Presentación

buscar

 

Búscar una palabra o pasaje en la Biblia






BibleGateway.com



Poner este Gadget en su página


 

Texto Libre

Sindicación

  • Flujo RSS de los artículos

overblog

Texto Libre

EL CAMINO DE EMAUS

EL CAMINO DE EMAUS

IDIOMAS

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified


Gadget creado por www.Vivirsencillamente.com Quizás también le interese

Texto Libre

Por antonio tapia
Wednesday 12 march 2014 3 12 /03 /Mar /2014 07:00

Desde que salió Jesús del palacio de Poncio Pilatos hasta la misma cima del Gólgota, seria una pendiente de mas o menos de un kilómetro. Pero a esta distancia hay que unirle que desde que fue preso, el Señor hasta que el gobernador romano lo presentó al pueblo, Ecce Homo, fueron muchas horas sin descansar, malos tratos, golpes ( puñetazos, bofetadas, flagelación…), se estudiaron hasta cerca de 300 los golpes recibidos, además de las burlas, humillaciones, insultos, injurias…

 

Si leemos los evangelios, sin pararnos a meditarlos no nos daremos cuenta real de la violencia padecida por el Señor hasta su muerte en la Cruz. Lo que mas se le acercó fue la Película de la Pasión, que a muchos les pareció exagerada. Si leemos la visión de la venerable Catalina de Emerych, e puede comprobar la violencia con la que se le trató a El incluso a su Madre, que aunque no se la golpeó, se la torturo psicologicamanete. El mismo satanás les deba fuerza  a los torturadores para que daño fuera más fuerte.

 

María junto a Juan, el discípulo amado, y otras santas mujeres le acompañaron hasta la cima del Gólgota.  No quieren separarse El, no quieren dejarle solo, como tantas veces lo esta, como tantas veces repitió D Manuel González, que fue obispo de PALENCIA.

 

Jesús es clavado en la Cruz. Los clavos son especiales, de forma que el crucificado no pudiera desenclavarse. Cada golpe es dado con una fiereza insultada, atraviesan sus manos y sus pies. Ahora tenemos que ser nosotros sus manos y sus pies y su voz, que esta agotada por las tremendas palizas y el cansancio. Si pudiéramos transportarnos en alas de la fe en aquellos momentos veríamos como sus verdugos actuaban con odio, empujados por el mismo satanás que aprovechaba el momento, pensando en salir triunfante, de tener al Hijo de Dios humillado, clavado entre dos ladrones, siendo la risa de algunos.

 

Cristo desde la Cruz nos ve a cada uno de nosotros, ve nuestra vida, nuestra respuesta positiva o negativa. No debemos pasar sin mirar la Cruz, si pensar que mi mano estuvo ahí golpeando y mi voz condenándole a muerte. Debemos mantener esa Cruz enhiesta que otros quieren borrar, para que no vean la verdad ¡Cristo, murió!, pero ¡Cristo, resucito! Ya no esta tras la piedra del sepulcro. ¡EL SEÑOR HA RESUCITADO!

 

Rezábamos en el Colegio esta bonita oración

 

¡MIRANOS! OH MI AMADO Y BUEN JESUS.

POSTRADO ANTE TU DIVINA PRESENCIA,

TE RUEGO, CON EL MAYOR FERVOR

QUE IMPRIMAS EN MI CORACON.

VIVOS SENTIMIENTOS

DE FE ESPERANZA Y DE CARIDAD

Y PROPOSITO DE LA ENMIENDA.

MIENTRAS YO, CON MAYOR AMOR

Y COMPASION, VOY CONSIDERAND  VUESTRAS

CINCO LLAGAS,

POR AQUELLO QUE DIJO DE VOS EL PROFETA DAVID:

“HAN TALADRADO MIS MANOS Y MIS PIES

Y SE PUEDEN CONTAR TODOS MI

Por antonio tapia
Monday 10 march 2014 1 10 /03 /Mar /2014 07:50

“Los soldados, una vez hubieron Crucificado a Jesús, tomaron sus vestiduras, hicieron cuatro partes, una cuatro partes, una parte para cada soldado. La túnica e su costura, tejida desde arriba abajo toda ella, dijeron pues entre si: no la rasguemos, sino  echemos a suertes sobre ella, para ver a quien toca”. Para que se cumplan las escrituras que dice: “se repartieron mis vestiduras y sobre mi túnica echaron a suertes”. Esto hicieron los soldados”.

 

Se cumplen las Escrituras. Juan es testigo directo. Nos lo narra con toda la claridad, incluso las horas en que se sucedieron. Todo le quitan al Señor. Pero Jesús les mira con ternura y pide al Padre que les perdone, igual que cuando estaba en la Cruz, ve a la humanidad entera que no sabe agradecer lo que esta haciendo, abrirlas puertas del Cielo, cerradas desde el pecado de Adán y Eva.

 

Los soldados se reparten las vestiduras de Cristo pero las trocean. Lo único que no rompen es la capa hecha por su madre y la echan a suertes. Parece ser que se conservo en la Iglesia de uno de los Apóstoles. Jesús lo ve desde la Cruz, como también ve, como el pecado se reparte en la humanidad. Per su sacrificio, pese a lo que afirman algunos teólogos, no ha sido un fracaso. Su sacrificio de su muerte en la Cruz, abre las pertas del Cielo, pues reconcilia a Dios con el hombre, por eso se ofreció el Hijo al Padre y demás con su resurrección, triunfo sobre la muerte y os hará triunfara nosotros. Una vez que Jesús resucito, inauguro el Cielo, y todas las almas que esperaban  pudieron entra a la Gloria de Dios para la eternidad. A muerte de Cristo o fue un triunfo de satanás, son que lo fue de Cristo.

Así todo el enemigo común tal vez con más resentimiento siga trabajando para seguir arrancando almas a Dios.

 

Tenemos todas las oportunidades del mundo para salvarnos. Jesús que os ama nos ha dejado todo para que nos salvemos, porque no quiere perder a ninguno de los que le ha confiado el Padre

Por antonio tapia
Sunday 9 march 2014 7 09 /03 /Mar /2014 00:00

Pocas fuerzas le quedan a Jesús. La sangre que brota de su cabeza por la corona de espinas clavada con fuerza, los ojos y los pómulos tumefactos por los puñetazos recibidos, le impiden ver la piedra que hay e su camino. Nadie la aparta. Jesús tropieza y cae y sobre El, la Pesada Cruz, que a lo largo del camino se irá haciendo mas pesada, por sus pocas fuerzas y por el peso de más pecados: burlas, humillaciones de los muchos que acompañan aquel cortejo hasta la cima del Calvario. Aún le queda camino por recorrer nos conoce por nuestro nombre, aun le falta por seguir sufriendo que a cada paso se lo ofrece al Padre. Ni una queja. Piensa en el Padre y en cada uno de nosotros de forma particular. Ayer era recibido de Dios, hoy, muchos le chillan, le insultan, no se acuerdan que pasó haciendo el bien: sanó, devolvió como el Hijo la Fe, siempre con cariño.

Jesús se deja ayudar a levantar. Nos da ejemplo de dejarnos ayudar. Cuantas veces la soberbia nubla nuestros sentidos e impide el paso a dejarnos ayudar. No pensamos que el intenso amor a la humanidad le da fuerzas para seguir dándonos enseñanzas de como actuar.  Nunca lo malo será insuperable: enfermedad, problemas; siempre tendremos la ayuda necesaria; nunca el tentador podrá vencernos, si aceptamos la ayuda de Dios o acudimos a todo aquello que el Señor: oración y sacramentos.

La Cruz lleva la carga de los pecados de la humanidad. Humanidad ingrata que viendo el Sacrificio del Señor por nosotros, a quienes apartando la vista de la Cruz que se alza en lo alto del Gólgota y en ella El Señor dispuesto a perdonarnos. “No hay mejor amigo que aquel que esta dispuesto a dar la vida por sus amigos”. Y Jesús lo hizo, se entrego por sus amigos, que luego íbamos a ser desagradecidos muchos.

La crueldad continuo durante su camino hacia la Cruz. Empujados por satanás,  aquellos hombres siguieron utilizando su fiereza. No sintieron compasión, sino el grupo de mujeres con San Juan y un reducido de hombres que caminaban golpeándose el pecho por lo que veían. Y no se detuvieron ni viéndolo clavado en la cruz. Satanás se creía vencedor, había logrado de ver a Cristo clavado en la Cruz y a punto de morir. Pero Cristo vino a eso a morir por nosotros para derrotar a la muerte y salvarnos de las garras de satanás. Jesús, según la visión de la venerable catalina de Emerych, Jesús llora porque ve que su sacrificio no va a tener respuesta por parte de la humanidad.

