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~~EL FUNCIONARIO DE PRISIONES

¡Por fin san viernes! Amanecía un nuevo pero distinto día de trabajo. Los viernes seis horas y por delante un fin de semana largo. Antes debía subir a la ciudad universitaria a recoger los resultados de los exámenes, aunque esperaba que la filosofía estuviera suspendida, bajo cero. Miles de veces se había preguntado, por qué debía de estudiar el pensamiento de otros, le bastaba como pensaba el: Kant, Hobbes, Maquiavelo, que pensaran como quisieran.

Por la tarde salió par a comprar un libro que le habían recomendado: el regreso del hijo prodigo, de Henri J Nowmen, un estudio para meditar basado en un cuadro de Rembrandt, del que luego repartió unos doce libros.

Fue a ver a Isabelita, amiga suya y que trabajaba en una librería a la que iba desde hacía años. Isabelita era una persona muy especial. Cuando quedo embarazada y tras sucesivas revisiones, al fin le iban a decir si era niño o niña.

- Buenas tardes (dijo la ginecóloga) - Hola, estamos nerviosísimos, esperando saber si niño o niña (dijo Isabelita)

- Verán, no tengo buenas noticias (dijo la médico con seriedad) - ¿Qué pasa pues? (Preguntó el marido)

- Verán, el niño tiene malformaciones. Están en el límite de poder abortar, si lo deseas

- ¿Qué clase de monstruo es usted? Tendremos el niño con o sin malformaciones. Me daría vergüenza ser médico y ofrecer la posibilidad de matar a un niño enfermo. (Dicho esto se levantó, cogió a su marido y salieron. La ginecóloga quedo sentada sin saber cómo reaccionar. Luego el niño nació saludable sin malformaciones. Gracias al fallo de la ginecóloga, le habían preparado el cuarto adecuado para el niño que venía, poniendo todo el cariño. Hay quien decía que pudo ser un milagro. Solo Dios lo sabe. Pero desde el principio le dijeron SI a Dios; aceptaron como viniera el niño. Todos los que conocíamos a Isabel, no nos sorprendió la aceptación del niño cuando le dijeron como iba a nacer.

Cuando llegaba a la librería, escucho sollozos, gritos “¡No me pegues más!” y sonidos de bofetadas. Salían del cuarto piso, del edificio frente a la librería. Entro en la librería.

- ¿No escuchas eso Isabel? (le preguntó)

- ¿El qué? (respondió ella) - Están agrediendo a una mujer. (Ambos se asomaron y lo escucharon) Vieron poco más adelante un vehículo del 091 aparcado. Él se dirigió al vehículo policial, cuyos ocupantes estaba tomando café. Realmente hay que decir que donde se encontraban los policías no podían escuchar lo que estaba sucediendo.

- Están agrediendo a una mujer en un edificio poco más adelante. Los policías se levantaron sin terminar el café. Les señalamos el edificio y ellos mismos comprobaron que era cierto, así que llamaron a los timbres de los pisos

- Somos de la policía, abranos. (subieron corriendo cuando llegaron llamaron a la puerta)

- Abran por favor, somos de la policía. ( Dijo uno de ellos)

- Váyanse por favor. No pasa nada (dijo una voz femenina)

- Señora hemos oído todo desde abajo. ¿Quiere denunciar? (Requirió el policía)

- No hay nada que denunciar (dijo ella. El policía volvió a insistir y ella volvió a negar).

- Nada podemos hacer si no hay denuncia de por medio. Asomado a la ventana del cuarto, aparecía un hombre, pelirrojo, con gafas y sonriente. Le dio una rabia veré la mofa, que sacando un tapón de botella que casualmente llevaba en el bolsillo

- Esto te lo mandare cuando este en la cárcel.

- No diga nada, puede denunciarle por amenazas y aun teniendo usted razón, el juez se la dará a él. (dijo uno de los policías).

