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EL CAMINO DE EMAUS

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Texto Libre

Por antonio tapia
Monday 21 april 2014 1 21 /04 /Abr /2014 10:42

CRCES

 

Según un informe de la Diputacion de Vitoria 17 de los 45  asesinatos cometidos por ETA, no han sido resueltos o investigados. ¿ Donde están los fiscales y jueces que deberían haberlo hecho? ¿ Porqué no se hicieron? ¿ Se ordenaron estas investigaciones o se frenaron ( en un simil al chivatazo)? ¿Por qué se ha mantenido este hecho a la opinión publica? ¿Ha habido presiones? ¿De quien o de quienes?                                                                               

                                                                                   

D JUAN PINUEL

D JOAQUIN RAMOS

D MIGUEL RAYA

D JOSE VICENTE DEL VAL

D JOSE  ANTONIO PEREGRINO

D SATURNINO SOTA

D JOSE LUIS VICENTE

D JOSE LUIS VICENTE

D SERGIO BORRAJO

D JOAQUIN B

D BASILIO ALTUNA

D IGNACIO USTARKO

D FELIX GALINDEZ

D FRANCISCO GONZALEZ

D VICTORIANO COLLADO

D AGUSTIN DAVID

D JOSE LUIS VEGA

D CARLOS DIAZ

D FERNANDO AMON

 

¿ Se han traspapelado los papeles, como lo ocurrido con Bolinaga que ahora deberá de responder 17 años después del asesinato del Guardia Civil Antonio Ramos?. Esperemos que el Ministerio de Justicia tome cartas en el asunto y que no solo sean juzgados los asesinos, si que se pidan responsabilidades y “jubilaciones por incompetencia” de los responsables de tanto desaguisado. Estos errores no pasan con “chorizos” que roban algo asi como un jamon.

 

 

 

 

 

 

 

 

Por antonio tapia
Friday 18 april 2014 5 18 /04 /Abr /2014 13:00

Por antonio tapia
Thursday 17 april 2014 4 17 /04 /Abr /2014 00:00

Por antonio tapia
Tuesday 15 april 2014 2 15 /04 /Abr /2014 14:07

Por antonio tapia garcia
Sunday 13 april 2014 7 13 /04 /Abr /2014 09:20

 

RELATOS EVANGELICOS

 

 

                La Pasión del Señor se encuentra ampliamente descrita en los cuatro  Evangelios; fue anunciada por Jesucristo; significada en el Antiguo Testamento con diversas figuras. El espíritu Santo hace notar, a través de los evangelistas como en ellos e cumplieron las profecías.

 

                Los Evangelios, están escritos por autores humanos : San Mateo, San Marcos, San Lucas (Sinópticos) y San Juan, pero el autor es el mismo Dios. Así la Iglesia nos dice : “Dios eligió a unos hombres a los que empleó usando ellos mismos de sus facultades y de sus fuerzas, de tal manera que obrando Dios en ellos y por ellos, nos transmitieron por escrito, como verdaderos autores, todo y sólo aquello que el mismo Dios quería”. La pasión y Muerte del Señor es la narración más larga del Evangelio. Los relatos de la pasión y Muerte del señor se refieren a la realidad de su  Muerte y concluyen en el testimonio de su  Resurrección.

 

                Los Evangelios  Sinópticos inician la narración de la pasión y Muerte del señor unos días antes de la fiesta de Ázimos y de la Pascua. Esta era la  fiesta nacional y religiosa más importante de los judíos, pues en ella recordaban la liberación del pueblo de Israel, por Yavéh, cuando se encontraban esclavizados y oprimidos en Egipto. Esta fiesta se realizaba conforme a un rito: comer el cordero  pascual sacrificado la tarde anterior en el Templo. Jesús y los Apóstoles se preparan para la celebración.

 

                Durante la noche de la  Última Cena, nuestro Jueves Santo, Jesús  instituye el Sacramento de la  Eucaristía. El Evangelio recoge ese solemne momento que recoge tres verdades fundamentales a tener en cuenta :

 

1.       La Institución de la Eucaristía y presencia real de Jesús en ella

2.       La institución del sacerdocio cristiano

3.       La Eucaristía, sacrificio del N.T. o Santa Misa

 

Así pues, encontramos en este momento solemne dos momentos culminantes, la institución de dos sacramentos : el de la Eucaristía, como alimento de vida, y el de la Eucaristía como Sacrificio; y el Sacramento del Orden, por el que Jesús les da el poder de que repitan con todos lo que en esos momentos hace con ellos : Haced esto en memoria Mía...

 

Finalizada la Cena, Jesús da una enseñanza de humildad a los Apóstoles, y en ellos, a nosotros; “se quitó el manto, tomó una toalla y se la ciño. Después hecho agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies”. Jesús se humilla, como lo hará horas más tardes al ser clavado en la Cruz. Esa humillación, ese anonadamiento de Jesús, verdadero Dios y verdadero  Hombre, lo hace para enseñarnos que Él no ha venido a ser servido, sino a ser. Después “salió y se fue como de costumbre” a hacer oración al Huerto de Getsemaní; y nos enseña una vez más cual debe ser la actitud de para hacer oración, “puesto de rodillas oraba”. Pues de rodillas oraba describe San Lucas, quien nos describe la actitud exterior de Jesús, una actitud de humildad ante el Padre.

