. Y se dirige a María porque su papel, en la historia de la salvación de la humanidad, no íba a quedar ceñido al momento de la Anunciación; la Virgen María, y así lo confesamos los creyentes, va ser la Corredentora y por tanto participará en todo, junto a su Hijo Jesús, en la salvación de la humanidad; y este participar en todo alcanzará no solo las alegrías sino también el sufrimiento. Pero la Virgen María ya sabía de callados sufrimientos: cuando José iba a repudiarla en secreto,  cuando deben huir a Egipto para evitar que Herodes matara al Niño; y esos callados sufrimientos seguirán con la Virgen  María hasta en entierro de su Hijo. La vida de María era un constante hacer la voluntad de Dios, sin preguntas, sin quejas... todo en nuestra Madre se hace oración grata a Dios.

 

Y a tú misma alma la traspasará una espada, le dice Simeón. La Virgen acepta estas palabras, sabe, muy cierta, que así Dios lo quiere. Hoy en la Semana Santa recordamos este momento cuando delante de nosotros vemos el paso de la Imagen de la Virgen de las Angustias, con varios puñales clavados en el corazón que simbolizan el cumplimiento de las proféticas palabras de Simeón.

 

Ha sido puesto para ruina y resurrección de muchos. Será resurrección, para aquellos que recogiendo la Palabra del Señor la lleven a su cumplimiento; será ruina, la de aquellos que habiendo escuchado la Palabra no la recojan y la rechacen.

 

Jesús viene a traer la luz y la salvación para todos. El hombre ha sido creado libre para aceptar o no el ofrecimiento de Dios Padre a través de su Hijo Jesús. Aceptarla es cumplirla es creer en la Palabra, es seguirla, es llevarla a la práctica en cada momento de nuestra vida. La Iglesia nos dice que “Cristo es sin duda la Luz que ilumina a los hombres, pero también, en otros momentos, la que los ciega y los deja desconcertados. Es señal que divide a los hombres, pero ( y esto es un misterio), los que se ponen en contra no son siempre son los malos. Pues  hay malos que se ponen del lado de Cristo porque son incapaces de captar su luz y por eso no ven que esa luz los condena. Y hay buenos que no creen, porque la voluntad de Dios respecto a ellos es que busquen la luz durante toda su vida”, y el que busca hallará, tal es la Palabra de Jesús

Por antonio tapia garcia
Tuesday 4 may 2010 2 04 /05 /May /2010 01:19

Hoy  el coro de jóvenes del CEU de Madrid, que han cantado en la Misa del Dia del Señor,  a la hora de la comunión   me han traido el sabor al Colegio de los padres Jesuitas de Valladolid. Uno echa la mirada hacia atrás y vienen recuerdos unos  buenos, agridulces otros, algunos negativos. Me quedo con los buenos, sin olvidar los agriducles o negativos, que  estos sirven para remendar los errores cometidos. Todos sirven para sacar consecuencias positivas de ellos. ¡que tiempos aquellos! Referente al Colegio, no destaque ni mucho menos como buen estudiante, todo a trancazo como dicen aquí en Canarias. Pero lo negativo sirve para rectificar; lo mismo pasa con la Historia, los pueblos que la olvidan, están condenados al fracaso y eso nos está pasando. Cuando estudié la carrera se superaron los objetivos y corrigieron errores.

Decía que han cantado una canción con sabor a Colegio, “Cerca de Ti, Señor”. Que linda música y mejor composición, que sirve como canto y como meditación u oración, a solas en la habitación ante una imagen de Cristo o ante el mismo sagrario, despacito; dejando que el alma se abra a Él. Dejando que salgan palabras que te vayan acercando a Jesús, suavemente, poniendo todo  el corazón; entregado, rendido, animado.