SEÑOR DA LUZ A MIS OJOS

PARA QUE CONTEMPLE CON CLARIDAD TÚ SACRIFICIO.

PARA QUE NO PASE DELANTE DE TI

SIN PENSAR QUE ESOS CLAVOS TE LOS CLAVE YO,

PARA QUE ESE COSTADO TE LO ABRI YO.

QUE TU SANGRE DERRAMADA LIMPIE MI ALMA

DE LAS HERIDAS PRODUCIDAS POR MIS PECADOS.

DEJAME SENTIR TU DOLOR QUE TE CAUSE,

DEJAME SECAR TUS LAGRIMAS QUE DERRAMASTE POR MI

QUIERO AMARTE SIN PARA DESDE HOY

Y TANSMITIR TU PALABRA HASTA EL ULTIMO ALITO DE MI VIDA

QUE MI ULTIMA PALABRA SEA: ¡SEÑOR, TE AMO!

 

Por antonio tapia
Saturday 8 march 2014 6 08 /03 /Mar /2014 00:01

Una multitud recibió a Jesús a su entrada en Jerusalén. Con las palmas, con el recibimiento que se hacia a los reyes, muchos no imaginaban que recibían a mismo Rey del universo. Este recibimiento encorajino más a sus enemigos que seguían buscando el momento propicio. Ahora, muchos de los que están a lo largo del camino hasta el Gólgota esta casi lleno de gentes que le lanzan insultos e injurias, también le seguían un grupo de hombres que permanecían callados y un grupo de mujeres, entre los que se encontraba su Madre y Juan que no se separó de Ella  ni un segundo. La acompaño hasta el pie de la Cruz.

Las mujeres se lamentaban, los seguidores de escribas y fariseos las increpaban. Jesús se paro ante ellas y le dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi, llorad por vosotras y por vuestros Hijos”. El Señor aquí profetizaba el futuro de Jerusalén. Se refería a las dos revoluciones judías contra Roma, en los que morirían cerca de un millón de judíos, sin contar los de la diáspora.

Los hombres y mujeres viendo a Jesús, subiendo hacia el Gólgota, sin fuerzas, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se golpeaban el pecho dolidos por lo que se hacia con Jesús. A lo largo de los siglos seguimos repitiendo esta acción, a  la vez que pedimos perdón por nuestros pecados. En el Confiteor: por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa. Momentos antes de recibir la Eucarstia volvemos a golpearnos en el pecho tres veces, pidiendo perdón al Señor por los pecados y poderlo recibir con el alma limpia (Agnus Dei…). O recitando ese acto de fe: Señor, yo no soy digno de recibirte en mi alma, que son las palabras del Centurión, cuando se acercó a Jesús, para solicitar la curación de su siervo.

 

Decía san Jerónimo “nos golpeamos en el pecho, porque él es la sede de los malos pensamientos…” nos golpeamos para solicitar la limpieza de nuestro corazón.

Nos relata San Lucas estos hechos que podemos verlos con los ojos del alma. Porque  San Lucas, que además de médico, pintaba, logra dibujar en nuestra alma, cada paso de la vida pública del Jesús.

Sn las mujeres las que trataron con mas finura a Jesús, por ello se dirige a ellas en su camino hacia el Gólgota y por eso se aparece primero a las mujeres, después de aparecerse a su Madre.

Jesús consuela a las mujeres que nos representa. Jesús nos consuela por medio del Sacramento de la Penitencia. Se dirige a ellas con cariño. A nosotros también nos escucha con cariño.

 

CRISTO ME NECESITA

NECESITA TUS MANOS , PARA SEGUIR ENDICIENDO

NECESITO TUS LABIOS, PARA HABLANDO

NECESITO TU CUERPO, PARA SEGUIR SUFRIENDO

TE NECESITO, PARA SEGUIR SALVANDO

A LOS HOMBR4ES MIS HERMADOS

 

ADOAMOSTE CRISTO Y TE BENDECIMOS

PORQUE PR TU SANTA CRUZ SALVASTE AL MUNDO

Por antonio tapia
Friday 7 march 2014 5 07 /03 /Mar /2014 00:00

Santa Catalina de Emerych, nos deja este relato de una visión que tuvo sobre la Pasión de Señor: “… Cuando los que llevaban los instrumentos de suplicio se acercaron con aire insolente y triunfante, la Madre de Jesús se puso a temblar y a gemir, juntando las manos, y uno de esos hombres preguntó: "¿Quién es esa mujer que se lamenta?"; y otro respondió: "Es la Madre del Galileo". Los miserables al oír tales palabras, llenaron de injurias a esta dolorosa madre, la señalaban con el dedo, y uno de ellos tomó en sus manos los clavos con que debían clavar a Jesús en la cruz, y se los presentó a la Virgen en tono de burla. María miró a Jesús y se agarró a la puerta para no caerse. Los fariseos pasaron a caballo, después el niño que llevaba la inscripción, detrás su Santísimo Hijo Jesús, temblando, doblado bajo la pesada carga de la cruz, inclinando sobre su hombro la cabeza coronada de espinas. Echaba sobre su Madre una mirada de compasión, y habiendo tropezado cayó por segunda vez sobre sus rodillas y sobre sus manos. María, en medio de la violencia de su dolor, no vio ni soldados ni verdugos; no vio más que a su querido Hijo; se precipitó desde la puerta de la casa en medio de los soldados que maltrataban a Jesús, cayó de rodillas a su lado, y se abrazó a Él. Yo oí estas palabras: "¡Hijo mío!" - "¡Madre mía!". Pero no sé si realmente fueron pronunciadas, o sólo en el pensamiento. Hubo un momento de desorden: Juan y las santas mujeres querían levantar a María. Los alguaciles la injuriaban; uno de ellos le dijo: "Mujer, ¿qué vienes a hacer aquí? Si lo hubieras educado mejor, no estaría en nuestras manos". Algunos soldados tuvieron compasión. Juan y las santas mujeres la condujeron atrás a la misma puerta, donde la vi caer sobre sus rodillas y dejar en la piedra angular la impresión de sus manos. Esta piedra, que era muy dura, fue transportada a la primera iglesia católica, cerca de la piscina de Betesda, en el episcopado de Santiago el Menor. Mientras tanto, los alguaciles levantaron a Jesús y habiéndole acomodado la cruz sobre sus hombros, le empujaron con mucha crueldad para que siguiese adelante.

 

Es impresionante este relato. Jamás hubiera podido imaginar, do no haber sido leído, que se hubieran atrevido a meterse con aquella pobre mujer, desecha por el dolor, sin fuerzas por el sufrimiento. Acompañada por el “discípulo amado”, Juan quien estuvo al pie de la Cruz acompañándole en todo momento.

Se produce la segunda caída del Señor, golpeándose pies y manos ya maltrechas. El agotamiento y el sufrimiento y el cruce de miradas con su Madre amantísima, hacen que su sufrimiento sea mayor el peso de la Cruz y los hechos que se acontecieron desde su apresamiento hubieran acabado con la vida de cualquier persona. Jesús aguanta por nosotros. Como rezamos en el Credo “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato”.

Jesús nos enseña a levantarnos de nuestras caídas, por duras que éstas sean. Nos enseña que por duras y fuertes que sean, uno puede levantarse, que podemos hacerlo hasta el momento de nuestra muerte; después será la bondad y misericordia de Dios. Recordemos ese pasaje de la Parábola: “Padre, he pecado contra el Cielo y contra Ti”, el joven de la parábola, postrado de rodillas en tierra, dejando los miedos se acerca al Padre para pedir perdón de corazón. Desde aquí el Señor nos invita a tomar ejemplo. El Papa Juan Pablo II nos lo dice claramente: ¡no tengáis miedo! Jesús cae bajo el peso de nuestros pecados. La Verónica que había limpiado el rostro de Jesús, vuelve a estar ensangrentado. ¿No horrorizaba a nadie esta imagen? Solo unas cuantas personas que seguían de cerca a Jesús y aquellas santas mujeres que desde el primer instante de su predicación le habían seguido, escuchando su Palabra.

La visión de Santa Catalina de Emerych nos deja ver con los ojos del alma la crueldad llevada a su máximo exponente, crueldad aun mayor que existe en los infiernos, donde las almas que tengan la desgracia de caer recibirán, pues arderán en el fuego del odio que allí existe por el contrario al amor que existe en la Gloria de Dios y que es el que Jesús ha venido a lograrnos. No prefiramos comprobarlo, aspiremos a alcanzar la vida eterna junto a Dios, en la máxima expresión del amor.