 

Judas, acompañado de un gentío armado de palos y espadas, entra en escena; una escena de triste. Guarecido por una cohorte de legionarios romanos, se acerca a Jesús y tras darle un beso en la mejilla, la señal de la traición, es aprendido y atado para ser conducido a la  casa del Sumo Sacerdote, Anás, quien  hará el primer interrogatorio a Jesús. En esos momentos, fuera del Palacio, reinaba un intenso frío. Pedro que había seguido de lejos al Maestro va a ser reconocido y señalado.  El miedo va a llevarle a negar al Señor una...dos...y tres veces. En ese momento Pedro recordará aquellas palabras proféticas de Jesús: “Te aseguro, Pedro, que no cantará hoy el gallo sin que hayas negado tres veces haberme conocido”. El gallo canta y Pedro saliendo “fuera lloró amargamente  Mientras, Jesús,  en la estancia de Anás y a la espera del nuevo día será injuriado, golpeado, burlado, escarnecido.

 

Cuando nace el nuevo día, Jesús es enviado ante el Sanedrín, tal como era la costumbre Judía, ya que prohibía tratar de los asuntos importantes durante la noche. Aquí Jesús se va a dar a conocer :

 

 

                ¡ Vosotros lo decís, soy Yo !

 

 

Con esta afirmación, Jesús es condenado a muerte, aunque la sentencia estaba decidida con mucha anterioridad. Necesitaban un motivo. Pero les quedaba un paso más, confirmar la sentencia y ésta solamente la podía dar el Procurador Romano, por entonces Poncio Pilato.

 

¿Pero quien era Poncio Pilato?. Siempre nos lo han descrito como un personaje justo y compasivo; pero la historia nos lo describe de otra forma, y así un contemporáneo de  su época, Filón de Alejandría, describe como un personaje violento, autor de innumerables brutalidades, de homicidios sin proceso. Era, pues un personaje  duro y despiadado. Para Poncio Pilato la muerte de Jesús, un Galileo, carecería de importancia; para él primaba las relaciones con las autoridades judías. Roma había invadido Judea, y tenían numerosos conflictos motivados por la invasión y por parte de quienes querían ver al invasor Romano alejado de su nación. Dos rebeliones judías  se producirán años más tarde que provocaran seiscientos mil muertos la primera y ochocientos mil muertos la segunda. .

 

Jesús es conducido a presencia de Pilato, quien tras interrogarlo, dice no ver culpa alguna, que solo ve inocencia. Por lo que decide enviarlo a presencia de Herodes, hasta ese momento enemigo de Pilato. Desde ahora amigo, quien tras burlarse de Jesús, ciñéndole una túnica de color blanca vuelve a enviarlo a presencia de Pilato, quien vuelve a interrogarlo. La presión que le hacia a Pilato era muy grande : El Sumo Sacerdote, el Pueblo, Herodes, su prestigio... con intención de soltarlo, Jesús es flagelado, golpeado, burlado y coronado de espinas y presentado al pueblo “Ecce Homo” ( he aquí el Hombre). Pero cuando intentaba soltarlo, los presentes  volvieron a solicitar su muerte. Quienes ayer gritaba  ¡Hosanna! hoy gritaban ¡Crucifícale, Crucifícale!. Finalmente, Pilato accede y entrega a Jesús para que lo maten, y retirándose se lava las manos como signo de quitarse la culpa de su muerte.

 

Jesús carga con una pesada Cruz y sale al camino que lo conducirá hacia el Gólgota, con el rostro tumefacto y ensangrentado por los golpes, agotado por la larga noche, por la sangre perdida...Jesús cae hasta tres veces; otras tantas se levanta ( enseñándonos como hemos de levantarnos cuando el peso de los pecados hace que nosotros caigamos también). Durante el camino se encuentra con su Madre, María y con las santas mujeres que lloran al ver a Jesús; también la Verónica que enjuga su rostro con un paño. Al llegar al Calvario y tras quitarle el ropaje que llevaba es crucificado, pies y manos clavan a  aquella Cruz. Junto a Él estaba María, su madre, y Juan, también algunas mujeres.

 

Pese al dolor de las heridas y al dolor de la traición de muchos que hasta horas antes le aclamaban, junto al dolor de un mundo futuro que no agradecerá con amor a su Amor, Jesús sigue amando a toda la humanidad y piensa en ella. Jesús entonces se dirige a María y nos la da por Madre. Desde ese instante comienza su acción Corredentora y acción de madre hacia toda la humanidad. María acepta con agrado.

 

También uno de los ladrones que habían crucificado junto a Jesús va a recibir los frutos de la Redención: “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso”.

 

San Lucas describe aquellos últimos momentos de la Pasión del Señor :

 

 

Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron toda la tierra hasta la hora nona. Se oscureció el Sol, y el velo del Templo se rasgo por medio. Y Jesús clamando con una gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiró”

 

Horas después cuando pasaron a comprobar si Jesús había muerto y al verlo decidieron no cortar sus piernas, como solían hacer con los condenados para adelantar su muerte. Un soldado Romano clavó en u costado una lanza, saliendo agua y sangre. José de Arimatea solicitó a Pilato el cuerpo de Jesús para enterrarlo, accediendo a ello. Nicodemo también acudió al sepulcro y llevó ungüentos para echar sobre el cuerpo de Jesús. Allí permaneció durante tres días, hasta su Resurrección.

 

 

Durante las tres horas de agonía, en las que permaneció en la Cruz, Jesús pronunció unas palabras, que conocemos como “Las Siete palabras”.

 

 

 

 

1.       Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

2.       En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso

3.       Mujer, he ahí a tu hijo...he ahí a tu Madre

4.       Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?

5.       Tengo sed

6.       Todo está consumado

7.       Padre, en tus manos encomiendo Mi espíritu.

 

 

 

CAUSAS APARANTES, CAUSAS REALES DE LA CONDENA A MUERTE DE JESUS

VERDADERO MOTIVO. VALOR REDENTOR DE LA MUERTE DE JESÚS.