Se trataba de un funcionario de prisiones. Pero ese cargo no le daba derecho a hacer lo que hizo. Nada se puede hacer sin denuncia. ¿Por qué no quiso denunciar aquella mujer? Se preguntaba. ¿Porque no denuncian las tantísimas agresiones que permanecen en el anonimato? Isabel le había dicho que porque temen quedarse en la calle o en una casa de acogida? ¿Reciben ayuda económica. Todo esto revoloteaba en su cabeza. Es tremenda esta vida. Un infierno que ni en el mismo infierno se debe padecer.

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~~AYUDAR A QUIENES NOS DEFIENDEN CON SU VIDA

Aunque su aspecto indicara lo contrario: delgado, pelo canoso, mano temblona; pero su pasado, amante del deporte: judo, karate, aikido y un poco de atletismo, le daba una fuerza interior que le hacía desconocer el riesgo. No se daba cuenta que el exceso de confianza en sí mismo es como ponerse al borde del abismo.

Terminado el servicio militar se preparó para el cuerpo superior de policía, le apasionaba pero más porque habían caído asesinados, varias personas que conocía, entre ellas, un inspector con el que solía tomar café en un bar próximo a la Jefatura. Pero no hubo suerte, los temas de derecho administrativo no terminaban de entrar en la memoria. Pero su pasión por la policía no se ha pasado a pesar del tiempo y la edad.

Tenía un defecto, según le decían, que hablaba con todo el mundo, refiriéndose a los desconocidos; pero él decía que tenía dos virtudes: capacidad para hacer amigos y no convertirse en una isla; es decir, alejarse de los demás, como si el mundo fuera él solo. De los conocidos ya no aprendes, salvo que te corrijan de los errores, de los desconocidos aprendes, porque te enteras de muchas cosas, sobre todo por donde tiran sus ideas y si eres un poco “sabueso” te dedicas a tirar de este o aquel hilo.

Le gustaba poner la oreja. Parecía una estación recogedora de datos, y después en un cuadernillo anotaba, pasando por un tamiz las que podrían tener algún significado. Las que consideraba más serias a su modo de ver; si juzgaba que estuvieran al margen de la ley, las ponía en conocimiento de los profesionales, después se olvidaba del tema, ya que lo demás era tarea de ellos.

No trabajaba para la policía, y ni mucho menos era un confidente, ni un espía, ni un soplón. Para él era una diversión que le evitaba el aburrimiento en que te sume la jubilación. Siempre había tenido sentido fuerte de actividad. No existía la palabra “estar parado”.

No durmió aquella noche, pensando que en pocas horas tenía que subirse a un avión. Era incomprensible su miedo al avión y su desconocimiento del riesgo. Era más fácil que un “quinqui” le abriera en canal de un navajazo, que un avión se desplomara sobre el mar. Pero no pensaba en ello ni en la diferencia que existía entre uno y otro hecho.

Miraba tras la cristalera, la pista del aeropuerto que recorrían varias máquinas limpiadoras, en busca de cualquier objeto que pudiera causar algún tipo de incidente en el despegue o aterrizaje. No se estaba para más accidentes. Ya habían sido tres, siendo el más grave el choque de los dos de la KLM, culpando a los secuaces de Cubillo. Un demente que se decía el dirigente de cuatro descerebrados que habían matado al policía Baldenebros y pusieron una bomba en lafloristería del aeropuerto de Gran Canaria, culpable indirecto del el choque de los KLM.

Rezaba Padrenuestros y Avemarías solicitando a Dios un buen vuelo. Hizo un buen vuelo y un bonito viaje en tren, que era su pasión. Recuerda, cuando pusieron en la isla el tranvía, desde la Capital hasta la ciudad universitaria el primer mes fue gratis. Lleno hasta las topes. Las gentes que nunca habían subido al tren, repetían y repetían los viajes. Ahora quedaba acoplarse al horario de comidas y de la medicación y regular la vida, salir del caos y comprender que la vida tiene una serie de normas de las que no debemos salirnos.