En esta Pasión que aceptó el Señor por nosotros, alcanzó a su Madre, de hecho, desde la Cruz aceptara ser  Madre de toda la humanidad y a la vez será Corredentora. Debemos aceptar también nosotros la Cruz que nos toque y a ejemplo de   María colaborar en a expansión de la Palabra y en la salvación del mundo.                                                                                                  

 

 

 

Por antonio tapia
Thursday 6 march 2014 4 06 /03 /Mar /2014 00:01

 

e entre las mujeres que acompañaban a la Virgen María, en su camino de dolor de madre, se encontraba la Verónica, quien viendo como estaba el rostro de Jesús, rompe la escolta romana y acercándose a Jesús, limpia su cara tumefacta por los golpes.

 

El paño, blanco, es la gracia que recibimos en el sacramento de la penitencia, con que limpia Jesús nuestra alma, ensuciada por el pecado. Cuando confesamos nuestros pecados, Jesús se acerca, con la ternura que la Verónica se le acercó, y limpia para siempre nuestros pecados confesados.

 

La Verónica, en un rasgo de valentía, cruza las líneas romanas y las de las turbas vociferantes, arriesgándose a ser maltratada. Se acerca al Señor y limpia su rostro con suavidad, para no aumentar su dolor. Con extrema delicadeza limpia cada herida, con la ternura de una madre. De los ojos de la Verónica saltan lágrimas, llora como las otras santanas mujeres que de cerca le acompañan. Ve hasta donde llega la maldad humana. Pronto es increpada por la turba y sacada violentamente por la escolta romana. Pero ella valiente hace frente a la turba y vuelve con la otras mujeres. María le agradece, seguro, el gesto. Al poco, la Verónica quiere contemplar el paño ensangrentado. Lo abre, desplegándolo y queda absorta; lo enseña a las demás mujeres, porque no daba crédito a lo que veía. Todas lanzan un “ahh”, excepto María, la madre dolorosa que sonríe.

 

El rostro de Jesús quedó impreso en el paño. La Verónica lo estrecha hacia su corazón. No sabe si llorar o sonreír, pero le da las gracias.

 

A nosotros también debe quedarnos impreso el rostro de Jesús en nuestra alma; con nuestra conversión, con nuestro cambio. Llevarlo siempre impreso dentro de nosotros, para no volver a torcernos. El rostro, la imagen de Jesús deberá acompañarnos el resto de nuestra vida, junto con el de la Virgen María, la madre dolorosa.

 

De nuestros ojos,  vuelven a saltar lágrimas que ayudan a limpiar el alma. “Bienaventurados los que lloran”. Lloramos, porque por nuestra causa, un Hombre Bueno va a morir, por nuestros pecados a sufrido cruel Pasión. Nos damos cuenta de nuestro error. “Porque ellos serán consolados”. El perdón de Dios consuela nuestra alma.

 

“Bienaventurados los misericordiosos”, estas palabras se ejemplifican en la Verónica. Siente pena y compasión por Jesús. Quiere ayudarle, pero ¿cómo?. Al final se le ocurre la idea de limpiar su rostro. “Porque ellos alcanzarán misericordia”.

Si nos fijamos en los evangelios, sólo tiene detalles de finura, ara con el Señor, las mujeres. La Verónica, Marta, María, María Magdalena. Después el Señor corresponderá. Después de aparecerse a su Madre, tras la Resurrección, se aparecerá a las santas mujeres, un modo de agradecer y corresponder del Señor. Ellas siempre estuvieron en primera línea.

El Señor siempre devuelve ciento por uno. Si nos acercamos a Él dejará en nuestra alma impresa su imagen de Paz, la verdadera Paz, no la que nos quieren vender ahora, acerquémonos, como lo hicieron en diferentes momentos las santas mujeres, por medio de la oración y los sacramentos; no los abandonemos, nos los ha dejado como medio de ayuda eficaz para nuestro caminar por esta vida y para el alma. Notaremos el cambio y los deseos de Jesús que van cambiando.

Acompañémosle en el sagrario, ¡suele estar tan sólo!, que al hacerle compañía queda su imagen impresa en nuestra alma, imagen de alegría y de Paz. Quiere que le visitemos, como visitamos a los amigos, con esa misma naturalidad: “Hola Amigo”, con esa sencillez: ¿Cómo estás?, “Venía a visitarte”, “Te cuento algunas cosas”, “Cuéntame Tú también, Señor”….

Dejemos que su gracia imprima en nuestra alma su blancura.

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

 

D

Por antonio tapia
Thursday 6 march 2014 4 06 /03 /Mar /2014 00:00

 

 obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la Cruz”, leemos en San Marcos.

Los soldados se limitan a su labor de escolta e impedir que nadie se acerque, además de azuzar al Señor, cuando ven que su caminar cansino se hace lento. No ayudan a llevar o a aliviar el peso de la Cruz. Cogen a un fornido hombre que pasaba y le obligan a ayudar al Señor a cargar con la Cruz. Este hecho de poner una ayuda a cargar con la Cruz era considerado degradante y humillante para el que cargaba con la Cruz. No es porque sintieran pena de Jesús, sino porque debido al debilitamiento su andar era cada vez más lento y quedaba aún mucho camino ¡y cuesta arriba! No había pena en los corazones de aquellos soldados acostumbrados a la dureza de las batallas, corazones endurecidos ¿Qué pena iban a sentir por un reo condenado a muerte en Cruz?  Para ellos era una cuestión “casera” ¡que les iba a ellos!

 

¿Hasta qué límites llega el odio y el rencor y el odio humano? ¿De dónde salió el repentino odio hacia Jesús? Dos días antes le ensalzaban, el recibían con canticos, vítores, palmas, pétalos de flores:

 

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

 

 

Ahora, todo se ha transformado en odio, insultos, ultrajes al sacratísimo cuerpo de Jesús, Dios, hecho hombre. ¿Puede el ser humano carecer de todo sentimiento? ¿Qué no haya en su corazón ni el más mínimo sentimiento de piedad ante el dolor humano? Cuando se llega al extremo de la pérdida de los valores, cuando no hay freno moral ni freno cristiano, se puede llegar a extremos inimaginables. Los vemos todos los días.

 

El Cireneo toma la Cruz. No se queja. En su corazón, pese a que le obligaron, había sentimientos de compasión por aquel Hombre, del cual quizás si había oído hablar. El Cireneo nos enseña a que nosotros también podemos ayudar a otros, necesitados, a cargar su cruz. No todo el mundo puede o sabe cargar con la cruz que le ha tocado, otros nos dan ejemplo, pues cargan con su dura cruz pero la acompañan con su sonrisa, reflejo de la sonrisa de Dios. ¡Qué grandes almas estas! ¡Que claras huellas sobre las que debemos pisar, sin miedo a perdernos!

 

Cuantas veces Jesús se convierte en nuestro Cireneo. Cuando caemos apesadumbrados por la Cruz que nos ha tocado

“Venid a mí todos los que estáis cansados y sobrecargados. Y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Jesús no solo carga con su Cruz, más pesada por los pecados de la humanidad, sino que además toma la nuestra, cuando ve que nos cuesta cargar con ella, cuando ve que estamos a punto de hundirnos. Realmente, me arrodillo cuando veo a esas personas que les ha tocado cargar con durísima cruz y la llevan sonrientes, con paz y además te ayudan a llevar la tuya, haciéndola más ligera y más suave. Mientras yo me quejo, el sonríe, mientras yo me deprimo, ella me da ánimos, mientras me hundo ella suelta el salvavidas. El Cireneo sigue saliendo a nuestro camino, ese Cireneo es Jesús.

 

El Cireneo toma la Cruz, siente lástima, en su corazón hay caridad y sentimientos, no comprende tan inhumano castigo, tampoco entiende tanto odio de las gentes por ese Hombre. A la vez se queda admirado de Jesús, que prosigue su camino sin una queja, prosigue cargando a pesar de que ya las fuerzas deben estar minadas. Va a paso lento, pero sigue adelante. No devuelve insultos a los que le hacen a Él; en su cara hay Paz.

 

El Cireneo nota el peso de la Cruz y se admira de cómo ha aguantado tanto, estando como está, sin fuerzas. El es un hombre fuerte, recio y siente el peso. El Cireneo fue tocado por la gracia, como recompensa de Jesús y él y toda su familia se convirtieron al cristianismo y seguro que más de un miembro de la comunidad cirenea también.

 

Siento Señor no haber reaccionado a tiempo y de haber sabido cargar con tu Cruz. Tampoco he sabido cargar con la mía, que era más suave y ligera. Gracias porque me ayudaste a cargar. Eres mi Cireneo y tomaste casi toda mi Cruz, tanto que ni la he notado. Perdona mi poca valía, perdona a éste cristiano de poca monta, incapaz.