 

 

 

 

                Mucho antes de Jesús fuera  prendido y juzgado, primero ante el Sanedrín, después ante el Procurador Romano, Poncio Pilato, ya había sido dictada su condena de muerte.

 

                Algunos miembros del sanedrín habían venido buscando afanosamente una causa y un momento. La causa la tenían, ¡Se había declarado Hijo de Dios!. Faltaba el momento. El Padre José Luis Martín Descalzo nos describe ese momento.  Todo comienza aquel día, tras la resurrección de su amigo Lázaro:

 

                Acababa de ocurrir la resurrección de Lázaro y un grupo de sanedritas se habían reunido para plantearse el problema que este hecho acarreaba(...) Hasta este momento el Galileo Jesús se había limitado a predicar a la pobre gente. Carecía de todo influjo social. Pero ahora todo era diferente(...) Fue entonces, cuando Caifás tomo la palabra para retratarse a sí mismo en una sola frase: vosotros no sabéis nada, no reflexionáis que os interesa que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación”.

 

 Poco más tarde se producía la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Vitorees, cánticos, himnos mesiánicos, gentes con palmas, pétalos de flores en el suelo por donde iba a pasar Jesús...el  rencor crecía a cada momento. Se buscaba el momento, Pero además les faltaba el como hacerlo. Satanás pone la idea. Pare ello envenena la mente de un seguidor de Jesús, de un Apóstol; tal vez el Apóstol q                une más en duda estaba; el Apóstol que aún no se había definido totalmente: Judas Iscariote. Ya solo quedaba esperar el momento propicio

 

Un beso fue la señal que el traidor dio; treinta monedas el precio de la traición. En treinta monedas es tasado el Hijo de Dios, como también hicieran los hijos de Israel con Yavéh: 30 siclos. Una multitud de hombres debidamente armados; una cohorte de legionarios romanos, los servidores de los pontífices, de los fariseos, fueron a detener a Jesús. El trato no fue amable: lo ataron y se lo llevaron a empujones.

 

Se realizan dos procesos contra Jesús : uno de tipo religiosos, según precisaba la legislación judía; otro de tipo civil, que daba oficialidad, y era según la ley romana. Los sanedritas había determinado matar a Jesús, pero ellos no podían ejecutar la sentencia, por ello fueron a llevarlo al Procurador Romano, Poncio Pilato, que era el representante del poder político: Roma.

 

                Los miembros del  Sanedrín, indudablemente tenían miedo a que el pueblo reaccionara contra ellos, dada la popularidad de Jesús por sus obras y por sus palabras, por el mensaje de amor transmitido, por el cariño con que trataba a necesitados y marginados de aquella sociedad; por ello, buscan una causa, un motivo que a ojos del pueblo sea evidente para determinar la condena que  pensaban para Jesús, y que a su vez estuviera de acuerdo con sus leyes. Durante el proceso religioso, ante los príncipes de los sacerdotes, Jesús afirma contundentemente que es el Mesías, el Hijo de Dios, igual al Padre y en quien se cumplen todas las profecías. Muchas habían sido las acusaciones que se  habían vertido contra Jesús desde que comenzara su predicación por parte de los fariseos, de los príncipes de los sacerdotes, de los saduceos, de los escribas... pero ninguna tenia el peso especifico que motivara una fuerte condena, por ello se agarran como a un clavo ardiendo, cuando Jesús afirma que es el Hijo de Dios.

 

El juicio civil, fue una maniobra en la que Pilato se vio implicado y ante la tolerancia que tenia  Roma hacia las cuestiones religiosas y la presión que se ejerció sobre él, acabará cediendo y confirmando la sentencia impuesta por el  Sanedrín.

 

                Entre las causas aparentes podemos citar algunas :

 

Quebranto del sábado

La expulsión de los mercaderes del Templo

Los  milagros realizados

La resurrección de Lázaro

La mala interpretación  acerca de la destrucción del Templo y su reedificación.

 

 

                La causa real de la muerte de Jesús fue el declararse Hijo de Dios. “Llamarse Mesías no constituía una blasfemia; tampoco lo constituía llamarse Hijo de Dios. La respuesta  de Jesús no sólo da testimonio de ser el Mesías, sino que aclara la trascendencia de su mesianismo. Con esta confesión da pie al gesto teatral del sumo sacerdote”, que rasga sus vestiduras, gesto con el que se lleva tras si a casi todos los asistentes, “¡Qué necesidad tenemos ya de testimonios! Nosotros mismos lo hemos oído de su boca”.

 

                Hasta que los apóstoles no se dan cuenta de la Resurrección de Jesús, tampoco le comprenden, como tampoco comprenden los motivos de su muerte. Aún habiendo estado al lado de Jesús, viviendo con Él durante estos años de predicación, ni le conocían y el mas claro ejemplo lo encontramos en aquellos discípulos que iban camino de Emaús “Esparábamos que el redimiera a Israel”. ¿Lo veían como un líder carismático? ¿ tal vez como a un libertador de un pueblo oprimido, como fue Moisés?. El verdadero motivo de la muerte de Jesús fue :

 

                                               LA SALVACION DEL HOMBRE

 

 

                Esta es la verdadera liberación y no aquella que pensaban los discípulos; ni aquella que pretenden hoy algunos. Jesús con su muerte salvo al hombre y lo liberó de la esclavitud del pecado, devolviéndonos así la amistad con Dios Padre. La Pasión del Señor fue el modo mas conveniente de redimir al hombre que había sucumbido por el pecado. Con su entrega amorosa, Jesús paga totalmente esa deuda que a lo largo de los tiempos el hombre había contraído con Dios, y con esa deuda que el hombre iba a seguir contrayendo, tras la muerte de Jesús. Debido a la magnitud del pecado del hombre no podía satisfacer por si a Dios, por eso, en su suma misericordia nos proporciona a quien si podía hacerlo: su propio Hijo, Jesús.