Al día siguiente, domingo, se levantó, se puso el chándal y se fue a un parque cercano, uno de los siete pulmones de la ciudad. Un parque extenso donde puedes correr, pensar, meditar, con un pequeño lago con abundantes patos que cuando crecen salen en bandadas, en forma de uve hacia el rio zadorra, u otros de los ríos que pasan por la Capital

La primera vuelta fue a paso legionario; la segunda vuelta fue corriendo lentamente. En esta vuelta, es cuando comenzó a escuchar gritos y discusiones y eso que estaba lejos. Orientó el oído hacia el lugar de donde procedían las discusiones, pudo ver un grupo de cinco individuos hablando acaloradamente, amenazándose y llegando a las manos. Se acordó de los últimos Carnavales, justo debajo de donde vivía, una pelea de cachalotes a puñetazo limpio a unos 50 metros de un punto de la Policía Local que se había colocado como seguridad. Solo dos lograron disolver a aquellos con unos buenos porrazos. Salieron como alma que lleva el diablo.

Justo cuando marcaba el teléfono de emergencias, un motorista de la Policía Local, vio la pelea y tras bajar de la moto corrió hacia ellos. Era bajito, pero corpulento. Sin mirar lo que podía pasarle y sin esperar a que llegaran refuerzos se metió a separarles. Un puñetazo, le pasó rozando. Esto le irrito sobremanera y se lanzó a todo correr para ayudar a aquel valiente policía, que pudo haberse jugado un navajazo. Entre los dos lograron separarlos, aunque los ánimos estaban calientes. Las amenazas surgían esporádicamente. Cerca, una joven que seguramente era el trofeo por el que luchaban. O bien que uno de los grupos se la quitara al otro. Ya más calmado el ambiente, como en las películas, llegaban los refuerzos. “¡Uf, menos mal!”.

Si algo le irritaba eran los proxenetas. Le gustaría acabar con todos. Y que no hagan una ley para meterlos en la cárcel, pensaba. Se acercó al policía local, le felicitó por su valentía y él le correspondió con un apretón de manos: “Muchas gracias, ojala hubiera muchos más que colaborasen”. “El placer ha sido mío” y se fue siguiendo con su rutinario deporte

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~~VOLVER A CASA

Ese día, Yolanda se levantó más pronto de lo normal. En pleno otoño, levantarse a las seis de la mañana es criminal. Tras una ducha caliente te espabilas. Ya hacía semanas que había que utilizar ropa de invierno.

Apareció la dueña y con un gesto serio, le indicó que se apartara de la ventana: “¿No recuerdas las normas?”. Yolanda asintió. “Pues ándate con cuidado”. Ya había probado los correctivos que empleaban los secuaces que cada semana les “visitaban”. Ese era un día que todas andaban nerviosas. No se sabía a quién le tocaba. Cualquier cosa podía considerarse una ruptura de las normas con el consiguiente castigo. Solo se oían los gritos y golpes. Sabían dónde pegar y cómo hacerlo. Eran expertos en no dejar señales en el cuerpo, solo en el alma. A la dueña no le dolían prendas en “chivarse” lo más mínimo. Luego los libros de contabilidad, donde quedaban marcadas las horas trabajadas por cada una y con arreglo a ello las llamaban a solas. y si alguno les daba un extra debian entregarlo tambien. Yolanda ya había pasado por algunos de esos “juicios” y recibido los “correctivos” correspondientes. Algunas se salvaban por ser los “ojitos derechos” de las dueñas.

Se procuraba evitar hacer críticas delante de ellas. La tristeza y los nervios la apretaban, se acercaba la hora. Estaba prohibido despedirse, por ello las demás chicas permanecían en sus habitaciones.

Según los previsto a las 8,45 aparcaba la furgoneta, verde oscuro frente al portal del chalet, tapado por dos setos que lo “protegían” . Bajó el copiloto el conductor quedaba dentro.

- ¿Está todo preparado? (preguntó aquel hombre, fuerte, de pelo largo, despeinado, sus manos eran grandes y fuertes. Era extranjero. Al menos por el idioma parecía ruso o rumano. Son más duros y mejor pagados, por su efectividad y facilidad para que con una sola mirada las jóvenes cumplieran con las normas previstas para el “negocio”)

- Si, ya está todo. (Dijo la dueña) - Pues nos vamos. Dile a la chica que coja las maletas y las baje a la furgoneta.