 

Me pongo en tus manos, dame gracia para saber responder como tantos otros cristianos, ejemplos y huella. Quiero cargar con la Cruz, símbolo del cristiano y saber llevarla muy alto y sin vergüenza, y con dignidad. Gracias Señor

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

 

“Y

Por antonio tapia
Wednesday 5 march 2014 3 05 /03 /Mar /2014 00:00

 

ras levantarse, a duras penas, prosigue su camino hacia el Calvario. Su cuerpo sacratísimo sigue debilitándose, “pero no hizo alarde de Dios”, nos da ejemplo de cómo hemos de luchar. La vida del cristiano es una continua lucha. Es también semejante  a las aves, cuando estamos fuertes espiritualmente volamos al ras del cielo, si estamos débiles a ras de la tierra. Soñamos con hacer grandes proezas espirituales unas veces, otras débiles y paralizados como el paralítico de Cafarnaún.

 

A ambos lados sigue el griterío inhumano de la turba, no contenta aún del castigo infringido al Señor. Nosotros, en alas de la fe, seguimos aquel cortejo, cerca de Jesús, reconociéndonos causa de su sufrimiento. ¿Porqué tanto odio?. Algunos de ellos le habían recibido con palmas días atrás. Algunos le habían visto sanar leprosos, ciegos, paralíticos, resucitar muertos… ¿Qué mal ha hecho para tanto odio?. El odio, lleva la carga del pecado de toda la humanidad, por eso deseamos salir de él, no queremos formar parte de esa comitiva. Acompañamos a Jesús y le pedimos perdón por nuestra culpa.

 

Cerca de Jesús van las santas mujeres. La Virgen María, su Madre santísima, Maria Magdalena, la Verónica, marta y María y junto a la Virgen, Juan el discípulo amado, que en el Calvario representará a toda la humanidad. La Virgen María, llora, tiene los ojos casi hinchados de llorar, no ha dejado de hacerlo desde que le comunicaron su apresamiento.

Jesús se detiene un momento y María, su amantísima Madre también. Cruzan sus miradas. Jesús le sonríe, para quitarle preocupación. Se dicen tantas cosas con solo mirarse. “ Y María guarda todas estas cosas en su corazón”. En sus miradas hay un auténtico diálogo de amor. María saca fuerzas de flaqueza y sonríe a su Hijo. A nosotros nos saltan las lágrimas otra vez. Tanto sufrimiento y a la vez tanto amor.

 

La Virgen María, levanta los ojos al Cielo y nuevamente le dice a Padre Dios Fiat!, Hágase. Y la Virgen, nuevamente acepta la voluntad de Dios, como tantas otras veces, ni una queja, ni un ¿por qué?. ¡ Hágase tu voluntad!. A pesar  de que se cumple la profecía ¡una espada atravesará tu alma!, que le dijo Zacarías. Una espada de tremendo dolor tiene atravesada el alma de la Madre Dolorosa.

 

¿Tanto dolor causa mi pecado?. El dolor de Cristo cruelmente golpeado y el dolor de una Madre que nos ama y que se va a convertir en la Madre del género humano, a pesar de que somos causa de los padecimientos de su Hijo. Enseguida nos acercamos a consolar a la Madre Dolorosa, le decimos no se cuantas cosas para mitigar su dolor, le ofrecemos también nuestra vida, nuestras acciones… Ella en su dolor, aún le quedan fuerzas para sonreír.

 

¡Qué tremendo!. Cuando detectan que se trata de la Madre de Jesús, la llenan de improperios. ¿Era tanto su odio que ni a la Madre respetan?. El maligno aprovecha cualquier circunstancia para añadir sufrimiento. “… y aplastará su cabeza”. Será María quien le derrotará. Por eso, en la actualidad, lanza teólogos que niegan la virginidad de la Virgen María y corredentora del género humano. Teólogos que le hacen el juego.

 

Perdona, Madre por el sufrimiento que te infringimos a ti también. Ayúdanos, para que siguiéndote a ti, lleguemos seguros hasta tu Hijo Jesús. Tu eres camino seguro. Se nuestra Luz para no perecer en las tinieblas del pecado. Nadie que acude a ti, jamás es abandonado por Vos

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

T

Por antonio tapia
Tuesday 4 march 2014 2 04 /03 /Mar /2014 00:01

Cae al suelo exhausto cada vez más debilitado y sobre Él cae la pesada Cruz. Los soldados le increpan para que se levante, le zarandean y golpean, sin piedad, aun viendo su lastimoso estado. Jesús se levanta, a duras penas, sin quejarse, devolviendo amor por golpe e insulto. Se levanta y prosigue su camino con la Cruz a cuestas, camino del Calvario. Queda aún mucho trecho, mucha cuesta.

 

La Cruz se hace más pesada, por el peso de los pecados de la humanidad entera. Una humanidad que no ha sabido agradecer el enorme sacrificio hecho por el Hijo de Dios, que aceptó hacerse uno de nosotros, salvo en el pecado, para alcanzarnos la Gloria Eterna. Experimenta nuestros mismos dolores y aún más, el cansancio, el sueño, el hambre, el agotamiento… es verdadero Hombre y verdadero Dios. No se privó de nada, para ejemplificarse, de manera que nosotros aprendiéramos a sobrellevar todo.

 

Se nos hace un nudo en la garganta al verlo caer y golpearse la cara contra el suelo y como la Cruz cae sobre Él. Se nos pone la piel de gallina al ver que nadie saliera en su ayuda, tampoco los soldados romanos lo habrían permitido, quienes más que ayudarle le zarandean con violencia para que se levante. No vemos ni una queja.

 

Cuanto nos cuesta levantarnos de nuestras caídas a nosotros. A veces pasa largo tiempo, hasta que decidimos levantarnos. Jesús nos enseña a levantarnos, con decisión.

 

Debemos hacer un esfuerzo para levantarnos de nuestras caídas. Cuanto más tiempo tardemos peor, más estaremos bajo el poder del maligno, que no duda en poner delante de nosotros más deleites mundanos. Muchos dudan de su existencia, otros la niegan. Esta es la verdadera victoria, haber conseguido que se niegue su existencia, asi tiene más camino libre.

 

Debemos levantarnos, a ejemplo de Jesús; sobre todo si tenemos la desgracia de caer en el pecado mortal. Hay que salir de él cuanto antes. Por vergüenza que nos de, por rojo que sea el pecado, todo nos lo perdona si acudimos al sacramento del perdón con la debida disposición.

 

“Dios cargó sobre Él los pecados de todos nosotros”, de la humanidad entera. Así se cumplió la profecía.

 

Jesús cae tres veces bajo el peso de la Cruz, con ello nos enseña a levantarnos, cuantas veces sea necesario, ese es el fin del Sacramento de la Penitencia “Id por el mundo perdonando los pecados…”, que serán perdonados si nos acercamos con la disposición debida; es decir, propósito de la enmienda, dolor de los pecados… algunas veces nos confesamos de los mismos pecados cometidos. Eso quiere decir que hay un pecado dominante que debemos quitar, generalmente es un pecado capital, por eso es bueno disponer de un director espiritual, que nos conozca y vaya poniendo remedio a nuestra vida espiritual y veremos como vamos cambiando para bien.

 

“El a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, pasando por uno de tantos. Al contrario, tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así actuando como uno cualquiera se rebajó hasta someterse a una muerte, y muerte de Cruz”. No se privó de nada, ni de la muerte más vil a la que fue condenado.

Ayúdanos Señor a levantarnos rápidamente de nuestras caídas. Sácanos de las tinieblas del pecado. Ayúdanos a recuperar la vida de la gracia, la Luz de Dios por medio del sacramento de la penitencia que nos dejaste, sabiendo como éramos.

Hazte libre, rompe las cadenas del mal. Acércate a los sacramentos de la penitencia y eucaristía que Jesús nos ha regalado, después trabaja en la viña del Señor, se luz y se sal para otros, muchos te necesitan

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

Por antonio tapia
Monday 3 march 2014 1 03 /03 /Mar /2014 00:00

Después del duro tormento a que fue sometido Jesús, desde que fue prendido hasta salir del palacio del gobernador Poncio Pilatos, cargan sobre Él una pesadísima Cruz.

 

“Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su Cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota”. Jesús sale con el rostro tumefacto. Cerca de 300 golpes, bofetadas, puñetazos y latigazos, había recibido desde que fue prendido; la espalda hecha girones de los latigazos realizados por dos soldados sirios, expertos en ese tipo de castigos además de por su dureza.

 

Iba agotado, desde la noche anterior no había descansado, además de la pérdida de sangre, le había producido debilitamiento. Jesús verdadero Dios y verdadero hombre, sufre los mas espantosos dolores producidos por la cruel paliza que había recibido.

 

Poncio Pilatos, lo presenta al pueblo “Ecce Homo”, y lo entrega al Sanedrin. Muchos de los que le habían recibido con palmas y vitores hoy gritan ¡crucifícale!. El maligno aprovecha la ocasión para enardecer a las gentes, que siguen gritando ¡crucifícale!.  Sale Jesús del palacio cargando una pesada Cruz, porque además carga con el peso de nuestros pecados.