 

                Sobre la Pasión y Muerte de Jesús, podemos sacar estas consecuencias.

 

1.       Cristo por su pasión y Muerte, satisfizo por nuestros pecados.

2.       Cristo por su pasión y muerte nos libero de la esclavitud del pecado y del demonio

 

La eficacia, el valor de la Pasión y Muerte de Jesús no tiene fin, y ha llenado al mundo de paz, de gracia, de perdón, de felicidad en las almas, por esto decimos con firmeza que el valor de la muerte de Jesús tiende a la salvación del hombre, conforme a lo querido por Dios desde toda la eternidad, pero claro está, esta salvación ha de ser con la cooperación de la libertad del hombre. Este fruto de la acción liberadora de la muerte de Jesús no se hará esperar y ya desde la Cruz lo recibe uno de los ladrones : “Señor, acuérdate de mi cuando estés en Tú Reino”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SIGNIFICADO DE LA CRUZ.

 

 

                El Catecismo nos enseña que la señal del cristiano es la santa Cruz, porque en ella murió Cristo. Y es la señal de la Cruz, lo primero que enseñamos a los niños en la catequesis, a fin de que se vayan identificando con lo que va ser el sentido de su vida.

 

                Uno de los significados de la Cruz, es que en ella se ha consumado nuestra redención y es la consumación del amor que Dios tiene por toda la humanidad, y es aquí, en la Cruz, donde encuentra sentido el dolor en el mundo. El dolor, producido por el pecado, el dolor producido por una enfermedad, por un acontecimiento. Es aquí, en la Cruz, donde se encuentra la acción liberadora, como bálsamo eficaz con una mirada a la Cruz de Cristo; así actuaron los santos que nos anteceden; así actuaron los israelitas ante aquel emblema levantado por Moisés, y que tenia efectos curativos según determinará Yavéh,

 

                La Cruz es consecuencia del modo de vivir Jesús, de su opción por nosotros, los pobre pecadores, de su anuncio del  reino; una Cruz que asume por su fidelidad y amor al Padre, una Cruz que presenta la Resurrección, una Cruz inmensamente cargada de valores :

 

·         Es precio de nuestros pecados

·         Es el símbolo del amor de Jesús hacia nosotros

·         Es sacrificio y expiación

·         Es el símbolo del testimonio cristiano

·         Es signo de la liberación del hombre de la esclavitud del pecado

·         Es signo del establecimiento del Reino de Dios

 

En el  Catecismo de la Iglesia Católica, podemos leer : La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Asunción al Cielo

 

 

 

 

 

 

Por antonio tapia
Friday 11 april 2014 5 11 /04 /Abr /2014 13:00

Por antonio tapia
Wednesday 2 april 2014 3 02 /04 /Abr /2014 19:14


 

“ Sin mi, no hay nada” dice el Señor. Cuantas veces hemos probado el sabor de estas palabras, si hemos tenido la gallardía de analizar el porque de cada uno de nuestros pecados. El pecado nos aleja de Dios. Todos los pecados tienen su comienzo en una causa: la ruptura de un Mandamiento y esta coienza desde un pecado Capital: la soberbia.

¿Por qué he llegado a esta vida?. ¿Por qué he caído tan bajo?. ¿Por qué hice aquello otro?. Si nos examinamos bien, vemos que la soberbia, la falta de humildad, La ira… aparecen a la cabeza de unos u otros pecados, por ello se denominan pecados capitales, cabeza de otros pecados, que solo desaparecerán una vez rompamos con ellos. Además los pecados capitales nos hacen repetir una y otra vez en los mismos y otros pecados y solo serán vencidos si rechazamos la cabeza del pecado y nos mantenemos dentro de los Mandamientos por Dios establecidos.

Habremos de volver a Dios, poniendo voluntad de hacerlo. Las cadenas del pecado son difíciles de romper y mas si pretendemos hacerlo por nuestra propia cuenta. Es una lucha “encarnizada”, porque el enemigo común  en su lucha contra Dios por querer arrancar el alma humana acudirá a todos los ardides para retener al hombre o retardar su vuelta a Dios.

Para volver a Dios habremos de poner toda nuestra voluntad, como hiciera el hijo prodigo, cuando se vio solo y que el sólo no podría resolver su situación, sino únicamente contando con el Padre y acudiendo con el corazón verdaderamente arrepentido, “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti”.

Cuando estamos separados del Padre; cuando nos mantenemos en el pecado y se acaban las reservas espirituales nos encontraremos en la oscuridad de la que no sabemos salir o no podemos salir, porque somos como el paralitico de Cafarnaun, no nos podemos mover y precisamos ayuda, principalmente de la de Dios.

¡Sin mi nada podeis!. El paralitico de Cafarnaun preciso ayuda para su curación. Nosotros necesitamos la ayuda del Señor, si en verdad queremos curarnos. En casos se pierde a Dios de forma que no lo vemos ni en el horizonte, sin embargo el nos espera porque nos ama, porque si El nos dejara seria nuestro fin, pero por el amor que nos tiene no nos abandona y espera pacientemente a salir a nuestro encuentro.