¿Quién no quiere morar cerca del Señor? ¿Quién no quiere estar cerca de su hermosa Madre? ¿Quién no quiere estar, un día, en sus brazos amorosos y misericordiosos?. Solo por el desconocimiento, solo por la rebeldía del pecado se puede rechazar; pero creo que ningún pecador que sepa de Jesús y de María, rechaza estar cerca de ellos. “Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana”, le decía el gran San Bernardo y junto a él, lo repetimos nosotros pecadores. “Y después de este destierro, muéstranos a Jesús… ¡oh dulce Virgen María”, le cantamos a la Madre. ¡que grandes enseñanzas, las del Colegio!, en ningún caso rechazables. Vuelvo a agradecer a mis padres, quienes con sus enseñanzas, como familia cristiana y las del Colegio, son el faro que iluminan una vida y un camino, aunque lleno de caídas y vueltas a levantarse. ¿Qué hubiera pasado sin esas enseñanzas? ¿Qué hubiera pasado de no nacer en una familia cristiana? ¿De no tener la suerte de recibir las enseñanzas recibidas?

Cerca de ti quiero morar, le decimos al Señor, porque queremos estar cerca de Él, a su lado. Y si diera la ocasión de alejarnos por el pecado, no dejemos que este anule la vida espiritual y acerquémonos al consuelo, al perdón a través de la Penitencia, el Señor nos absuelve “con el bálsamo suave” de su amor y ternura, como el Padre del hijo prodigo, que sale a la búsqueda de su hijo, porque  “ tiene mas alegría por ella, que por las 99 no descarriadas”. Y que mas cerca del Señor se puede estar que estando en gracia, libres de pecado, con el alma limpia, convertida en autentica morada del Señor.  “Templos del Espiritu Santo” y a ejemplos de María, La Virgen Madre, sagrarios vivientes.

Cerca de ti Quiero morar, le pedimos para que nos ilumine y ayude por este camino de lagrimas ganado a precio de desobediencia, pero saneado a precio de Sangre del Señor que desde la Cruz nos dice a los pecadores “Pueblo mío, que te hecho, en que te ofendi”. Y esas palabras se clavan en el alma como puñales, al ver que a Aquel que me ofrece su Morada, yo le traicioné hasta setenta veces siete, si piedad le coroné de espinas, flagelé su espalda, insulté,  abandone y clavé en la Cruz.

Hazme tu rostro ver, en la aflicción, en los momentos en que la oscuridad aprieta y la tristeza nubla los sentidos, en los que parece que todo se viene abajo y no ves donde agarrarte. “Maestro no te importa que perezcamos”, le decimos asustados como los discípulos ante el mar embravecido que acosaba nuestra barca. Y el apacigua el oleaje del pecado, de la intranquilidad, de la oscuridad que nos amenazaba, pues “ si contigo estoy, nada temo ya”.

Tenemos a mano todo. Jesús nos lo ha dejado todo dispuesto: eucaristía, penitencia, como orar, su ejemplo a seguir, el de tantos otros  cristianos, ejemplos de fe y observancia de la Ley de Dios y además se ha quedado con nosotros en el sagrario desde donde podemos gozar de “grande y tierno amor”, con el que conquistó a las gentes de Galilea y nos sigue conquistando a nosotros a través de las paginas del evangelio, de la comunión y de la oración.

 

 

Cerca de Ti, Señor, quiero morar.
Tu grande y tierno amor, quiero gozar.
Llena mi pobre ser, limpia mi corazón,
hazme Tu Rostro ver en comunión.

Pasos inciertos doy, el sol se va;
mas si contigo estoy, no temo ya.
Himnos de gratitud ferviente cantaré,
y fiel a Ti, Jesús, siempre seré.

Día feliz veré, creyendo en Ti,
en que yo habitaré, cerca de Ti.
Mi voz alabará Tu Dulce Nombre allí,
Y mi alma gozará cerca de Ti.

Por antonio tapia garcia
Monday 3 may 2010 1 03 /05 /May /2010 00:14

46 María exclamó:

 

                                   Glorifica mi alma al Señor,

                                   47 y s alegra mi espíritu en Dios mi Salvador:

48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava;

por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.

                                   49 Porque ha hecho en mi cosas grandes el

Todopoderoso,

                                   cuyo nombre es Santo;

                                   50 su misericordia se derrama de generación en

generación

                                   sobre aquellos que le temen.

                                   51 Manifestó el poder de su brazo,

                                   dispersó a los soberbios de corazón.