 

Pese al dolor de las heridas y de los golpes, Jesús carga sin quejarse la pesada Cruz. Nosotros le seguimos a corta distancia, al paso del Señor, lento. Ni una sola queja, tampoco de los insultos que va recibiendo.

 

Carga con nuestros pecados, nuestros abandonos, nuestras traiciones y olvidos; carga con la ingratitud de la humanidad, que no ha reconocido el sacrificio que hace Jesús para salvarnos. A pesar de ello, cada paso es un paso de amor y de perdón. Jesús pide al Padre que no nos tenga en cuenta nada de lo pasado. Vemos a Jesús y allí presentes lloramos lagrimas amargas, por el injusto castigo dado a un Hombre que pasó haciendo el bien, sanado, y avivando la fe de los hombres de aquella Palestina, desorientados por los doctores de la Ley, que eran pastores ciegos, pastores que exigían y no cumplían.

 

En esta segunda estación Jesús carga con la Cruz del sufrimiento. Nos enseña como hay que llevar la Cruz que un día pueda tocarnos llevar. Cuantas veces personas de nuestro entorno llevan, con dignidad, con la sonrisa en sus labios la Cruz que les ha tocado. La llevan al igual que Jesús, sin queja, sonrientes y hacen que nosotros sigamos sus huellas, que son camino seguro de llegar a Jesús.

 

Perdón Señor, porque por mi culpa has padecido cruel Pasión, porque por mis pecados has cargado con pesada Cruz. Porque además me sigues queriendo y buscando; porque me sigues buscando, como el pastor busca a la oveja perdida, con paciencia, sabiendo que dará con ella y la liberará de los peligros de los lobos que la acechan.

Como me gustaría curar tus heridas. Pero se que la única forma de hacerlo, es volviendo al redil, es acercarme al Sacramento del Perdón. Perdóname, he pecado contra el Cielo y contra ti. Cómo me gustaría saber llevar tu Cruz. Como me gustaría dejar de pensar en mí y hacerlo sobre los que más lo necesitan.

 

Sigues cargando con la Cruz de nuestros pecados y a la vez sigues amándonos, sigues pensando en cada uno de nosotros y sigues llamándonos por nuestro nombre, para que seamos testigos de la Fe, en la que hemos nacido. Nos llamas para que llevemos tu Cruz por el mundo, sin miedo y si vergüenza de ser tuyos, para que otros te conozcan, porque también por ellos te has sacrificado.

 

Queremos ser tus testigos y llevar tu Cruz con valentía y sin vergüenza de ser cristianos, llevándola bien alta, para que su luz alumbre a todos, incluso a los que no te quieren, a los que no creen, a los que te han abandonado, a los que te persiguen a Ti y a Tu Iglesia, nuestra Madre. Pues has venido para todos, y ¡ojalá! Todos se salven, aunque entren en tu viña en el último momento.

 

Quiero aprender a llevar la Cruz, como aquellos que teniendo ocasión de sufrimiento la llevan con la sonrisa en sus labios, ayúdame a ello. Ellos son auténtica huella que nos lleva hacia Ti. Que grandes santos hay sobre la faz de la tierra, santos con los que te cruzas cada día. Santos canonizables, santos que viven cerca, que saludas cada dia, santos sonrientes, que se olvidan de su dolor y sufren el tuyo, capaces de cargar las cruces de otros… impresionantes. Como decía el hermano Rafael, hay quienes entran al Cielo a trompicones, y los que entran como flechas, mas o menos era así.

 

Que el Señor nos ayude a ser auténticos Apóstoles de la Fe, verdaderos guías para que la Cruz de Cristo llegue a todos los rincones del mundo, y que todos conozcamos a nuestros Padre Dios.

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

                          

 

 

 

 

 

 

 

 

Por antonio tapia
Sunday 2 march 2014 7 02 /03 /Mar /2014 00:01

 

 

 

El sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y dijo: ¡ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos de testigos. Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?. Respondieron ellos diciendo: ¡ Es reo de muerte!. Entonces se pusieron y abofetearle y otros a golpearle”. Nos describe san Mateo en este pasaje.

Ya mucho antes, Jesús había sido condenado a muerte. Buscaban una ocasión. Judas, les dio la ocasión, Judas les vendió la ocasión para prenderle. Le vendió por 30 monedas, y seguro que le hubieran dado más, si éste se lo hubiera pedido. 30 monedas de oro, el precio de una traición. No necesitaban causa alguna, solamente tenerlo en sus manos, lo demás surgiría por sí solo. Cualquier palabra de Jesús, serviría para condenarlo. Presentaban testigos falsos, pero Jesús callaba. Viendo esto, el Sumo Sacerdote tomó la palabra:

“¡te conjuro por Dios vivo, te conjuro que nos digas si tu eres el Cristo, el Hijo de Dios. Respondió Jesús: Tu lo has dicho”. Ya no necesitaban más testigos. La declaración de Jesús era suficiente. Ya tenían el motivo para establecer el veredicto. Ahora echar una parodia y ya tenían lo que estaban buscando. El sumo sacerdote rasga sus vestiduras “¡ Ha blasfemado!” dijo como gimiendo, con actitud teatral mostrando su indignación y declara sacrilegio las palabras de Jesús. Jesús se declara Hijo de Dios.

Nosotros, leyendo este pasaje del Evangelio, contemplamos la escena. Queremos actuar, queremos entrar en escena, pero no podemos, estamos como paralizados. No podemos entrar y ayudar a Señor. Salen de nuestros ojos lágrimas de impotencia, pero también son lágrimas de culpa. Pues Jesús ha sido prendido y condenado por nuestros propios pecados. Ellos son el medio, nuestra la culpa de su sufrimiento y soledad. Nuestros pecados y los de la humanidad le condenan a muerte.

¡Jesús esta sólo!. Tanto que le hemos acompañado durante su vida pública, tanto que le hemos visto hacer el bien, sanar enfermos, resucitar muertos, hablar con ternura a las gentes, le hemos dejado solo. Solo ante las gentes que le odian, gentes que por soberbia no le quieren reconocer, gentes que ven como el pueblo le recibió con vítores y palmas en su entrada a Jerusalén, gentes que han comprobado el cariño que tienen a Jesús. Nosotros también gritamos ¡Gloria al Hijo de David!, con el corazón lleno de alegría.

“¡Reo es de muerte!” gritan. Ahora veo mis pecados. Mi culpa también grita contra Jesús. Ahora me saltan lágrimas de amargura y de culpa. ¡Perdóname Señor!, el beso de Judas, también fue beso mío, los gritos de la turba enfurecida, también fueron gritos míos. Mis pecados y traiciones estaban allí. ¡Perdóname Señor! Ayúdame a volver a Ti, quiero ser inmensamente tuyo. Perdóname mis pecados, mis traiciones y mis abandonos, perdona que mi amistad se rompiera por causa de mis pecados.

Jesús es agredido, insultado, maltratado. Pero Él perdona cada acción. “Padre perdónales, no saben lo que hacen”. Si con el pecado, nos diéramos cuenta de lo que hacemos, cambiaríamos. ¡Ojala, Señor, desde este momento cambiara mi vida hacia Ti!

Jesús está solo, como tantas veces está solo en el sagrario. De vez en cuando pasamos; pero no es suficiente. Sigue sólo. Si nos diéramos cuenta cuanto le agrada nuestra compañía, cuanto le agrada dialogar con nosotros, nuestra compañía. Quien más quien menos ha experimentado la soledad. Jesús la experimenta cada día y la experimentó ante el Sanedrín. Aunque sea un Hola, Señor aquí estoy, vengo a verte, a decirte que te quiero, te quiero intensamente. Inmensa es su alegría y la comparte con nosotros.

Mis pecados, mis traiciones, mis abandonos, llegan a Jesús en forma de golpes, insultos, salivazos. Perdóname, Señor, tómame de tu mano y guíame al buen camino. Ayudame a rezar cada día,a acercarme a la Eucaristía y al Sacramento del Perdón, cuando tega la desgracia de ofenderte. Mira Señor que ando perdido, que ando ciego, que no sé por donde voy.

La fiereza con la que descargan los golpes contra el Señor, los golpes y los insultos, las burlas y las risas, hace pensar en la acción rabiosa del maligno. Derrotado en el desierto, derrotado en otras ocasiones, quiere venganza y aprovecha el momento. Y hoy sigue su lucha contra Jesús, arrancando almas.

Perdona Señor, que he sido causa de tu sufrimiento y que a pesar de haber sufrido cruelísima Pasión por mi, te he pagado con el pecado en lugar de con amor.