Sin El nada podemos. Ahora, en cuaresma es el tiempo para pensar como estamos, que nos falta, que necesitamos. Proximos a la Semana Santa, debemos ver cuando es lo que dio el Señor por nosotros y que lo hizo para que se abrieran las pertas del Cielo, volviéndonos a la amistad con Padre Dios. Sin El nada podemos. 

Por antonio tapia
Tuesday 1 april 2014 2 01 /04 /Abr /2014 11:19

VENID CONMIGO Y OS HARE PESCADORES DE HOMBRES

uando arrestaron a Juan, Jesús se marcho a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio” Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente  dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron  a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él.

 

 

             Sobre todo en la época de Cuaresma, oímos con más insistencia las palabras que Jesús nos dice en el Evangelio del día: convertíos y creed en el Evangelio. O también, Convertíos y haced penitencia. No deberíamos encasillar este mandato del Señor a esa sola época; pues la conversión, el trabajo de dirigir nuestra vida a Dios se va a hacer extensivo a  toda nuestra existencia. La santidad, la perfección no se logra en la tierra; seremos santos cuando estemos gozando de Dios en su Reino, entre tanto, estaremos trabajando día a día por esa conversión que nos ha de conducir a la santidad a la que hemos sido llamados, con nuestras caídas y recaídas, pero nos levantaremos cuantas veces sean necesarias.

 

                       

 

 

Por tanto, todos los días, mientras dure nuestra vida, hasta el momento en que nuestra alma y cuerpo se separen, habremos de empeñarla en hacer producir ese talento que nos da Dios cada día. Nuestro ejemplo a seguir está en aquellos que invirtieron los talentos que recibieron, no en aquel que lo enterró para que no se le perdiera. Trabajar cada día en nosotros y trabajar en los demás, pues para todos son las palabras de Jesús y por todos derramó su sangre y padeció martirio.

 

Cada día se nos pueden presentar motivos y momentos diferentes que pueden ocasionar nuestro alejamiento de Dios; momentos que pueden no estar previstos por nosotros, por inesperados (una discusión, una contrariedad en el trabajo...); otras veces la flaqueza nos hará tambalear, dudar, caer irremisiblemente en  esta o aquella falta o en  éste o  aquel pecado. Dejar que el talento produzca, o lo que es lo mismo, dejar que la gracia de Dios actúe en nosotros, no obstaculizándola, hará  posible, que esos imprevistos momentos no nos cojan de improviso o sepamos hacerlos frente en el momento; y hará que esa flaqueza que produce el pecado, desaparezca, porque la gracia de Dios, en nuestra alma va a producir fortaleza para la lucha contra el pecado, ánimo para el camino, esperanza de conquistar ese estar junto a Dios por toda la eternidad.

 

             Para que esas palabras de Jesús, que nos dice en el Evangelio, puedan ser una realidad en nosotros es preciso que basemos nuestra vida en esa trilogía que el cristiano ha de tener presente siempre: Penitencia, como sacramento que nos limpia del pecado y nos da las gracias suficientes para luchar y  no caer en él; Comunión, como sacramento que hace que el Señor y tu se unan, fortaleciendo el  alma para la lucha diaria, haciendo que su Amor se irradie desde nosotros hacia todos aquellos que surgen en nuestro camino diario; Oración, como medio para tratar, conocer y amar a Dios.

 

             Tenemos la oportunidad, mientras vivimos, de rectificar nuestras acciones; para ello Jesús ha dispuesto el Sacramento de la Penitencia, desde el cual nos escucha, sean cuales sean nuestros pecados, sea cual sea su gravedad, sea cual sea su vergüenza, su perversidad (recordemos el claro ejemplo de la Parábola del hijo pródigo); y nos va a escuchar con la ternura de un padre que desea los mejor para sus hijos, para después tornar el rojo púrpura de nuestra alma, en el blanco de la más pura nieve, para finalmente olvidarlos para siempre.

 

             Que las palabras del Señor calen hondo en nuestra alma, y nos lleven a dar el paso acertado de iniciar desde hoy mismo el deseo firme de cambiar, de dirigir nuestra vida hacia Dios, y después dejarnos llevar por Él y nuestra común Madre, la Virgen María.

 

             También, el Evangelio del día, nos presenta dos momentos a tener en cuenta, el de Simón y Andrés, que dejando todo lo que estaban haciendo siguen la llamada del Maestro; y la de los hijos de Zebedeo, que abandonando todo, siguen a Jesús. Simón y Andrés dejan las redes; pero Santiago y Juan dejan algo más, a su padre para seguir al Señor.

 

             El Señor, puede llamarnos en cualquier momento de nuestra vida para servirle. Pero ¿a quien llama? Todos somos llamados para servirle; todos somos llamados desde el Bautismo, para que después, colaboremos con Él en la extensión del Reino de Dios en el corazón de los hombres. Dios no llama a unos si y a otros no. A todos nos llama, a unos para el sacerdocio, a otros para la vida religiosa, a otros para la vida contemplativa, a otros para servirle en las misiones, a otros para servirle dentro del mundo, desde nuestra profesión: catequistas, cuidadores de ancianos y de enfermos...proyectando en los demás aquellos carismas o dones que el Señor haya puesto en nosotros. Todos hemos sido llamados, y todos hemos de contestar al llamado del Señor, como lo hicieron aquellos Apóstoles, dejando todo: dejando algunos momentos nuestros para ponerlos a su disposición, de forma que otros puedan beneficiarse de los bienes que hemos recibido.

 

             Que la Virgen María  ilumine nuestro caminar hacia la conversión y nos guíe por el camino del Apostolado, para que sepamos transmitir con el ejemplo, con el estilo, con la palabra y con nuestras obras el Evangelio que nos ha dado a conocer a nosotros.