Yolanda salió del chalet y el conductor, le dijo de mala manera: Tú detrás. Lo que hizo sin mediar palabra. Salió el chulo y se montó al lado del conductor

: “Vámonos”. Yolanda estaba con miedo. El coche arranca y cuando comienza a caminar, cerca de 15 hombres armados y varios coches que se colocan a su altura, les impiden maniobrar. Otros entran en el chalet.

El chulo palideció. Yolanda respiro. Uno de los policías le dijo: “Venga conmigo señorita”. Y la metió en uno de los coches policiales. De dentro se escuchaban los gritos e insultos de la dueña. Veía volar el “negocio” tan lucrativo a costa de jóvenes chicas. Varias horas duro la operación. Habia que recoger todo lo que pudiera ser una prueba orgnizándolo en cajas. El Comisario General de extranjería sonreía; pues a la misma hora, en otras cuatro provincias se había desarrollado la misma operación con éxito, además lo mismo había ocurrido en el país de origen donde se habían detenido a los cabecillas.

Llevadas a la Comisaria se les ofrecio a las chicas un café o un té y un sándwich. Iban pasando a unas habitaciones donde se las tomaba declaración. En departamentos apartados, estaban el conductor, el chulo y la dueña. El Comisario General hablo con el Jefe Superior y este con el Juez y el fiscal, quienes se felicitaron por haber roto una de las redes más importantes de trata de blancas.

Fue un palo contra una red criminal que venía obteniendo más de un millón de euros al año.

Ahora volvía con sus pensamientos al pasado. ¿Cómo sabian su deuda?. ¿Cómo a una persona con deudas se le ofrece un trabajo y además fuera de su país?. ¿Cómo fui tan tonta para dejarme engañar o a menos sospechar?.

Mientras esperaba en Comisaría, se hacia mil preguntas y la respuesta: fui una ingénua. Pero ya no tiene remedio. Unas se prostituyen porque quieren, otras contra nuestra voluntad. Y las deudas nunca concluyen, como pasa con los prestamistas, los usureros del ayer, vampiros sin conciencia que no les duele pner bajo un puente a toda una familia. Funcionarios corruptos que se venden a los explotadores del sexo para que se les pase información de las jovenes endeudadas.

Sentía vergüenza de si misma por lo que había hecho, aunque fuera obligada. El haberse rebajado a los instintos mas perversos de mentes “enfermas”. ¿Podía haberse escapado?. Faltó valor. ¿Podía haber comentado a algún cliente lo que pasaba?. ¿Pero en quien confiar?. Sin duda alguien vió.

- Yolanda, pase por favor (un inspector le hizo una señal para que pasara a una sala, mientas la dueña salía esposada, con cara de muy pocos amigos) - Haber tu que cuentas, sino saes lo que te espera (dijo amenazadora).

- La verdad y es a usted lo que le espera. hay maneras honradas de trabajar y ganar dinero, no acosta nuestra. ( el policía dio un tiron del brazo de Yolanda)

- Tu no hables con ella, solo con nosotros ( le dijo). cuando terminó, algunas de las chicas se acercaron a ella y la abrazaron, otras, tres ni se movieron.

-¿Ahora de que viviremos, lo habéis pensado, imbéciles?. (dijo una de ellas)

- Pues vive de lo mismo, ya sabes como hacerlo. nosotras somos libres. Hubieron de ponerse varios policías por medio, para que no llegaran a las manos.

- ¿Libres?. Nunca lo sereis ( dijo sentenciosamente).

Yolanda ensaba, si todo el mundo viera la verdad, se daría cuenta que no todas estamos por vicio

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~~ULTIMOS DIAS EN EL INFIERNO

Aquella noche, como otras tantas, había sido un infierno para Irina. Esta vez le había tocado paliza: bofetadas, golpes, escupitajos, empellones. No había logrado reunir la cantidad que exigía el chulo. Ya no sabía distinguir el terror del terror. Era lo mismo.