                                   52 Derribó a los poderosos de su trono

                                   y ensalzó a los humildes.

                                   53 Colmó de bienes a los hambrientos

                                   y a los ricos los despidió vacíos.

                                   54 Acogió a Israel su siervo,

                                   recordando su misericordia

                                   55 según lo había prometido a nuestros padres,

                                   Abrahán y su descendencia para siempre.

 

            56 María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa”. ( Lc 1, 46-56)

 

            El padre José Luis Martín Descalzo describe el cántico de María: “es como un poema con cinco estrofas: la primera manifiesta la alegría de su corazón y la causa de este gozo; la segunda señala, con tono profético, que ella será llamada bienaventurada por las generaciones: la tercera (que es el himno) santifica el nombre del Dios que la ha llenado; la cuarta parte es mesiánica y señala las diferencias entre el Reino de Dios y el de los hombres; en la quinta María se presenta como la hija de Sión, como la representante de todo su pueblo, pues en ella se han cumplido las lejanas promesas que Dios hiciera a Abrahán”.

 

            El obispo Laureano Castán Lacoma, escribía: María, en su humildad profunda, reacciona entonando el Magnificat para dar a Dios toda la gloria y reclamar  una vez más para sí el título de esclava. Pero he aquí que, en un momento culminante de su cántico, la santísima doncella, clavada su vista iluminada en la neblina del futuro, pronuncia, sin que le tiemble la voz ni vacile su aliento estas audaces palabras: He aquí que a partir de este momento me llamarán bienaventurada todas las generaciones.”.

 

Glorifica mi alma al Señor, desde lo más íntimo de su ser, La Virgen María alaba y da gloria a Dios. Toda su vida giraba en torno a Dios, vivía para Él, sin mirarse a si misma. Cada momento, cada paso, cada pensamiento de María era para aquel a quien amaba intensamente, Padre Dios.

Sus actos y pensamientos eran un canto de gloria a Dios desde el corazón de aquella humilde joven. María superaba cualquier momento de posible decaimiento que pudiera tener, como cualquier joven de su época, elevando su alma y su espíritu a Dios; ahora, a través del cántico, celebraba su inmensa alegría porque el mismo Dios había dirigido sus ojos hacia su persona. Maria se anonadó; para Ella solo existía Dios y los demás; ella no se daba importancia; su vida era la plena voluntad de Dios, era, la ¡Esclava del Señor!. Como le dijera al Ángel en la Anunciación. Maria agradece al Padre haberse fijado en su pobre persona.

 A lo largo de la historia de la humanidad, vemos como Dios elige siempre a los mas humildes para hacerles portadores de su mensaje. María fue elegida por Dios para hacerla portadora de La Palabra: ¡Jesús!,

 

Maria agradece con su sencillez y su ternura ese detalle de Dios  porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; Jesús agradecerá a las santas  mujeres los detalles de finura que tuvieron para con El, y los desvelos que tuvieron desde el momento de su muerte hasta su Resurrección gloriosa: las primeras en gozar de su presencia, después de María.

 

            Por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones. Desde entonces, en el Cielo y en la Tierra, se cantan las bienaventuranzas de María. Ingentes las cantidades de personas que acuden a la Madre para alabarla, para cantarla, para estrecharla en sus corazones, para dedicarle aquello que, desde nuestro humano corazón, consideramos que es la mejor flor, el mejor detalle, el mejor regalo que podemos ofrecerla ... y hasta el fin de los tiempos, la humanidad entera, seguirán honrando a María y esparciendo por el mundo, como semillas, las glorias de María.

 

            Madre, Corredentora, Abogada ... que muchas veces resumimos en ese otro nombre que damos a Maria: ¡Virgen! Son los piropos y reconocimientos que sus hijos hacen a la Madre. Y no solo los hijos bautizados; sino también muchos otros hijos no bautizados, acuden a los santuarios de Maria para venerarla y tributarla honor y gloria.