          

Por antonio tapia
Tuesday 1 april 2014 2 01 /04 /Abr /2014 09:21

 


 

 

Por antonio tapia
Monday 31 march 2014 1 31 /03 /Mar /2014 11:16

SALVAR AL HOMBRE

e nuevo entró Jesús en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano seca. Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. Y dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. Y les dice: ¿es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados. Entonces mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada. Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle”.                                        

 

           Comienza San Marcos  con un nuevo episodio ocurrido en sábado,  el día del sábado era un  día de descanso absoluto y dedicado a la oración. Hoy los judíos religiosos siguen con la misma dedicación del día del sábado. Jesús va a enseñar que el hacer el bien no tiene límites; en su más amplio sentido, la vida de una persona está por encima de todo, tanto si está en peligro como si no; y esta es la doctrina que viene a enseñarnos para que nosotros la apliquemos, sea cual sea la época, las leyes de un país, la costumbre social... Tampoco, y esto está claro, que el hacer el bien no debe estar sujeto a ninguna ley ni tampoco a ninguna condición, por eso el Señor les pregunta a los fariseos, sabiendo de antemano cual iba a ser la respuesta de éstos: “¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? (MC 3,4).

 

El sentido de salvar o de perder puede  también tomarse en el del terreno espiritual, ya que una vida  puede perderse o salvarse en el modo que hagamos el bien o lo omitamos. Un alma alejada de Dios, un alma que busca a Dios, un alma que ha perdido a Dios por la causa que sea es un alma que necesita de nuestro bien, de nuestra atención, de nuestra ayuda urgente y sin dilación, por encima de nuestro tiempo personal. San Marcos en su relato nos dice que  no contestaron, pero no  por no saber qué contestar, pues siendo los escribas maestros de la Ley, sus conocimientos amplísimos les permitía saber y tener conciencia clara que Jesús tenía razón; el silencio se debe al pecado de orgullo y de soberbia que les invadía y que les llevaba al extremo de la hipocresía. Por esto Jesús se enfada, como nos cuenta San Marcos; “5 Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: “Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedo curada” (MC 3,5), curando su mano.

 

             Un hecho notable a destacar es que  aquel hombre no se acerca a Jesús, o al menos San Marcos no nos lo describe. Es Jesús quien se acerca.  Tal vez,  aquel hombre,  si no ese día, en otra ocasión se lo hubiera pedido. Jesús se adelanta muchas veces a nuestras peticiones, aunque no se lo pidamos  en ese momento. ¿De cuantos peligros, de cuantos problemas, de cuantas situaciones no habremos salido sin la intervención del Señor con antelación a nuestros ruegos y súplicas? En esta ocasión, la acción sanadora de Jesús se realiza para enseñarnos que el bien no debe tener límite ni estar sujeto a ninguna Ley humana, de la misma forma que Dios no pone límite a hacernos el bien, hasta el punto que permitió que su Hijo, Jesucristo muriera por nosotros. También nos enseña que no debemos esperar a que salga a nosotros el necesitado, sino que nosotros, Apóstoles y soldados de Cristo, desde nuestra Confirmación, somos los que hemos de ir a hacer el bien, incluso en los momentos más inoportunos, como lo hizo el Señor: en el día del sábado. Por esto, aprovechar para indicar la importancia de este Sacramento de la Confirmación  muy devaluado en muchas personas por no darle la importancia que tiene, ya que el no recibirlo nos priva de las gracias que a través de éste se reciben y entre otras cosas que nos privamos de los dones del Espíritu santo que con el sacramento se reciben.

 

             6 Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra él, para ver como perderle” (MC 3, 6). Los herodianos eran partidarios del régimen de Herodes; a la vez, eran considerados como enemigos acérrimos de los fariseos. Pero algo va a unirlos hasta el final: la persecución de Jesús.

 

             Si en los necesitados, viendo en ellos: a los marginados, a las personas que se encuentran solas, a los ancianos y desvalidos, a los desesperados que precisan de una sonrisa o una mirada de cariño... viéramos el rostro de Cristo, y aún así omitiéramos  nuestra ayuda, estaríamos haciendo como los herodianos, estaríamos viendo como perderle, como perder ese alma. Por ello es importante que, cuando leamos el evangelio, nos miremos en todas las personas y situaciones que surgen en cada página: la anciana que da limosna, los fariseos que critican que Jesús se siente con un publicano, los amigos que llevan ante Jesús al paralitico, el leproso agradecido, los leprosos ingratos… pues ello nos llevara a vernos por dentro y descubrir  situaciones de nuestra lama que tal vez no habíamos descubierto. Es importante el Evangelio, pero no podemos quedarnos sólo en él, sino reforzar su lectura con la práctica de los sacramentos: eucaristía y penitencia y ahora que nos vamos a encaminar a la Cuaresma

 

Por antonio tapia
Sunday 30 march 2014 7 30 /03 /Mar /2014 11:10

QUIERO QUEDA LIMPIO

e acercó a Jesús  un leproso, suplicándole de rodillas: “si quieres puedes limpiarme”. Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó diciendo: “Quiero: queda limpio”. La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por  tu purificación lo que mandó Moisés”. Pero, cuando fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes.

 

 

                                  

 

A  lo largo de los evangelios nos vamos a encontrar con un Jesús que ama con un amor inagotable; pero también nos vamos a encontrar con un Jesús que se conmueve ante la enfermedad y el dolor y ante las expresiones de fe de las muchas gentes que se le acercaban. Ahora nos encontramos con uno de los casos: “Si quieres, puedes limpiarme”. El enfermo se pone incondicionalmente en las manos del Señor. Deja todo a la voluntad del Señor. Si quieres, puedes limpiarme. Cuantas veces nos cuesta a nosotros dejar las cosas en las manos de Dios. Y el Señor le responde: Quiero, queda limpio. El Señor se rinde amorosamente ante esa expresión de fe y de humildad de aquel enfermo rechazado por la sociedad.