Más de una vez se le pasó por la mente, el suicidio, pero no lo hizo porque esperaba ver que llegara el día en que el chulo pagaría todos sus crímenes. Irina era su nombre, en su juventud debía haber sido muy bella: ojos verdes, pelo rubio, 171 centímetros. Ahora había engordado, había perdido la finura de su cara y su piel se había endurecido a base de los golpes y malos tratos. Aun así se mantenía en pie, el coraje de los que no habían sucumbido a la dictadura, les había hecho fuertes interiormente.

El chulo era un antiguo miembro de la policía política de Ceaucescu, la Securitate, la más brutal policía de los regímenes comunistas, entrenada y formada por la NKVD, la otra cara del KGB. Contaba con más de diez mil miembros sin contar con los informadores, se contaban por miles que se mezclaban con la población y pasaban información a la Securitate si alguna persona era sospechosa contra el régimen o hacia comentarios despectivos. Se vendían por un plato de lentejas.

Valerio era su nombre. Sabía pues presentar dos caras, la amable y romántica con la que conquisto a Irina. Y la brutal, posiblemente participo en los crímenes más sangrientos después de la segunda guerra mundial, los acaecidos en Timisoara y colaboro en el experimento Pitesti; una prisión situada en aquella ciudad, donde se lavaba el cerebro a una parte de los presos políticos para que golpearan y demás genero de brutalidades a otros presos, produciendo un estado de desconfianza de unos con otros.

Valerio conoció a Irina en la Universidad. Donde estaba infiltrado. 180 centímetros, brazos musculosos, curtido en las acciones de caza de los contra revolucionarios, los opuestos al Régimen del mas condecorado déspota Nicolau Ceaucescu y la también brutal Elena, su esposa, que era capaz de qitarse de en medio a quien le llevara la contraria. Tenía, Valerio, por su cargo acceso a alimentos de los que no disponía el pueblo y fue conquistando a Irina y a su familia proveyéndola de alimentos, bebidas, medicamentos que con mucha dificultad podían disponer las gentes.

De vez en cuando, en secreto la familia de Irina y ella misma los distribuían entre los más necesitados, con cuidado que ninguno perteneciera o estuviera vendido al servicio del Régimen. La Caída de Polonia y el desgajamiento de la URSS, determinaría el derribo del muro de Berlín, vergüenza para quienes lo permitieron.

La revuelta en Rumania, infrenable, propició la caída y rendición de Nicolau Ceaucescu y su mujer Elena, dura y fría como el hielo. Ejecutados sin juicio en un patio del palacio en el que vivían casi retransmitido en directo. Este hecho produjo la huida de los criminales de la policía política. Valerio se quedó en casa de Irina.

Sus padres dejaron que se quedara, porque ignoraban quien era en realidad, si bien el padre había aprendido a desconfiar. Pero antes que perder a una hija, prefirió mostrar una actitud normal. Pasados los años, la pobreza que aún se vivía en los países del ex Telón de Acero y la apertura de fronteras europeas fue aprovechada por Valerio.

- Vamos a España, ahí podremos ganar dinero. Hay trabajo. Tú podrás terminar tus estudios. (Pero la idea de Valerio era otra y no la de trabajar precisamente)

- ¿Y mi familia? (Preguntó Irina)

. - En cuanto nos asentemos podrán venir, te lo prometo... (dijo él para tranquilizarla)

- Nicolau, un viejo amigo tiene un restaurante y está ganando dinero y les manda a sus familiares. Anímate

. - Pero necesito los papeles, el pasaporte… (dijo ella)

- Ya los tengo preparados y 3.000 euros. Que vean en la aduana que somos un matrimonio y vamos a pasar una temporada a Madrid. Irina estaba tan sorprendida que se quedó sin reacción. Sino va, le perdería para siempre. Si va, seria empezar una vida nueva y dificultosa. Y bastantes problemas habían pasado. Por otra parte no le hacía gracia dejar a sus padres. Pero el sacar a sus padres de la pobreza que vivían y darles una vida mejor fue lo que motivó aceptar la propuesta.