 

            Al final de este canto de María, san Lucas recoge otro detalle de María; detalle que nos enseña que para la Virgen María, lo principal no era Ella, sino los demás; pues la Virgen María, estando  encinta permaneció con ella unos tres meses, ayudando a su prima Isabel que también había recibido la bendición de Dios: iba a ser madre de aquel que sería puente entre el antiguo y el nuevo Testamento: Juan el Bautista

Por antonio tapia garcia
Sunday 2 may 2010 7 02 /05 /May /2010 00:14

           El Señor Jesús, después de hablarles, se elevó al Cielo y está sentado a la derecha de Dios” (Mc 16, 19)

 

            Desde este momento quedan abiertas las puertas del Cielo. Jesús nos las abre a precio de su Pasión. Nos las abre a toda la humanidad. El no discrimina. Jesús viene para todos, para todos es el anuncio del Reino de Dios, para todos alcanza su sangre derramada y para todos están abiertas. La Pasión y muerte del Señor no es en vano, Dios no hace las cosas en vano, ni tampoco nos deja cosas inútiles.

 

 Nosotros, en todo caso, somos los que hacemos o convertimos las cosas en vano. Tenemos el alcance del Cielo, tenemos los medios para alcanzarlo ¿Por qué no lo aprovechamos? ¿Por qué seguimos rechazando? Tenemos los sacramentos, medios de salvación, tenemos la Penitencia que nos pone a tiro de piedra  la salvación ¡tenemos todo! ¿Qué mas podemos pedir?. Si mas no se nos puede dar. Si hasta por darnos se nos dio la muerte del Señor por Salvarnos. Jesus con su ascensión inaugura para la humanidad la entrada al Paraiso, de donde fuimos expulsados por el pecado de neustros primeros padres.

 

            Por Eva y Adán perdimos el Paraiso y nacimos a la oscuridad. Por Jesus y por Maria nacimos a la Luz y ganamos el Paraiso.

 

            También, de forma muy breve San Marcos recoge este momento en el que el Señor asciende al Cielo. Es doctrina de fe, y por tanto verdad que hemos de creer, que el Señor ascendió al Cielo en cuanto hombre: “ al día cuadragésimo de su resurrección subió  al cielo con la carne en que resucitó y con el alma, y está sentado a la derecha del Padre”. Cristo ascendió al Cielo en cuanto hombre; es decir, “ no en cuanto Dios, ya que la ascensión no puede darse en la naturaleza divina: nada hay más alto que ella. El Señor en cuanto Dios, es igual en gloria y majestad al Padre y al Espíritu”. La Ascensión  al Cielo es causa de nuestra salvación y de “ella se derivan múltiples beneficios para el hombre

 

            Cuando en el Cielo afirmamos que Cristo está sentado a la derecha del Padre, estamos indicando la grandeza  de la gloria de Cristo. De esta forma San Pío V en su catecismo nos aclara que : “estar sentado no significa en este lugar situación  y figura del cuerpo, sino que expresa la posesión firme y estable de la regia y suprema potestad y gloria que recibió del Padre”. Es también verdad de fe; es pues, verdad que hemos de creer que la ascensión de Cristo al Cielo fue por su propia virtud y no a través de poderes extraños. También, a este respecto, San Pío V nos clara que : “ascendió a los cielos no solo como Dios, por la muy poderosa virtud de la divinidad, sino también como Hombre. Porque, si bien esto no pudo suceder por fuerza natural, con todo, aquella virtud de que estaba dotada el alma gloriosa de Cristo, pudo mover el cuerpo  como quiso, pues el cuerpo, que ya estaba dotado de gloria, obedecía fácilmente las órdenes del alma que le movía”.

Por antonio tapia garcia
Saturday 1 may 2010 6 01 /05 /May /2010 02:45

“ Mientras cenaban, tomo pan, y después de bendecir lo partió, se lo dio  a ellos y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y Tomando el cáliz, habiendo dado gracias, se lo dio y bebieron todos de él. Y les dijo: esta es mi sangra de la Nueva Alianza, que será derramada por muchos. En verdad os digo que ya no beberé del fruto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo en el  Reino de Dios” (Mc 14, 22-25).