 

             Con la curación del leproso que nos narra San Marcos, Jesús, además de devolverle la salud al cuerpo, logra que salga de la marginación social a la que había sido sometido. Eran considerados impuros, pecadores por la sociedad del momento. El pecado es así, la lepra del alma que el Señor nos cura y nos limpia. El leproso sanado volvía a su vida normal. El Señor le devuelve todo aquello que había perdido. En cada uno de los pasajes de los evangelios debemos vernos a nosotros mismos: somos el hijo prodigo, somos los leprosos, somos los que estamos presentes en el monte de las bienaventuranzas, somos la mujer cananea que da agua fresca al Señor, somos también los fariseos, los que reciben le reciben con palmas en Jerusalén y los que vociferan contra El poco después. Cuando leemos los Evangelios nosotros estamos dentro de sus páginas. Lo que hizo  y dijo el Señor es también para nosotros.

 

             La actitud de leproso, cuando se acerca a Jesús es digna de tener en cuenta: "rogándole de rodillas" (MC 1,40). Confianza y humildad. "Si quieres, puedes limpiarme" le dice al Señor. Esta actitud de fe, que veremos en otros momentos, hará que Jesús les devuelva la salud al cuerpo y al alma.  No le dice “si puedes”, que  sería poner en duda, sino que le dice “si  quieres”, categóricamente, ¡cúrame Señor, si quieres! “se que puedes, pero no te merezco”. Aquel leproso, como el centurión, demuestran su confianza en el Señor y a la vez se acercan con la virtud que tanto le agrada:  la humildad

 

                                              

 

             Podemos observar la actuación de muchos de los enfermos que el Señor sanaba: actos de agradecimiento, publicando el bien que el Señor les había hecho. Muchas veces nos acercamos a la Penitencia y a la Eucaristía, y no somos capaces de un acto de agradecimiento, porque estábamos enfermos y nos sanó, porque estábamos hambrientos y sació nuestra hambre espiritual, porque estábamos perdidos y nos dio su luz para volver al camino, porque estábamos solos y salió a nuestro encuentro para darnos su compañía, porque estábamos ciegos y fue nuestra luz. Cada momento, incluso cada rinconcito del Evangelio, son un dato a tener en cuenta en nuestra relación  con Dios y en nuestra relación  con los demás. Leer el Evangelio, es darse cuenta de que Jesús no ha dejado un cabo suelto para salvarnos; por eso, hemos de mirarnos en el Evangelio, como si de un espejo se tratara, y luego contemplar lo que falta y lo que sobra en nosotros, para que con su ayuda lleguemos a ser como él quiere que seamos.

 

             En nuestra situación personal también debe intervenir ese deseo de querer quedar curados del pecado; ese deseo del leproso debe intervenir en nosotros, como única forma de poder quedar liberados  de esa lepra del alma que es el pecado. Haremos confesiones, buenas, porque el deseo al acercarnos es no volver a pecar, pero si nos falta esa fuerza de  querer realmente quedar sanados, caeremos una y otra vez en el pecado, tal vez en el mismo o los mismos siempre, y la causa: nos falta ese deseo ferviente de cambiar y la disposición humilde de sentirnos necesitados de la ayuda del Señor. El leproso rogaba de rodillas, es decir, con humildad, sintiéndose necesitado de la ayuda del Señor, único que puede ayudarnos a salir de nuestra situación personal.

 

 

             Aquel hombre se arrodilla postrándose en tierra (lo que es señal de humildad y de vergüenza), para que cada uno se avergüence de las manchas de su vida. Pero la vergüenza no ha de impedir la confesión: el leproso mostró la llaga  y pidió remedio. Su confesión está llena de piedad y de fe. Si quieres, dice, puedes: esto es, reconoció que el poder de curarse estaba en manos del Señor”.

 

             Como final del Sacramento de la Penitencia, el sacerdote nos impone una penitencia, que sirve para resarcir al Señor por las ofensas que con el pecado le hemos causado. El leproso queda curado, y el Señor le envía a cumplir con lo estipulado por Moisés. Nosotros cuando nos confesamos, el sacerdote nos pone la penitencia que queda definida en el CIC 1459: “liberado del pecado, el pecador debe recobrar todavía la salud espiritual. Por tanto debe hacer algo para reparar sus pecados: debe satisfacer de manera apropiada o expiar sus pecados. Esta satisfacción se llama también penitencia (…) tales penitencias ayudan a configurarnos con Cristo que, él Único, expió nuestros pecados una vez por todas

 

             El poder de curarnos del pecado está solamente en el Señor, pero en nosotros está el poder querer sanarnos; esta es la libertad de la que gozamos: si a Dios o no a Dios; y en mi libertad digo SI,  esto es, en querer ponernos en manos del Señor. “tus pecados son perdonados, vete en paz”, escuchamos de labios del sacerdote mientras nos da la bendición, “Quiero : queda limpio” dice el Señor que nos habla a través de sacerdote a la vez que desaparecen las ataduras que nos esclavizan, a la vez que vuelve la luz, que hasta el día nos parece más soleado. El Señor que nos esperaba ansioso de tomarnos en sus brazos, al vernos acercar El corre a recibirnos con la inmensa alegría de un padre que ama intensamente a sus hijos. Porque es un padre que no da por perdidos a sus hijos, es el pastor que no da por perdida a ninguna oveja de su rebaño y la busca hasta hallarla.