Nicolau era otro de los huidos. Es nombre falso. Buscado por la policía rumana para ser juzgado su país: fue capaz de ejecutar a dos niños ante sus padres, para que estos dieran nombres de sospechosos contra el Régimen.

Fue destacado a Timisoara junto a Valerio. Ahora han montado un “negocio” de prostitución de mujeres y quien sabe que otras cosas más. Ahora la crisis española les afectado seriamente a los que viven del sexo. En muchos casos tiene que hacer precios “anticrisis”, a lo que Irina ha tenido que acogerse para poder llegar a la cantidad exigida.

Pero como dice el refrán a todo “cerdo le llega su san Martin”. El meticuloso y cuidadoso Valerio, iba a cometer un error fatal. Dejar sola a Irina, porque Nicolau había caído enfermo y ninguno del ramo podía acudir a vigilarla. Cerró todo con llave, bajó en el ascensor y cruzo hacia el supermercado. Irina se dio cuenta que el móvil y el ordenador estaba encima de la mesa. El móvil para nada le servía; pero si el ordenador, se introdujo en una de las páginas de anuncios y escribió, nerviosa, porque si la pillaba la destrozaría: “necesito ayuda por favor, 555.645.554”. Dejo el ordenador como estaba y volvió a su cuarto a la espera de algún cliente. Poco después llegaba Valerio que le dejo una botella de coca cola. Ella se hizo la dormida por lo que una vez dejada la botella, salió y cerró la puerta. Sobre media mañana, suena el teléfono. Lo coge Valerio

- ¿Quién es? ( pregunta con voz seria)

- Llamo por lo del anuncio (Valerio pensó que era por lo del anuncio que puso en la página de contactos. El que llamaba lo hacía por lo del otro anuncio, así que el llamante no hizo ninguna aclaración más). Con el teléfono se dirigió a Irina

- Toma una llamada de un cliente ( dijo el) - Dígame (pregunta Irina) -

- Llamo por el anuncio de ayuda (dice el llamante)

- Mira ahora no puedo hablar, está el chulo cerca y es muy peligroso… (y cortó)

¿Pero qué es esto? Se preguntó Luis. Y dejó el tema. Pero volvió a bombardearle. ¿Solo a mí se me ocurre llamar? ¿Estoy tonto o algo así?.

Por la tarde suena el teléfono: - Dígame (pregunto Luis)

- Soy la de esta mañana, no puedo hablar mucho. Estoy retenida desde hace dos años, me dedican a la prostitución. Ayúdeme (dijo ella)

- Veré que puedo hacer ( respondió Luis) - ¿Qué dirección tiene? (pregunta Luis) - No la sé, en dos años no he salido. Tengo que colgar (y se cortó la comunicación) La llamada se cortó.

Vaya en otro lio que me he metido. ¿Y si es mentira? ¿Pero y si es verdad? No se atrevía a llamar a la Policía, por miedo al ridículo. Fue aquella una noche de perros. ¿Qué debo hacer? Si es mentira se van a reír de mí y que no aparezca más por allí. Pero ¿y si es verdad? Por la mañana y cuando iba a por la prensa, casualmente había parado un coche de la local. Así que echando valor, se acercó a ellos y les dijo

- Miren, creo que en Madrid se está produciendo ahora mismo un delito. (El policía se le quedo mirando y le respondió).

- Mire usted, eso está fuera de nuestra jurisdicción. Vaya usted a la Policía Nacional. ¿Es usted vidente.(dicho esto arranco con una sonrisa y se fueron) Jarro de agua fría y una desconsideración policial. Me daría vergüenza ser policía y tratar así a una persona.

Es la segunda vez que le pasa algo parecido; sea verídica o no la información se debe contrastar todas las denuncias. Pero sin pensarlo más, llamó por el móvil a la Nacional y les conto todo lo sucedido desde el día anterior. Al día siguiente, recibía una nueva llamada de la Policía Nacional, de un inspector de extranjería, al que le conto lo mismo y reitero “como estos rumanos mienten más que hablan, no sé si será verdad esta historia”. El inspector le tranquilizo “hay que ver todas las posibilidades y no se preocupe, ha hecho lo que debía”.