Aquellos cursos de catequesis se asomaban con ilusión. Siempre trabajé en confirmación, en Primeras comuniones. Uno de los grupos lo tomé en primer curso de preparación para la Comunión hasta la Confirmación. No he olvidado a nadie, pero marcó una etapa de seis años. Queda una amistad fuerte. Alguna vez me he encontrado con un medico, un abogado, un informatico… que me “aguantaron”. Y el grupo de universitarios, ¡que fenómenos!. Añoro aquellos tiempos, aquellas convivencias, aquellos retiros que las Religiosas de la Casa de Ejercicios nos preparaban, y las buenas comidas y cenas durante tres días, sin salida. No se olvida, se mantiene fuerte, impreso como carácter.

Ahora casi termina el curso de Catequesis . El broche de oro final lo realizaran todos los niños y niñas que durante, al menos dos años, se han estado preparando para recibir al Señor. Para nosotros es un sueño. Es la tarea, la Misión, para la cual se nos ha llamado: abrir un surco en el alma de los pequeños, donde el mismo Jesús irá echando las semillitas que fructificarán en sus almas.

En algunos casos, son niños y niñas que escuchan que Dios es su Padre, que la Virgen María es la  madre de Jesús de los labios del Catequista. ¿Dios? ¿Jesus? ¿Maria?, son por asi decirlo, nuevas personas que aparecen en sus vidas. Por lo que sea, sus padres nunca los han mencionado antes. Dios aparece poo primera vez ante aquellos niños de ocho años. Conocen que es también su Padre, que los ama intensamente, que los conoce a cada uno por su nombre.

Los padres, sin embargo,  los depositan en la Parroquia para que en dos años Comulguen,  ¡que contradicción! ¿verdad?. Padres que: no están casados, que no practican, que no creen… y quieren que sus hijos se preparen. Pues si. ¿Y después? ¿Qué pasará después con estos niños? Pues desgraciadamente a algunos niños no se le hablará mas de Dios, ni los domingos habrá Misa…. ¿Entonces? ¿Ha servido para algo esa preparación y esa Primera Comunión? ¿Y esos años de catequesis?. Pues para mi ha servido de mucho. El niño o la niña han oído hablar de Dios, han aprendido a rezar   y  le han recibido en sus almas. Ahora es el Señor quien trabaja en el alma de esos pequeños.  ¡peor es que nunca hubieran oído hablar de Jesus! . Peor  es que hubieran crecido con un vacío muy difícil de rellenar, como crecen muchos jóvenes que tratan de rellenar sus vidas con botellones, cocaína, sexo. Eso si que hubiera sido terrible.

Cierto que algunas primeras comuniones, los padres,  las celebran como mero acontecimiento social, visten al niño y a la niña con las mejores galas, celebran el tradicional desayuno con la familia, las fotos de rigor, el regalo y ¡para la historia de la familia!.  Es el único sentido que le dan. Pero ya Jesus esta en sus almas. Es lo importante, lo primordial. Que mas da lo que le regalen.  Lo importante que el Señor está en sus vidas. Ya no es un desconocido que un dia iba por Galilea haciendo el bien. Ahora para ellos es real. Se han encontrado y se han estrechado en un eterno abrazo de amor por medio de la Comunión.

Donde está el porqué de todo esto. Hemos pasado de un extremo a otro de forma vertiginosa. Antes se hablaba del pecado con mucha insistencia, de los ángeles, de la existencia del infierno, del demonio… ahora se procura omitir hablar del infierno (que mete miedo) y del demonio (que es una personificación del mal y asusta), hasta en algunos casos se ha mostrado grave increencia. Por aquello de todo tiempo pasado fue peor, se ha dado un giro radical en las enseñanzas, de forma ligth. Ahora no cabe duda que se necesita una reevangelización de la nación que fue evangelizadora por excelencia. Cuando hablamos de evangelizar, siempre ponemos nuestras miras en países lejanos. Ahora mismo se precisa aquí, pero se ha bajado la guardia tanto, que no nos hemos dado cuenta por donde se están perdiendo los valores de la persona y de la sociedad.