 

Por antonio tapia
Wednesday 26 march 2014 3 26 /03 /Mar /2014 18:16

LAS OBRAS DE MISERICORDIA

 

 

            Al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: “Todo el mundo te busca”. El respondió: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”. Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

 

 Terminada la oración en la sinagoga Jesús va directamente a la casa de Simón y de Andrés, para ver a la suegra de éste que se encontraba enferma con fiebre. La frase es firme, en cuanto salieron de la sinagoga. Está claro que la intención de Jesús fue acudir a visitar a la enferma. Una nueva lección de catequesis, acompañada de una obra de misericordia: visitar a los enfermos. Jesús, con su lección de vida y de obras, nos va marcando el camino a seguir. El catecismo nos define las obras de misericordia como: la máxima expresión de amor hacia el prójimo. También es  la virtud de la caridad llevada a la práctica. A través de la  virtud de la misericordia la persona se entrega de una forma desinteresada hacia su prójimo olvidándose de sí mismo si fuera necesario. Son el ser sal y el ser luz que nos dice el Señor, cada día, desde el monte de las Bienaventuranzas

                                         

 

Recordemos que las obras de misericordia pueden ser corporales y espirituales:

 

Cuáles son las espirituales?

 

Enseñar al que no sabe

Corregir al que yerra

Perdonar las injurias

Consolar al triste.

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

Rogar a Dios por los vivos y  difuntos.

 

 

¿Cuáles son las  corporales?

 

Visitar a los enfermos.

Dar de comer al hambriento.

Dar de beber al sediento.

Redimir al cautivo.

Vestir al desnudo.

Dar posada al peregrino.

Enterrar a los muertos.

 

             Un hecho significativo, era sábado. En alguna ocasión Jesús va a reprender por el mal uso que se hacía del sábado. Jesús observaba el sábado, para dar ejemplo,  pero el hecho de la curación del endemoniado y de la suegra de Simón nos enseñan la importancia que para El Señor tiene la persona. El hombre es el rey de la creación, todo lo que le rodea ha sido puesto por Dios para él, para su buen gobierno.

          

             San Marcos, nos narra este hecho. ¿Existe un tiempo para servir a los hombres y otro tiempo para otros menesteres? Podríamos rezar y hacer sacrificios múltiples, pero si, como a  ejemplo de Jesús, no atendemos a los necesitados, poco fruto o ninguno habremos sacado de la oración y de la Eucaristía. Todo tiempo, todo momento es bueno para hacer el bien. Ni el tiempo, ni la ley humana pueden ni deben evitar que hagamos el bien. Por eso Jesús lo hace, y en sábado. De esta forma nos da un ejemplo claro de cómo hemos de actuar quienes queremos seguirle. Y no se queda haciendo el bien, tan solo en la suegra de Pedro, persona próxima a Él, sino que al contrario libera de las dolencias de cuerpo y alma a muchos enfermos, como nos narra el evangelista.

 

             A cada paso, el Señor nos va dando las claves de cómo hemos de actuar: llevando a otros la Buena Nueva; dar testimonio con alegría; acercarse a los necesitados; hacer el bien, incluso a aquellos que por algún motivo lo consideremos como enemigo; practicar las obras de misericordia: atender al necesitado, dar alimento al hambriento; vestir al desnudo, visitar al enfermos... De todos estos hechos, nos da ejemplo el Señor cada día en el Evangelio, para que nosotros, que hemos sido llamados a ser sus  apóstoles de hoy, actuemos igual  que Él lo ha hecho y sigue haciéndolo.

 

             También nos narra San Marcos, otro momento importante: Se levantó de madrugada, se marcho al descampado y allí se puso a orar. Jesús se pone en manos del Padre. Jesús ora. Este hecho lo encontramos en diversos pasajes evangélicos, y no es que sólo rezara en esos momentos que quedan recogidos. Jesús hora siempre; pero esos momentos precisos que son recogidos por los evangelistas, son para dejarnos constancia de la importancia de la oración. Si Jesús que es Dios verdadero, ora: para suplicar al Padre; ora para dar las gracias al Padre; ora en forma de alabanza al Padre; ora para Ofrecerse; ora en los momentos de tristeza... nosotros, también debemos hacerlo. Esta ha de ser una constante en la vida del cristiano.

 

             La oración es  una de las bases firmes de la vida del cristiano; es el terreno firme sobre el que hemos de edificar nuestra fe, nuestra vida espiritual y nuestra vida  material.          La oración no es solo rezar el Padrenuestro, el Avemaría. Es hablar con Dios tal como hablamos con nuestros padres, contarle cosas, como nos ha ido la mañana en el colegio, en el trabajo, decirle que hemos visto un objeto que nos gusta… hablarle con confianza entera. Él lo sabe todo, pero le gusta que hablemos con El, que le contemos nuestras cosas: alegrías y preocupaciones, éxitos y fracasos. Oración es  ofrecer a Dios el trabajo de cada día bien acabado; es el estudio bien aprovechado, es la labor de la casa bien hecha, es la obediencia a los padres representantes de Dios en la familia. Pero además es celebrar con El nuestras Alegrías y nos abandonemos en sus brazos, cuando algo nos entristece, cuando algo nos ha salido mal, que nos ayudara como Padre que es. Asomémonos a las páginas del evangelio desde donde Jesús nos habla cada día y a la oración desde donde el nos escucha y habla con la delicadeza de un padre con corazón tierno de una madre, con aquella delicadeza y cariño con que hablaba a las gentes, siempre tan necesitadas como nosotros lo estamos.

 

 
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