Tu que te hiciste uno de nosotros, para alcanzarnos la amistad con Padre Dios, no te abri la puerta en Belén para daros cobijo a la Sagrada familia. “Y los suyos no le recibieron”. Te negué junto a Pedro, “¡No, no le  conozco!”, y te deje solo ante el sanedrín y la turba que falsamente testificaba contra ti.

Me detengo en esta Primera Estación, para meditar sobre mi vida, causa y motivo de tu prendimiento y condena a muerte. Quiero echar fuera mis pecados a través del Sacramento de la Penitencia. Perdona mis pecados, mis abandonos, mi soberbia. Contemplo tu sufrimiento por mi causa y veo los golpes y burlas, que llevan el sello de cada uno de mis pecados. Y Tu me sigues queriendo, me sigues esperando a que aparezca en la lejanía, como el Padre del Hijo prodigo.

Metámonos en esta Primera estación y veamos la soledad de Cristo. El solo ante aquellas gentes que buscaba su muerte, veamos el odio del pecado de la humanidad. Ellos fueron el medio, pero fue nuestro pecado la causa del su martirio. Que Dios nos de la gracia para no seguir siendo la causa de su padecimiento. Que caminemos por la senda de la santidad aborreciendo el pecado. Amemos a quien nos Ama y que por nosotros se entregó a la muerte.

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

 

 

 

 

 

Por antonio tapia
Saturday 1 march 2014 6 01 /03 /Mar /2014 00:00

 

 

-

Pueblo mio, en qué te he ofendido? ¡ Respóndeme!

 

 La Pasión del Señor se encuentra ampliamente descrita en los cuatro  Evangelios; fue anunciada por Jesucristo; significada en el Antiguo Testamento con diversas figuras. El espíritu Santo hace notar, a través de los evangelistas como en ellos e cumplieron las profecías.

 

                 Los Evangelios, están escritos por autores humanos: San Mateo, San Marcos, San Lucas (Sinópticos) y San Juan, pero el autor es el mismo Dios. Así la Iglesia nos dice : Dios eligió a unos hombres a los que empleó usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieron por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería”. La pasión y Muerte del Señor es la narración más larga del Evangelio. Los relatos de la pasión y Muerte del señor se refieren a la realidad de su  Muerte y concluyen en el testimonio de su  Resurrección.

 

                 Los Evangelios  Sinópticos inician la narración de la pasión y Muerte del señor unos días antes de la fiesta de Ázimos y de la Pascua. Esta era la  fiesta nacional y religiosa más importante de los judíos, pues en ella recordaban la liberación del pueblo de Israel, por Yavéh, cuando se encontraban esclavizados y oprimidos en Egipto. Esta fiesta se realizaba conforme a un rito: comer el cordero  pascual sacrificado la tarde anterior en el Templo. Jesús y los Apóstoles se preparan para la celebración.

 

                 Durante la noche de la  Última Cena, nuestro Jueves Santo, Jesús  instituye el Sacramento de la  Eucaristía. El Evangelio recoge ese solemne momento que recoge tres verdades fundamentales a tener en cuenta:

 

1.       La Institución de la Eucaristía y presencia real de Jesús en ella

2.       La institución del sacerdocio cristiano

3.       La Eucaristía, sacrificio del N.T. o Santa Misa

 

Así pues, encontramos en este momento solemne dos momentos culminantes, la institución de dos sacramentos: el de la Eucaristía, como alimento de vida, y el de la Eucaristía como Sacrificio; y el Sacramento del Orden, por el que Jesús les da el poder de que repitan con todos lo que en esos momentos hace con ellos: Haced esto en memoria Mía...

 

Finalizada la Cena, Jesús da una enseñanza de humildad a los Apóstoles, y en ellos, a nosotros; se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciño. Después hecho agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies”. Jesús se humilla, como lo hará horas más tardes al ser clavado en la Cruz. Esa humillación, ese anonadamiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero  Hombre, lo hace para enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a ser. Después salió y se fue como de costumbre” a hacer oración al Huerto de Getsemaní; y nos enseña una vez más cuál debe ser la actitud de para hacer oración, puesto de rodillas oraba. Pues de rodillas oraba describe San Lucas, quien nos describe la actitud exterior de Jesús, una actitud de humildad ante el Padre.

 

Judas, acompañado de un gentío armado de palos y espadas, entra en escena; una escena de triste. Guarecido por una cohorte de legionarios romanos, se acerca a Jesús y tras darle un beso en la mejilla, la señal de la traición, es aprendido y atado para ser conducido a la  casa del Sumo Sacerdote, Anás, quien  hará el primer interrogatorio a Jesús. En esos momentos, fuera del Palacio, reinaba un intenso frío. Pedro que había seguido de lejos al Maestro va a ser reconocido y señalado.  El miedo va a llevarle a negar al Señor una...dos...y tres veces. En ese momento Pedro recordará aquellas palabras proféticas de Jesús: Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido. El gallo canta y Pedro saliendo fuera lloró amargamente 

 

Mientras, Jesús,  en la estancia de Anás y a la espera del nuevo día será injuriado, golpeado, burlado, escarnecido.

 

Cuando nace el nuevo día, Jesús es enviado ante el Sanedrín, tal como era la costumbre Judía, ya que prohibía tratar de los asuntos importantes durante la noche. Aquí Jesús se va a dar a conocer:

 

 

                 ¡Vosotros lo decís, soy Yo!

 

Con esta afirmación, Jesús es condenado a muerte, aunque la sentencia estaba decidida con mucha anterioridad. Necesitaban un motivo. Pero les quedaba un paso más, confirmar la sentencia y ésta solamente la podía dar el Procurador Romano, por entonces Poncio Pilatos.

 

¿Pero quién era Poncio Pilatos? Siempre nos lo han descrito como un personaje justo y compasivo; pero la historia nos lo describe de otra forma, y así un contemporáneo de  su época, Filón de Alejandría, describe como un personaje violento, autor de innumerables brutalidades, de homicidios sin proceso. Era, pues un personaje  duro y despiadado. Para Poncio Pilatos la muerte de Jesús, un Galileo, carecería de importancia; para él primaba las relaciones con las autoridades judías. Roma había invadido Judea, y tenían numerosos conflictos motivados por la invasión y por parte de quienes querían ver al invasor Romano alejado de su nación. Dos rebeliones judías  se producirán años más tarde que provocaran seiscientos mil muertos la primera y ochocientos mil muertos la segunda..


              Jesús es conducido a presencia de Pilatos, quien tras interrogarlo, dice no ver culpa alguna, que solo ve inocencia. Por lo que decide enviarlo a presencia de Herodes, hasta ese momento enemigo de Pilatos. Desde ahora amigo, quien tras burlarse de Jesús, ciñéndole una túnica de color blanca vuelve a enviarlo a presencia de Pilatos, quien vuelve a interrogarlo. La presión que le hacía a Pilatos era muy grande: El Sumo Sacerdote, el Pueblo, Herodes, su prestigio... con intención de soltarlo, Jesús es flagelado, golpeado, burlado y coronado de espinas y presentado al pueblo “Ecce Homo” (he aquí el Hombre). Pero cuando intentaba soltarlo, los presentes  volvieron a solicitar su muerte. Quienes ayer gritaba  ¡Hosanna! hoy gritaban ¡Crucifícale, Crucifícale! Finalmente, Pilatos accede y entrega a Jesús para que lo maten, y retirándose se lava las manos como signo de quitarse la culpa de su muerte.

 

Jesús carga con una pesada Cruz y sale al camino que lo conducirá hacia el Gólgota, con el rostro tumefacto y ensangrentado por los golpes, agotado por la larga noche, por la sangre perdida...Jesús cae hasta tres veces; otras tantas se levanta ( enseñándonos como hemos de levantarnos cuando el peso de los pecados hace que nosotros caigamos también). Durante el camino se encuentra con su Madre, María y con las santas mujeres que lloran al ver a Jesús; también la Verónica que enjuga su rostro con un paño. Al llegar al Calvario y tras quitarle el ropaje que llevaba es crucificado, pies y manos clavan a  aquella Cruz. Junto a Él estaba María, su madre, y Juan, también algunas mujeres.

 

Pese al dolor de las heridas y al dolor de la traición de muchos que hasta horas antes le aclamaban, junto al dolor de un mundo futuro que no agradecerá con amor a su Amor, Jesús sigue amando a toda la humanidad y piensa en ella. Jesús entonces se dirige a María y nos la da por Madre. Desde ese instante comienza su acción Corredentora y acción de madre hacia toda la humanidad. María acepta con agrado.