La familia que debe ser un calco de aquella otra que surgió en Belen con el Niño, Maria y José, en algunos hogares aparece dividida, los padres ya no hablan con los hijos, ni estos con los padres; cada uno a su aire, en su televisión. Se ha dejado el rezo conjunto, que unia y reforzaba y bendecía. Una reevangelización desde la parroquia, a través de las catequesis no de niños solos, sino también de padres, que ofrece buenos, buenísimos resultados no solo para la vida parroquial, que es secundario, sino esencialmente para la vida espirtual de padres e hijos, ya que donde antes no se hablada de Dios ahora se habla, donde no se rezaba ya se hace, incluso algunos pasan a formar parte de la vida de la parroquia en algunos de los grupos de la misma. Aquí, en algunas parroquias, excasas, muy excasas, se ha puesto como obligatoria las  catequesis de padres, a la vez que la catequesis de preparación para la Primera Comunión.

Y tomando el Pan les dijo: “Tomad, este es mi cuerpo”; ahora padres e hijos se acercan juntos a la Comunión. No falta la sonrisa alegre de unos y otros. Los niños por primera vez, algunos padres, por primera vez en muchos años. Fue la grata alegría de aquel curso de Padres, que aun llevo dentro del alma y recuerdo a cada uno como si fuera el primer día, en especial, al único padre que desde el primer dia acudió a las catequesis y que finalizadas éstas, se fue a la Casa del Padre. ¡ojala! Hubieran sido los 21 del grupo, pero 8 mujeres y un varón continuaron hasta el final. Y de ellas cuatro prosiguen en la vida parroquial. Dios los trae, porque su palabra es vida y renueva; da esperanzas. Y los reencuentros son maravillosos.

Por antonio tapia garcia
Friday 30 april 2010 5 30 /04 /Abr /2010 00:39

Más bien, amad a vuestros enemigos

“Si amáis a los que os aman ¿Qué merito tenéis? También los pecadores hacen otro tanto… más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio; entonces vuestra recompensa será grande y seréis hijos del Altísimo”. Su voz sonaba clara en el Monte de  las Bienaventuranzas, desde nos prepara  un plan para la santidad. “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”.

San Lucas nos presenta un pasaje difícil y complicado por lo que nos pide. Es de suponer que los discípulos y las gentes que escuchaban, no acostumbrados a esta nueva forma de hablar, estarían sorprendidos. Roma les había invadido, ¿Cómo podían amar al invasor? Los sacerdotes y fariseos, les hacían la vida imposible exigiéndoles cosas que ellos mismos no hacían, ¿Cómo poder sentir algo por ellos? Aquellos hombres recios y curtidos por las tareas de la vida oían lo que Jesús les pedía. ¿Qué forma de hablar era esta? ¿No había rencor, ni odio, ni venganza?

 Pero este era el nuevo mensaje del Señor: amar al prójimo, amar al enemigo, todos somos iguales a los ojos de Dios, todos somos hermanos en un mismo Padre. Pero además, dentro de la palabra amar aparece la palabra perdonar. Van íntimamente unidas. No hay una sin la otra. Si perdonas amas; si no perdonas no amas, está claro. Aun, en este siglo no somos capaces de conjugar conjuntamente estos dos verbos, ¡ yo amo, perdonando! ¡ tú amas, perdonando!... claro así nos va. “Perdonad y seréis perdonados” leemos en San Lucas.

 Pero era difícil, sobre todo en aquella sociedad. ¿Perdonar al invasor que tantas humillaciones les habían causado? Las represiones a las revueltas fueron duras en extremo.  La sorpresa iba en aumento, pero era una forma distinta de hablar. Con cariño y ternura les hablaba. Daba gusto escucharle, pues cala hondo. Las gentes estaban maravilladas. Tal era el silencio que solo se oía a Jesús. ¡Bienaventurados, los mansos! ¡ y los que lloran! ¡ y los que tienen hambre y sed de santidad!  ¡Amar! ¡Prestad sin pedir nada a cambio! Todo estaba conexionado. “La gente se asombraba de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas” (Mt. 7,29).

