Si, fue un mes de mayo de 1981. Iba a cambiar mi vida por entero, comenzaba a trabajar y volvia a la Casa del Padre, después de un invierno espiritual, de abandono, perdido, cuyo único nexo era la misa del Pilar, los domingos, a la que no faltaba, mas por miedo que por otra cosa, pero sabía que esto así no valía para nada. Pero sin buscar hallé, sin hallar fui hallado, sin querer fui querido. Un regalo iba a abrirme las puertas de la Casa de la que salí. El regalo, un poster de la Virgen de Murillo. Una mirada tierna, de cariño, que coloqué en la pared de mi cuarto. Atrayente, que me invitaba a rezar, ¡tantos años!. Era como un imán. Contemplaba largo tiempo. Algo se encendía que había estado apagado. Tenía aquello que sentía mas fuerza que yo. Una amiga mía, me habló del grupo en que estaba. Era el Opus Dei, de dos sacerdotes que allí había. Ellos me atendería. Y fui.
Hablé con uno de ellos y me invitó a confesarme, ¡tantos años!. Libremente realicé la confesión. Rasque por toda mi alma. Una confesión general. Nada quedó pegado. Casi una hora echando fuera todo lo que había, hablando y escuchando. Cada vez me sentía mas agil. Todo a “precio” de una Ave María. Pensé en cuatro rosarios como mínimo. Comprendí que no es la cantidad, sino la calidad con la que se realice el rezo de la penitencia. Así que ante el Sagrario la realicé. Me sentía otro.
Pero aquí no iba a terminar todo. No creo en las casualidades. Total que unas anginas iban a producir otro cambio, me iban a dar trabajo, pero no el laboral ya que éste lo iba a comenzar en el mes de junio. Aburridas anginas, en la cama. Asi que le pedí un libro a mi hermana, trayéndome la biografia de Don Bosco, que me lo leí en un día. Las cadenas habían sido rotas, pero debía hacer mas. Me sentí atraído por Don Bosco, y por el trabajo que realizaba con los jóvenes y con los presos. Restablecido, un dia dando un paseo, me adentre en la Parroquia de San José y maquinalmente entre hasta el despacho del Parroco Don Luis. ¡Precisa catequistas!. Su respuesta categorica ¡si!. Tras el curso correspondiente, comencé en octubre. Aquello era otro mundo del que había vivido. Noté que debería experimentar otro cambio, hacerme como los niños, bajar de ser adulto, renovarme, para poder llegar a ellos. El ejemplo de Don Bosco era necesario. Asi que me fui haciendo niño para llegar a ellos, luego joven para ser uno de ellos, en las preparaciones, para poder llegar a ellos.
Aquella imagen de la Virgen y el libro de Don Bosco, me habían cambiado. No era el personaje de abril. El rosario y las misas casi diarias y la oración de la noche me habían cambiado. Después 21 años de catequesis, niños, jóvenes, universitarios, padres… partian de aquel regalo.
Nuestra conversión no es por casualidades, sino por respuestas a la llamada. Dios nos llama, pero nos da libertad de respuesta. Somos como el mejicanito Juan Diego, que por evitar encontrarse con la Virgen, se desvió por otro camino. Pero la Virgen le salió a su encuentro de todas formar. A nosotros también. Y es que Dios nos quiere con El. Dios ni se rinde ni se cansa de salir a nuestro encuentro. Nos llama de mil maneras diferentes. Nos quiere a su lado. Y quiere que nosotros colaboremos con El, para que todos estén un dia en su Reino. Paz y Bien para todos