 

También uno de los ladrones que habían crucificado junto a Jesús va a recibir los frutos de la Redención: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

San Lucas describe aquellos últimos momentos de la Pasión del Señor:

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. Se oscureció el Sol, y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró”

 

Horas después cuando pasaron a comprobar si Jesús había muerto y al verlo decidieron no cortar sus piernas, como solían hacer con los condenados para adelantar su muerte. Un soldado Romano clavó en u costado una lanza, saliendo agua y sangre. José de Arimatea solicitó a Pilatos el cuerpo de Jesús para enterrarlo, accediendo a ello. Nicodemo también acudió al sepulcro y llevó ungüentos para echar sobre el cuerpo de Jesús. Allí permaneció durante tres días, hasta su Resurrección. Durante las tres horas de agonía, en las que permaneció en la Cruz, Jesús pronunció unas palabras, que conocemos como “Las Siete palabras”.

 

1.       Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

2.       En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso

3.       Mujer, he ahí a tu hijo...he ahí a tu Madre

4.       Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

5.       Tengo sed

6.       Todo está consumado

7.       Padre, en tus manos encomiendo Mi espíritu.

Pueblo mio, en qué te he ofendido? ¡ Respóndeme!

 

 La Pasión del Señor se encuentra ampliamente descrita en los cuatro  Evangelios; fue anunciada por Jesucristo; significada en el Antiguo Testamento con diversas figuras. El espíritu Santo hace notar, a través de los evangelistas como en ellos e cumplieron las profecías.

 

                 Los Evangelios, están escritos por autores humanos: San Mateo, San Marcos, San Lucas (Sinópticos) y San Juan, pero el autor es el mismo Dios. Así la Iglesia nos dice : Dios eligió a unos hombres a los que empleó usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieron por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería”. La pasión y Muerte del Señor es la narración más larga del Evangelio. Los relatos de la pasión y Muerte del señor se refieren a la realidad de su  Muerte y concluyen en el testimonio de su  Resurrección.

 

                 Los Evangelios  Sinópticos inician la narración de la pasión y Muerte del señor unos días antes de la fiesta de Ázimos y de la Pascua. Esta era la  fiesta nacional y religiosa más importante de los judíos, pues en ella recordaban la liberación del pueblo de Israel, por Yavéh, cuando se encontraban esclavizados y oprimidos en Egipto. Esta fiesta se realizaba conforme a un rito: comer el cordero  pascual sacrificado la tarde anterior en el Templo. Jesús y los Apóstoles se preparan para la celebración.

 

                 Durante la noche de la  Última Cena, nuestro Jueves Santo, Jesús  instituye el Sacramento de la  Eucaristía. El Evangelio recoge ese solemne momento que recoge tres verdades fundamentales a tener en cuenta:

 

1.       La Institución de la Eucaristía y presencia real de Jesús en ella

2.       La institución del sacerdocio cristiano

3.       La Eucaristía, sacrificio del N.T. o Santa Misa

 

Así pues, encontramos en este momento solemne dos momentos culminantes, la institución de dos sacramentos: el de la Eucaristía, como alimento de vida, y el de la Eucaristía como Sacrificio; y el Sacramento del Orden, por el que Jesús les da el poder de que repitan con todos lo que en esos momentos hace con ellos: Haced esto en memoria Mía...

 

Finalizada la Cena, Jesús da una enseñanza de humildad a los Apóstoles, y en ellos, a nosotros; se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciño. Después hecho agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies”. Jesús se humilla, como lo hará horas más tardes al ser clavado en la Cruz. Esa humillación, ese anonadamiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero  Hombre, lo hace para enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a ser. Después salió y se fue como de costumbre” a hacer oración al Huerto de Getsemaní; y nos enseña una vez más cuál debe ser la actitud de para hacer oración, puesto de rodillas oraba. Pues de rodillas oraba describe San Lucas, quien nos describe la actitud exterior de Jesús, una actitud de humildad ante el Padre.

 

Judas, acompañado de un gentío armado de palos y espadas, entra en escena; una escena de triste. Guarecido por una cohorte de legionarios romanos, se acerca a Jesús y tras darle un beso en la mejilla, la señal de la traición, es aprendido y atado para ser conducido a la  casa del Sumo Sacerdote, Anás, quien  hará el primer interrogatorio a Jesús. En esos momentos, fuera del Palacio, reinaba un intenso frío. Pedro que había seguido de lejos al Maestro va a ser reconocido y señalado.  El miedo va a llevarle a negar al Señor una...dos...y tres veces. En ese momento Pedro recordará aquellas palabras proféticas de Jesús: Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido. El gallo canta y Pedro saliendo fuera lloró amargamente 

 

Mientras, Jesús,  en la estancia de Anás y a la espera del nuevo día será injuriado, golpeado, burlado, escarnecido.

 

Cuando nace el nuevo día, Jesús es enviado ante el Sanedrín, tal como era la costumbre Judía, ya que prohibía tratar de los asuntos importantes durante la noche. Aquí Jesús se va a dar a conocer:

 

 

                 ¡Vosotros lo decís, soy Yo!

 

Con esta afirmación, Jesús es condenado a muerte, aunque la sentencia estaba decidida con mucha anterioridad. Necesitaban un motivo. Pero les quedaba un paso más, confirmar la sentencia y ésta solamente la podía dar el Procurador Romano, por entonces Poncio Pilatos.

 

¿Pero quién era Poncio Pilatos? Siempre nos lo han descrito como un personaje justo y compasivo; pero la historia nos lo describe de otra forma, y así un contemporáneo de  su época, Filón de Alejandría, describe como un personaje violento, autor de innumerables brutalidades, de homicidios sin proceso. Era, pues un personaje  duro y despiadado. Para Poncio Pilatos la muerte de Jesús, un Galileo, carecería de importancia; para él primaba las relaciones con las autoridades judías. Roma había invadido Judea, y tenían numerosos conflictos motivados por la invasión y por parte de quienes querían ver al invasor Romano alejado de su nación. Dos rebeliones judías  se producirán años más tarde que provocaran seiscientos mil muertos la primera y ochocientos mil muertos la segunda..


              Jesús es conducido a presencia de Pilatos, quien tras interrogarlo, dice no ver culpa alguna, que solo ve inocencia. Por lo que decide enviarlo a presencia de Herodes, hasta ese momento enemigo de Pilatos. Desde ahora amigo, quien tras burlarse de Jesús, ciñéndole una túnica de color blanca vuelve a enviarlo a presencia de Pilatos, quien vuelve a interrogarlo. La presión que le hacía a Pilatos era muy grande: El Sumo Sacerdote, el Pueblo, Herodes, su prestigio... con intención de soltarlo, Jesús es flagelado, golpeado, burlado y coronado de espinas y presentado al pueblo “Ecce Homo” (he aquí el Hombre). Pero cuando intentaba soltarlo, los presentes  volvieron a solicitar su muerte. Quienes ayer gritaba  ¡Hosanna! hoy gritaban ¡Crucifícale, Crucifícale! Finalmente, Pilatos accede y entrega a Jesús para que lo maten, y retirándose se lava las manos como signo de quitarse la culpa de su muerte.

 

Jesús carga con una pesada Cruz y sale al camino que lo conducirá hacia el Gólgota, con el rostro tumefacto y ensangrentado por los golpes, agotado por la larga noche, por la sangre perdida...Jesús cae hasta tres veces; otras tantas se levanta ( enseñándonos como hemos de levantarnos cuando el peso de los pecados hace que nosotros caigamos también). Durante el camino se encuentra con su Madre, María y con las santas mujeres que lloran al ver a Jesús; también la Verónica que enjuga su rostro con un paño. Al llegar al Calvario y tras quitarle el ropaje que llevaba es crucificado, pies y manos clavan a  aquella Cruz. Junto a Él estaba María, su madre, y Juan, también algunas mujeres.

 

Pese al dolor de las heridas y al dolor de la traición de muchos que hasta horas antes le aclamaban, junto al dolor de un mundo futuro que no agradecerá con amor a su Amor, Jesús sigue amando a toda la humanidad y piensa en ella. Jesús entonces se dirige a María y nos la da por Madre. Desde ese instante comienza su acción Corredentora y acción de madre hacia toda la humanidad. María acepta con agrado.

 

También uno de los ladrones que habían crucificado junto a Jesús va a recibir los frutos de la Redención: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

San Lucas describe aquellos últimos momentos de la Pasión del Señor:

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. Se oscureció el Sol, y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró”

 

Horas después cuando pasaron a comprobar si Jesús había muerto y al verlo decidieron no cortar sus piernas, como solían hacer con los condenados para adelantar su muerte. Un soldado Romano clavó en u costado una lanza, saliendo agua y sangre. José de Arimatea solicitó a Pilatos el cuerpo de Jesús para enterrarlo, accediendo a ello. Nicodemo también acudió al sepulcro y llevó ungüentos para echar sobre el cuerpo de Jesús. Allí permaneció durante tres días, hasta su Resurrección. Durante las tres horas de agonía, en las que permaneció en la Cruz, Jesús pronunció unas palabras, que conocemos como “Las Siete palabras”.