Casi una semana después, volvían a llamarle para indicarle que el resultado había sido un éxito. La joven estaba en lugar seguro y el criminal detenido. Cuatro o cinco meses después recibe otra llamada de otro inspector para agradecerle en nombre del Juez el servicio prestado.

Hoy Irina es una persona libre en algún lugar. ¿Cuántas Irinas adultas, jóvenes y menores son pasto de estos criminales sin alma? Esta es la Historia novelada de una joven, envuelta en un hecho real. Ella salvo su vida, pero estuvo dos años probando lo que es el infierno.

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 obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, que volvía del campo, padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la Cruz”, leemos en San Marcos.

Los soldados se limitan a su labor de escolta e impedir que nadie se acerque, además de azuzar al Señor, cuando ven que su caminar cansino se hace lento. No ayudan a llevar o a aliviar el peso de la Cruz. Cogen a un fornido hombre que pasaba y le obligan a ayudar al Señor a cargar con la Cruz. Este hecho de poner una ayuda a cargar con la Cruz era considerado degradante y humillante para el que cargaba con la Cruz. No es porque sintieran pena de Jesús, sino porque debido al debilitamiento su andar era cada vez más lento y quedaba aún mucho camino ¡y cuesta arriba! No había pena en los corazones de aquellos soldados acostumbrados a la dureza de las batallas, corazones endurecidos ¿Qué pena iban a sentir por un reo condenado a muerte en Cruz?  Para ellos era una cuestión “casera” ¡que les iba a ellos!

 

¿Hasta qué límites llega el odio y el rencor y el odio humano? ¿De dónde salió el repentino odio hacia Jesús? Dos días antes le ensalzaban, el recibían con canticos, vítores, palmas, pétalos de flores:

 

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

 

 

Ahora, todo se ha transformado en odio, insultos, ultrajes al sacratísimo cuerpo de Jesús, Dios, hecho hombre. ¿Puede el ser humano carecer de todo sentimiento? ¿Qué no haya en su corazón ni el más mínimo sentimiento de piedad ante el dolor humano? Cuando se llega al extremo de la pérdida de los valores, cuando no hay freno moral ni freno cristiano, se puede llegar a extremos inimaginables. Los vemos todos los días.

 

El Cireneo toma la Cruz. No se queja. En su corazón, pese a que le obligaron, había sentimientos de compasión por aquel Hombre, del cual quizás si había oído hablar. El Cireneo nos enseña a que nosotros también podemos ayudar a otros, necesitados, a cargar su cruz. No todo el mundo puede o sabe cargar con la cruz que le ha tocado, otros nos dan ejemplo, pues cargan con su dura cruz pero la acompañan con su sonrisa, reflejo de la sonrisa de Dios. ¡Qué grandes almas estas! ¡Que claras huellas sobre las que debemos pisar, sin miedo a perdernos!

 

Cuantas veces Jesús se convierte en nuestro Cireneo. Cuando caemos apesadumbrados por la Cruz que nos ha tocado

“Venid a mí todos los que estáis cansados y sobrecargados. Y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Jesús no solo carga con su Cruz, más pesada por los pecados de la humanidad, sino que además toma la nuestra, cuando ve que nos cuesta cargar con ella, cuando ve que estamos a punto de hundirnos. Realmente, me arrodillo cuando veo a esas personas que les ha tocado cargar con durísima cruz y la llevan sonrientes, con paz y además te ayudan a llevar la tuya, haciéndola más ligera y más suave. Mientras yo me quejo, el sonríe, mientras yo me deprimo, ella me da ánimos, mientras me hundo ella suelta el salvavidas. El Cireneo sigue saliendo a nuestro camino, ese Cireneo es Jesús.

 

El Cireneo toma la Cruz, siente lástima, en su corazón hay caridad y sentimientos, no comprende tan inhumano castigo, tampoco entiende tanto odio de las gentes por ese Hombre. A la vez se queda admirado de Jesús, que prosigue su camino sin una queja, prosigue cargando a pesar de que ya las fuerzas deben estar minadas. Va a paso lento, pero sigue adelante. No devuelve insultos a los que le hacen a Él; en su cara hay Paz.