Eran como ovejas sin pastor; necesitaban un guía. Los guías que tenìan les causaban más daño y confusión que clarificarles el camino. Aquellas palabras que escuchaban eran dignas de tener en cuenta. Aquellas gentes y los discípulos nos representan. Pero nosotros también podemos estar allí, en esos momentos. Podemos acudir en alas de la fe y ser uno más de los que sentados sobre la hierba, escuchan en silencio a Jesús. Le vemos de  cerca; casi podemos tocarlo. Y allí, más cerca de Él sus discípulos: Felipe, Santiago y Juan; Pedro, Andrés y Bartolomé, Mateo, Tomas y Santiago el de Alfeo; Simón el Zelota, Judas de Santiago y Judas Iscariote. Todos estaban allí, atentos. Tu y yo también. Podemos notar que el alma se conmueve al escucharle, que el corazón late a un ritmo distinto. Se nos pone la piel de gallina cuando dice: ama, perdona, no pidas nada a cambio y da lo que tienes, se compasivo y misericordioso, no juzgues… ¡y seréis hijos del Altísimo!  No quiero que se acabe el discurso; todos nos encontramos tan bien allí, tan a gusto. Hasta hay una paz no conocida antes.

Qué difícil es algunas veces amar, perdonar a quien en alguna ocasión denominamos como   enemigo. Una palabra muy enquistada y que no hemos logrado borrar- Sin embargo hay que hacerlo, cueste lo que cueste. Arrancar cuesta, si ciertamente. Pero el cristiano lo logra, porque dispone de una virtud: la humildad; vence en la pelea de la tentación que la soberbia y el rencor nos hacen para sumirnos en el pecado. El Señor me pide que perdone, que ame aunque los demás no lo entiendan o se rían. Me decía una amiga catequista, que los cristianos debemos ser los raros de la historia, porque vamos contra corriente en las teorías que bañan al mundo. Pero el perdón y el amor, ni el cristianismo, están reñidos  con las actitudes enérgicas que sirven para cortar actitudes injustas contra nuestra persona.

Amad a los que os aman, pero también a los que no, aunque no recibamos reciprocidad. Demos sin esperar nada a cambio.Demos, que lo que tenemos es un don gratuito de Dios: la fe Que merito tiene dar para recibir. Que merito tiene no  perdonar al enemigo, más brillante es perdonarle aunque no reciba la amistad de él. Cuantos cristianos han hecho uso de la prerrogativa del perdón; cuantos, antes de morir han perdonado a aquel que iba a arrancarle la vida de cuajo. ¡Yo te perdono en el nombre de Cristo! Tal vez ese ¡yo te perdono! Que salió de los labios de aquel mártir germino luego  en el alma del ejecutor, como flor de conversión, que nadie lo dude.

Cuando perdonamos o amamos, sin duda se produce un revulsivo en  nuestra alma, dándonos fuerzas nuevas para seguir caminando, pero con la alegría de que hemos hecho algo que agrada al Señor

Por antonio tapia garcia
Thursday 29 april 2010 4 29 /04 /Abr /2010 01:21

“Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo, basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano” (Mt. 8,8).

Siempre que oigo esta plegaria, vuelvo a la época del Colegio y recuerdo al  hermano González, de los Jesuitas de Valladolid. Antes de comenzar las clases acudíamos a la pequeña capilla para la celebración de la Santa  Misa, de primera hora de la mañana.   Nos acompañaba el buen hermano González, su voz  dirigía las plegarias que los presentes recitábamos. Todas las aprendí en aquella época y nunca se han olvidado, entre ellas  la de: “¡Señor mío y Dios mío!” durante la consagración y el “Señor, yo no soy digno…” antes de la comunión. Todos le seguíamos con las oraciones, le recuerdo siempre con el misal en sus manos. Luego salíamos a comulgar y a comenzar el día. Así cada día.

 Muchos han renegado o han criticado el  que se obligara  ir a  la Misa  por la mañana y el Rosario que rezábamos en el aula al finalizar la jornada. Aunque no sé si emplear la palabra obligación, pues esta  era una norma del Colegio de los Padres Jesuitas;  y el que iba colegios religiosos sabios o debería saber cuáles eran las normas.  Aunque quejarse ahora es fácil. Pero esas quejas quedan en la conciencia de cada uno  ¿En un Colegio religioso que se iba a hacer? Lo lógico es que  además de la enseñanza cultural, se eduque  en materia religiosa y una de las partes fundamentales es guiar en la práctica de los sacramentos, base fundamental para el cristiano.