 

1.       Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

2.       En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso

3.       Mujer, he ahí a tu hijo...he ahí a tu Madre

4.       Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

5.       Tengo sed

6.       Todo está consumado

7.       Padre, en tus manos encomiendo Mi espíritu.

Pueblo mio, en qué te he ofendido? ¡ Respóndeme!

 

 La Pasión del Señor se encuentra ampliamente descrita en los cuatro  Evangelios; fue anunciada por Jesucristo; significada en el Antiguo Testamento con diversas figuras. El espíritu Santo hace notar, a través de los evangelistas como en ellos e cumplieron las profecías.

 

                 Los Evangelios, están escritos por autores humanos: San Mateo, San Marcos, San Lucas (Sinópticos) y San Juan, pero el autor es el mismo Dios. Así la Iglesia nos dice : Dios eligió a unos hombres a los que empleó usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieron por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería”. La pasión y Muerte del Señor es la narración más larga del Evangelio. Los relatos de la pasión y Muerte del señor se refieren a la realidad de su  Muerte y concluyen en el testimonio de su  Resurrección.

 

                 Los Evangelios  Sinópticos inician la narración de la pasión y Muerte del señor unos días antes de la fiesta de Ázimos y de la Pascua. Esta era la  fiesta nacional y religiosa más importante de los judíos, pues en ella recordaban la liberación del pueblo de Israel, por Yavéh, cuando se encontraban esclavizados y oprimidos en Egipto. Esta fiesta se realizaba conforme a un rito: comer el cordero  pascual sacrificado la tarde anterior en el Templo. Jesús y los Apóstoles se preparan para la celebración.

 

                 Durante la noche de la  Última Cena, nuestro Jueves Santo, Jesús  instituye el Sacramento de la  Eucaristía. El Evangelio recoge ese solemne momento que recoge tres verdades fundamentales a tener en cuenta:

 

1.       La Institución de la Eucaristía y presencia real de Jesús en ella

2.       La institución del sacerdocio cristiano

3.       La Eucaristía, sacrificio del N.T. o Santa Misa

 

Así pues, encontramos en este momento solemne dos momentos culminantes, la institución de dos sacramentos: el de la Eucaristía, como alimento de vida, y el de la Eucaristía como Sacrificio; y el Sacramento del Orden, por el que Jesús les da el poder de que repitan con todos lo que en esos momentos hace con ellos: Haced esto en memoria Mía...

 

Finalizada la Cena, Jesús da una enseñanza de humildad a los Apóstoles, y en ellos, a nosotros; se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciño. Después hecho agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies”. Jesús se humilla, como lo hará horas más tardes al ser clavado en la Cruz. Esa humillación, ese anonadamiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero  Hombre, lo hace para enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a ser. Después salió y se fue como de costumbre” a hacer oración al Huerto de Getsemaní; y nos enseña una vez más cuál debe ser la actitud de para hacer oración, puesto de rodillas oraba. Pues de rodillas oraba describe San Lucas, quien nos describe la actitud exterior de Jesús, una actitud de humildad ante el Padre.

 

Judas, acompañado de un gentío armado de palos y espadas, entra en escena; una escena de triste. Guarecido por una cohorte de legionarios romanos, se acerca a Jesús y tras darle un beso en la mejilla, la señal de la traición, es aprendido y atado para ser conducido a la  casa del Sumo Sacerdote, Anás, quien  hará el primer interrogatorio a Jesús. En esos momentos, fuera del Palacio, reinaba un intenso frío. Pedro que había seguido de lejos al Maestro va a ser reconocido y señalado.  El miedo va a llevarle a negar al Señor una...dos...y tres veces. En ese momento Pedro recordará aquellas palabras proféticas de Jesús: Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido. El gallo canta y Pedro saliendo fuera lloró amargamente 

 

Mientras, Jesús,  en la estancia de Anás y a la espera del nuevo día será injuriado, golpeado, burlado, escarnecido.

 

Cuando nace el nuevo día, Jesús es enviado ante el Sanedrín, tal como era la costumbre Judía, ya que prohibía tratar de los asuntos importantes durante la noche. Aquí Jesús se va a dar a conocer:

 

 

                 ¡Vosotros lo decís, soy Yo!

 

Con esta afirmación, Jesús es condenado a muerte, aunque la sentencia estaba decidida con mucha anterioridad. Necesitaban un motivo. Pero les quedaba un paso más, confirmar la sentencia y ésta solamente la podía dar el Procurador Romano, por entonces Poncio Pilatos.

 

¿Pero quién era Poncio Pilatos? Siempre nos lo han descrito como un personaje justo y compasivo; pero la historia nos lo describe de otra forma, y así un contemporáneo de  su época, Filón de Alejandría, describe como un personaje violento, autor de innumerables brutalidades, de homicidios sin proceso. Era, pues un personaje  duro y despiadado. Para Poncio Pilatos la muerte de Jesús, un Galileo, carecería de importancia; para él primaba las relaciones con las autoridades judías. Roma había invadido Judea, y tenían numerosos conflictos motivados por la invasión y por parte de quienes querían ver al invasor Romano alejado de su nación. Dos rebeliones judías  se producirán años más tarde que provocaran seiscientos mil muertos la primera y ochocientos mil muertos la segunda..


              Jesús es conducido a presencia de Pilatos, quien tras interrogarlo, dice no ver culpa alguna, que solo ve inocencia. Por lo que decide enviarlo a presencia de Herodes, hasta ese momento enemigo de Pilatos. Desde ahora amigo, quien tras burlarse de Jesús, ciñéndole una túnica de color blanca vuelve a enviarlo a presencia de Pilatos, quien vuelve a interrogarlo. La presión que le hacía a Pilatos era muy grande: El Sumo Sacerdote, el Pueblo, Herodes, su prestigio... con intención de soltarlo, Jesús es flagelado, golpeado, burlado y coronado de espinas y presentado al pueblo “Ecce Homo” (he aquí el Hombre). Pero cuando intentaba soltarlo, los presentes  volvieron a solicitar su muerte. Quienes ayer gritaba  ¡Hosanna! hoy gritaban ¡Crucifícale, Crucifícale! Finalmente, Pilatos accede y entrega a Jesús para que lo maten, y retirándose se lava las manos como signo de quitarse la culpa de su muerte.

 

Jesús carga con una pesada Cruz y sale al camino que lo conducirá hacia el Gólgota, con el rostro tumefacto y ensangrentado por los golpes, agotado por la larga noche, por la sangre perdida...Jesús cae hasta tres veces; otras tantas se levanta ( enseñándonos como hemos de levantarnos cuando el peso de los pecados hace que nosotros caigamos también). Durante el camino se encuentra con su Madre, María y con las santas mujeres que lloran al ver a Jesús; también la Verónica que enjuga su rostro con un paño. Al llegar al Calvario y tras quitarle el ropaje que llevaba es crucificado, pies y manos clavan a  aquella Cruz. Junto a Él estaba María, su madre, y Juan, también algunas mujeres.

 

Pese al dolor de las heridas y al dolor de la traición de muchos que hasta horas antes le aclamaban, junto al dolor de un mundo futuro que no agradecerá con amor a su Amor, Jesús sigue amando a toda la humanidad y piensa en ella. Jesús entonces se dirige a María y nos la da por Madre. Desde ese instante comienza su acción Corredentora y acción de madre hacia toda la humanidad. María acepta con agrado.

 

También uno de los ladrones que habían crucificado junto a Jesús va a recibir los frutos de la Redención: En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

San Lucas describe aquellos últimos momentos de la Pasión del Señor:

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. Se oscureció el Sol, y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró”

 

Horas después cuando pasaron a comprobar si Jesús había muerto y al verlo decidieron no cortar sus piernas, como solían hacer con los condenados para adelantar su muerte. Un soldado Romano clavó en u costado una lanza, saliendo agua y sangre. José de Arimatea solicitó a Pilatos el cuerpo de Jesús para enterrarlo, accediendo a ello. Nicodemo también acudió al sepulcro y llevó ungüentos para echar sobre el cuerpo de Jesús. Allí permaneció durante tres días, hasta su Resurrección. Durante las tres horas de agonía, en las que permaneció en la Cruz, Jesús pronunció unas palabras, que conocemos como “Las Siete palabras”.

 

1.       Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

2.       En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso

3.       Mujer, he ahí a tu hijo...he ahí a tu Madre

4.       Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

5.       Tengo sed

6.       Todo está consumado

7.       Padre, en tus manos encomiendo Mi espíritu.

 
Crear un blog en OverBlog - Contacto - C.G.U - Remuneración por el programa "Gana con tu Blog" - Reportar un abuso - Artículos más comentados