 

El Cireneo nota el peso de la Cruz y se admira de cómo ha aguantado tanto, estando como está, sin fuerzas. El es un hombre fuerte, recio y siente el peso. El Cireneo fue tocado por la gracia, como recompensa de Jesús y él y toda su familia se convirtieron al cristianismo y seguro que más de un miembro de la comunidad cirenea también.

 

Siento Señor no haber reaccionado a tiempo y de haber sabido cargar con tu Cruz. Tampoco he sabido cargar con la mía, que era más suave y ligera. Gracias porque me ayudaste a cargar. Eres mi Cireneo y tomaste casi toda mi Cruz, tanto que ni la he notado. Perdona mi poca valía, perdona a éste cristiano de poca monta, incapaz.

 

Me pongo en tus manos, dame gracia para saber responder como tantos otros cristianos, ejemplos y huella. Quiero cargar con la Cruz, símbolo del cristiano y saber llevarla muy alto y sin vergüenza, y con dignidad. Gracias Señor

 

ADORAMOSTE CRISTO, Y TE BENDECIMOS

PORQUE POR TU SANTA CRUZ, REDIMISTE AL MUNDO

 

 

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“ Sin mi, no hay nada” dice el Señor. Cuantas veces hemos probado el sabor de estas palabras, si hemos tenido la gallardía de analizar el porque de cada uno de nuestros pecados. El pecado nos aleja de Dios. Todos los pecados tienen su comienzo en una causa: la ruptura de un Mandamiento y esta coienza desde un pecado Capital: la soberbia.

¿Por qué he llegado a esta vida?. ¿Por qué he caído tan bajo?. ¿Por qué hice aquello otro?. Si nos examinamos bien, vemos que la soberbia, la falta de humildad, La ira… aparecen a la cabeza de unos u otros pecados, por ello se denominan pecados capitales, cabeza de otros pecados, que solo desaparecerán una vez rompamos con ellos. Además los pecados capitales nos hacen repetir una y otra vez en los mismos y otros pecados y solo serán vencidos si rechazamos la cabeza del pecado y nos mantenemos dentro de los Mandamientos por Dios establecidos.

Habremos de volver a Dios, poniendo voluntad de hacerlo. Las cadenas del pecado son difíciles de romper y mas si pretendemos hacerlo por nuestra propia cuenta. Es una lucha “encarnizada”, porque el enemigo común  en su lucha contra Dios por querer arrancar el alma humana acudirá a todos los ardides para retener al hombre o retardar su vuelta a Dios.

Para volver a Dios habremos de poner toda nuestra voluntad, como hiciera el hijo prodigo, cuando se vio solo y que el sólo no podría resolver su situación, sino únicamente contando con el Padre y acudiendo con el corazón verdaderamente arrepentido, “Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti”.

Cuando estamos separados del Padre; cuando nos mantenemos en el pecado y se acaban las reservas espirituales nos encontraremos en la oscuridad de la que no sabemos salir o no podemos salir, porque somos como el paralitico de Cafarnaun, no nos podemos mover y precisamos ayuda, principalmente de la de Dios.

¡Sin mi nada podeis!. El paralitico de Cafarnaun preciso ayuda para su curación. Nosotros necesitamos la ayuda del Señor, si en verdad queremos curarnos. En casos se pierde a Dios de forma que no lo vemos ni en el horizonte, sin embargo el nos espera porque nos ama, porque si El nos dejara seria nuestro fin, pero por el amor que nos tiene no nos abandona y espera pacientemente a salir a nuestro encuentro.

Sin El nada podemos. Ahora, en cuaresma es el tiempo para pensar como estamos, que nos falta, que necesitamos. Proximos a la Semana Santa, debemos ver cuando es lo que dio el Señor por nosotros y que lo hizo para que se abrieran las pertas del Cielo, volviéndonos a la amistad con Padre Dios. Sin El nada podemos. 

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