 Personalmente, estaré siempre agradecido a mis padres y al Colegio de los Jesuitas y de los Hermanos Maristas. Aquellas enseñanzas y las de mis padres,  siempre han servido y han sido el rescoldo que mantiene encendida la llama en los momentos críticos. En los momentos en los que se adentra en la Noche Oscura de la que hablaba San Francisco de Asís. Y Cada día, resonaba el eco del hermano González, el buen hermano González:”Señor, Yo no soy digno” que todos repetíamos en voz alta, y sigue resonando hoy.

Las palabras de aquel centurión han quedado inmortalizadas para siempre. Poco podía el imaginar que  iban a ser repetidas cada día, en cada Celebración de la Eucaristía, como acto de fe antes de Comulgar.  Cuando las pronunció no imaginó el alcance universal; y que las mismas las iban a ser norma de Fe y de humildad para  millones de personas cada día.

Para aquel centurión, sus palabras fueron por aquel criado suyo gravemente enfermo, impedido de parálisis, con grandes padecimientos. Fiel siervo debía ser, de confianza, insustituible, querido y respetado como si de un familiar se tratara. Buen amo que consternado por la grave enfermedad de su siervo, entristecido por los sufrimientos de aquel acude al Señor, al que conocía de oídas y sabia de sus hechos.  No espera a que Jesús pase cerca, sino que él sale a su encuentro. “¡Señor mi criado yace en casa paralitico, con terribles sufrimientos”. No pide nada para él, pide por un siervo suyo. Aquello no era muy usual en la sociedad romana, que aceptaban la esclavitud. ¡ Un amo pidiendo por un siervo! . ¿Qué hubieran pensado en Roma si hubieran visto al centurión pidiendo por un criado de la servidumbre? Los esclavos no tenían valor como personas, no eran considerados como tales. Por ello adquiere más valor la actitud del centurión

“Yo iré a curarle” le responde el Señor . ¡Señor, no soy digno que entres en mi casa!, le dice el centurión, por considerar por muchos motivos, que su casa no era lugar apropiado para un Hombre Santo.  Pero el Señor le atiende por su fe y por su humildad, dos premisas que conmueven a Jesús como se puede ver en los cuatro evangelios.  No mira que fuera un soldado que había invadido su país. El Señor ve las cualidades que posee y lee en su corazón.

 Vemos el  efecto contrario, cuando fariseos le piden al Señor un milagro para creer. La soberbia es rechazada por Jesús. ¿Necesitaban milagros para creer?.

¿Pero solo por la fe?. Se puede apreciar otra actitud querida por el  Señor, el amor al prójimo. Aquel hombre gravemente enfermo no era de  su familia; era un  criado y dado el clasismo de la sociedad romana, era de admirar que el centurión se preocupara de aquellos que tenía a su servicio. Al  Señor le agrada que nuestra mirada no sea primero para nosotros, sino para los demás, en el que tenemos al lado, en aquel que sufre, en el desfavorecido, en el enfermo. El centurión demuestra ser portador de unos valores que no eran muy usuales en aquella sociedad romana.

¡Señor no soy digno que entres en mi alma, pero una palabra tuya servirá para sanarla!. Rezamos esa plegaria, mientras nos acercamos a recibir la comunión sacramental. En actitud de paz, dejando todo fuera; con el respeto que merece el Señor, al que vamos a abrirle las puertas de nuestra alma, que se convertirá en sagrario viviente. ¡Que honor! ¡ sagrarios andantes!. La Virgen fue el primer sagrario viviente y el portal de Belén, el primer templo donde moró el Señor. Ahora lo somos nosotros, cada vez que comulgamos y también los sagrarios de los templos, donde nos espera a que lo visitemos. Muchas veces tan solo, esperando que tú y yo lo visitemos.

Señor, yo no soy digno…repitamos mañana y pasado y al otro. Él con gusto saneara nuestra alma donde quiere reposar.

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